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La propuesta historiográfica de Historia a Debate

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Carlos Barros
Universidad de Santiago de Compostela

El texto que voy a presentar es un avance de un conjunto de propuestas sobre el oficio de historiador y la escritura de la historia que vamos a discutir en la red académica Historia a Debate que tengo el gusto de coordinar.

Después de 8 años de contactos, reflexiones y debates, a través de congresos, encuestas, Internet (www.h-debate.com)..., hemos sentido la urgencia de explicitar y actualizar nuestro posicionamiento historiográfico en diálogo crítico con otras tendencias historiográficas surgidas en la última década del siglo XX: 1) continuismo de los años 60-70, 2) posmodernismo y 3) retorno a la vieja historia, la última novedad historiográfica. Las alternativas que sobrevivamos a la actual transición historiográfica, e histórica, habremos de encontrar un paradigma común para los historiadores del siglo XXI.


METODOLOGÍA

I
Ciencia con sujeto

Ni la historia objetivista de Ranke, ni la historia subjetivista de la posmodernidad: una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado conforme lo construye.

Tomar en consideración las dos subjetividad que influyen en nuestro proceso de conocimiento, agentes históricos e historiadores, es la mejor garantía de la objetividad de sus resultados, necesariamente relativos, por lo tanto rigurosos.

Ha llegado la hora de que la historia ponga al día su concepto de ciencia, abandonando el objetivismo ingenuo heredado del positivismo del siglo XIX.

La creciente confluencia entre cultura científica y cultura humanística facilitará la doble definición de la historia como ciencia social y como parte de las humanidades.

II
Nueva erudición

Proponemos una nueva erudición que amplíe el concepto de fuente histórica a la documentación no oficial, a los restos no escritos de tipo material, oral o iconográfico, a las no-fuentes: silencios, errores y lagunas que el historiador ha de valorar buscando también la objetividad en la pluralidad de las fuentes.

Una nueva erudición que se apoye con decisión en el conocimiento no basado en fuentes que aporta el investigador. La historia se hace con ideas, hipótesis, explicaciones e interpretaciones, que nos ayudan asimismo a construir las fuentes.

Una nueva erudición que, reconociendo como el trabajo empírico no decide la verdad histórica más que a través de las comunidades de historiadores, aliente el debate y el consenso en ámbitos colectivos.

III
Recuperar la innovación

Urge un nuevo paradigma que recupere el prestigio académico y social de la innovación de los métodos y de los temas, de las preguntas y de las respuestas, de la originalidad de las investigaciones históricas, en suma. Una nueva historiografía que mire hacia adelante y devuelva al oficio de historiador el entusiasmo por la renovación y los compromisos historiográficos.

Surgirán nuevas líneas de investigación si pensamos con nuestra propia cabeza: considerando que nada histórico nos es ajeno; avanzando mediante el mestizaje y la convergencia de los géneros; llenando los odres viejos con vino nuevo, desde la biografía hasta microhistoria; prestando atención a las necesidades científicas y culturales, sociales y políticas, de una sociedad en profunda transformación.

La historiografía del siglo XXI precisa de la ilusión y la realidad de enfoques auténticamente innovadores si no quiere quedar convertida, como la mujer de Lot, en una estatua de sal.

IV
Interdisciplina

La nueva historiografía tiene que ampliar la interdisciplinariedad de manera equilibrada: hacia adentro, restaurando la unidad de la historia, y hacia afuera, extendiendo el campo de las alianzas.

Es menester tender puentes que comuniquen el vasto archipiélago en que se ha convertido nuestra disciplina en las últimas décadas.

Paralelamente, la historia tiene que intercambiar métodos, técnicas y enfoques, con las ciencias sociales, pero también con la literatura y la filosofía de la historia y de la ciencia, y con las ciencias de la naturaleza, y con las disciplinas recién nacidas que tratan de las nuevas tecnologías y su impacto en la ciencia, la

cultura y la comunicación social.

Tres son los caminos que habría que eludir, en nuestra opinión, para que la interdisciplinaridad enriqueciera a la historia: 1) perseguir una imposible "ciencia social unificada" alrededor de otra disciplina; 2) hacer del diálogo historia-ciencias sociales la receta mágica de la "crisis de la historia"; 3) diluir la historia en tal o cual disciplina exitosa, como nos proponen hoy narrativistas radicales en relación con la literatura.

