Imprimir
El Segundo Congreso Internacional “Historia a Debate” (Santiago de Compostela

El Segundo Congreso Internacional

“Historia a Debate”

(Santiago de Compostela. 14-18 de Julio de 1999).

Gonzalo Pasamar Alzuria

Universidad de  Zaragoza

 

      En julio pasado, el Palacio de Congresos y Exposiciones de un Santiago de Compostela abarrotado de peregrinos y turistas acogió el Segundo Congreso Internacional “Historia a Debate”, coordinado por el profesor Carlos Barros y patrocinado por la Xunta de Galicia. En esta reunión hicieron acto de presencia figuras de fama mundial como George G. Iggers, Enrique Florescano, Ciro F. Cardoso o Jacques Revel, pero también acudieron ciento cincuenta comunicantes mucho más anónimos, llegados de casi todas las partes del mundo (un tercio, de países latinoamericanos) a través de los más variados medios y ayudas de viaje. El encuentro contó con una asistencia que rebasó el medio millar de personas (quinientas cincuenta para ser exactos), quienes llenaron las salas de aquel Palacio, debidamente habilitadas para la ocasión.

      El objeto del Congreso fue el intercambio de ideas acerca de los grandes problemas de la disciplina de la Historia en el final del milenio. Se trató de un simposio que transcurrió en jornadas de trabajo de nueve horas, tres sesiones simultáneas y diversas mesas redondas, proporcionando continuidad a las discusiones que tuvieron lugar seis años antes en el Primer Congreso “Historia a Debate” (1993). Éste último fue la más ambiciosa reunión internacional que un reducido grupo de profesores universitarios celebró en España hasta aquella fecha. Dan fe de ello sus seis tomos de actas, herramientas de trabajo de gran utilidad para el examen de las actuales corrientes historiográficas (tres sobre los problemas generales de la disciplina, uno sobre Historia Medieval, otro sobre América Latina y, finalmente, uno más sobre Historia de Galicia). El tema esencial de aquel Congreso de 1993 lo resumió el propio Carlos Barros en una ponencia titulada “La historia que viene”, ya familiar por haberse publicado en diversas revistas de lengua española y de otros idiomas: la necesidad de recuperar un mínimo acuerdo entre los historiadores, en medio de la sensación de fragmentación de las principales escuelas (tanto la “escuela de Annales” como la historiografía marxista), y la realización de un balance crítico de la historiografía del siglo XX (con el examen de enfoques como, por ejemplo, el de la “historia comparada”, la “sociología histórica”, la “antropología histórica” o los llamados “retornos”).

      Sin embargo, el objetivo de los convocantes en el año 1999 no ha sido el de repetir el Primer Congreso ni conformarse con un evento pasajero que concluyese a la clausura formal del mismo. El Segundo, a diferencia del anterior, se ha servido de la informática para multiplicar su alcance: con el recurso a Internet ha podido darse a conocer mucho antes de que estuviera lista la propaganda impresa; ha habilitado una página web (www.h-debate.com) para reforzar esa propaganda; y, en el transcurso de sus sesiones, ha desarrollado un “Primer Congreso Virtual” paralelo. Pero, además, en esta ocasión se ha convertido a este Segundo Congreso en el punto de partida de un foro de discusión permanente, para lo cual se han previsto tres clases de iniciativas, actualmente en proceso de realización: primero, el impulso de discusiones posteriores acerca de temas relacionados con los contenidos del mismo (v.g., el problema de las “relaciones norte-sur” en materia de historiografía, en estos momentos es objeto de análisis y debate gracias a la red del correo electrónico); segundo, la difusión de una encuesta internacional que un grupo de investigadores, dirigido por el propio Carlos Barros y financiado por la Xunta de Galicia, viene preparando desde el año 1996 en el marco de los proyectos de investigación “El estado de la historia” y “El cambio de paradigmas historiográficos”. La encuesta se denomina también “El estado de la historia”, y consta de 89 preguntas que se hacen eco de las principales cuestiones teóricas e historiográficas[1]. Finalmente, el proyecto de una revista -todavía sólo una idea- que aborde aspectos de la disciplina como la metodología, la historiografía, la teoría y la filosofía de la historia, investigaciones novedosas o “historia reciente”.

