El miércoles, 1 de abril de 2009, a las 17,15 horas, impartirá Carlos Barros una conferencia , “José Luis Romero y la historia del siglo XXI”, sobre su legado y nuestros debates y propuestas actuales, en el marco de las Jornadas internacionales José Luis Romero (en homenaje al notable historiador e intelectual argentino, por el centenario de su nacimiento).Organizadas por la Universidad Nacional de Sanmartín, estas importantes Jornadas tendrán lugar en el auditorio Jorge Luis Borges, 1er piso de la Biblioteca Nacional, Agüero 2501, Ciudad de Buenos Aires.

 

 

Anteriormente, el lunes, 30 de marzo de 2009, a las 18 horas, tendrá lugar la séptima* de las  presentaciones bonaerenses de la red y corriente historiográfica HaD, en el Museo Roca- Instituto de Investigaciones Históricas , Vicente López 2220, que contará con la participación de:

María Inés Rodríguez (Presidente)
Museo Roca-Instituto de Invetigaciones Históricas

Waldo Ansaldi
Universidad de Buenos Aires

Daniel Argemi
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Tandil

Andrés Bresciano
Universidad de la República, Montevideo

María Inés Carzolio
Universidad Nacional de Rosario

Luis Cortese
Instituto de Historia de la Ciudad de Buenos Aires

Mariela Coudannes
Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe

Amelia Galetti
Universidad Autónoma de Entre Ríos, Paraná

Hebe Pelosi
Universidad Católica Argentina

Liliana Barela
Instituto de Historia de la Ciudad de Buenos Aires

Carlos Barros
Universidad de Santiago de Compostela

Organiza: Luis Cortese

* Fundación Ortega y Gasset (2001), Ciencias Sociales-UBA (2002), Instituto de Profesorado J.V. González (2003), Universidad de la Matanza (2003), Universidad Católica Argentina (2003), Instituto de Historia de la Ciudad de Buenos Aires (2008); hay que añadir además las jornadas de HaD celebradas en La Matanza y el Centro Cultural San Martín en junio y octubre de 2002.

María Inés Carzolio

 

              Profesora titular de  Historia de Europa II e Historia de Europa III (F. de H. y A., U. N. Rosario) y de Historia General IV (F. de H. y C. de la E., U.N. de La Plata)

 

INTERVENCIÓN EN LA PRESENTACIÓN COLECTIVA DE HISTORIA A DEBATE EN EL MUSEO ROCA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES (30/3/09)

 

              El Manifiesto a Debate

 

              Si bien mi primera intervención fue como presentadora de las actividades que rodeaban a la presentación de los volúmenes del Segundo Congreso de Historia a Debate y del Manifiesto, durante el transcurso de las Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia realizadas en la Universidad Nacional de Rosario en el 2002, conocía ya los primeros tres volúmenes del Primer Congreso desde hacía pocos años.

 

              En aquel momento a los tres volúmenes de ponencias y debates acerca de los temas del momento, se agregaron otros tres de contenido específico: historia de Galicia, Historia Medieval y América Latina.

 

              El segundo congreso se nutrió de propuestas provenientes de la red de Historia a Debate: temas historiográficos, crisis de la historia, globalización, derechos humanos, alteridad, multiculturalismo, historia del tiempo presente y cuestiones originadas en torno de los pueblos originarios.

 

              Casi todos esos temas han permanecido y se han estabilizado como preocupaciones permanentes de la investigación histórica, pese al estancamiento de la atracción de los que están más alejados en el tiempo.

 

               El avance a tambor batiente del neocapitalismo que parecía triunfar también de modo global, así como la postulación del “pensamiento único” mostraron en el presente el corto alcance de todas las lecturas teleológicas de la historia.  Pero condujeron a acrecentar en los años siguientes, el interés por un presente acuciante, donde las preocupaciones de la investigación histórica aparece empequeñecida por las urgencias del momento.

