Imprimir

Publicado en

 

El estado de la historia. Encuesta internacional*

 

Carlos Barros

Universidad de Santiago de Compostela

 

 

Lo que voy a analizar hoy aquí es el fruto de un proyecto internacional de investigación historiográfica[1], de carácter único no sólo por sus dimensiones si no también por tratar sobre la historiografía más actual[2] y por ser una iniciativa hispana[3], coetánea con la formación bajo la misma dirección de Historia a Debate como red historiográfica global. Me refiero a la Encuesta Internacional sobre el estado de la disciplina de la historia (investigación, enseñanza, divulgación), que pusimos en marcha en vísperas del nuevo siglo, con la colaboración de 136 instituciones académicas[4], dirigiéndonos entre 1999 y 2001[5] a 40-50.000 historiadores por correo postal y electrónico, tres veces más de los que constituían nuestra meta inicial[6].

Cuando empezamos en 1996 a elaborar el cuestionario y la base de datos con las direcciones de historiadores de todo el mundo, definíamos así nuestro objetivo: “En ningún caso esperamos de la encuesta un resultado científico ‘objetivo’ y ‘absoluto’ sino una representación mental, subjetiva y relativa pero siempre colectiva, de la comunidad internacional de historiadores en este turbulento cambio de milenio, que nos posibilite ir más allá de los límites de nuestra percepción individual de origen bibliográfico (en todo caso insustituible)”.

 

Una encuesta inédita

 

                Ciertamente no existen precedentes, aparte del intento de Henri Berr hace un siglo para el ámbito francés[7] (que conocimos una vez puesta en práctica nuestra iniciativa), de una encuesta de esta envergadura en la historia de nuestra disciplina[8]. Pasarán bastantes años antes de que se haga algo parecido, por la complicación de la elaboración del cuestionario, de su difusión, recogida e interpretación de resultados, y la propia vigencia en el nuevo siglo de este extraordinario sondeo historiográfico en los albores del año 2000[9]. Un repertorio coherente de preguntas supone conocimiento esencial e hipótesis previas sobre los problemas y las disyuntivas que marcan la coyuntura historiográfica mundial después de la crisis de los grandes paradigmas del siglo XX, del retorno de las evidencias, los mitos y las ficciones de la historiografía del siglo XIX y demás factores internos y externos que han conducido al pandemónium disciplinar actual[10]. Los criterios de análisis que subyacen en nuestra encuesta derivan de los diagnósticos sobre la situación historiográfica finisecular, y sus alternativas[11], extraídos de los congresos mundiales de Historia a Debate y de reflexiones propias[12], contrastados, a partir de 1999, con la experiencia de HaD como una red temática con un perfil historiográfico global, abierto pero más que definido (sobre todo a partir del Manifiesto historiográfico de 2001) si consideremos el confuso escenario actual. Por otro lado, el análisis que hacemos de esta macroencuesta retroalimenta tanto la clarificación de posiciones en liza como la reconstrucción emprendida de un paradigma historiográfico adaptado al siglo XXI, tal como preveíamos en el proyecto de la encuesta al escribir que queríamos saber no sólo “¿adónde va la historia?” si no también “¿adónde queremos que vaya la historia?”.

                Por deficiencias iniciales en la financiación, hemos tenido que aprovechar el envío internacional masivo de la convocatoria del II Congreso Internacional HaD (14-18 de julio de 1999) para distribuir masivamente por correo postal los folletos de la Encuesta Internacional, en español, inglés y francés, que se pudieron cumplimentar asimismo por Internet en ese año y en los dos años siguientes. Una gran parte de la comunidad internacional de historiadores tuvo, pues, conocimiento de la encuesta[13], y oportunidad sobrada para rellenarla y remitirla a Santiago de Compostela. La gran mayoría de las respuestas recibidas llegaron por correo postal (61 %)[14], sin embargo la construcción (inacabada) de una alternativa se ha fraguado en la red[15]. Se trata por tanto de procesos paralelos pero distintos, que ahora toca contrastar tomando en consideración las diferencias entre los medios de comunicación utilizados[16]. Los datos obtenidos de la encuesta son, en general, anteriores a la constitución de Historia a Debate como comunidad historiográfica de nuevo tipo en Internet (29 de abril de 1999), y más todavía a su aparición pública como tendencia historiográfica (11 de setiembre de 2001). Al tiempo que otros colegas respondían a nuestras preguntas, elaboradas entre el I y el II Congreso, HaD dio importantes pasos al frente en lo relativo a respuestas –antes latentes, ahora manifiestas- a temas capitales del interrogatorio académico, que malamente pudieron influir sobre los encuestados. Como tampoco los resultados de la encuesta pudieron afectar directamente al proceso de constitución de la red temática y del Grupo Manifiesto de HaD. Los resultados en bruto se colgaron en la web hace más de dos años (3 de abril de 2002), y es ahora cuando estamos perfilando y dando a conocer la lectura[17] de esos números, porcentajes y gráficos, por parte de sus organizadores. El retraso del análisis global[18], tiene por lo tanto la ventaja de permitir contrastar dos experiencias de parecida intención pero distinta objeto e implantación.

