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III Congreso Internacional Historia a Debate Santiago de Compostela

III Congreso Internacional Historia a Debate
Santiago de Compostela, 14-18 de julio de 2004


  Reseñas

 

Texto


Ver publicación en Boletín de la AHA, nº 11, invierno de 2005, pp. 6-8.

[Nota: se publicará en la revista Historia Actual Online, nº7, 2005]


 
III CONGRESO INTERNACIONAL DE HISTORIA A DEBATE
Alejandro Estrella: Universidad de Cádiz

 
Entre los diferentes tipos de congresos que los historiadores tienen por costumbre celebrar no sobresalen por su abundancia los dedicados a problemas historiográficos y de teoría de la historia, situación en la que nuestro país, si cabe, destaca sobre  tros. Baste esta razón para que la celebración del Congreso Internacional de Historia a Debate -celebrado en Santiago de Compostela los días 14 al 18 de julio del 2004 y dedicado a temas teóricos, historiográficos y metodológicos- se convierta en  n evento digno de atención por parte de la comunidad historiográfica. Es más, si recordamos que éste se trata del tercer encuentro de estas características organizado por la comunidad de Historia a Debate (HaD) -tras los celebrados en 1993 y 1999- hemos de reconocer no sólo la consolidación de una trayectoria que comenzó hace más de una década, sino la de un proyecto que se ha convertido en verdadero referente colectivo. Efectivamente, HaD se ha convertido a lo largo de esta convulsa década para la disciplina historiográfica en un verdadero referente colectivo, llegando a constituir una tendencia historiográfica que pretende influir en la constitución en curso del nuevo paradigma historiográfico. Sin duda, este periplo no ha estado exento de dificultades, de pasos en falso y ante todo, de mucha experimentación e intercambio -crítico y constructivo- con historiadores de toda tendencia y nacionalidad.

Siguiendo a Israel Sanmartín, uno de los miembros más destacados de esta comunidad, podemos seguir la trayectoria de HaD tomando como puntos de referencia los tres congresos celebrados hasta el momento . De esta forma, la labor desempeñada antes del primer congreso, éste incluido, tenía como objetivo valorar la situación de la disciplina tras la debacle del paradigma dominante hasta ese momento. Este trabajo se tradujo en la apertura de un foro de discusión para historiadores que entendían la relevancia de la discusión teórica y metodológica a la hora de encarar esta nueva situación. En el periodo que media entre este y el segundo congreso, HaD vino a consolidar la convicción de este grupo de historiadores de que la superación de la difícil etapa por la que atravesaba la disciplina pasaba por ahondar en la reflexión y el diálogo teórico con el objetivo de ir concretando espacios de encuentro que sirvieran como punto de partida para una renovación disciplinar. En este marco se realizaron diferentes proyectos de investigación, destacando la  "Macroencuesta sobre el estado de la historia" , en la que se dirigían 89 preguntas a más de 30.000 historiadores del todo el mundo, lo que convertía este proyecto en una experiencia única a nivel internacional. El segundo congreso vino a poner colofón a este periodo y a abrir una nueva etapa en la que la comunidad de HaD adquiriría definitivamente un perfil específico dentro del campo historiográfico. Son dos las novedades que cabe desatacar en esta fase. Por un lado, la apuesta de HaD por las nuevas tecnologías -ya ensayado en la etapa anterior y durante el segundo congreso- que se tradujo en la creación de la página web (http://www.h-debate.com) y las listas de distribución vía correo electrónico, en las que actualmente participan casi 3.000 historiadores de diferentes nacionalidades (2.200 en la lista de correo general y 700 la de Historia Inmediata) constituyendo un verdadero foro de discusión online que permite una toma constante del pulso de la disciplina. Esta apuesta por el trabajo en red no sólo permitió a HaD constituirse como una comunidad caracterizada por una horizontalidad y trasversalidad internacional completamente novedosas, sino que sirvió de base -junto con el segundo congreso y la macroencuesta sobre el estado de la historia -  para  a realización del Manifiesto HaD . Este documento recoge en 18 puntos -organizados en cuatro grandes apartados (metodología, historiografía, teoría y sociedad)- un consenso mínimo sobre lo que puede constituir un buen punto de partida  n pos de una renovación paradigmática de la disciplina histórica. El debate y la crítica colectiva a través de la red no sólo estuvieron presentes en su elaboración, sino que aún continúan abiertos, con la mirada puesta en una revisión tras la realización del tercer congreso. Ambos elementos (historiografía digital y Manifiesto HaD) habrían confluido haciendo de  HaD una comunidad académica de nuevo cuño capaz de ofrecer una propuesta diferenciada dentro del panorama de la disciplina, elementos que permitirían hablar de una nueva tendencia historiográfica.