 

V
Contra la fragmentación

El fracaso de la "historia total" de los años 60 y 70 abrió la vía de una fulgurante fragmentación de temas, métodos y escuelas, que pareció detenerse en los años 90 y que resulta cada vez más anacrónica en el mundo global que viene. La alternativa es avanzar nuevas formas de globalidad que hagan converger la investigación histórica, más allá de las especialidades históricas.

Para hacer posible una historia a secas hay que experimentar, pues, iniciativas de investigación que adopten lo global como punto de partida: líneas mixtas en cuanto a temas, métodos y tradiciones; incorporación a la historia general de los paradigmas especializados; escrutar la globalidad a través de conceptos como mentalidad y civilización, o métodos como la narración, la escala o la comparación; indagar la historia mundial como historia global; servirse de las nuevas tecnologías para trabajar a la vez con escritos, voces e imágenes; desarrollar la reflexión y el debate, la metodología y la historiografía, como terreno común de todas las especialidades históricas.

HISTORIOGRAFÍA

VI
Tarea historiográfica

Sabiendo que el sujeto influye en los resultados de la investigación se plantea la necesidad de investigar al propio historiador en aras de la objetividad histórica. ¿Cómo? Procurando integrar los individuos en grupos, escuelas y tendencias historiográficas, implícitas o explícitas, porque condicionan la evolución de la historia escrita y explican, en definitiva, que un historiador sea considerado un "maestro". Estudiando a los historiadores por lo que hacen, no sólo por lo que dicen. Aplicando con matices tres conceptos clave de la historia de la ciencia pospositivista: 'paradigma' como conjunto de valores compartidos; "revolución científica" como ruptura y continuidad; 'comunidad de especialistas' por su poder decisorio, a su vez condicionada por su entorno social, mental y político. Practicando una historiografía inmediata para intentar ir por delante de los acontecimientos que provocan los cambios historiográficos.

VII
Historiografía global

El agotamiento de los focos nacionales de renovación del siglo XX ha provocado una descentralización historiográfica que la globalización de la información y del saber está consolidando. La iniciativa historiográfica está ahora más al alcance de todos. El auge de una historiografía latina crítica y de una historiografía poscolonial, lo demuestran. Las comunidades transnacionales de historiadores, organizadas en Internet, juegan ya su papel en la formación de nuevos consensos en detrimento del anterior sistema de dependencia de unas historiografías de otras. Así y todo, no entendemos la globalización como un proceso uniformador, pensamos y practicamos la historia, y la historiografía, en diferentes ámbitos superpuestos: local, regional, nacional, supranacional e internacional.


VIII
Autonomía del historiador

Conforme los proyectos colectivos del siglo XX entraron en decadencia, sin verse sustituidos claramente por nuevos paradigmas, creció la influencia del mercado editorial, los grandes medios de comunicación y las instituciones políticas, en la escritura de la historia, sus temas y sus métodos.

Para recuperar la autonomía de los historiadores para decidir el cómo, el qué y el por qué de la investigación histórica sería necesario: reconstruir tendencias, asociaciones y comunidades que giren sobre proyectos historiográficos más que sobre áreas académicas; potenciar historiografías críticas al margen del poder establecido; utilizar Internet como medio democrático y alternativo de comunicación, publicación y difusión de iniciativas e investigaciones; observar la evolución de la historia inmediata para captar las necesidades historiográficas, presentes y futuras, de la sociedad civil.

 

IX
Reconocer tendencias

La vía más nociva para imponer la propia tendencia historiográfica es negar que existan o deban existir tendencias historiográficas. El individualismo imperante, los compartimentos académicos y las fronteras nacionales, ocultan lo que tenemos de común, muchas veces sin saberlo. Somos partidarios, en consecuencia, de sacar a la luz las tendencias actuantes, más o menos latentes, más o menos organizadas, para clarificar posiciones, delimitar debates y facilitar consensos. Una disciplina académica sin tendencias, discusión y autoreflexión, está sujeta a presiones extra-académicas. El compromiso historiográfico consciente nos hace libres frente a terceros, rompe el aislamiento personal, corporativo y local, y ha de facilitar el reconocimiento público y la utilidad científica de nuestro trabajo.

 

X
Herencia recibida

Nos oponemos a hacer tabla rasa de la historia y la historiografía del siglo XX. El retorno de la vieja historia hace útil recordar ahora la crítica de que fue objeto por parte de Annales, el marxismo y el neopositivismo, pero también evidencia el fracaso parcial de la revolución historiográfica del siglo XX que protagonizaron. El imprescindible balance, crítico y autocrítico, de las vanguardias historiográficas no anula su actualidad como tradiciones indispensables para la construcción del nuevo paradigma. Porque simbolizan el espíritu de escuela y la militancia historiográfica, el concepto de una historia profesional abierta a lo nuevo y al compromiso social, rasgos que debemos recobrar en el nuevo siglo en otro contexto académico, social y político, y con unos medios a nuestro alcance superiores a los pasados años 60 y 70.