 

                Esta autonomía relativa de la encuesta respecto de los actuales enfoques de HaD como movimiento historiográfico, nos pone en la pista de una –inesperada, en parte- representatividad de algunas de las principales posiciones historiográficas de HaD respecto de una franja de la comunidad internacional de los historiadores en gran medida distinta de la red digital de Historia a Debate[19], posterior a la encuesta. La sintonía que hemos detectado, con satisfacción y a veces con sorpresa[20], entre los resultados de esta encuesta y lo que ha sido después el “programa” de Historia a Debate, pone al descubierto la existencia de un amplio segmento de la comunidad internacional de historiadores que tiene inquietudes parecidas a las de HaD, lo que incrementa nuestra representatividad y responsabilidad, confirmando el método seguido para avanzar en el consenso historiográfico: ir al encuentro de lo nuevo, de lo que está en el aire, surge del debate y tiene un sentido progresivo para nuestra disciplina.

 

                El sector de la historiografía internacional –con los matices geopolíticos y académicos que haremos en su momento- que, tal como pretendíamos[21], se manifiesta a través de nuestro sondeo es, por otro lado, algo más que un sector historiográficamente avanzado: representa la parte más dinámica y prometedora de la actual comunidad internacional de historiadores[22]. Tanto si la definimos objetivamente (formada por los historiadores y profesores de historia vinculados contractual o funcionarialmente a centros de enseñanza e investigación) como subjetivamente (aquellos que sienten su oficio como un proyecto o trabajo colectivo y de alguna manera actúan en consecuencia): quienes cumplen ambas condiciones constituyen la comunidad historiográfica[23] más completa y potencialmente más influyente. El carácter no aleatorio[24] de la muestra obtenida ha facilitado este encuentro con una virtual comunidad internacional de historiadores del siglo XXI que, por otro lado, estamos ayudando a construir, en la medida de nuestras posibilidades, dotándola de la conciencia historiográfica que mejor sirva a los intereses de la historia en su doble acepción de objeto y sujeto de nuestros afanes[25].

 

                Desde hace más de dos años, los datos extraídos en la encuesta están expuestos en forma de números absolutos, gráficos y porcentajes en la página web de nuestra red historiográfica (www.h-debate.com), así como el largo listado de preguntas y subpreguntas. Se trata fundamentalmente de resultados cuantitativos, tal era la intención de los encuestadores al elaborar un prolijo cuestionario con preguntas tipo test de cuatro tipos: sí / no, nada / poco / bastante / mucho, calificar de 1 a 10, poner una o varias cruces a posibles respuestas. El número de contestaciones procesadas (más de 600) supera con creces las que algunos científicos sociales consideran necesarias (más de 100) para dotar de credibilidad la representación numérica que obtenemos de la comunidad internacional de historiadores a la que va dirigida el sondeo.

 

                Hemos dejado asimismo espacio para unas líneas de texto respondiendo a preguntas complementarias del estilo: “¿Qué entiende por...?”, “¿por qué?”, “¿para qué?”, “¿en qué sentido?”, “¿cuáles son las causas?”, “poner ejemplos”, “alternativas”, etc. Resultados cualitativos que están todavía sin analizar[26], al igual que las encuestas cubiertas por estudiantes en algunas universidades españolas vinculadas al proyecto. Un rápido vistazo a estas respuestas pone en evidencia un factor distintivo que contradice la razón de ser de la pesquisa: hay estudiantes que han rellenado el formulario a demanda de su profesor, con lo que se pierde el criterio fundamental de libre elección, que no se sienten parte de la comunidad de historiadores[27], ni siquiera en términos de futuro, y responden de manera arbitraria, como si les diese igual[28]. Circunstancia no quita interés a los datos que se puedan extraer de las respuestas estudiantiles, reflejo por lo demás de la crisis laboral de nuestra disciplina, lejos de los dorados años 70.

 

                A la hora de estudiar las contestaciones de la encuesta, primarán en la valoración las respuestas colectivas más claras: 1) afirmaciones o negaciones evidentes, mayoritarias, al coincidir más o menos el 50% de los encuestados en una misma o parecida respuesta; 2) zonas de incertidumbre producidas cuando se equilibra la respuesta del “sí” con la del “no”, o cuando los “no sabe / no contesta” son mayoría o suma un porcentaje importante. Nos interesan de entrada, pues, los rasgos más gruesos y más directos, a fin de definir los perfiles de esta nueva historiografía emergente, sin renunciar a un análisis más detallado, cruzando los datos (las combinaciones posibles son infinitas), incluyendo respuestas cualitativas y estudiantiles, comparando en mayor medida los datos de la encuesta con el fenómeno paralelo de HaD[29] y otros datos novedosos de la historiografía internacional, etc. Nuestra aproximación global a los resultados de la Encuesta Internacional “El estado de la historia” es la primera[30] que se realiza por parte de los que organizamos esta experiencia inédita de la “historia de la historiografía”. La sometemos desde ya a discusión en la red de HaD, convencidos de su enorme utilidad para comprender de dónde venimos y adónde vamos los historiadores después de la caída de las “grandes escuelas”, esperando animar nuevos estudios e interpretaciones de este sondeo cuya excepcionalidad se agranda para los que practicamos una historiografía “desde abajo”, que vaya más allá de la valiosa pero rara opinión de los “grandes historiadores” supervivientes del portentoso siglo XX, que confié en la colectividad activa y crítica de la profesión en el camino de la reconstrucción paradigmática emprendida.

