Los historiadores y los paradigmas: la contribución de Carlos Barros

 

Nanci Leonzo

Universidade Federal de Mato Grosso do Sul

https://uspdigital.usp.br/tycho/CurriculoLattesMostrar?codpub=F7A0B35A456F

 

En el artículo publicado en la obra colectiva organizada por Ankersmith y Kellner, el intelectual norteamericano Allan Megill destacó la importancia, en la segunda mitad del siglo XX, de su conterráneo Thomas S. Kuhn (1922-1996) en lo relativo a la aparición, en historia, de nuevos problemas, así como de enfoques innovadores para viejas cuestiones. En este caso, el físico norteamericano, que se popularizó como historiador de las ciencias, completa Megill, no fue superado por ningún historiador.[1] Desde 1962, año de aparición, en lengua inglesa, de la Estructura de las Revoluciones Científicas, Kuhn, a pesar de las innumerables críticas recibidas, sobre todo las relativas a su pretendida postura relativista, ocupa un lugar destacado entre los estudiosos de varias disciplinas, entre ellas la filosofía, las ciencias sociales y, en menor escala, la historia, cuando se empeñan en el desarrollo del conocimiento científico. Incluso, se sigue hablando de ello en los análisis que tratan las comunidades de investigadores bajo una perspectiva post-Kuhniana, lo que prueba la durabilidad de sus aserciones. Se inaugura, por lo tanto, en la actualidad, una discusión sobre la expresión “repertorio”, apropiada para las ciencias, las artes y los oficios, abarcando comportamientos y habilidades. El concepto de “repertorio” permite recorrer la senda de la organización, continuidad y coherencia de las prácticas de investigación científica, que Kuhn caracterizó como “ciencia normal”, sin contar con la aparición de cambios paradigmáticos y revoluciones que llevarían a la identificación de componentes relevantes.[2]

Kuhn, como es sabido, introdujo, a principios de la década de los 60 del siglo XX, la distinción entre dos tipos de desarrollo científico: el normal y el revolucionario. Así los identificó años después: “A mudança revolucionária é definida, em parte, por sua diferença com respeito à mudança normal, e a mudança normal como já dito, é o tipo que resulta em crescimento, acréscimo, adição cumulativa ao que era antes conhecido”. Nótese, mientras tanto, que su concepción de cambio revolucionario se volvió, a lo largo del tiempo, más moderada, hasta el punto de afirmar que si tuviera que reescribir La Estructura de las Revoluciones Científicas les daría más énfasis a las alteraciones inherentes al lenguaje que a la distinción entre ciencia normal y ciencia revolucionaria. También el término paradigma merecía, en su opinión, una revisión. Así, este debería ser sustituido por matriz disciplinar, en la cual se ubicarían, atendiéndose las distintas especificidades, paradigmas, partes de paradigmas o paradigmáticos.[3] Tales premisas innovadoras contribuyen, en cierta forma, para colocarle al margen de la acusación de que se habría servido, en el libro antes referido, de un constructo teórico ideado por el microbiólogo e inmunólogo polaco Ludwik Fleck (1896-1961).

En el preámbulo de la primera traducción en inglés del poco conocido libro de Fleck denominado Genesis and Development of a Scientific Fact, editado en Alemania por primera vez en 1935, Kuhn admitió que lo había leído entre 1949 y 1950 cuando se preparaba para transferir sus investigaciones de la física a la historia de las ciencias y, al mismo tiempo, teniendo como objetivo explorar algunos “insights” sobre el papel desempeñado en el desarrollo científico por la aparición de ocasionales episodios no acumulativos y que ya habría definido como revoluciones científicas. Aseguró, además, que el texto de Fleck le permitió confirmar el hecho de que ciertos problemas, identificados ya por él mismo, tenían fundamentalmente una dimensión sociológica. En este preámbulo de 1976 confesó, también, que se quedó entusiasmado con las consideraciones del médico sobre las dificultades encontradas en la transmisión de ideas entre dos pensamientos colectivos, sobre todo sobre las posibilidades y limitaciones de participación en varias comunidades de pensadores. A pesar de poner algunos reparos, tras un minucioso examen de las consideraciones presentes en el conjunto de la obra, la calificó como innovadora en el ámbito de la historia de las ciencias.[4]

La actualidad de ese libro de Fleck fue atestiguada, recientemente, por la investigadora francesa Ilana Lowy, quien atribuyó al sociólogo Robert Merton el impulso para su traducción en lengua inglesa en razón de sus preocupaciones sobre el peso de la estructura social de las comunidades científicas en lo tocante a la producción de conocimientos.[5] Joyce Appleby, Lynn Hunt e Margaret Jacob ofrecieron evidencias más amplias sobre el asunto. Afirmaron estas estudiosas norteamericanas que la Guerra Fría y el descreimiento en los viejos presupuestos todavía vigentes en la ciencia animaron a historiadores y filósofos a interrogar a los científicos y sus prácticas. Atribuyeron al químico James B. Conant, presidente de la Universidad de Harvard, el haber dado el principal impulso, en la década de los 60, a la historia de las ciencias. Sin embargo, lo que este y sus seguidores no esperaban fue el éxito obtenido por la tesis de Kuhn sobre los factores sociales como auxiliares en los orígenes de las revoluciones científicas, al que se oponían a través de una visión heroica de la ciencia basada en el argumento de que lo social representaba lo irracional y que solamente con la protección de la lógica y de la razón, filosóficamente comprendidas, sería posible salvarla de la contaminación.[6]