 

XI
Historiografía digital

La nuevas tecnologías revolucionan el acceso a la bibliografía y las fuentes de la historia; superan las limitaciones del papel para la investigación y la publicación; posibilitan comunidades realmente globales de historiadores. Internet es una poderosa herramienta contra la fragmentación del saber histórico, pero sólo si utiliza de acuerdo con sus extraordinarias posibilidades como medio de comunicación instantáneo, mundial y no jerárquico.

La historiografía digital se complementa con los libros, con las formas convencionales de investigación, difusión e intercambio académicos. Este nuevo paradigma de la comunicación no va a reemplazar lo presencial y sus instituciones seculares, pero lo virtual formará de manera creciente más parte de lo real. La generalización de Internet y la educación informática de los más jóvenes irán imponiendo paulatinamente esta nueva historiografía como motor importante de la revolución paradigmática entre el siglo XX y el siglo XXI.


XII
Relevo generacional

En la segunda década del siglo XXI tendrá lugar un relevo generacional en el cuadro de profesores e investigadores a causa de la jubilación de los nacidos después de la II Guerra Mundial. ¿Supondrá esta transición demográfica la consolidación de un cambio avanzado de paradigmas? No lo podemos asegurar.

La generación del 68, nuestra referencia, fue más bien una excepción. Entre los estudiantes universitarios actuales observamos la misma heterogeneidad que en el resto de la sociedad. Podemos encontrar historiadores mayores que siguen siendo renovadores, y jóvenes con conceptos decimonónicos del oficio de historiador y su relación con la sociedad. Nuestra responsabilidad como formadores de estudiantes, algunos de los cuales serán mañana profesores e investigadores es, al respecto, capital. Nunca fue tan importante explicar la historia con enfoques avanzados desde la enseñanza media hasta los cursos de posgrado. La historia futura está condicionada por la educación recibida por los historiadores futuros: nuestros alumnos.

TEORÍA

XIII
Historia pensada

Es esencial para el historiador pensar el tema, las fuentes y los métodos, las preguntas y las respuestas, el interés social y las implicaciones teóricas, las conclusiones y las consecuencias, de una investigación histórica.

Somos contrarios a una "división del trabajo" según la cual la historia provee de datos y otras disciplinas reflexionan sobre ellos (o escriben relatos para su divulgación). Los profesionales de la historia tienen que asumir su función intelectual y completar el ciclo de los estudios históricos, desde el trabajo de archivo hasta la valoración de su impacto en las ciencias sociales y humanas, en la sociedad y en la política.

El aprendizaje de los estudiantes de historia en temas de metodología, historiografía, filosofía de la historia y otras disciplinas con base teórica, elevará la creatividad futura de las investigaciones históricas y el lugar de la historia en el sistema científico y cultural.

Somos partidarios de que el historiador que reflexiona haga también trabajo de investigación, y de que el historiador que investiga también reflexione, obviando así la fatal disyuntiva de práctica (positivista) sin teoría o una teoría (especulativa) sin práctica. Una mayor unidad de la teoría y la práctica hará factible una mayor coherencia, individual y colectiva, entre lo se dice historiográficamente y lo que se hace empíricamente.


IV
Fines de la historia

La aceleración histórica en la última década está reemplazando el debate sobre el "fin de la historia" por el debate sobre los "fines de la historia". Asumiendo que la historia no tiene metas pre-establecidas y que, en 1989, dio comienzo un profundo cambio histórico, cabe preguntarse adónde nos lleva éste, quién lo conduce, en favor de qué intereses y cuáles son las alternativas.

El historiador ha de contribuir a que los sujetos de la historia construyan futuros históricos que garanticen una vida libre y pacífica, plena y creativa, a los hombres y mujeres de todas las razas y naciones.

El historiador ha de contribuir a elaborar una nueva ilustración que, aprendiendo de los errores de la historia y de la filosofía, restaure el sentido del progreso que demanda la sociedad, asegurando a las grandes mayorías el disfrute humano y ecológico de los avances revolucionarios de la medicina, la biología, la tecnología y las comunicaciones.

SOCIEDAD

 

XV
Reivindicar la historia

El primer compromiso de los historiadores debería ser reivindicar la función de la historia, de las humanidades y de las ciencias sociales, en la educación de los ciudadanos y en la formación de las conciencias comunitarias.