 

La muestra y su representatividad

 

                La encuesta fue enviada por correo postal en la primavera de 1999 a 25.676 historiadores individuales y a 3.772 instituciones relacionadas con la historia, y por correo electrónico a 23.579 historiadores. Nuestros folletos llegaron pues, en principio, a 53.027 colegas; 10.000 de ellos pudieron recibirla por duplicado, carta e Internet; es decir que al menos entre 40.000 y 50.000 profesores, investigadores e instituciones vinculadas con la historia en todos los continentes, tuvieron conocimiento directo y personalizado de la encuesta y/o del enlace correspondiente en la web, tres veces más que nuestras previsiones iniciales y una parte sustancial de nuestra académica internacional, objetivamente hablado.

 

                Las respuestas que hemos obtenido fueron seiscientas cinco. El listado de colegas que en los cinco continentes han dado ese paso significativo -y representativo- de cubrir la encuesta y remitirla a los organizadores, se puede examinar en la web de HaD. Algunos me confesaron personalmente lo difícil y laborioso que les había resultado comprender las preguntas y decidir las respuestas. La falta de hábito, incluso de formación[31], en este tipo de (auto) reflexiones e investigaciones, que el historiador (español) suele afrontar por lo regular sólo una vez en su vida profesional: en el momento de preparar su proyecto docente para el pertinente concurso de profesor titular[32]. Si a esta falta de interés y/o de información, unimos el hecho de que no existe obligación alguna de cumplimentar la encuesta, salvo las puramente intelectuales o derivadas de la conciencia profesional de cada uno, se entiende que hayamos recibido el elevado número de encuestas recibidas como un gran resultado y, lo que es todavía más importante, como una muestra cierta de que algo está cambiando en nuestra profesión con el cambio de siglo. Hay razones conocidas y comentadas –en los pasillos y las cafeterías de las facultades, sobre todo- para el pesimismo sobre la situación presente de la historia pero también hay razones menos conocidas –y que otros seguramente tampoco quieren conocer - para el doble optimismo de la voluntad y de la inteligencia, como algunos de los datos que ofrece la encuesta.

 

                Cuando redactamos hace ocho años el proyecto, nos planteábamos “realizar una macroencuesta sobre el estado actual de nuestra disciplina entre historiadores de todo el mundo con la vista puesta en la historiografía del siglo XXI”. Proyecto ambicioso, y sin embargo realizable –a las pruebas nos remitimos-, que partía de un pronunciamiento realista sobre la situación de partida: “existe un serio desconocimiento de lo qué piensan colectivamente los historiadores comunes sobre la situación de su propia disciplina en cuánto a conceptos, líneas y métodos de investigación, escuelas y filosofías subyacentes, conexión con el mundo actual, futuro de la historia y de los historiadores, etc. Se supone que los valores colectivos de nuestras comunidades académicas subyacen en las monografías individuales que inundan nuestras bibliotecas, pero es sabido que son difícilmente observables: rara vez los colegas explicitan sus creencias científicas. Disponer de un número de respuestas suficientes para disponer de una opinión amplia, a un cuestionario que haga hincapié en los aspectos más controvertidos (p. e., la vigencia de las grandes escuelas, los retornos de los géneros tradicionales o la incidencia del posmodernismo) de la historiografía fin de siglo, supondría introducir una nueva dimensión en el debate historiográfico, marcado hoy por hoy por altos grados de individualismo y de aislamiento por áreas o países”. Y conseguimos “un número de respuestas suficientes” para el tratamiento estadístico de los resultados: seis veces más que el centenar de datos, decíamos antes, que los más exigentes consideran necesarios para obtener porcentajes y gráficos representativos. Lo que pone en evidencia, según detallaremos, la emergencia de una nueva historiografía internacional con su vertiente generacional.

 

                En el proyecto de la encuesta decíamos esperar un 5-10 % de respuestas de los sobres enviados, entre 750 y 1500 encuestas. Obtuvimos la mitad de las respuestas que aguardábamos cuando la encuesta era todavía una idea sobre un papel: nos equivocamos por exceso, pero también por defecto. Pienso que, por un lado, al triplicar el número de historiadores a los que hicimos llegar directamente la encuesta nos acercamos al historiador medio, y esa era nuestra intención, el problema es que así disminuye de manera inversamente proporcional la posibilidad de lograr respuestas por la propia dificultad del tema. En cambio, no previmos el entusiasmo, desde un punto cualitativo y también cuantitativo, con el que determinado tipo de colegas, interesados y comprometidos con la profesión, sus problemas actuales y su futuro, recibieron la encuesta. Desde el punto de vista generacional, tal vez había expectativas demasiado altas sobre la participación de la generación del 68[33], y por el contrario demasiado bajas sobre la respuesta de la generación que llegó a la academia en los años 80, constituyendo el grupo ampliamente mayoritario de los que nos apoyaron con sus respuestas.