El libro de Fleck, que interesó en particular a Kuhn por sus referencias ”à incomensurabilidade entre os estilos de pensamentos desenvolvidos por grupos de sábios”, nada más salir de Alemania fue reconocido por los investigadores asociados a la Escuela de Edimburgo, localizada en el Reino Unido, como pionero de la sociología de las ciencias.[7] De hecho, el autor de Estructura de las Revoluciones Científicas es visto, aún hoy en día, como una fuente de inspiración para los sociólogos[8]. Y, en menor proporción, para los estudiosos de la historia. Jorn Rusen adoptó, en sus reflexiones sobre la ciencia histórica alemana occidental, los términos kuhnianos paradigma y matriz disciplinar, conceptualizando este último como el momento en el que “os historiadores refletem sobre os princípios da sua disciplina para fundamentar e garantir a solidez científica da pesquisa histórica e da historiografia profissional”, aunque que bajo la orientación de un determinado “modelo analítico-estructural”. A partir del replanteamiento de la tradición historicista, localizado a mediados de los años 60 y 70, Rusen exploró una nueva concepción de la ciencia histórica, en la que los historiadores se centran en la investigación y análisis de problemas oriundos de la relación entre la praxis existencial y el conocimiento científico.[9] Casi en la misma época el historiador italiano Carlo Ginzburg se valió de Kuhn para sustentar la aparición silenciosa, a finales del siglo XIX, de un paradigma incipiente ya operante y todavía no elevado a la categoría de teoría. Al desarticularlo, utilizando principalmente ejemplos sacados de disciplinas como el arte y la medicina, llegó a la conclusión de que, en situaciones donde la realidad es opaca, existen señales o indicios que permiten descifrarla. Tal revelación habría influenciado a las formas de saber inherentes a las ciencias humanas. No obstante, Ginzburg admitió que las reglas del paradigma incipiente se presentan, a veces, intangibles y, por lo tanto, carentes de rigor, abriendo espacio para sutilezas como el olfato, el golpe de ingenio y la intuición[10]. Ante esta observación, es posible admitir una cierta fragilidad del modelo epistemológico propuesto y que merece ser explorada mejor.

Dos de los más importantes historiadores alemanes del período posterior a la II Gran Guerra, se posicionaron, de paso, sobre las revoluciones científicas, en particular sobre las concepciones de Kuhn. Reinhardt Koselleck, fallecido en 2006, se limitó a afirmar que, a pesar de todas las singularidades, creaciones generacionales y cambios paradigmáticos, había demostraciones que permanecían “acumulativamente legibles”. Así, era necesario tener en consideración el “cálculo de pérdidas”, aunque estas no fuesen compatibles con los mencionados tipos de progreso del conocimiento. Por escapar del control racional de la ciencia, este “cálculo” permanecía en su retaguarda “transversalmente extendido”.[11] Sin duda, una crítica velada a una posible fisura de los paradigmas kuhnianos. George Iggers, a su vez, fue más claro e incisivo al afirmar que Kuhn no cuestionó el vínculo entre conocimiento y realidad, como habían hecho Bachelard y Feyerabend, bajo el prisma de un discurso científico racional apoyado en el papel central desempeñado por la teoría lingüística.[12] Sin embargo, estaba, en este aspecto, el alemán radicado en los Estados Unidos equivocado, pues, como ya se dijo antes, Kuhn había declarado que, en caso de reescribir la Estructura de las Revoluciones Científicas, le daría énfasis al lenguaje.

Dreyfus y Rabinow acentuaron el hecho de que Foucault no fue el primero en enfocar el problema de las discontinuidades, es decir, de considerar la unidad a través del cambio. Esta era una cuestión pertinente para los historiadores de la ciencia. Kuhn, inspirado en Wittgenstein, había concebido la unidad de una comunidad científica a través de una adhesión colectiva a un paradigma y no a un conjunto de creencias. Los dos norteamericanos propusieron la hipótesis de que Foucault jamás mencionó a Kuhn en sus escritos por haber comprendido erróneamente, como muchos en esa época, que un paradigma correspondía a un “quadro geral conceitual comum a todos os cientistas de uma dada disciplina”. Por eso, vistos como casos concretos, los paradigmas funcionan, según Dreyfus y Rabinow, a través de las prácticas de aquellos que fueron convencidos a ”ver, pensar e agir de acordo com elas”.[13] Es bajo esta perspectiva que debe ser entendida la iniciativa de François Furet en el sentido de utilizar la expresión paradigma, sin ninguna referencia a Kuhn, en el título de un artículo publicado en 1984, en el que discute el proyecto de Tocqueville en lo relativo a América. Para él el aristócrata francés superó a Guizot en la comparación entre las historias de Inglaterra y Francia tomando como eje la sociedad americana, en particular, la problemática de la democracia. Esta aventura de Tocqueville, según Furet, no fue un simple viaje y sí una “trouvaille” filosófica, a causa del rigor de las hipótesis y conceptos presentes, en el caso, en su correspondencia particular con la 2ª y 3ª décadas del siglo XIX.[14] No cabe duda, pues, que el renombrado historiador, muerto en 1996, intentó, sin éxito, inaugurar y difundir una aproximación teórica y metodológica para ser compartida y aceptada por la comunidad de especialistas involucrados en el estudio de las obras de Tocqueville. Instituir un nuevo paradigma analítico e interpretativo, a través de una deseable ruptura historiográfica, era, en ese momento, su único propósito. No obstante, el interés de Furet por este publicista decimonónico que se adentraba, al mismo tiempo, según Raymond Aron, el pensamiento sociológico y la filosofía clásica[15], nada tenía de aleatorio. A partir de la segunda mitad del siglo XX Toqueville ganó una importancia creciente en el escenario intelectual de las humanidades francesas, obteniendo reconocimiento académico y convirtiéndose en uno de los pioneros de la política contemporánea.[16] Furet, que ganaría notoriedad con sus estudios sobre la Revolución Francesa, integraba esa comunidad de pensadores que reunía sociólogos, filósofos e historiadores.

