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Reseñas: Pablo Chaves Montenegro

RESEÑA DEL
 II CONGRESO INTERNACIONAL
HISTORIA A DEBATE

Santiago de Compostela, 14-18 de julio de 1999

¿Sigue siendo la historia una ciencia?, ¿Cómo hacer historia global?, hombres y mujeres, ¿una historia común?, ¿Cuál será en el futuro la relación historia-narración-ficción?, ¿Qué historia enseñaremos en el siglo que entra?, ¿Cuál es la identidad actual de la historiografía latinoamericana?, ¿Está obsoleta la división en áreas cronológicas?, ¿Cuál debe ser el compromiso del historiador y su relación con el poder en el siglo XXI?... Estas y otras muchas preguntas del mismo estilo fueron planteadas y discutidas por los más de 600 historiadores asistentes al II Congreso Internacional Historia a Debate celebrado en Santiago de Compostela, Galicia, España, entre el 14 y 18 de julio de 1999. Unos 35 países de los 5 continentes, con una enorme presencia latinoamericana, tanto cuantitativa como cualitativa: de Argentina a México la practica totalidad de países de América enviaron representantes académicos a Santiago, confirmándose así que en los actuales momentos de fragmentación la periferia puede y debe involucrarse totalmente en la búsqueda de nuevos consensos y paradigmas. Cinco conferencias plenarias, 18 mesas redondas, más de 120 comunicaciones divididas en 17 secciones hablan muy claramente de la importancia de una reunión de carácter internacional que tiene el objetivo de exponer, debatir y analizar una de las partes de la historia con menor tradición académica y en las que menos desarrollada está la discusión: las cuestiones epistemológicas, de teoría de la historia, metodológicas o los balances historiográficos, que son los temas que propone Carlos Barros, organizador de Historia a Debate.

La organización del congreso fue tripartita. Las jornadas de trabajo comenzaban con una conferencia plenaria, dictada cada uno de los días por un historiador de reconocido prestigio: E, Florescano, G.G. Iggers, J. Revel, C. Barros, H.J. Kaye. El profesor Florescano habló de la relación entre historia, mitos y nacionalismo; la relación entre historia y narración, una de las constantes durante todo el congreso, fue abordada en días sucesivos, y desde ópticas encontradas por los profesores Iggers, Revel y Barros. Mientras que el primero criticó la puesta en duda por parte de Hayden White y seguidores de la cientificidad de la historia, Jacques Revel se posicionó en su disertación en una postura totalmente contrapuesta: no se puede hablar propiamente de retorno a la narración porque la historia siempre es narración, y no puede dejar de serlo sin perder por completo su identidad; Carlos Barros, en el marco de una conferencia mucho más amplia en la que trató de vislumbrar caminos futuros para la historia, también entró en la cuestión, señalando la necesidad de compatibilizar la prueba científica con el relato atrayente, para así llegar a un público amplio, compromiso del historiador con la sociedad a la que debe servir; en la última de las conferencias plenarias, Kaye volvió al tema del compromiso del historiador, de la mano de un análisis de las aportaciones de la historiografía marxista británica, compromiso que alcanzaron sin dejar de lado un profundo rigor científico. Acabadas las conferencias plenarias, se simultaneaban las sesiones en tres salas donde se desarrollaban grupos de trabajo organizados por medio de breves ponencias de 15 minutos reunidas en seciones temáticas y seguidas de fructíferos debates, y las mesas redondas, seguidas siempre de una amplia discusión (recordemos la importancia del debate en la línea programática de HaD, importancia tan incuestionable que llega a aparecer en el propio nombre). Juzguen, a priori, si son o no sugestivos los siguientes títulos, pertenecientes a algunas de las secciones temáticas: "Balance de la historiografía del siglo XX", "Crisis de la historia, cambio de paradigmas", "Historiografías postcoloniales", "La historia en el siglo XXI: nuevos enfoques", "Mentalidad, alteralidad, multiculturalismo", "Historiografía, definición e historia de la ciencia"... Otro tanto de lo mismo ocurre con las mesas redondas: "La interdisciplinariedad a debate", "El historiador, la ética y el compromiso social", "Sexualidad, historia y política", "Teoría e historia, una relación difícil", "La historiografía latinoamericana y su identidad"... Fue principalmente en estas sesiones de trabajo donde se procuró la respuesta, tanto a las preguntas expuestas al comienzo de esta reseña como a otras muchas que fueron surgiendo a lo largo de las intervenciones. Estas respuestas llegaron tanto de los ponentes o participantes en las mesas como del público presente en las salas que participó abundantemente en los debates, amistosa y cordialmente, pero manifestando en muchos de los temas profundos desacuerdos. Es el debate, sin ninguna duda de vital importancia, porque es a través de él como es posible establecer los problemas existentes, analizarlos en profundidad, y llegar así a vislumbrar posibles soluciones. Solo a través de un consenso alcanzado tras profundos debates es posible llegar a los nuevos paradigmas que guíen a nuestra disciplina en el futuro.

