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III Congreso Internacional Historia a Debate Santiago de Compostela

IV Congreso Internacional Historia a Debate
Santiago de Compostela, 15-19 de diciembre de 2010

Dirección

 


 Ponencias aceptadas

  

Mesa B. Crisis 2008-2010 mirada histórica

Autor

María Lara (Universidad a Distancia de Madrid, España)

 

Título

La crisis del siglo XVII y la crisis actual

Resumen

Al analizar la crisis en la que vivimos inmersos, se suele tener presentes otras crisis experimentadas en la época contemporánea, especialmente la provocada por el crack de la bolsa de Nueva York en 1929. Ciertamente podemos apreciar similitudes entre estos procesos que, en definitiva, ponen de manifiesto y nos alertan de las fisuras del capitalismo.

Pero, junto con el examen de procesos contemporáneos, consideramos oportuno dirigir nuestra mirada histórica hacia la crisis del siglo XVII, aquélla que, paradójicamente, vivió la monarquía hispánica de los Austrias catalogados como "menores", al tiempo que las letras y las artes vivían su Siglo de Oro.

El análisis de la crisis del siglo XVII nos ofrece numerosos datos de interés para la interpretación del fenómeno que actualmente vivimos. Señalaremos a continuación algunos de los lugares comunes de ambos procesos que revelan que aunque, tradicionalmente, una de las funciones que se ha atribuido a la Historia es la de magistra vitae, maestra de la vida, puesto que los logros y los errores del pasado pueden darnos pistas del camino a seguir, en la práctica, con frecuencia, se ha hecho caso omiso a la potencialidad docente de la Historia.

En primer lugar, aunque prima la dimensión económica, la crisis iniciada en 2008 es, al igual que la del siglo XVII, una crisis general de origen multicausal, ya que resulta difícil disociar las decisiones políticas, los mecanismos económicos y los factores sociales.

Asimismo, hoy día asistimos a una crisis que no se halla localizada en un solo país, sino que es una crisis de la globalización. En el siglo XVII la crisis también tuvo un efecto universal, aunque fue Europa el territorio más afectado, ya que era en el Viejo Continente donde se encontraban emplazadas las metrópolis desde las que se gobernaba el resto de territorios. La crisis de 1929, una crisis de superproducción que avisó ya de los riesgos del capitalismo, también provocó un dramático impacto en las economías de entreguerras. Hoy, en un mundo donde el desarrollo tecnológico ha sido capaz de conectar al instante a personas que se encuentran en diferentes puntos del planeta y donde las empresas multinacionales tienen invertidos y repartidos sus capitales por los distintos continentes, la crisis se encuentra extendida por todos los sectores y espacios, siendo eso sí de una intensidad mayor en aquellas áreas que tenían más intereses puestos en juego.

El traslado del eje económico hacia el Norte de Europa acaecido en el siglo XVII encuentra también un paralelismo en nuestro presente, si tenemos en cuenta el despegue que, en las últimas décadas, ha tenido la economía china y del sudeste asiático.

Por último, desde el punto de vista filosófico, el análisis de la crisis actual, asociada especialmente con la economía, nos muestra que se trata también de una crisis de valores. El arbitrista Martín González de Cellorigo hablaba de la "república de hombres encantados que viven fuera del orden natural". El historiador Paul Hazard consideraba que la crisis del siglo XVII fue una "crisis de la conciencia europea".

En este sentido, cabría preguntarnos si no estaríamos también viviendo, en vísperas de la crisis actual, en una república de hombres encantados, seducidos por la bonanza económica de las inversiones, de la especulación inmobiliaria, de los pagos a plazo, etc. La carroza y los caballos no dejaban de ser la calabaza y los ratones, aun cuando algunos sólo se dieron cuenta de ello en el momento en que el reloj brindaba sus doce campanadas al viento, siguiendo la metáfora del cuento.

Quizás la crisis sea una llamada de atención a las conciencias para llevar a cabo un consumo responsable y desarrollar valores como la solidaridad, o posiblemente nos esté aguardando un nuevo "siglo de oro", de desarrollo del ingenio en tiempos de declive económico. Las esperanzas o ilusiones que se tengan en estas direcciones serán las únicas que permitirán percibir los aspectos positivos de la crisis.