Pero, ya en 1979, Jacques Revel, al estudiar la trayectoria de los Annales entre 1929 y 1979, hizo uso de los paradigmas alegando estar delante de un “paisaje intelectual” en constante cambio, es decir, en un proceso interrumpido de transformación provocado por su apertura a las innumerables solicitaciones del presente. Su propósito era probar la continuidad y la unidad del programa de la publicación. Dejó claro, sin embargo, que no creía en la utilidad de un paradigma general capaz de orientarle en el acercamiento al tema, dando preferencia a la identificación y exploración de una serie de paradigmas particulares que se sucedían a lo largo del tiempo, pero no necesariamente susceptibles de eliminación. Así entendía ser posible esbozar algunas reflexiones sobre las condiciones prácticas inherentes a la tarea de los historiadores.[17] Aquí, tampoco, ninguna referencia a Kuhn. A pesar del habitual silencio en lo relativo a la mención explícita de las concepciones Kuhnianas en diversos trabajos históricos e historiográficos, queda la certeza de que ellas, en el caso francés, tuvieron el mérito de seducir e inspirar.

Un enfoque peculiar en esa dirección es el de François Dosse, en especial en el volumen 2 de su Historia del Estructuralismo, cuando discutió el retroceso teórico de este paradigma dominador, es decir, el estructural, a partir de 1975. Al tratar del epistemólogo y filósofo francés Gilles-Gaston Granger, sucesor de Foucault, en 1986, en el Collège de France, enfatizó, además del desprecio por la historia, una semejanza de su doble concepción sobre la evolución de los saberes con las ideas de Kuhn. Estos se manifiestan en dos etapas: la de la socialización, cuando múltiples paradigmas compiten entre sí, y la de la ruptura, momento en que el conocimiento pasa a ser aceptado como “verdaderamente científico”. Gaston Granger, cabe recordar todavía, en cuya obra se destaca la epistemología comparativa en el marco de una filosofía racionalista, es uno de los referentes de estudiosos como Paul Veyne, Michel de Certeau y Gerard Noiriel.[18] El historiador español Carlos Barros Guimeráns opera, por lo menos desde 1993, año del I Congreso Internacional de Historia a Debate, acercándose, en mi opinión, a estas directrices epistemológicas, aunque con su evidente fidelidad al proyecto teórico de Kuhn.  Así se expresó en 1999: “Somos grandes defensores de aplicar las teorías de Thomas S. Kuhn sobre la historia de la ciencia a la propia historia, con los cambios derivados del debate tras el surgimiento de sus propuestas y de nuestra propia experiencia historiográfica”.[19] Por lo tanto, una fidelidad teórica esencialmente dinámica y dependiente de la praxis peculiar del oficio de historiador.

Carlos Barros dio inicio a la difusión de su programa historiográfico, privilegiando la relación académica y el debate cuando promovió el I Congreso Internacional de Historia a Debate (HAD), realizado en 1993. HAD adquirió el estatus de red digital en 1999, asumiendo, en poco tiempo, proporciones sorprendentes en cuanto a la adhesión de estudiosos ubicados en varias regiones del mundo. Un año antes, hizo un excelente diagnóstico de la llamada crisis de la historia, que identificó como ideológica, política y de valores, y observó que llegaba el momento del advenimiento de un nuevo paradigma, capaz de incorporar al sujeto mental y al social. Tal crisis, sostenía Barros, convivía con tendencias globales que debían ser, en la medida de lo posible, combatidas, como el retorno a la “vieja historia” y el surgimiento de enfoques postmodernos.[20] Las actividades de HAD evolucionaron, siempre bajo su mando y de manera significativa desde el año 1993 a los días actuales. Se realizaron cuatro Congresos Internacionales (1993, 1999, 2004 e 2010), en Santiago de Compostela, y se lanzó un Manifiesto, complementado, pocos años después, con un nuevo documento con el título “Defensa e ilustración del Manifiesto historiográfico de Historia a Debate”, en el que Barros detalló y actualizó su innovador programa.

El Manifiesto fue publicado en 2001 y se presenta como una contribución para la construcción de un paradigma común y plural que sea adoptado por los historiadores del siglo XXI con el objetivo de asegurar para la historia y, en particular, para su escritura un nuevo tiempo. Está compuesto por XVIII ítems, de entre los cuales destaco, de momento, el último. En él vincula el cambio de paradigmas con las transformaciones históricas ocurridas después de 1989, sobre todo los temerosos y ya previsibles efectos del maligno proceso de globalización. Sin embargo, tal Manifiesto contiene algo extremamente positivo: el germen de la esperanza configurado en el deseo de cambiar la elaboración de la historia escrita e interferir, a través del debate historiográfico y de la Historia Inmediata (HI), también conocida como Historia del Tiempo Presente, en los diversos e inevitables acontecimientos que afectan a la historia humana.[21]