 

               La elaboración del Manifiesto conjugaba las  conclusiones a que habían llegado en el campo teórico y metodológico y en el de los compromisos éticos, los participantes en el primer congreso y creo que habría que revisar algunos de sus puntos.

 

               Si entonces la inquietud se generaba acerca de las teorías del fin de la historia y de la globalización, qué decir del momento presente, cuando los temores acerca de los alcances crecientes de una crisis económica cuyas secuelas no pueden ser aun dimensionadas, agitan las dirigencias políticas y aceleran los proyectos de reforma de instituciones desde niveles locales y nacionales hasta internacionales.

 

               Más que nunca, el proyecto de Historia a Debate – según Gonzalo Pasamar, “mostrar que los historiadores, si se lo proponen, pueden tomar la iniciativa en el intento de construir una nueva corriente historiográfica con todo lo que esto supone”- aparece como una iniciativa optimista pero justificada por los hechos. Si la caída del Muro de Berlín o la disolución del régimen comunista de la Unión Soviética, impulsaban a los creyentes más firmes del neocapitalismo a la postulación del pensamiento único,  ahora mismo,  la crisis global del mercado capitalista  conducirá a “nuevas historias” cuyos horizontes son inciertos para nosotros. Estamos viviendo una época que debería ser fascinante para los historiadores. Sé que esta afirmación puede asustar, pero pienso sobre todo en la irrupción política de los hasta ahora “sin voz”. Además de los hechos que hemos mencionado, el volumen del primer congreso sobre la problemática de América Latina ya anunciaba la importancia de la participación creciente de los centro y sudamericanos en la formulación de planteamientos independientes de modelos europeos o norteamericanos para las investigaciones de los problemas históricos e historiográficos de Latinoamérica. No tengo dudas tampoco de que veremos reverdecer viejas utopías que se consideraban demolidas, aunque me resulta indudable que no serán las mismas fuera del contexto histórico-social donde fueron formuladas. No sólo será necesario tener la convicción de la viabilidad de la historia como ciencia que construye su objeto, de la necesidad de una erudición insoslayable ­ ni nueva ni vieja ­ que provea de los elementos necesarios no sólo para describir, sino para explicar sin apriorismos ni anacronismos, de una imaginación que aporte nuevas miradas y perspectivas, de la interdisciplinariedad inexcusable ante la variedad y heterogeneidad de los problemas a tratar, de la globalidad que sin obstaculizar la diversidad, admita articulaciones y relaciones inéditas hasta el presente, de que no existen ya  centros y periferias en la creación del conocimiento histórico ­ aunque no es posible desconocer que la asignación de fondos para la investigación pueden direccionar de modo nada inocente las investigaciones -, de que es imprescindible una profesionalización de los historiadores en sentido amplio, que comprenda su formación científica y técnica como tales y también una conducta ética vinculada a valores universales ­está fuera de nuestro alcance establecer juicios sobre la honestidad de un historiador excepto por la relación con una producción ajena a los usos de la historia por el poder -, y de que no existen épocas históricas privilegiadas para su conocimiento prioritario. Tal vez alguna o algunas de estas afirmaciones requieran ser explicadas y es posible que haya cuestionamientos en términos puntuales en el texto del Manifiesto. Creo que la red informática de Historia a Debate puede ser un instrumento idóneo para ello.

 

                 Pero hay un punto del Manifiesto al que desearía formular una objeción: los estudios historiográficos no autorizan a afirmar que las investigaciones históricas hayan respondido en ninguna época a un único paradigma, ni siquiera al referirse a la llamada Escuela de Annales. El cambio de perspectivas ha sido constante, pese a que las escuelas históricas y la inercia de las publicaciones puedan hacernos ver los resultados del trabajo de los historiadores como más o menos enrolados en torno a ciertos modelos siempre parciales y siempre variables durante cierto número de años.