 

                La extrema decepción que, al parecer, tuvo Henri Berr “y su staff” hace un siglo al encontrarse con que “solamente un pequeño porcentaje” de los profesores de historia responden a su encuesta sobre la historia en Francia, y por el silencio con que fue recibida por determinados departamentos de historia, la École des Chartes o la École Practique des Hautes Études[34], tiene su origen en un error de apreciación que, así y todo, a nosotros ni se nos pasó por la cabeza: confiar en el juicio del establishment académico para una obra de tanta enjundia, en vez de ir al encuentro, a través de las preguntas del cuestionario y sus formas de difusión, de corrientes más profundas, dentro y fuera de la profesión de historiador, sin duda jóvenes (el propio Berr tenía 41 años en 1904) y periféricas respecto de los centros del poder académico. Corrientes profundas que años después darán lugar a la escuela de Annales, cuyos protagonistas evitarán en los años 20, desde Estrasburgo, tropezar con la misma piedra[35], considerando siempre a Berr en todo caso como el precursor. Henri Berr fue calificado décadas depués por Lucian Febvre como “le cheval de Troie de la nouvelle histoire” y por Fernand Braudel como un “administrateur de la heresie, face aux bien-pensants de la Université”: valoraciones exageradas muy al gusto de Annales en sus fases combatientes.

 

                El mayor éxito y utilidad de nuestra encuesta está, pues, en los datos que proporciona sobre esa nueva historiografía que está emergiendo –con no pocos titubeos y contradicciones, todo hay que decirlo- con el siglo sobre las piedras caídas de las “grandes escuelas”. La representatividad de la muestra respecto de esta franja internacional de historiadores que puede[36] resultar historiográficamente decisiva[37] en el nuevo milenio, se justifica por las virtudes que se desprenden del hecho mismo de cubrir la encuesta: interés reflexivo y desinterés personal, ilusión por la historia y capacidad profesional.

 

                Cuando aseguramos que la extensa -e intensa- respuesta a nuestra encuesta refleja hoy por hoy, nacional[38] e internacionalmente, la parte más dinámica del oficio de historiador, estamos valorando, en primer lugar, que los investigadores que toman parte en ella son, no cabe dudarlo, de los que tienen un mayor interés por la metodología, la historiografía, la teoría, la relación entre la historia que se escribe y la sociedad civil y política, los problemas laborales de los historiadores… Se trata de un dato relevante que, rebasando nuestras previsiones, ratifica cualitativamente el importante eco provocado por nuestro llamamiento y nos informa que estamos empezando[39] a superar “el talón de Aquiles de la historia como disciplina científica [que] ha sido siempre la falta de reflexión, la escasez de preguntas sobre el qué, el cómo y el por qué de cada investigación histórica, el desinterés por la introspección entre los historiadores profesionales, excesivamente imbuidos de la idea positivista de que el uso riguroso de las fuentes convierte en dispensables mayores esfuerzos de la inteligencia”, según decíamos justa y críticamente en el apartado de “Antecedentes e estado actual do tema” del proyecto de la encuesta.

 

                Resulta obvio que muchos que, por las circunstancias que sean, no han podido responder a la encuesta piensan de manera semejante a los que si la han contestado. Aún así, conviene ser realistas, los que nos preocupamos por estas cosas somos una minoría ilustrada aunque potencialmente determinante[40]. Por mucho que democraticemos el esfuerzo de (auto) reflexión e investigación sobre el método y la historiografía[41] siempre habrá más colegas, jóvenes y menos jóvenes, que dejan por omisión la tarea de pensar la historia en otras manos, consciente o inconscientemente. Lo hacen conscientemente aquellos que esperan, y a veces nos lo dicen, a que “concluyamos el trabajo” y les presentemos las últimas referencias y modelos que puedan aplicar empíricamente a “lo suyo”[42]. Involuntariamente quienes apuestan temerariamente por la “invalidez” de la reflexión historiográfica –por desencanto con la nueva historia, vuelta al positivismo, falta de formación, etc.-, olvidando que todas las formas de investigar que practicamos, o practicaremos mañana, son fruto de unas reflexiones metodológicas, historiográficas y teóricas, que vienen en su mayoría del siglo XIX y principios del siglo XX, con sus secuelas y rebrotes, y que objetivamente urge actualizar y superar en el siglo XXI. Quienes lo intentamos ocupamos inevitablemente dicho espacio, imprescindible en cualquier disciplina que se precie y por lo demás tradicionalmente vacío en la historia profesional, con una mayor o menor eficacia, según nuestro esfuerzo sea más o menos continuo, colectivo y orientado hacia el futuro.