Posicionándose como una especie de “observatorio participativo” de los cambios de paradigmas relacionados con el oficio del historiador, el medievalista y especialista en estudios historiográficos Carlos Barros hizo de modo que su red electrónica se convirtiera, en las dos primeras décadas del siglo XXI, en un espacio solidario de diálogos y debates, en el que se incluyeran diferentes cuestiones actuales latino-americanas. Surgió, así, un nuevo campo de trabajo denominado HI, principalmente en el ámbito de internet, y caracterizado por líneas de investigaciones que incorporan reflexiones y, cuando posible, hasta incluso conceptos. Se trata, en resumen, según sus propias palabras, de la “forma más profesional de involucración del historiador con el presente” guiada por el rigor que debe integrar el compromiso ético, social y político que debe ser debidamente explícito en el texto presentado. No obstante, ante el problema de la objetividad, bastante complejo en las investigaciones de temas contemporáneos, Barros recomendó una atención especial a los agentes históricos y a los historiadores. Preocupado, igualmente, con la habitual falsificación de los hechos históricos, se manifestó, presentando un significativo ejemplo, en contra de la tendencia a dejar a los periodistas el análisis del presente y, principalmente, el análisis histórico del presente. Ante estos presupuestos principales antes referidos, vio como necesario el desarrollo de un nuevo paradigma, o sea, un nuevo consenso historiográfico compuesto por las siguientes redefiniciones: considerar la ciencia histórica como una ciencia objetiva-subjetiva y valorizar el compromiso del historiador, ampliando el concepto de interdisciplinaridad y reivindicando una cierta autonomía en relación a las editoriales, medios de comunicación y poderes públicos dirigentes.[22] Kuhn, a causa, principalmente, de sus opciones académicas (física e historia de las ciencias), no se inclinó por ninguno de estos aspectos, que ganarán relevancia, por primera vez a nivel mundial, con el historiador español, nacido en Vigo (Pontevedra) el año 1946, militante de izquierdas desde su juventud y con cargos y títulos académicos, entre los cuales el de Profesor Titular de Historia Medieval de la Universidade de Santiago de Compostela[23].

La vertiente Kuhniana se hizo presente en los escritos de Carlos Barros desde la realización de su I Congreso en 1993. Dos textos escritos publicados, por primera vez, entre 1994 y 1995, ilustran, con claridad, su opción teórica: “El paradigma común de los historiadores del siglo XX”, que el autor considera como el punto de partida del referido Manifiesto, así como el principal justificante de la existencia da citada red como “comunidad académica de nuevo tipo”, y “La historia que viene”, divulgado en varios sitios, incluso en la revista Storia della Storiografia y en los Cahiers du Centre de Recherches Historiques.  En el primero, hizo algunos comentarios críticos a la aportación teórica del autor de la Estructura de las Revoluciones Científicas. Uno de ellos, por ejemplo, se refería a las influencias externas de los factores sociales y culturales en el futuro de las comunidades científicas. Para Barros, Kuhn no las negó, limitándose a menospreciarlas. A los historiadores cabría suplir esta especie de fallo, observando el contexto y la sincronía. Otro abarcaba el tentativo de sustituir, en 1969, el sentido amplio de paradigma por la noción de matriz disciplinar. Esta iniciativa no tuvo mucho éxito a causa de la amplitud con que se había empleado, en el conjunto de su obra, el término paradigma, visto bien como matriz disciplinar, bien como referencia ejemplar. Admitió, sin embargo, el intelectual español que el gran mérito del físico norteamericano que se adscribió a la historia de las ciencias habría sido doble: poner de relieve los papeles desempeñados por las comunidades científicas y calificar las revoluciones paradigmáticas. De ahí su propuesta, explícita en el segundo texto, de superar la crisis de identidad y de crecimiento vigente, en esa época, en la historia por la aplicación de la teoría de Kuhn sobre el desarrollo histórico de las ciencias.[24] Aquí empieza, de manera objetiva, la contribución de Barros a la comprensión y difusión de los paradigmas, en el ámbito de la historia y de la historiografía, y bajo el lema “debate y consenso, consenso y debate”.[25] Tras um pormenorizado análisis del paradigma plural vigente en la segunda mitad del siglo XX (Annales, marxismo y neopositivismo), Carlos Barros admitió que, cada uno a su modo, adapta y representa, el paradigma común, definido como “el conjunto de compromisos compartidos por una comunidad científica”. En otras palabras: los elementos teóricos, metodológicos y normativos, así como las creencias y valores, que sustentan, en un determinado momento, el consenso de los especialistas. Sin embargo, la aceptación de este tipo de paradigma no excluye la pluralidad de enfoques, pues nunca será posible encontrar “plena homogeneidad teórica y metodológica” entre los miembros de la comunidad establecida. Los fracasos de los tres paradigmas parciales antes citados, que habrían alimentado y acentuado la crisis de la historia desde los años 70, pasaron a exigir constantes exámenes de la realidad que nos rodea bajo la óptica de nuevos paradigmas. Se aprovechó entonces de las anomalías detectadas para sugerir la adopción de un nuevo consenso historiográfico, aun sabiendo que, según Kuhn, ningún paradigma se extingue hasta que sea plenamente sustituido.[26]