INTERVENCIÓN DE MARIELA COUDANES, DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DEL LITORAL (SANTA FE, ARGENTINA) EN EL ACTO DE PRESENTACIÓN DE HAD EN EL MUSEO ROCA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES (30/3/09).

Un interesante número de los que integran el movimiento de Historia a Debate son alumnos y profesores en los distintos niveles de la enseñanza. Como docente universitaria y secundaria quiero destacar la importancia que HaD le ha otorgado al tema educativo en las propuestas del Manifiesto:

“Nuestra responsabilidad como formadores de estudiantes que serán mañana profesores e investigadores es, a este respecto, capital. Nunca fue tan crucial continuar explicando la historia con enfoques avanzados -también por su autocrítica- desde la enseñanza primaria y secundaria hasta los cursos de posgrado. La historia futura estará condicionada por la educación que reciben aquí y ahora los historiadores futuros: nuestros alumnos.” (Propuesta número 12: Relevo generacional).

Los invito a reflexionar en esta oportunidad sobre los sentidos de la enseñanza de la historia y su relación con la historia inmediata.

Los estudios actuales sobre enseñanza de la historia y la justificación de su presencia en el currículo escolar, hacen hincapié en la necesidad de otorgarle sentido. Ese sentido que parece haber perdido la disciplina al cuestionarse el rol que cumplió durante el período de formación y consolidación de los estados (más recientemente, su uso por los regímenes
militares, en América Latina ), esto es, ser forjadora de la identidad nacional a partir de la difusión de ciertos “mitos” patrióticos. Este proceso no fue sincrónico en las sociedades occidentales, pero hoy día, la crítica sobre sus efectos es compartida en centros de investigación europeos y americanos.

Historia… ¿para qué? es una pregunta bien sencilla, con respuestas diversas pero escasa transposición didáctica. Si bien no todas fueron elaboradas pensando en la enseñanza, tienen consecuencias pedagógicas. Mencionaré solo algunas: que los hombres sepan que pueden actuar y vivir mejor (Marc Bloch); pensar históricamente (Pierre Vilar); recuperar la dimensión colectiva y pública de las historias individuales (Eric Hobsbawm); “ayudar a nuestros contemporáneos a confiar en el porvenir y encarar mejor armados las dificultades que encuentra día a día” (Georges Duby); acercarse a los problemas que importan al ciudadano corriente e “introducir un pellizco de conciencia en la mentalidad del estudiante” (Josep Fontana); contribuir a una sociedad más democrática; construir nuevas identidades teniendo en cuenta la visión de los excluidos… la lista es larguísima.

Las condiciones del trabajo docente y la frecuente aceptación del papel de reproductores de propuestas diseñadas por expertos suele producir la desconexión entre historia investigada e historia enseñada. Pero el problema es más profundo: atañe a la misma concepción de historia que en muchos casos todavía se ajusta al enciclopedismo que pretendía enseñarlo “todo”, al positivismo que pretendía la neutralidad del conocimiento, y a los prejuicios hacia el abordaje de temas de actualidad en las clases de historia. La enseñanza de la historia en nuestro país está atravesada por la exigencia curricular de abordar los procesos políticos, sociales, económicos y culturales de las últimas décadas de historia argentina.
Paradójicamente, o no, el achicamiento de los espacios de enseñanza de la historia por efecto de la reforma educativa ha sido en perjuicio del estudio del pasado más cercano, lo que se suma a la carencia o desconocimiento de materiales didácticos apropiados o a la insuficiente formación para el tratamiento de estos nuevos temas. A menudo resulta incómodo para el profesor asumir un posicionamiento disciplinar y ético político en temas que siguen dividiendo profundamente a la sociedad argentina. En tal sentido el docente debe asumir que se encuentra atravesado por las mismas tensiones que el historiador, ya que ni la práctica científica ni la práctica de enseñanza pueden ser neutrales, aunque sí rigurosas y críticas en su relación con el conocimiento.