Los contenidos del Congreso pueden dividirse también de un modo tripartito: en un primer apartado los problemas epistemológicos, teóricos y metodológicos (sirvan como ejemplo "La historia del siglo XXI: nuevos enfoques", "Crisis de la historia, cambios de paradigma", "Posmodernidad, historia y nueva Ilustración", "Historia y discurso, narración y ficción"); en un segundo apartado la cuestión del compromiso social del historiador ("Chiapas y la historia", "El historiador y el poder", "Pasados y presentes, pasados y futuros", "¿Cómo hacer historia global?, "Mitos, historiografía y nacionalismo"); y por último un tercer apartado correspondería a la cuestión institucional de la historia ("Universidad, acceso al profesorado y carrera docente", "El debate de las humanidades: balance y perspectivas", "Historia, empleo y relevo generacional"). > La cuestión del compromiso social del historiador o la relación entre el historiador y la sociedad, junto con la ya comentada relación entre historia, narración y ficción, en resumen, la cientificidad de la historia, fueron dos preocupaciones constantes a lo largo de todo el congreso, desde las conferencias plenarias hasta las ponencias, y, como no, en los debates. El compromiso, bien entendido, es una necesidad del historiador, un modo de servir a una sociedad a la que se debe. Y para llegar a esta sociedad es preciso una manera de dar a conocer el resultado de nuestras investigaciones ameno, atrayente, pero totalmente científico. La insistencia de estos dos temas, su aparición sistemática en muchos de los debates del congreso puede ser fiel reflejo de una preocupación que sobrevuela a la historia.

Pero toda esta labor no es cosa de solo cuatro días. Este II Congreso HaD forma parte de un proyecto historiográfico más amplio ya iniciado con el I Congreso HaD, recogidas sus actas en seis tomos, editados en Santiago de Compostela en 1995 (Pasado, y futuro, Nuevos enfoques, Retorno del sujeto, América Latina, Medieval, Galicia), y continúa de manera permanente a través de las inmensas posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías (sin las cuales sería imposible la organización de un congreso internacional como este en solo seis meses). En efecto, a través de Internet funciona una lista de debate y una página Web (www.h-debate.com) que puede servir de vehículo de transmisión de ideas, donde puedan seguir apareciendo nuevos problemas, donde puedan ser discutidos, donde se les puedan buscar soluciones que sitúen en un buen punto de partida la historia en este comienzo de siglo. En fin, donde se puedan establecer los paradigmas comunes de los historiadores para ese futuro al que nos vamos a tener que enfrentar. Así, cuando lleguemos a la tercera edición de Historia a Debate una parte del camino ya estará andada. De nosotros depende que este camino recorrido sea mas largo o más corto. Será en Santiago. Año 2004.

Pablo Chaves Montenegro
Universidade de Santiago de Compostela
e-mail: pchaves@cesga.es