Estas son a grandes rasgos las etapas que nos propone Israel Sanmartín para comprender la evolución de la comunidad de HaD y el proceso que culmina con la celebración del III Congreso Internacional de Historia a Debate, objeto de nuestra breve reseña. No obstante, hay muchas formas de llevar a cabo este comentario: desde una relación de las espectaculares cifras del congreso (v.g. la participación de unos 500 historiadores de más de 30 países) hasta una exhaustiva reseña de las diferentes temáticas propuestas y las intervenciones de los más de 130 ponentes . Optaremos, sin embargo por una exposición alternativa, quizás no demasiado exhaustiva pero sí útil a la hora de valorar determinados aspectos, no sólo del Congreso, sino de la disciplina en su conjunto. Si tal y como hemos intentado reflejar hasta aquí, la trayectoria y el perfil de HaD permiten comprender los tres congresos como verdaderos termómetros de la salud teórica, metodológica y social de la disciplina, puede ser de utilidad comenzar contrastando lo que fueron las grandes problemáticas abordadas en los dos primeros en comparación con las del tercero para, a continuación, realizar un breve comentario crítico sobre éstas últimas.

En 1993 la disciplina histórica se enfrentaba a una situación confusa y peligrosa. El cuestionamiento al que habían sido sometidos la Escuela de Annales y el materialismo histórico -y que en ocasiones partía de sus propias filas- vino a coadyuvar en el plano histórico-real con la caída del bloque del este y el triunfo del neoliberalismo, desencadenando procesos divergentes en ambas propuestas -el 'desmigajamiento' de Annales y el colapso del materialismo histórico- que, sin embargo,  ulminaban en un mismo resultado: la crisis del paradigma historiográfico hasta entonces dominante. Perdido el referente que había guiado la producción histórica durante la mayor parte del siglo XX, no es extraño que en el primer congreso dominara la  roblemática de la consabida "crisis de la historia" y el impacto del posmodernismo. A la altura de 1999 la sensación de crisis en la comunidad historiográfica no era tan aguda como seis años antes: la proliferación de formas de historiar que acompañó la crisis del paradigma dominante hacían presagiar que la somnolencia creativa tras años de aturdimiento llegaba a su fin. Pero esta necesaria proliferación de "historias" tenía un reverso: la fragmentación teórica con la que se estaba llevando a cabo, revelándose como la nueva amenaza que se cernía sobre el proyecto de renovación de la disciplina.  Se hacía necesario realizar un balance de las historiografías del siglo XX y apuntar posibles líneas de actuación en el nuevo siglo (destacando, en este punto, la discusión en torno a las dimensiones narrativa y científica de la historia, así como la historia de género, la historia ecológica o la historiografía digital). Por otro lado, lejos de asistir al fin de la historia bajo la égida neoliberal, fuimos testigos a lo largo de esos seis años que median entre ambos congresos de la aparición de nuevos tipos de insurgencias y movimientos sociales: el protagonismo de la acción de los sujetos colectivos demandaba una renovada atención en la agenda del historiador. Como vemos el segundo congreso reflejaba un nuevo panorama en el que la pluralidad  aún no integrada- de enfoques, propuestas y géneros constituía la nota dominante.

Finalmente, 2004 adquiere unos perfiles específicos. En primer lugar, los debates en torno a la crisis de la historia han desaparecido. La sensación -y no sólo en HaD- es que la escritura de la historia realza definitivamente el vuelo. Por otro lado,  a fragmentación parece una tendencia en declive (si bien, aun podemos decir que en gran medida domina la escena historiográfica), en virtud de los esfuerzos de síntesis, de la reorganización de problemáticas y de los intentos por explicitar criterios comunes de no pocos historiadores. Por último, el proceso de globalización como una realidad ya incuestionable impone, en toda su complejidad, una respuesta acorde por parte de la disciplina que no puede responder, en consecuencia, con una miríada de propuestas fragmentarias. Apostando por este enfoque integrador apuntaré los dos vectores que, a mi juicio, podemos entender articulan los contenidos del congreso, toda vez que, puesta la mirada en el proceso de reovación disciplinar que estamos viviendo, parecen revelarse como las líneas de acción más innovadoras y prometedoras en años venideros.