Convencidos de que la distancia temporal no garantiza la “objetividad”, los miembros de Historia a Debate otorgamos a la “Historia Inmediata” un lugar central en la construcción de un nuevo paradigma. Recupero a Carlos Barros cuando plantea que esta sería “la forma más profesional del compromiso del historiador con el presente” ya que “el historiador puede contribuir con sus conocimientos y formación a situar históricamente los hechos actuales de relevancia pública”.[1] Desde hace una década, el movimiento propicia la discusión sobre estos temas en los foros sobre Historia Inmediata y en otros, más específicos, sobre cuestiones educativas (¿Qué historia vamos a enseñar en el nuevo siglo?, ¿Para qué estudiar historia?, Experiencias docentes).

Experiencias recientes en el aula secundaria me permiten afirmar que la historia inmediata es vital para la elaboración de propuestas de contenidos pensando en los intereses de los alumnos y su diversidad. La enseñanza de los contenidos de historia del siglo XX puede partir de problemas de historia inmediata. Estos requieren ser incluidos sistemáticamente en los programas ya que la relación con el presente no puede quedar librada a la improvisación o a planteos más o menos frecuentes de los estudiantes. Ellos demandan nuestra opinión sobre la mayor parte de los temas de actualidad y no podemos a cambio darles nuestro parecer de simples ciudadanos. La tarea de un profesor comprometido exige un cambio de perspectiva que otorgue un lugar central a la discusión y reflexión en torno a ­por ejemplo- la política como espacio de toma de decisiones colectivas, y no sólo como una
actividad de los políticos profesionales; la corrupción, el autoritarismo, la violencia, el clientelismo, la pobreza, las diferencias culturales, la discriminación y la exclusión actuales como problemas que deben contextuarse históricamente; el cambio como posibilidad real y la existencia de alternativas; los riesgos de la idealización del pasado que obstaculiza
pensar en términos de continuidades y rupturas; la construcción del acontecimiento histórico en los medios masivos de comunicación, entre otros temas.

Es prioritario entonces que los profesores de historia sigamos debatiendo sobre una enseñanza de la disciplina que de cuenta de las necesidades del nuevo siglo.

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[1] Barros, C., ¿Es posible una historia inmediata?, ponencia dictada en el II Seminario Internacional Nuestro Patrimonio Común, organizado en Cádiz, el 23 de abril de 2002, por la Asociación de Historia Actual.

Barros, C., L’historiographie et l’histoire immédiates : l’expérience latine de l’Histoire en débat (1993-2006), texto presentado en el Colloque International “Bilan et perspectives de l’histoire immédiate”, organizado por el Groupe de Recherche en Histoire Immédiate (GRHI) de la Université Toulouse-Le Mirail, Francia, los días 5-6 de abril de 2006.

Ambos textos están disponibles en el sitio web de Historia a Debate:
http://www.vps12.h-debate.com

PRESENTACIÓN DE HISTORIA A DEBATE . BUENOS AIRES, 30 de Marzo de 2009.
Amelia Galetti
Directora de Revista HABLEMOS DE HISTORIA
Universidad Autónoma de Entre Ríos-Argentina

CIENCIA, VIDA Y MOTIVACIÓN: UNA LECCIÓN DEL MANIFIESTO DE HISTORIA A DEBATE

Debo reconocer y valorar que en los últimos quince años hubo una incidente convergencia: una que atraviesa mi vida personal con una fuerte conmoción y la otra, la que compromete el trayecto de mi vida profesional. Entre ambas vivencias, dolorosa una, estimulante la otra se fue construyendo ese entramado entre Ciencia, Vida y Motivación.