 

                El segundo argumento que vamos a desarrollar para elucidar la representatividad cualitativa de los resultados de la encuesta, es la capacidad profesional que revelan los cientos de colegas que han tenido la iniciativa de responder a nuestro llamado. El cuestionario es realmente difícil para un historiador normal por su densidad, complejidad y extensión. Se divide en once apartados temáticos: 1) conceptos, métodos y enfoques; 2) temas y líneas de investigación; 3) historiografía; 4) comunidad de historiadores; 5) fragmentación y globalización; 6) función social de la historia; 7) situación de la historia; 8) retornos; 9) la historia que viene; 10) datos personales; 10) otros datos. Estos apartados se desglosan a su vez en 89 cuestiones numeradas que también se subdividen dando lugar a un total de 467 preguntas (colgadas asimismo de la página web de HaD) que son las que finalmente han de contestar los participantes con cruces, números y textos breves. Para hacerlo bien son necesarias horas si no días, ese es el problema. Sorprende, por consiguiente, tanto la masiva participación como la sinceridad y el rigor con que fueron cumplimentadas las encuestas, de las que se obtienen de este modo respuestas bastantes rigurosas, incluso cuando las no-respuestas son evaluables como “no sabe/no contesta” varían del 0 al 50 % según el grado de duda o incertidumbre que concita cada pregunta. Precisión que nos permite hablar con bastante seguridad de una nueva historiografía internacional con cierto grado de homogeneidad tanto en las certezas como en las dudas, ajena en cualquier de los casos a las posiciones cerradas y los hábitos dogmáticos del pasado[43]. La seriedad y el talante tolerante de los encuestados van juntos y se evidencian en la humildad con que éstos expresan algunas perplejidades ante la tesitura historiográfica actual o cuando dejan sin contestar una pregunta complicada. El sólo hecho de participar anónima y voluntariamente[44] en una tarea colectiva, casa mal con el individualismo habitual en nuestro medio[45], abunda en los síntomas de la emergencia de una nueva actitud historiográfica colectiva que responde a nuestra Encuesta Internacional con llaneza y franqueza, capacidad e interés por la escritura de la historia y el oficio de historiador.

 

                Lo que nos lleva al tercer argumento sobre esta nueva historiografía internacional -en potencia- que HaD y la pesquisa sobre “el estado de la historia” ha sacado a la luz: el desinterés de los que dedicaron su tiempo a cubrir la encuesta sin incentivo material alguno. Tenemos que confesar de nuevo la parte pesimista de nuestras primeras previsiones: en el apartado de metodología y plan de trabajo de la encuesta habíamos escrito que “para incentivar a los colegas… prevemos la presentación pública de la encuesta en diversas instituciones y países, así como el ‘obsequio’ de una publicación relacionada con el debate historiográfico a quienes respondan”. En realidad, al final no se hizo ni una cosa ni otra. La presentación pública de la encuesta fue el II Congreso y se ofertó solamente un descuento del 50 % en el pago de los derechos de inscripción en el II Congreso[46] a aquellos que cubrieran la encuesta, aprovechando que esta se distribuía en el mismo sobre que la convocatoria del congreso. El 26 % de los encuestados dicen haber tomado parte en el II Congreso, la gran mayoría por lo tanto (74 %) fueron ajenos al acontecimiento congresual, ya explicamos antes que la red de HaD y la lista de los participantes en la encuesta responde a manifestaciones paralelas de esta nueva franja de la comunidad internacional de historiadores que trataremos de definir a través de la encuesta. Muchos de los participantes del II Congreso que se manejaban algo por Internet formaron parte de los primeros 300 miembros de nuestra lisa de discusión en el otoño de 1999. Pensamos, en suma, que la mayor parte de ese 26% de encuestados congresistas hubiesen participado igualmente en la experiencia sin mediar el “descuento” por ser colegas interesados en el método y la reflexión, como todos los que suelen participar en nuestras actividades, compartiendo por lo tanto características propias de nuestra comunidad historiográfica emergente[47]. Si acaso el desinterés es algo mayor entre los profesores que toman parte de la encuesta que entre los ponentes en nuestros congresos, cuyo prestigio internacional siempre supone un valor añadido al currículum y a la humana necesidad de figurar y destacar, tan potenciada por nuestro medio.