Partiendo de la hipótesis de que el paradigma venidero no es y jamás será semejante al paradigma común de raíz analista-marxista del siglo XX, Carlos Barros defendió la aplicación de estrategias globales de investigación y divulgación de los acontecimientos de la historia a través de la reconstrucción teórica del concepto de totalidad, del diálogo continuo inter y transdisciplinar y, además, del combate a la fragmentación interna. Después de 1989, añadió, predominó la incerteza, cabiendo, así, al historiador superar este impase demostrando que siempre hubo futuros plurales y alternativos. Escribiendo a finales del siglo XX, preconizó que la llegada inevitable de la “aldea global”, sin la participación de la historia y de las ciencias humanas, sería “el futuro de las cosas, jamás el futuro de los hombres”.[27]

Bajo esa perspectiva analítica, interpretativa y, sobre todo, vinculada a los acontecimientos contemporáneos, nació y se expandió, a lo largo de los años, Historia A Debate (HAD), red latina abierta, multinacional y multilingüe, que reúne historiadores de varias nacionalidades, a través de actividades presenciales y contactos digitales. En ella la influencia de Kuhn se puede percibir, a pesar de la estrategia de Carlos Barros en el sentido de propagar el debate y la construcción de un “nuevo consenso” para la escritura de la historia, admisible, tal vez, en la práctica de otras disciplinas. Para él encaja a la perfección, con su propuesta, un proficuo proceso de “reconstrucción paradigmática”, bajo la denominación de historiografía de paradigmas. Tres postulados la sustentan: 1) la comprobación de que las contribuciones de Kuhn son válidas en el ámbito de la historia y de la historiografía; 2) el distanciamiento deliberado de ciertas lecturas de este autor, hecho motivado por dos razones:  por las contradicciones teóricas detectadas tras una lectura crítica de los escritos Kuhnianos y, principalmente, por los resultados derivados de sus experiencias como profesor, investigador y autor consagrado al área de las ciencias humanas; 3) la necesidad de matizar, rectificar o incluso superar la alternativa “analítica y epistemológica” elaborada por Kuhn en el contexto norteamericano de la década de los 60. Este último postulado se reviste de una gran importancia, volviéndose esencial para la plena comprensión de la propuesta de Barros. Se compone de cinco ítems: a) alertar del hecho de que expresiones como paradigma, paradigma común y paradigmas compartidos requieren de una particular atención; b) redefinir revolución científica como un proceso complejo compuesto por rupturas y continuidades; c) revalorizar la interacción entre las comunidades de especialistas y las sociedades en que estas viven y actúan; d) sustentar la importancia del debate en los períodos de ciencia normal y no solamente en los de crisis o ciencia extraordinaria; incluir, en el análisis histórico de paradigmas, el estado presente de la disciplina, sin olvidar sus conexiones con la sociedad (movimientos), la política (partidos) y la economía (mercado).[28]

Tres son, por lo tanto, los principales conceptos Kuhnianos redefinidos por Carlos Barros: paradigma, comunidad de especialistas y revolución científica. Cabe aquí una reflexión más detallada sobre el último.[29] Para Kuhn este comprende episodios de desarrollo no acumulativo, en los que un paradigma más antiguo es total o parcialmente sustituido por uno nuevo, volviéndose incompatible con el anterior.[30] Barros, a su vez,  se distanció de aquel en lo tocante al citado concepto de revolución, al intervenir en la actual lucha de paradigmas con propuestas y debates, practicando una historia inmediata encaminada hacia el futuro y donde no hay espacio para “actitudes contemplativas” que tratan de superar la crisis de la historia.[31] Esta problemática, fue, en cierto modo, abordada en el ítem 4 del Manifiesto de 2001 y conceptualizada como “ruptura y continuidad disciplinar”, en un doble enfoque que combina los avances disciplinares por saltos con acumulaciones. Se cuestionó entonces si el nuevo consenso paradigmático podía englobar elementos del viejo paradigma sin perder su coherencia. La resposta es negativa. El futuro del paradigma difundido por HAD, aclaró, residía en la articulación de los acontecimientos recientes de la ciencia y del sujeto con las continuas necesidades oriundas de la historia y de la historiografía. Así, esta red se presenta como una nueva tendencia historiográfica que mantiene una dependencia de factores endógenos y exógenos, pero que tiene por cierta una directriz capaz de contribuir para la mejor comprensión del oficio de historiador en el siglo XXI. Se trata, por tanto, de la existencia concreta de una comunidad profesional basada en un consenso dinámico. Un nuevo distanciamiento de Kuhn se configuró a medida que Barros introdujo, en el concepto de ciencia normal, la continuidad del debate, que pasa, por ejemplo, por la aceptación de la convergencia epistemológica objeto/sujeto. HAD, por otra parte, es más que un foro de debate y lugar de encuentro de historiadores comprometidos con su oficio y las circunstancias que los rodean. Tiene como objetivo constituirse en un ”taller de experimentos” en el campo de la investigación empírica con fuerte connotación renovadora. En efecto, él estableció, para la red, dos prioridades: el desarrollo de líneas de investigación convergentes con sus posiciones paradigmáticas y la cooperación con esfuerzos innovadores presentes o futuros. Tres expresiones sintetizan su programa de acción caracterizado por una innegable sabor de inédito: redefinición, reformulación y reconstrucción, prácticas entrelazadas con la concepción de que la historia jamás dejará de ser una ciencia.[32] Con todo, afirmó categóricamente que el crecimiento del saber inherente a esta disciplina y el perfeccionamiento de la escritura de la historia no pueden prescindir de la democracia, vigente en un ambiente donde deben convivir la divergencia y la convergencia.[33] Los paradigmas de carácter colectivo, añadió Barros, presentan rupturas y continuidades, propias de sus respectivas comunidades académicas.