La motivación para encontrar esa relación insoslayable entre la vida (mi vida personal) y la Historia, a partir del espíritu, de la esencia de este movimiento de Historia a Debate que apela a una ciencia eminentemente humana. Pero también un movimiento sugerente de una perspectiva con un amplio horizonte: reconocimiento de la tradición historiográfica, superación de fronteras y construcción de renovadas líneas. Pero, sobre todo una línea que me posibilita comprender que el pensar el pasado no puede ser un camino paralelo a nuestra vida. Valoro en el MANIFIESTO DE HISTORIA A DEBATE, que en nueve de sus dieciocho proposiciones, se instala la preeminencia de lo humano.

De ambas vivencias aprendí “que las reflexiones sobre el ir siendo en el tiempo nos tienen que orientar hacia una mirada más profunda del mundo, de la realidad y de la vida; pero, al mismo tiempo, nuestra propia e insondable vivencia y la conciencia que de ella vamos teniendo, puede llegar a ser un inquietante lugar para la comprensión de ese pasado.

Sin embargo, bien sabemos que nos resulta redundante que al hablar de Historia estemos hablando de lo humano. Y EN VERDAD, CREO QUE necesitamos hacerlo y reafirmarlo porque los historiadores nos hemos detenido más en el puntillismo metodológico, en la rigidez de las técnicas y en la adscripción excluyente a determinados paradigmas. Es decir más absortos en la impecabilidad de los trabajos y en la estética del discurso. Está bien, porque en ese soporte se construye y se legitima la cientificidad de la Historia; sin dudas, pero solamente con ello no basta. Es necesario que hoy TRABAJEMOS EN ESTE ESPACIO QUE NOS BRINDA UN CAMINO PARA BUSCAR NUEVOS CAMINOS Y retomemos LA ESENCIA DEL PENSAMIENTO de Marc Bloch, PARA QUIEN “LA VIDA NO FUE RÍO LARGO Y APASIBLE” QUE SOSTENÍA QUE “EL FIN ÚLTIMO DE LA HISTORIA SON LOS HOMBRES”, de Henri Pirenne al referirse al historiador “COMO UN HOMBRE QUE AMA LA VIDA Y SABE MIRARLA”…de Lucien Febvre: “ES HISTORIADOR QUIEN SE LANZA COMPLETAMENTE A LA VIDA, CON LA SENSACIÓN QUE, SUMERGIÉNDOSE EN ELLA, BAÑÁNDOSE EN ELLA, PENETRÁNDOSE EN ELLA DE HUMANIDAD PRESENTE, DESPLIEGA SU POTENCIA DE RESURRECCIÓN DEL PASADO” . y más contemporáneamente el de Reinhart Koselleck quien habla de hacer Historia “pensando desde la experiencia”, esa densidad de vivencias que encerramos en conceptos.
Allí también radica el desafío del historiador: No solamente en interpretar y explicar el pasado en la complejidad de la condición humana, sino también, el desafío de construir un discurso que logre captar el espesor de la experiencia vivida, con esa “nueva erudición” de la que hablamos en el Manifiesto: pensar el pasado también con ideas, imaginación retrospectiva, hipótesis, conjeturas…con las que se pueda reconstruir un pasado eminentemente humano. Un discurso que, sabiendo que es limitativo, que con frecuencia nos encorseta, nos entrampa, logre expresar la experiencia humana más allá de lo racional; un discurso que también pueda dejar márgenes para las vibraciones humanas : las dudas, los temores, las fortalezas, las debilidades y las vulnerabilidades. Un discurso capaz de expresar la complejidad humana. Sobre ello, valoro los aportes de la Antropología Histórica y de la Microhistoria. Si bien, intento modestamente trabajar para una mirada macrohistórica. Con esa mirada que refleja en su esencia el MANIFIESTO de HISTORIA A DEBATE, sustentada en un universo de lecturas plasmadoras de la visión pluridisciplinaria, en el soporte teórico, metodológico e historiográfico, en las vivencias, en el autoconocimiento y en la sensibilidad para la comprensión de los “otros”, diferentes a nosotros pero la misma condición humana.