      Seguramente desde que se celebró el Congreso del 93 los problemas del oficio de historiador no han experimentado transformaciones radicales que no se pudieran vislumbrar entonces. El fenómeno de la dispersión del oficio se remonta a los años setenta; el retroceso del “eurocentrismo” (lo que incluye también el de la influencia de los EEUU entre la historiografía internacional) ha de llevarse a los ochenta; la desaparición de grandes figuras desde que lo hiciera Fernand Braudel en 1985, no ha hecho sino aumentar debido a que la generación que contribuyó a la renovación de la Historia en los años cincuenta y sesenta está llegando al final de su trayectoria (recientemente, entre 1998 y 1999, se ha producido el fallecimiento de dos sobresalientes historiadores que han formado parte del Comité Científico del Segundo Congreso: Lawrence Stone y Jerzy Topolsky). Además, los debates políticos sobre los nuevos movimientos sociales los hallamos en la década de los ochenta; una década que se cerró, como es sabido, con la caída del Muro de Berlín, materializada a nivel intelectual en las polémicas tesis sobre “el final de la historia” (justamente aquélla, la del derrumbamiento del Muro fue la imagen elegida por los organizadores para ilustrar el cartel de ese Congreso).

      Ahora bien, el cometido del Segundo Congreso ha sido más bien estudiar las nuevas tendencias y herramientas con las que abordar los desafíos del próximo milenio; descubrir nuevas perspectivas. Todo ello, llevado a cabo con la convicción de que los grandes temas políticos y sociales que interesan a la opinión pública y, por extensión a los historiadores, no han dejado de incrementarse (éste es el significado del cartel de la nueva reunión; el de las palmas de la mano blancas en protesta por el asesinato de Miguel Angel Blanco, hecho luctuoso que sacudió las conciencias de muchos ciudadanos españoles en el verano de 1997). Puede dar una idea de estas novedades el repaso de las secciones temáticas y mesas redondas del Congreso (que se ayudaron de un auténtico libro de “abstracts”, material imprescindible para conocer el contenido del Congreso en tanto no se publiquen las actas del mismo, que se prevén para comienzos del año 2000). Las secciones temáticas fueron las siguientes:

 

1. Balance de la historiografía del siglo XX.

2. Crisis de la Historia, cambio de paradigmas.

3. Retorno del sujeto social y fin de la violencia.

4. Mentalidad, alteridad y multiculturalismo.

5. Pasados y presentes, pasados y futuros.

6. La Historia en el siglo XXI: nuevos enfoques.

7. ¿Cómo hacer historia global?

8. Nuevas tecnologías y escritura de la Historia.

9. Historia ecológica e historia general.

10. ¿Qué Historia vamos a enseñar en el nuevo siglo?

11. Historiografía, definición e historia de la ciencia.

12. Historia, historiografía y globalización.

13. Historiografías poscoloniales.

14. El oficio de historiador: sociabilidad, condiciones materiales y medios de comunicación.

15. Especialidades históricas, convergencias y transversalidad.

 

      Por su parte, las mesas redondas versaron sobre:

 

A. Balance de la historiografía del siglo XX.

B. Mitos, historiografía y nacionalismo.

C. Chiapas y la Historia.

D. Sexualidad, Historia y política.

E. El historiador y el poder.

F. El debate de las Humanidades: balance y perspectivas.

G. El historiador, la ética y el compromiso social.

H. Historia, empleo y relevo generacional.

I. Universidad: acceso al profesorado y carrera docente.

J. ¿Sigue siendo la Historia una ciencia?

K. Historia y discurso, narración y ficción.

L. Posmodernidad, Historia y nueva Ilustración.

M. La interdisciplinariedad a debate.

N. ¿Está obsoleta la división de la Historia en áreas cronológicas?

O. Mujeres y hombres, ¿una Historia común?

P. Teoría e Historia, una relación difícil.

Q. Historiografía gallega a debate.

R. El futuro de la historiografía española.

S. Historiografía latinoamericana y su identidad.

 

      Además de esta larga e interesante lista de secciones, se habilitaron tres más a las que se presentaron comunicaciones resumidas por un relator:

- Cambio de siglo

- Nuevos paradigmas

- Problemas de historiografía.