HAD, conforme a la definición de Carlos Barros en 2013, se sitúa en la vanguardia de la sociabilidad académica global, incorporando estudiosos de historia y de historiografía que actúan hoy dentro y fuera del mundo intelectual latino en el cual se originó[34]. Dos años antes, en la conferencia plenaria del IV Congreso Internacional Historia a Debate, surgió un nuevo proyecto: la enseñanza de la historia, teniendo como eje su utilidad social y el compromiso del historiador en el siglo XXI. Tal proyecto fue denominado como historiografía de valores, bajo la clara influencia de la llamada “educación de valores”. De ahí derivó la propuesta de formación de un nuevo paradigma educativo, dirigido principalmente a la enseñanza secundaria y con el objetivo de contribuir, a partir del oficio de historiador, a la didáctica de la historia e, igualmente, proponer elementos para la incorporación de “un nuevo punto de consenso” sobre la enseñanza de la disciplina, ya esbozado en el Manifiesto de 2001. Este paradigma historiográfico propuesto, en total desacuerdo con la reforma educativa europea[35], se apoya, como no podría dejar de ser teniendo como autor Carlos Barros, en presupuestos Kuhnianos como los ya referidos conceptos de paradigma, comunidad de especialistas y revolución científica. En él son resaltados los papeles desempeñados por los alumnos y, principalmente, por los profesores ante la necesidad de combinar, por un lado, saberes y competencias en los currículos y práctica docente, y, por otro, competencias y valores. Se configura como una reacción a la didáctica tradicional, conductista y empirista, que se apartó, a lo largo del siglo XX, de dos importantes corrientes renovadoras: la cognitiva-constructivista y la marxista. Importante resaltar que el nuevo paradigma educativo concede un papel activo a dos sujetos: a los alumnos, conforme a la directriz constructivista, y a la comunidad docente desde el punto de vista intelectual y colectivo, de acuerdo con los enseñamientos del marxismo, ambos enriquecidos por el concepto de responsabilidad social construido por el propio Barros. Se presenta, por tanto, como mixto, comportando, necesariamente, contenidos, competencias y valores[36]. Pero, ¿de qué naturaleza son esos valores que él incorpora como innovación imprescindible al nuevo paradigma?

La inspiración viene de los pedagogos, que desarrollaron la “educación en valores”, y de las aflicciones del proceso de globalización neoliberal. HAD patrocina la historiografía de valores como un enseñamiento que involucra a alumnos, profesores y sociedad que tenemos con la obligación de servir y rendir cuentas. Cabe en particular a los ”historiadores-ciudadanos” cultivar la tolerancia, el respeto mutuo y la pluralidad, inclusive fuera del ejercicio de la profesión, sin la pérdida de la autonomía intelectual. Esta última se opone, desde el punto de vista de Carlos Barros, a la “historia militante”, al concepto gramsciano del historiador como intelectual orgánico y a la historia académica, pretendidamente revestida de total objetividad, practicada por viejos y nuevos positivistas. El paradigma educativo propuesto para la historia, la universidad y la sociedad de la información en la que vivimos parte del principio de que los valores profesionales y los no profesionales son inseparables. Los segundos, sin embargo, de naturaleza social, política, económica y cultural deben orientar a los primeros. Un significativo avance teórico sucedió a partir del momento en que concibió la historia como una ciencia dotada de sujeto cognitivo, definición ya presente en el ítem I del Manifiesto de 2001, “equiparando el investigador y su objeto, el historiador y sus fuentes”, que Barros interpretó, recurriendo a Kuhn, como una práctica no positivista de la ciencia que valoriza la comunidad de historiadores, pues solamente a ella cabe aceptar la “verdad” resultante del proceso de investigación. Pidió, además, la participación de la historia con una alternativa de globalización basada en los valores de paz, solidaridad y justicia, igualdad y libertad, educación y salud, ecología y género.[37] Esta meta, dada su complejidad, es, en mi opinión, extremadamente osada. Ante, por ejemplo, la perversa realidad latinoamericana actual, se torna casi imposible. ¿Cómo defender y proteger a las víctimas de los agresores, así como amparar a los sectores menos favorecidos de la sociedad, teniendo en cuenta la corrupción y el abuso de poder vigentes? Barros, ciertamente, obtuvo un relativo éxito cuando, mirando a la “utilidad pública” de la historia, la puso, en cierta manera, en práctica, combatiendo, por ejemplo, la historiografía franquista e neofranquista. Tal producción de naturaleza esencialmente académica y comprometida en la forma y en el contenido, recibió acogida y adquirió relevancia, desgraciadamente, únicamente en algunos sectores universitarios progresistas. Por lo tanto, todavía queda mucho que hacer y él demuestra ser consciente de esto.

Hay que loar, de todas formas, el declarado compromiso de Carlos Barros, especialmente, según enseñó Hobsbawm, por basarse en argumentos que contribuyan al avance de la ciencia, incentivando el debate científico y sacando a la luz “nuevos temas, nuevas preguntas e nuevos modelos de repuestas (paradigmas, como los llama Kuhn)”[38]. Como “historiador-ciudadano”, él se abre al mundo con propuestas paradigmáticas consensuadas, a través de eventos y de la red Historia a Debate, en busca del conocimiento, en el caso histórico, historiográfico y más recientemente educacional, conocimiento este que debe ser esencialmente comprendido como “la propiedad común de un grupo”, caso contrario no es nada[39]. Barros y los miembros de su red atraviesan, de momento, después de Kuhn, a quien siguen con las redefiniciones y reformulaciones antes apuntadas, por un período de reconstrucción paradigmática ávido de pesquisas convergentes necesarias para la eclosión de una revolución científica, sin, no obstante, romper con la tradición, de la cual se enorgullecen, aunque con comprensibles restricciones. Se denominaría esta etapa, de acuerdo con Kuhn, “tensión esencial”.[40] Es lo que explica su vasta producción académica sobre nuevos paradigmas, permeada por compromisos teóricos, metodológicos e incluso hasta personales, encaminados, predominantemente, a la inserción de la historia y del oficio del historiador en el meollo de un universo académico solidario con el destino de los huérfanos de la globalización.