Pero asimismo, el MANIFIESTO DE HISTORIA A DEBATE constituye un documento en búsqueda de la síntesis que desdibuje en la práctica historiográfica las pseudo-antinomias de sujeto individual-sujeto colectivo, narración-explicación, pasado-presente, micro y macroanálisis, periodización-grandes procesos, ciencias sociales-humanidades, ciencia y ficción historiográfica, ERUDICIÓN-CONCEPTUALIZACIÓN.

¿Cómo pensar que el presente es sólo un campo historiográfico? Si cada presente es instancia del tiempo, de la continuidad y, por lo tanto es categoría epistemológica insoslayable de la Historia. ¿Cómo no pensar que la reconstrucción del pasado es la narración de una hermenéutica?

No es fácil el reto. Porque si bien, la reconstrucción del pasado implica esa síntesis, porque la vida misma conlleva esa síntesis. En la práctica se nos presenta desafiante porque es el resultado de un doble proceso: de metabolización y de maceración de experiencias y de lecturas en la propia mente del historiador.

HISTORIA A DEBATE, movimiento historiográfico gestado por el Doctor Carlos Barros, me ha posibilitado el pasaporte en el campo de la Historia, ese camino viabilizador PARA LA AUTONOMÍA QUE ME PERMITA ensayar Y LEGITIMAR innovaciones, para la genuina y honesta osadía y así superar la rigidez de los cánones y los espacios académicos y muchas veces inmovilizadores.

Pero también una autonomía QUE ES EXPRESIÓN DE LIBERTAD INTELECTUAL que debe sustentarse en la honestidad y seriedad en el trabajo de historiar. Porque la Historia no es un conocimiento opinable ni tampoco su escritura un territorio liberado.

Por ello aliento a los jóvenes a integrarse a esta cruzada, a esta militancia…Pero también invito a ir buscando esa síntesis, esas miradas más macrocomprensivas del pasado. Sería muy bueno ir superando la esquizofrenia (ese individualismo disociador) fragmentador e hiperespecializado que desdibuja la visión totalizadora.

¿Qué hacer? Y el camino está abierto para poder acompañar la producción de trabajos microanalíticos, insoslayables y necesarios, con la construcción de enfoques organizativos más globales y macrocompresivos del contínuo histórico.

Enfoques que nos posibiliten una mirada macro-temporal para entender las permanencias, las rupturas, los “clivajes”, los cambios más demorados y ralentizados y aquéllos más precipitados de la dinámica social. Y, de este modo tener una mirada ni ingenua ni apocalíptica del presente.

[Nota: Versión escrita de la intervención de Hebe Pelosi sobre la Historia Inmediata, en la mesa redonda del 30 de marzo de 2009 del Museo Roca de la Ciudad de Buenos Aires]

ALGUNOS ASPECTOS POSITIVOS DE HISTORIA A DEBATE EN LATINOAMERICA

Hebe Carmen Pelosi
Universidad Católica Argentina

El proyecto de Historia a debate que se inició en 1993 es hoy una realidad. La eficiencia en el uso de nuevos medios técnicos, contribuyó a su difusión en este continente. El cultivo por la historia inmediata tuvo pronta repercusión en los medios latinoamericanos cuya problemática política y cultural fue prontamente objeto de discusión, con aportes interesantes. Digamos que nos permitió una globalización, que nos abrió nuevos panoramas.Este programa nos introdujo en una historia que corre en sintonía con el presente, con la historia de la que somos actores y nos introduce en otros ámbitos en la que asumimos un rol participativo, coincidente o no, como lo demuestran los debates en la web. En otros términos la web nos proporciona una historia abierta que nos permite palpitar con la actualidad y ayuda a romper los compartimentos estancos de las divisiones temporales.