 

                La generosidad de los encuestados, y su interés por los problemas del oficio de historiador, está teñida de optimismo hacia la disciplina y su futuro, como veremos al entrar en la segunda parte del trabajo en las respuestas concretas a las 467 cuestiones, y también hacia la propia encuesta y su utilidad. Como colofón al cuestionario hemos añadido una penúltima pregunta: “¿Qué interés le concede a esta encuesta y sus posibles resultados?”. Un 53 % responde bastante o mucho, frente a un 20 % que dice poco o nada[48]. Otro resultado sorprendente, si tenemos en cuenta que se trata de una experiencia inédita y que partíamos un supuesto generalmente admitido donde se decía que el pesimismo es ley, es decir creencia compartida[49]. Estamos en condiciones de aseverar, sin embargo, a partir de la respuesta internacional generada por la encuesta, y la propia actividad de HaD, que formamos parte de un paradigma emergente basado en el doble optimismo de la voluntad y de la inteligencia[50], heredero crítico de las “grandes escuelas” del siglo XX, que puede y debe desplazar a la retaguardia o a los márgenes de nuestra disciplina a la suerte de pesimismo interesado que representa hoy el pensamiento paradójicamente convergente de algunos partidarios de la vuelta a Ranke con los posmodernos más radicales.

 

                Hasta aquí hemos analizado la encuesta en sí misma, en la segunda parte de nuestro trabajo[51] analizaremos la representatividad geográfica y otros aspectos de la muestra y las respuestas colectivas más significativas que nuestra disciplina ha dado a nuestras preguntas, lo que nos permitirá saber más sobre el perfil, la fuerza y las debilidades, el pasado, el presente y las posibilidades de futuro de este nuevo espacio historiográfico global.

 



* Primera parte de la versión escrita, ampliada y revisada por el autor, coordinador de la red internacional Historia a Debate, de la conferencia inaugural de las Jornadas “20 años de historiografía vasca: revista Vasconia (1983-2003)”, celebradas en Vitoria, País Vasco, el 10-12 de diciembre de 2003; puede consultarse la segunda parte en www.h-debate.com.

[1] En realidad fueron dos proyectos académicos, financiados por la Xunta de Galicia: “El estado de la historia. Encuesta internacional” (XUGA40101B95, 1996-1998) y “El cambio de paradigmas historiográficos” (PGIDT99PXI40101B, 1999-2001), que contaron con un equipo de jóvenes historiadores de las universidades de Santiago de Compostela, Zaragoza, Las Palmas de Gran Canaria, Cádiz, País Vasco, Cádiz, Murcia y La Laguna.

[2] Los trabajos de historiografía, además de escasos, se suelen detener en los historiadores de hace 50 o más años, en el mejor de los casos de hace 30 o 20 años.

[3] Véase Carlos BARROS, “Historia a Debate, tendencia historiográfica latina y global”, Aula. Historia Social, UNED-Alcira, Valencia, nº 13, primavera 2004, pp. 84-90; Única. Revista de Artes y Humanidades, Universidad Católica Cecilio Acosta, Venezuela, nº 8, Año IV, julio-diciembre 2003, pp. 126-138.

[4] Se puede consultar la lista en el apartado de “Entidades” de www.h-debate.com.

[5] La difusión mundial de la Encuesta ha coincidido con la convocatoria y realización, en 1999, del II Congreso Internacional Historia a Debate y la paralela puesta en marcha en ese mismo año de la red digital (lista y web) de Historia a Debate.

[6] En el texto del proyecto “El estado de la historia” en 1996 planteábamos el objetivo de llegar a 15.000 historiadores; tres años después, ya teníamos una base de datos postales que duplicaba dicha cifra, por eso hablamos de 30.000 historiadores receptores de la encuesta en la presentación del folleto; cifra que fue a su vez duplicada al construir, entre 1999 y 2001, nuestra base de datos de direcciones electrónicas.

[7] En 1904, Henri Berr envió una encuesta a los profesores universitarios e investigadores de historia en Francia, con un resultado, pese a la simplicidad del cuestionario, “extremely disappointing”, Martin SIEGEL, “Henri Berr’s Revue de Synthèse Historique”, History and Theory, nº 9, 1970, p. 329; véase Henri BERR, “Nos enquêtes: l’enseignement supérieur de l’histoire”, Revue de synthèse historique, nº 5, 1904.

[8] Que se haya hecho a finales del siglo XX es un síntoma más de la globalización rampante y que haya sido una iniciativa académica latina, un motivo de reflexión para una historiografía que se preocupe por el presente disciplinar (véase la nota 3).

[9] Tres años después de la encuesta detectamos cambios en la situación historiográfica, pero estos no la invalidan como “retrato” fundamental de la transición historiográfica en curso en unos años clave desde el punto de vista histórico e historiográfico: 1999-2001.

[10] La tan a menudo, en lo individual, confortable fragmentación y anarquía en cuanto a temas, métodos y enfoques, es para nosotros el handicap principal, en lo colectivo, para el presente y futuros de la historia y los historiadores, véase “Historia a Debate, un paradigma global para la escritura de la historia”, III Congreso Internacional Historia a Debate (Santiago de Compostela, 14-18 de julio de 2004), Actas en curso de publicación.

[11] El punto de partida hay que situarlo en el trabajo “La historia que viene”, redactado a continuación del I Congreso Internacional Historia a Debate (1993) por su coordinador, que ha devenido con importantes cambios en posición colectiva con el Manifiesto historiográfico de HaD (2001).