      Como se puede observar, el planteamiento de este Congreso ha sido el de propiciar debates sobre todas las dimensiones de la disciplina histórica: desde las socioprofesionales, hasta las relacionadas con la ética y la política, pasando por las intelectuales y las epistemológicas. Las diferencias con el Primero saltan a la vista, puesto que éste último giró ante todo -aunque no de modo exclusivo-, en torno a problemas teóricos y epistemológicos. Con la experiencia acumulada de la anterior, los organizadores de la nueva edición se propusieron equilibrar más los distintos apartados en respuesta a un objetivo ambicioso, el de las perspectivas de la Historia para el próximo milenio. Los temas de carácter teórico, tales como el de la “Historia global”, la “Historia como ciencia”, “Discurso y narración”, o el “Tiempo histórico”, compartieron espacio con temas específicos que representan nuevas formas de entender la disciplina como la historia de las mujeres, la historia ecológica o las historiografías poscoloniales. El problema de los compromisos éticos y políticos se materializó en discusiones monográficas y en cuestiones novedosas como la de “Chiapas y la Historia”. Y por supuesto, se hallaron muy presentes los aspectos de tipo profesional como la enseñanza de la Historia, el empleo, las salidas profesionales y el profesorado, reflejos, en suma, de la gran dispersión actual del oficio, estudiada, como se sabe, en algunos conocidos trabajos de Peter Novick y Gérard Noriel (no faltaron en este Segundo Congreso abundantes referencias al “debate sobre las Humanidades” suscitado en España en 1997-98).

      El Segundo Congreso Internacional “Historia a Debate” es, asimismo, todo un síntoma de la tesitura de la Historia como disciplina internacional (una reunión con el número de asistentes y comunicantes arriba indicado resiste perfectamente esta atrevida valoración). A poco que se examinen sus características, o se haya participado en el mismo, se puede observar que refleja algunos de los principales aspectos de la historiografía internacional: dispersión y tensiones en el oficio; el problema de qué papel juega el profesor de bachillerato en la historiografía; la pérdida de peso específico de las grandes instituciones internacionales debido a la jubilación o desaparición de sus grandes figuras (la “escuela de Annales” estuvo representada en la figura de Jacques Revel, pero también asistieron autores críticos e independientes como François Dosse o Robert Bonnaud); el ascenso de la “periferia”, materializada, en este caso, por el grueso de los historiadores latinoamericanos; la renovación de los debates políticos; y, por supuesto, los problemas teóricos y epistemológicos que se vienen suscitando en la década de los setenta y ochenta, tales como la importancia de la narración y el papel de la teoría. Contrasta el entusiasmo que despertó entre los historiadores españoles el Congreso del 93 con la tibieza con que ha sido acogido este Segundo Congreso. Ocurre algo parecido con el siguiente dato: en esta última reunión ha sido escasa la presencia de grandes figuras de la historiografía española pero, sin embargo, han acudido un cuarenta por ciento de comunicantes venidos de toda geografía de nuestro país. Ambas constataciones plantean numerosas interrogantes que, por el momento, sólo pueden ser enunciadas. Por ejemplo: ¿Hasta qué punto dicha situación es un reflejo de que la reflexión historiográfica siempre ha sido extremadamente débil en España y también lo era en el año 93 a pesar de las apariencias?, o también, ¿estaremos asistiendo a las manifestaciones iniciales de un cambio generacional de la historiografía española cuyo alcance es todavía de muy difícil valoración?

      Finalmente, salta a la vista, incluso por los temas elegidos, la voluntad de los organizadores del Segundo Congreso de conceder una gran participación a la historiografía latinoamericana. La elección no ha sido en absoluto arbitraria: primero porque entre estos historiadores -profesores de universidades e Institutos de segunda enseñanza desde el sur de California hasta la Patagonia-, es detectable una muy elevada inquietud intelectual y disposición a participar en el debate, lo que es un reflejo, a su vez, de las tesituras por las que atraviesan aquellas sociedades y Estados, y de las propias tensiones profesionales de esos profesores; segundo, porque cuentan con la ventaja de estar muy familiarizados con Internet (incluso más que los historiadores españoles, al menos hasta el año 1998), lo que les permite multiplicar los escenarios de debate; y tercero, porque esta situación es una muestra -como lo son las “historiografías poscoloniales” o la presencia de profesores venidos de la India, Egipto y Argelia-, del fenómeno que se viene detectando desde hace una década, ya constatado en el Primer Congreso de Historia a Debate: el creciente carácter “multicéntrico” de la historiografía actual.



[1] Los miembros de ambos equipos de investigación -el primero de ellos ha contado con la colaboración del sociólogo Julio Cabrera- han sido los profesores Iñaki Bazán, Francisca Colomer, Miguel Angel Cabrera, Francisco Vázquez, Israel San Martín, Juan Manuel Santana y Gonzalo Pasamar, además del profesor Carlos Barros. El actual equipo sobre “El cambio de los paradigmas historiográficos” lo forman los siete últimos.