Esto lo afirmamos como resultado de la experiencia personal y la de los ámbitos que frecuentamos, la pregunta que habría que hacerse sería sobre la recepción que la propuesta de Historia a debate ha tenido en los ámbitos académicos, cómo se tradujo por ejemplo en las tesis doctorales, en diseñar nuevas áreas de trabajo, en la publicación de obras, en los temarios de los congresos.

Hemos realizado una pequeña incursión en este tema que desde ya queremos manifestar que no ha sido exhaustiva, con el tiempo tendrá que ser puesta a punto y precisados los datos.

Dos objeciones clásicas regían para prevenirnos de la tentación científica del pasado próximo: la carencia de fuentes y la ausencia de perspectiva. En el aspecto de las fuentes, reducidas según los cánones científicos a las fuentes escritas, los archivos públicos, muchas veces permanecían cerrados. En lo relativo a la “sacrosanta” noción que perspectiva ella aparecía como el signo y el garante indispensable de la objetividad. También otras dos trampas esperaban a quien se aventurase en las arenas movedizas del presente: por una parte la ignorancia de los efectos, por otra la implicación personal del historiador en su trabajo que corre el peligro de hacer de su trabajo un objeto de apetitos y pasiones (recordemos que la historia es una de las disciplinas más dependientes de su elaboración y de las condiciones de su producción).

Por eso la división del trabajo comúnmente aceptada: el historiador realiza investigación académica sobre el pasado, al periodista el conocimiento de la inmediatez. Relevar la información, disecarla, ordenarla, pero el periodista no está en condiciones de someter el encadenamiento de los sucesos a un verdadero análisis crítico y menos aún a una grilla de interpretación, como sabe hacerlo el primero.Este tiempo de prohibición esta cada vez más acotado, la demora en llegar a ella se ha ido acortando y lentamente ha ido adquiriendo derechos en la producción histórica. En la historiografía argentina se ha producido un proceso que respondió a la especificidad y circunstancias históricas del país.

En este sentido es provechoso incursionar en una mirada de larga duración para adquirir una mayor comprensión del proceso.Primero hubo que relevar el material y se comenzó por aquello que hacía a los orígenes: los primeros tiempos de la conquista del territorio, la fundación de ciudades, el derecho español implantado en América. Esta área, muy cultivada aún en la actualidad, fue siempre dominio de los abogados, lo sigue siendo, respondía a una realidad: la existencia de fuentes y de un gran archivo: el Archivo de Indias que proveía la documentación y la ausencia de formación de historiadores, que recién se inicia a fines del siglo XIX.

La otra bisagra fue el planteamiento de desmistificar el período de Rosas. Acá le cabe el papel de pionero a Emilio Ravignani quien, con documentación de primera mano y un método científico abrió el camino para futuras incursiones en el tema.

Otro elemento: sobre el terreno de la historia oficial se hicieron presentes las ciencias sociales. Los sociólogos, los politólogos, los economistas que buscaron diseñar evoluciones del ayer al hoy, aunque sin hacer específicamente ciencia histórica.

La irrupción de la contemporaneidad reconoce entre nosotros una vida joven, fue durante más de un siglo la gran olvidada de la historia. En este sentido recordemos que la presencia de los textos de los fundadores de Annales en nuestras universidades significó un comienzo exitoso. Por un lado por la expresión de Febre: “todo es documento para la historia” y por otro por la dialéctica pasado/presente: “comprender el presente por el pasado, y también y sobre todo, el pasado por el presente” de Febvre. Agreguemos el espléndido estudio de Bloch: La rara derrota a la que aplica, como testigo el rigor del análisis histórico y nos explica el porque de ella.

Los acontecimientos históricos que conmueven a una sociedad se convierten, muchas veces, en el disparador para la apropiación del campo del presente. Nosotros podemos proponer dos ejemplos: la voladura de la AMIA y los años del Proceso militar. Estos son ejemplos que permiten construir una historia del presente con método y fundamentación. Son procesos abiertos que habrá que completar, afinar, distinguir, integrar, material del que no se podrá prescindir en el futuro.