[12] Especialmente “El paradigma común de los historiadores del siglo XX” (1994), “La historia que viene” (1994), “La historia que queremos” (1995) y “Hacia un nuevo paradigma historiográfico” (1998), que se pueden consultar en www.cbarros.com.

[13] Nuestra encuesta sobre el método, la historiografía y la teoría de la historia, tuvo, y tiene, un carácter pedagógico, emplazando al historiador con preguntas que normalmente no se hace, aportando datos desconocidos sobre la situación colectiva de nuestro oficio, es parte del esfuerzo de Historia a Debate por combatir los aspectos más negativos de la vuelta de la “vieja historia” del siglo XIX sin caer en el nihilismo posmoderno.

[14] De un total de 605 encuestas contestadas, fueron 239 las que llegaron a nosotros a través del formulario correspondiente de la web de HaD.

[15] Los 236 autores (39 %) de las encuestas rellenadas en la web no tomaron parte, salvo excepciones, en la elaboración del Manifiesto historiográfico, y sólo algunos están entre los 365 firmantes actuales (22/9/04).

[16] Hoy más que nunca, el medio es el mensaje: la actividad académica desarrollada por Internet de manera consecuente responde a contenidos diferentes que la comunicación académica por carta, viajes, revistas en papel y congresos presenciales, asimismo necesarios.

[17] Obviamente los resultados de la encuesta permiten múltiples lecturas y debates, yo mismo sacaría probablemente conclusiones distintas hace un año o dos, o dentro de un año o dos.

[18] Se fue dejando a favor de las propias tareas de conformación de HaD como foro y tendencia historiográfica, también pudo haber cierto temor a unos resultados pobres, por su conservadurismo, que neutralizaron su utilidad para la tarea principal de reconstrucción paradigmática.

[19] La mayoría de los suscriptores de la encuesta no pertenecen a la red digital HaD o bien es ubican en su círculo más externo.

[20] En algunas cuestiones nos quedamos cortos y en otras pecamos por exceso, este análisis global nos permitirá atinar mejor tanto nuestra propuesta como los problemas de los historiadores interesados por el oficio en el nuevo siglo.

[21] Decíamos en el proyecto de la encuesta (1996): “Los cientos de respuestas, sino miles, obtenidas harán posible insertar en nuestros debates, en nuestras reflexiones, la opinión colectiva de la parte sin duda más activa, e interesada en la autorreflexión, de nuestras comunidades académicas de historiadores”.

[22] Sobra decir que los historiadores que han acudido voluntariamente a nuestra llamada representan a otros muchos que contestarían de manera semejante en sus mismas condiciones de actitud y formación, lugar y edad, etc.

[23] La propia experiencia de HaD nos conduce a una visión más extensa del concepto de comunidad de historiadores que la circunscrita simplemente a los establecimientos de enseñanza superior, véase “Historia a Debate, un paradigma global para la escritura de la historia”, III Congreso Internacional Historia a Debate (Santiago de Compostela, 14-18 de julio de 2004).

[24] Cualquier encuesta aleatoria, que elija por azar a los posibles encuestados, sería inviable en una disciplina tan marcada por el viejo positivismo como la historia: preguntamos sobre cuestiones de metodología, historiografía y teoría de la historia, que interesan a una minoría, si bien amplia y potencialmente influyente.

[25] La nueva ciencia con sujeto de que habla el punto 1 de nuestro Manifiesto se refiere tanto a la ciencia de la historia como a la ciencia de la historiografía, ambas en proceso de reconstrucción, se quiera o no.

[26] Salvo la pegunta 56.1 sobre el porqué de la importancia de la historia en cada país, que fue estudiada en el curso 2003/2004 por María del Pilar Rojo, alumna de la Universidad de Santiago de Compostela, para la asignatura “Tendencias historiográficas actuales” en la Facultad de Geografía e Historia de la USC; el trabajo está colgado de la web de HaD.

[27] Sin embargo, otros estudiantes avanzados –como dirían en Argentina- si se sienten parte comunitaria del oficio de historiar y participan activamente en nuestros debates en red, por ejemplo.

[28] Contribuye a ello el hecho de que muchos de nuestros estudiantes están hoy por hoy abocados a trabajar en puestos ajenos a la formación que han recibido.

[29] La convocatoria específica (ponencias sobre HaD y/o desde las posiciones tendenciales de HaD) del III Congreso Internacional Historia a Debate (14-18 de julio de 2004) ha aportado un número importante de estudios sobre nuestra experiencia.

[30] Un grupo de estudiantes de la Universidad de Barcelona realizaron en el curso 2002/2003 un trabajo escolar sobre la encuesta para la asignatura “Tendencias historiográficas actuales”que se puede consultar asimismo en el apartado de nuestra web dedicado a la encuesta.

[31] Quienes siempre hemos procurado combinar la investigación empírica con la reflexión metodológica e historiográfica nos hemos formado por lo general a nosotros mismos en este campo; Historia a Debate con sus congresos y encuestas, debates y consensos, sirve ya hoy de vasta escuela y acicate para miles de colegas.

