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III Congreso Internacional Historia a Debate Santiago de Compostela

IV Congreso Internacional Historia a Debate
Santiago de Compostela, 15-19 de diciembre de 2010

Dirección

 


 Ponencias aceptadas

  

Mesa K. Historiadores y memoria histórica

AutorMiriam Hernández Reyna (UNAM-École des hautes études en sciences sociales, México-Francia)

Título

Memorias étnicas de México la ancestralidad presentista

Resumen

Esta ponencia tiene el objetivo de mostrar cómo las memorias étnicas indígenas de México corresponden al régimen de historicidad presentista, en tanto éste designa un modo de experimentar el tiempo en las sociedades contemporáneas.

Las memorias étnicas recién han comenzado a formarse en Latinoamérica como discursos sociales que fundan su fuerza en diversos usos políticos de la historia. Estos usos los ubico en el interculturalismo, entendido como un discurso que defiende el derecho al reconocimiento de las minorías étnicas. Me interesa particularmente el caso de México debido a que en el país ha aparecido un nuevo discurso identitario sobre la necesidad de incluir a los pueblos indígenas como elemento central de la Nación, considerada como pluricultural (Díaz Polanco, 2006 / Olivé, 2004). Sin embargo, una de las vías para este reconocimiento-inclusión es la reconstrucción y la afirmación de la identidad indígena a partir de la construcción de una memoria étnica que recupera sin problematización el pasado prehispánico, cuyo sentido general proviene de las tradiciones nacionalistas, principalmente. El

interculturalismo considera a los pueblos indígenas como milenarios y ancestrales y la garantía de tales atributos es, a su vez, una memoria ancestralista que parece olvidar las influencias exteriores y el mestizaje que se desarrollo durante los cinco siglos posteriores a la Conquista. En este sentido, el interculturalismo pretende construir una continuidad casi mágica, o por lo menos atemporal, entre los pueblos indígenas de la actualidad y las antiguas civilizaciones prehispánicas.

El problema es que tal pasado es presentado como la afirmación de una verdad intemporal que no admite su propia historicidad, permaneciendo escondida detrás de la pretensión de ancestralidad. Pero paradójicamente, tal surgimiento de la ancestralidad es sólo posible por las exigencias del presente.

No es el caso negar la importancia política de los movimientos indígenas, más bien se trata de desentrañar parte del problema historiográfico que representa la construcción de esta memoria ancestralista, pues ésta se opone, en la mayoría de las veces, a las reconstrucciones históricas.El tema, entonces, se problematizará a partir de la propuesta historiográfica de los regímenes de historicidad. Desde esta propuesta, la memoria y la obsesión de nuestro presente respecto del pasado, su conmemoración, patrimonialización y su insistente uso político, se explican como un fenómeno propio del régimen de historicidad presentista (Hartog 2007) que regresa al pasado para engullirlo en un movimiento de manía por la preservación que, al obsesionarse con la memoria, no permite que el futuro se desenvuelva (Hartog 2010).

Tampoco debemos promulgarnos a favor o en contra ya sea de la historia o la memoria, o preservar sin reflexión tal dicotomía. Más bien, podemos intentar comprender que estamos ante un problema histórico e historiográfico, cuya discusión puede permitirnos avanzar más allá del puro reclamo de las heridas históricas hacia la escritura de una nueva historia posnacional y realmente consensual.