El advenimiento de la democracia originó un viraje en el estudio de la historia que contribuyó a incursionar sobre nuevas áreas de la historia en relación con el presente. Las nociones de memoria y patrimonio no presentan síntomas de bulimia o anorexia a lo que se agrega la moda retro, el indigenismo, etc. En momentos en que se busca una redefinición de los procesos históricos, aparecen nuevas aproximaciones, objetos nuevos, esto promueve el fermento de la conciencia histórica.

De nuevo estamos en presencia de la rehabilitación del hecho, que permite integrar el tiempo presente en el territorio del historiador. A ello hay que agregar la aceleración del tiempo, en razón de nuevas técnicas y nuevos instrumentos. Pasamos de la permanencia al cambio, a la velocidad.Si una historia del tiempo presente está rehabilitada es, también, por que ella hace intervenir la dimensión del futuro, lo que conlleva la vocación de paseador entre generaciones, entre el suceso y la historización del suceso. La historia del tiempo presente ha tomado impulso en los programas de la enseñanza secundaria, en la televisión, la entrada de tiempo presente en algún diccionario.

Otra manifestación: los archivos han modificado la ley de los 50 años, y ahora rigen sólo 30 años para conservar cerrada la documentación. El mismo concepto de archivo se ha modificado: estamos en presencia de los archivos orales, la imagen, el film, el cine, la televisión.

Esto ha sido un camino trabajoso, con dificultades, con plena salud actualmente. También debemos cuidarnos de las tentaciones hegemónicas. No caigamos en concepciones reduccionistas.

La práctica de la historia inmediata debe desconfiar de la charla de café, con una documentación con silencios, lagunas, hay que alertar y saber medir las fuerzas, no son posibles los dogmatismos. Puede ser sometida a revisión por la aparición de nuevas experimentaciones, archivos, documentación. No que todo este sujeto a revisión, pero si a complementación, nuevas perspectivas.

Si toda historia es apuesta, esta lo es más, por eso tiene que ser construida bajo “vigilancia”. En una época de mediatización acelerada la historia inmediata que es la más solicitada, puede revelarse vulnerable a los mass-media o a las solicitaciones del mercado.

Responsabilidad en la transmisión de imágenes a la sociedad, riesgos considerables, tergiversaciones políticas, reduccionismos. Para evitarlos: compromiso/distancia. De esta manera la función social engendra una nueva identidad histórica, en la que podemos ver el efecto del cambio de paradigma y el fruto de la reconquista de la dupla pasado/presente.

Los períodos traumáticos del acontecer histórico atraen más que otros menos dramáticos. El desarrollo del concepto de memoria esta relacionado con estos períodos. Hoy podemos decir que la historia “reciente o “inmediata” ya está consolidada como territorio del historiador. Se pone el acento en el comprender, propio de la tarea del historiador, aunque no siempre es fácil en un ambiente sensibilizado por la memoria.

En realidad es esta: la memoria, la que está sometida a debate. Las utopías unidas a los fracasos despiertan iniciativas historiográficas que el tiempo ayuda a filtrar. Los libros testimoniales contribuyen al panorama de las épocas traumáticas de la historia que se complementan con estudios que intentan echar luz sobre ciertos momentos claves que podrían ayudar a encontrar una explicación en un periodo histórico y personal muy traumático para la mayoría de los involucrados y de los que fueron testigo voluntarios o involuntarios.

La historia reciente reconoce estudios sobre el Holocausto, el nazismo, la guerra civil en España. Se trabaja sobre problemas históricos que aún están muy presentes en la sociedad actual, relativamente cercanos en el tiempo.Existe en la Argentina, Universidad Nacional de San Martín, un centro dedicado a este campo, en conexión con historia a debate. o me detengo en la bibliografía elaborada con esta perspectiva.