La historia debe combatir aquellas concepciones provincianas y neoliberales que todavía pretenden confrontar técnica con cultura, economía con sociedad, presente con pasado.

Los efectos más notorios de las políticas de desvaloración social de la historia son la falta de salidas profesionales, el descenso de las vocaciones y los obstáculos a la continuidad generacional. Las comunidades de historiadores debemos aceptar como propios los problemas laborales de los jóvenes que estudian y quieren ser historiadores, y coadyuvar en la búsqueda de las soluciones que pasan por la revalorización y renovación del oficio de historiador.

 

XVI
Compromiso

En tiempos de paradójicos retornos, queremos apoyar el renovado compromiso de cualificados académicos con las causas sociales y políticas vinculadas a la defensa de valores universales de justicia e igualdad, paz y democracia. Actitudes solidarias que son ya un contrapeso a otros compromisos con los grandes poderes económicos y políticos, mediáticos e editoriales. Contrapeso vital para impedir la escisión de la historia de las mayorías sociales que financian con sus impuestos nuestra actividad profesional.

El nuevo compromiso que preconizamos es diversos, crítico y con inquietudes de futuro. El historiador ha de combatir, desde la verdad que conocemos, aquellos mitos que manipulan la historia y fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de clase, de género o de etnia. Resistiendo, desde la conocimiento del pasado, aquellos futuros que no queremos. Cooperando, y rivalizando, con otros científicos sociales y humanistas, en la construcción de mundos históricamente mejores, como profesionales de la historia, pero también como ciudadanos.

La relación del historiador con la realidad que nos rodea pasa por su análisis en un contexto temporal. Si dijimos que la objetividad de nuestra ciencia es inseparable de la subjetividad (plural) del historiador, no hallamos pues diferencias cualitativas entre una historia inmediata y una historia mediata, entre una historia más contemporánea y otra más antigua. Todo es historia, si bien cuando más nos distanciamos de lo actual menos competencia tenemos los historiadores para el estudio de la economía, la sociedad, la mentalidad y la política.


 
XVII
Presente y futuro

Nuestro objeto de estudio está evidentemente en el pasado, pero nosotros estamos en el presente, y los presentes están preñados de futuros. Concluyamos que el historiador no puede escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido, y de su fluir permanente.

Contemplamos varios niveles de la relación del historiador con el tiempo presente: compromiso social y político, tema de investigación, historiografía de intervención, o criterio metodológico para toda la investigación histórica. Hace medio siglo que los fundadores de la escuela de Annales lo formularon: "comprender el pasado por el presente, comprender el presente por el pasado". Hoy es preciso, además, poner el mismo énfasis en la relación pasado/futuro.

La caída de la filosofías finalistas de la historia, sean socialistas sean capitalistas, ha puesto de relieve un futuro más abierto que nunca. El historiador ha de asumir su papel en su definición con las experiencias y los argumentos históricos, con hipótesis y apuestas desde la historia. Edificar el futuro sin contar con la historia nos condenaría a repetir sus errores, a resignarnos con el mal menor o a edificar castillos en el aire.


VIII
Nuevo paradigma

La historiografía depende de los historiadores y de la historia. El cambio de paradigmas historiográficos que venimos proponiendo, desde 1993, cabalga sobre los cambios históricos acelerados iniciados en 1989. Entre diciembre de 1999 y junio de 2001 hemos constatado los comienzos de un inédito movimiento global contra la globalización que busca ya alternativas de sociedad: el pensamiento único es ahora menos único. Son muchos los que califican de cambio de civilización la mundialización, la sociedad de la información, la nueva revolución científico-tecnólogica: no es fácil entrever lo que nos depara el mañana. Todos debemos colaborar.

Historia a Debate es parte activa de este proceso transformador: queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a cambiar la historia humana. Según evolucione el debate historiográfico, y la historia inmediata, nuestras propuestas recibirán más o menos consenso disciplinar, las variaremos o no según interese, si bien hay planteamientos que, aun siendo minoritarios, resultan imprescindibles para condicionar críticamente el nuevo paradigma, el conjunto de valores y creencias que regule nuestra profesión de historiador en el nuevo siglo. Por todo ello, la historia nos absolverá, esperemos.

1. Ponencia presentada el 2 de junio de 2001 en la "30th Annual Meeting of the International Society for the Comparative Study of Civitalizations" (Campus of Newark, Rutgers University, New Jersey, USA).