Por un lado, uno de estos grandes vectores tomaba a la propia comunidad historiográfica como objeto de análisis. Destacó en este punto la sección temática dedicada a la "reconstrucción del paradigma historiográfico" donde un número notable de historiadores discutieron en torno a la propia experiencia de HaD, así como a diferentes proyectos desarrollados a partir de su propuesta historiográfica (Manifiesto HaD) a todos los niveles (teoría, metodología, enseñanza, relación con la sociedad).  ejos de una suerte de narcisismo autocomplaciente, la pertinencia de estos análisis reside en la necesidad de llevar a la práctica una de las apuestas decisivas y distintivas de HaD. La importancia que desde esta comunidad siempre se le ha concedido a la sociología y a la historia de la ciencia, ha dotado de un perfil específico su interpretación de la dinámica de la  isciplina, abogando por determinadas tesis epistémicas, sin duda, novedosas. Entre estas, cabe destacar la permanente reivindicación de que el nuevo paradigma historiográfico debe partir de una concepción de la ciencia en la que se contemple el factor de la subjetividad. En un plano epistemológico -y siguiendo en este punto a T.S. Kuhn- esta tesis viene a reivindicar  l papel de las comunidades historiográficas, cuyo diálogo crítico constituye la base del consenso que da carta de naturaleza al paradigma en ese momento vigente. Desde esta perspectiva 'kuhniana', HaD defiende que la disciplina atraviesa una etapa de revolución científica que apuntaría hacia la constitución de un nuevo paradigma dominante, en virtud de nuevos consensos comunitarios. Por tanto, se entiende el interés por fomentar la discusión y el análisis de esos agentes que son las comunidades científicas (procesos de constitución, organización, desarrollos, puentes con otras comunidades, etc.). Esta consecuente labor, adquiere un doble valor cuando se toma como objeto de análisis la subjetividad de la que uno forma parte, lo que constituye no sólo una forma de ponderar las características y el potencial del que se dispone, sino una verdadera apuesta ética que, en el caso de la ciencia, siempre adquiere la forma de un ejercicio de reflexivilidad.

Un segundo vector que, a nuestro juicio, articuló el congreso apunta a la relación de la disciplina con su objeto de análisis. Destacaron en este punto las discusiones en torno al proceso de globalización (en sus múltiples facetas) y la respuesta que, en consecuencia, cabe requerir de la disciplina histórica. El interés de esta línea de discusión es doble. Por un lado, refleja que en la comunidad historiográfica cobra auge -si no dominancia- la convicción de que, lejos de asistir al fin de la historia, hemos entrado en una nueva etapa sujeta a complejas dinámicas con múltiples ramificaciones (mundialización, paradigma del terrorismo, déficit-expansión de la democracia, etc.) que requieren, por parte de la comunidad historiográfica, la elaboración de nuevas herramientas de análisis que permitan interrelacionar estos nuevos fenómenos que estamos viviendo, desde un enfoque histórico. Por otro lado, la presencia de esta línea de debate nos informaría que cada vez más historiadores comparten la sensación de que la disciplina cuenta con una excelente baza -y, por tanto, se encuentra en disposición- para superar el proceso de fragmentación desencadenado tras el fracaso del proyecto de la 'historia total' representado por Annales y el materialismo histórico. No es extraño, por tanto, que el término 'historia global' haya salido a la palestra invocando una nueva concepción de la producción histórica alejada de la 'historia total' y 'universal' (v.g. historiografía digital, no eurocéntrica, horizontal y transversal, etc.) pero que no renuncia, por ello, a construir objetos investigación integrados, mixtos, complejos; en definitiva, globales.

Como hemos señalado, creemos que ambos vectores no sólo permiten organizar los contenidos del III Congreso Internacional de Historia a Debate, sino que constituyen el punto de partida de un novedoso plan de trabajo para los próximos años; lo que nos informaría que la disciplina, tras una década confusa, apunta a hacia una verdadera renovación que quizás culmine con la constitución de un nuevo paradigma historiográfico, capaz de dar respuesta a la demanda social de  n saber histórico comprometido con su tiempo.