 

 

[1] Megill, Allan. “Grand Narrative” and the Discipline of History. In: Ankersmith, Frank; Kellner, Hans (eds.). A new philosophy of history . USA: University of Chicago Press, 1995, p.170.

[2] Ankeny, Rachel A.; Leonelli, Sabina. Repertoires: A post-Kuhnian perspective on scientific change and collaborative research. Studies in History and Philosophy of Science, 60: 18-28, 2016. Disponible en http://dx.doi.org/10.1016/j.shpa.2016.08.003 Consultado el 28/12/2016.

[3] Kuhn, Thomas S. O caminho desde A Estrutura. Tradución Cezar Mortari; revisão técnica Jézio Hernani B. Gutierre. São Paulo: Editora UNESP, 2006, p. 24, 76 e 208.

[4] Kuhn, Thomas. “Foreword” In: Fleck, Ludwick. Genesis and Development of a Scientific Fact. Chicago;London: The University of Chicago Press, 1979, p.VI-XI.

[5] Lowy, Ilana. Ludwik Fleck na the history of sciences today. Ciências – Saúde – Manguinhos, I (1): jul-out 1994, p. 8.

[6] Appleby, Joyce; Hunt, Lynn; Jacob, Margaret. Thelling the truth about history. New York; London: W-W- Norton & Company, 1994, p.160-166.

[7] Lowy, Ilana. Op. Cit, p.8. La Escuela de Edimburgo albergó a dos renombrados sociólogos: Berry Barnes e David Blen, cuyas contribuciones teóricas contribuyeron a la fama de la referida institución.

[8] Gattei. Stefano. Book review: K.Brad Wray. Kuhn’s Evolucionary Social Epistemology.Cambrige: Cambridge University Press, 2011. Isis: a jornal of the history of Science society, 104 (2), june 2013, p. 423-424. Disponível en http://www.journals.uchicago.edu/doi/pdfplus/10.1086/672208

[9] Rusen, Jorn. Reflexão sobre os fundamentos e mudança de paradigma na ciência histórica alemã-ocidental. In:Neves, Abilio Afonso Baeta: Gertz, René E. A nova historiografia alemã. Porto Alegre: Editora da Universidade UFRJ: Instituto Goethe: Instituto Cultural Brasileiro-Alemão, 1987, p.14-40.

[10] Ginzburg, Carlo. Sinais. Raízes de um paradigma indiciário. In: —-  Mitos, emblemas, sinais: morfologia e história. Tradução Federico Carotti. São Paulo: Companhia das Letras, 1989, p. 143-179.

[11] História (s) e Teoria da História: entrevista com Reinhardt Koselleck. Revista História e Historiografia. Ouro Preto, 18, agosto 2015, p.318. Disponível em doi:10.15848/hh.voi18884 Acesso em 29/12/2016..

[12] Iggers, George G. Historiography in the Twentieth Century: from Scientific Objectivity to the Postmodern Challenge. Hanover; London: Wesleyan University Press, 1997, p.119-120.

[13] Dreyfus, Hubert L.; Rabinow, Paul. Michel Foucault: uma trajetória filosófica:para além do estruturalismo e da hermenêutica. 2ª. Edición. Tradución Vera Portocarrero e Gilda Gomes Carneiro; introdución traduzida por Antonio Cavalcanti Maia; revisão técnica Vera Portocarrero. Rio de Janeiro: Forense Universitária 2010, p.78-79 e 101-102.

[14] Furet, François.Naissance d’um paradigme: Tocqueville et le Voyage en Amérique (1825-1831). Annales. Économies, Societés, Civilisations, 39 (2): 225-239), 1984. Este artigo foi republicado en Communications, 43 (1): 55-69, 1986.

[15] Aron, Raymond. Idées politiques et vision historique de Tocqueville. Revue Française de Science Politique, 10 (3): 509-526, 1960.

[16] Lardinois, Roland. L’invention de Tocqueville. Actes de la Recherche en Sciences Sociales, 135,2000, p. 80.

[17] Revel, Jacques. Histoire et sciences sociales: les paradigmes des Annales. Annales. Économies, Societés, Civilisations, 34 (6), 1979, p. 1362.

[18] Dosse, François.História do Estruturalismo 2. O canto do cisne, de 1967 aos nossos dias. Tradução Álvaro Cabral. São Paulo: Ensaio; Campinas,SP: Editora da Universidade Estadual de Campinas, 1994, p.455 y 467-468. Las reflexiones de Gilles Gaston-Granger, fallecido en 2016, tienen fecha del 6 de marzo de 1987 y la edición francesa de la citada obra de Dosse vio la luz en 1991.