[32] Lo sabemos bien en HaD por los frecuentes pedidos de las Actas de los Congresos para la actualización las memorias de oposiciones.

[33] Sin duda fue un error personal, sentimental si se quiere pues tal cosa no existe hoy, el resto de los colegas que me acompañaron en el equipo de la encuesta son más jóvenes.

[34] Martin SIEGEL, “Henri Berr’s Revue de Synthèse Historique”, History and Theory, nº 9, 1970, p. 329.

[35] Con todo la publicación de la revista Annales se retrasó varios años porque Bloch y Febvre estuvieron esperando (inútilmente) a que la Comisión de Historia Económica del Comité Internacional de Ciencias Históricas pusiera en práctica su propuesta, finalmente la editaron en 1929 por su cuenta con la ayuda de Armand Colin.

[36] Desde HaD apostamos por ello, pero no es seguro, tampoco podemos descartar estar protagonizando mutatis mutandis un ensayo de un cambio futuro, como Berr y los Annales, no sería poca cosa.

[37] Decisiva lo será de cualquier forma, pues se apoya en una generación que ocupará en la próxima década los puestos que dejarán libres lo que por inercia seguimos llamando la generación del ‘68, otra cuestión será que esas posiciones de poder, consecuencia del puro relevo biológico, sirvan realmente para re-renovar la escritura de la historia, hay indicios en un sentido y en el otro.

[38] Sobre todo en España por el peso específico de jóvenes profesores de las universidades españolas en el conjunto de las respuestas.

[39] Es algo que también se deduce de la continuidad y participación en los Congresos Internacionales de HaD (1993, 1999 y 2004), en los debates en red, en las visitas a la web (1 millón en estos cinco primeros años).

[40] Siempre y cuando seamos capaces de implementar, individual y colectivamente, las posibilidades de la esta nueva frontera historiográfica que la encuesta y la actividad de HaD en los últimos 11 años ponen de relieve.

[41] Hay que reconocer (autocríticamente) que sobre la teoría de la historia trabajamos bastante menos, incluso en HaD; cuanto más abstracta es la reflexión más difícil lo tenemos los historiadores, si bien en otras disciplinas con más tradición al respecto (la filosofía y la sociología, por ejemplo) desgraciadamente tampoco se está haciendo demasiado cara a una reconstrucción paradigmática de la teoría de la sociedad y de la historia.

[42] Sin reparar en los cambios que estamos viviendo en el modo de elaboración, difusión y aplicación de las innovaciones historiográficas, y científicas en general, hoy necesariamente complejas; ya no vale igual el mimetismo del pasado, el historiador futuro que quiera hacer algo nuevo tendrá inevitablemente que pensar más por sí mismo, en asociación con otros si es posible (véase el punto 13 de “La historia que viene”, Historia a debate. I. Pasado y futuro, Santiago, 1995, pp. 95-117).

[43] No sólo fue cerrado e intransigente el marxismo historiográfico en algunos temas, ocasiones y lugares, también lo fueron Annales y/o los historiadores cuantitativistas, al descalificar otras maneras de entender la historia, otras historiografías; quedan restos sectarios entre tantos historiadores que todavía hoy dicen frases como éstas: “esto no me interesa”, “la única historia seria (o científica) es…”, “lo único que vale en historia es el documento”, etc.

[44] Anunciamos en el folleto de la encuesta que el “anonimato y el secreto de sus respuestas” individuales; no así la necesaria publicación digital de la relación nominal de los encuestados (nombre, institución y nacionalidad; salvo 29 que no facilitaron dichos datos) para asegurar a la vez un mínimo de transparencia del conjunto de la muestra, el secreto de las respuestas individuales y el impulso altruista buscado.

[45] Individualismo historiográfico potenciado desde mediados de los años 80 por la crisis los grandes proyectos colectivos, historiográficos y no historiográficos, y la pujanza convergente -en este tema- de la posmodernidad y el retorno a Ranke.

[46] Es el mismo descuento que se aplicó a estudiantes y estudiantes en paro, y se repitió en el III Congreso incluyendo esta vez a los inscritos que presentaban ponencia.

[47] La articulación de esta nueva comunidad historiográfica con HaD es diversa: los que tomaron parte en la encuesta no son los mismos que van a nuestros congresos o que formar parte del foro digital permanente.

[48] Un 26% son “no sabe / no contesta”, y un 2% respuestas anuladas.

[49] Ahora tenemos más claro que las proclamaciones pesimistas son más bien de un apriorismo interesado, útil para justificar ante uno mismo y ante los demás cualquier adaptación individual al medio cambiante.

[50] Se ha cumplido así un deseo y una necesidad que habíamos expresado, hace casi una década, en la conferencia de clausura de las Jornadas “La historia en el horizonte del año 2000”; véase "La historia que queremos", Revista de Historia Jerónimo Zurita, nº 71, Zaragoza, 1995, pp. 327-328.

[51] Se podrá consultar en www.cbarros.com.