[19] Barros, Carlos. “El retorno de la historia”. Conferencia plenaria del II Congreso Internacional Historia a Debate dictada   por el autor el 17 de julio de 1999 en el Palacio de Congresos de Santiago de Compostela”. Disponible en https://www.academia.edu/3279776/El_retorno_de_la_historia

[20] Idem. . “Para un nuevo paradigma historiográfico. Versión escrita de las conferencias realizadas con ese mismo título, el día 23 de abril de 1988, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chiapas (San Cristóbal de las Casas) y, el día 24 de junio de 1998, en la Facultad de Humanidades y Artes de la universidad de Rosario (Argentina). Disponible en https://.academia.edu/ 3291747/Para_um_ novo_paradigma_historiografico. “Historia a Debate, um paradigma global para la escritura de la historia. Versión posterior escrita (y revisada en el verano de 2009) de la tercera conferencia plenaria del III Congreso Internacional Historia a Debate (coordinado por el propio autor), dictada el viernes, 16 de julio de 2004, a las 16 horas, en el Auditorio de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Santiago de Compostela (España) y transmitida en directo (vídeo en www.h-debate.com/congresos/3/videos/menu.htm).

[21] “Manifesto de Historia a Debate”. Versión escrita del 11 de septiembre de 2001. Disponible en www.h-debate.com

[22]“ Historia Inmediata/Debates : Es posible una historia inmediata?” Trascripción de la intervención oral en el II Seminario Internacional Nuestro Patrimonio Común, organizado en Cádiz, el 23 de abril de 2002, por la Asociación de Historia Actual. Disponível en https://www.academia.edu/3279642/_Es_possible_una_historia_imediata

[23] Barros, Carlos. Memorias. Me casé y, en vez luna de miel, me fui a la marcha por la amnistía. Faro de Vigo,12, 14 de junio de 2015.

[24] “El paradigma común de los historiadores del siglo XX” e “La historia que viene”, ambos publicados en varios sitios e disponibles en www.h-debate.com/cbarros/spanish/paradigm.htm#11

[25]“ Historia a Debate, un paradigma global para la escritura de la historia”. Versión escrita de la conferencia dictada por Carlos Barros en el III Congreso Internacional Historia a Debate. Santiago de Compostela, 14-18 de julio de 2004. Disponible en http//www.academia.edu/3279798/Historia_Debate_un paradigma_ global_para_a_la_escritura_de_ la historia

[26] “El paradigma comum (…)” e “La historia que viene”. Op. Cit.

[27]“La historia que viene”. Op. Cit.

[28] “Historia a Debate, un paradigma global para la escritura de la historia”. Op. Cit.

[29]  La Estructura de las Revoluciones Científicas provocó, desde su lanzamiento, innumerables críticas e intensos debates. Un curioso punto de vista es el de Roy Porter, quien sostiene que este clásico libro de Thomas Kuhn evocó un escenario casi trotskista de revolución permanente. Aún más. La obra habría provocado una “inflación de revoluciones”, de la que habrían participado historiadores de todos los tipos. Porter, Roy. The scientific revolution: a spoke in the wheel?. In: Porter, Roy; Teich, Mikulás. Revolution in history. Cambridge: Cambridge University Press, 1986, p. 294.

[30] Kuhn, Thomas S. A Estrutura das Revoluciones Científicas. Tradución Beatriz Vianna Boeira e Nelson Boeira. São Paulo: Perspectiva, 1994, p. 125.

[31] “Historia a Debate, un paradigma global para la escritura de la historia”. Op. Cit.

[32] “Defensa e ilustración del Manifesto historiográfico de Historia a Debate”. Versión escrita, ampliada y revisada en marzo de 2003 por Carlos Barros de una conferencia dictada en Universidad Torcuato di Tella, Buenos Aires (15 de octubre de 2001), IV Congreso Internacional de Historia de Entre Ríos de Concepción del Uruguay, Argentina (18 de octubre de 2001) y Universidad Ricardo Palma de Lima, Perú (14 de diciembre de 2001). Disponible en

[33] “Historia a Debate, un paradigma global para la escritura de la historia”. Op.cit.

[34] “Circular de 12 de julio de 2013.20º. aniversario de Historia a Debate”. Disponível en www.h-debate.com

[35] Carlos Barros aqui se refere às consequências da Declaración de Bolonha, datada de 19 de junho de 1999.Para ele se trata de uma reforma educativa de caráter conservador, movida por interesses empresariais e privilegiando as competências.

[36] Barros, Carlos. “Propuestas para el nuevo paradigma educativo de la historia”, 9 de julio de 2007.. Disponível en https://academia.edu/3279793/Propuestas_para_el_nuevo_paradigma_educativo_ de_ la_historia e “Enseñar historia, competências y valores”, 2008.

Disponível en https:// www.academia.edu/3279796/Enseñar_historia_competencias_y_valores

[37] Barros, Carlos. “Historiografia de valores”. Versión escrita, actualizada y ampliada, en mayo de 2014,  de mi conferencia plenaria en el IV Congreso Internacional Historia a Debate. Santiago de Compostela, 16 de diciembre de 2010 (vídeo en http://youtu.be/MVCu9TIMVVw). También disponible en https:// www.academia_edu/7064229/Historiografia_de_valores

[38] Hobsbawm, Eric. Sobre la historia. Barcelona: Critica (Biblioteca de Bolsillo), 2012, p.144.

[39] Kuhn, Thomas S. A Estrutura das Revoluciones Científicas, p.257.

[40] Kuhn, Thomas S. A tensão essencial: estudos selecionados sobre tradición e mudança científica. Tradución Marcelo Amaral Penna-Forte. São Paulo: Editora Unesp, 2011, p.243.