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Tema 9

Tema 9

PARA UNA ECOLOGÍA DE LAS SOCIEDADES AGRARIAS DE BASE ORGÁNICA.

Manuel González de Molina.

Universidad de Granada.

En esta ponencia vamos a tratar de proponer un esquema interpretativo del funcionamiento de !as sociedades agrarias anteriores al proceso de industrialización del sector agrícola, tratando de integrar variables de carácter económico y social como Jas ambientales. Ello resulta necesario por cuanto la idea convencional de la que la producción agraria es producto de una función de producción en la que se suman iinealmente tierra, trabajo y capital ha demostrado su inutilidad para explicar las enormes diferencias en cuanto al funcionamiento, a las paulas de cambio y la incidencia de los condicionamientos ambientales que han existido entre las agriculturas del siglo XIX por ejemplo y las actuales.

Para ello hemos utilizado como base el concepto de economia de base orgánica (Wrigley 1989 y 1993), poniendo en el centro del análisis la base energética solar en la que este tipo de sociedades se asientan y las limitaciones que ello comporta. El ciclo de la materia funciona, efectivamente, a través de la energía proveniente del sol. La captación de dicha energía y su conversión a través dfi la fotosíntesis en alimento o energía secundaria sólo es posible mediante el concurso de convertidores biológicos (las plantas) que requieren para ello la ocupación de una cantidad determinada de suelo expuesto a la radiación solar (Sicferle, 1990). La población depende, pues, de la tierra para casi todo: la comida, la bebida, la lana y el algodón para los tejidos, los bosques para el combustible, materiales de construcción y herramientas, el pasto para los animales de labor y renta, etc.. Todo ello requiere una determinada dotación de tierra para poder producirse, cultivarse o recolectarse. En efecto, como mantienen Pfister (1990), Earie (1988) o el propio Wrigley (1992) y muchos otros, el potencial productivo está determinado por el grado de efícicencia de las plantas, cultivadas o no, en la captación de energía solar para lo que se requiere agua, nutrientes y energía extema en forma de mano de obra humana y tracción animal.

La estabilidad de este tipo de economía de base orgánica depende, por tanto, del equilibrio cambiante entre necesidades endosomaticas y exosomaticas, entre la producción de alimentos, forrajes y combustibles Los factores de la producción y del consumo -terreno, agua, tracción animal, estiércol y trabajo humano—están determinados, pues, por la cuantía y disponibilidad de tierra existente en cada comunidad. Pero el grupo domestico campesino sólo puede manejar un trozo de agroeeosistema. El manejo y control del conjunto resulta imprescindible para la sobrevivencia de la explotación, cuestión esta que corresponde a la comunidad campesina. Efectivamente, las comunidades locales poseen, en tanto que núcleos básicos de organización de la sociedad rural, amplias competencias sobre todos los factores productivos. Poseen grandes cantidades del factor decisivo, la tierra, en propiedad o administración (propios y comunales) y regulan el funcionamiento de muchos otros aspectos de la producción. Constituyen, pues, instrumentos esenciales en la reproducción del carácter orgánico de la economía y, por tanto, en la preservación de la estabilidad o en la generación de la crisis- En este sentido, tendemos a pensar que la existencia y promoción de los bienes y derechos comunales no es sino una forma de asegurar en el largo plazo las funciones alimentarias, energéticas, de beneficencia, etc. que estas reservas de tierra y de aprovechamientos desempeñan para la reproducción de la comunidad y para la sostenibilidad de la producción agrícola; comunales que surgen y se consolidan a partir de ta existencia de un peligro real de apropiación agrícola o privada de tales tierras, bien por la ambi- ción de lo señores feudales, de las élites locales o de las necesidades creadas por el propio crecimiento de la producción y de la población.

Una vez conocido el funcionamiento básico de este tipo de sociedades, hemos podido proponer una lectura en clave ambiental del poder político, de las funciones ecológicas de los poderes locales, del clieníelismo como forma de alineamiento vertical de fos grupos sociales y de los grupos domésticos, incluso de la forma de organización territorial de que se dotaron estas sociedades antes de su integración plena en el Estado-nación, muy a finales del siglo XIX. También hemos reinlerpretado los conflictos principales que exhibieron estas sociedades, considerándolos como conflictos por la apropiación y distribución de los recursos naturales, distinguiendo entre los conflictos distributivos de los recursos y aquellos que mantenía el carácter orgánico de la economía y que sé oponían, por tanto, al desarrollo de la agricultura comercial e in-dustrializada.

Finalmente hemos analizados los principales factores de crisis y desestabilización de este tipo de sociedades. Es posible singularizar ai menos seis grupos de factores que, combinados de manera distinta en cada comunidad o sociedad concreta, contribuyen a trastocar el carácter estacionario de estas sociedades. En primer lugar, la dinámica demográfica: normalmente el aumento de la población implica presión sobre el territorio y los recursos. En segundo lugar: e! aumento del nivel de consumo especialmente el consumo exosomático, de al menos una parte -la mas privilegiada—de la sociedad, el efecto de esta elevación de las "nuevas necesidades" creadas suele ser un recurso mayor al mercado para satisfacerlas, utilizando para ello dinero que tiende a salir del incremento de las rentas percibidas.

Esta es precisamente la tercera vía de erosión del carácter estacionario de la economía: el deseo de los grupos sociales dominantes y del Estado de aumentar las exacciones sobre el campesinado, bien a través de un aumento dfi las rentas percibidas por la cesión de la tierra, por el aumento de la presión fiscal; este aumento de la presión repercute sobre las economías campesinas forzándolas a vender una porción mayor de su cosecha y optar por el cultivo de plantas que tienen mayor salida mercantil, (por ejemplo, el trigo y otro tipo de cereales de los que la monarquía española fue deficitaria hasta mediados del siglo XIX). En cuarto lugar, la resistencia creciente de ¡os propios campesinos a pagar más impuestos, derechos señoriales o la renta de la tierra, que puede en algunos casos llegar a poner en cuestión los propios mecanismos de extracción de rentas- En quinto lugar, hemos de introducir aquí las situaciones de crisis u stress ambiental provocadas por el incremento de la demanda de productos energéticos o por las roturaciones abusivas que degradan las posibilidades agrícolas o ganaderas de muchas tierras e intensifican el déficit alimentario. Un ejemplo puede encontrarse en la crisis energética del XVIII provocada por la expansión de la actividad manufacturera. Tales necesidades energéticas tuvieron que ser solventadas con un recurso mayor a mercados ya constituidos y la apertura de otros nuevos para producios antes situados en su exterior, extraídos normalmente gratis en los montes comunales. En sexto y último lugar, hay que considerar la progresiva he gemonía que fue adquiriendo, sobre todo entre las élites político-económicas y en general en el mundo de la cultura letrada, una nueva forma de entender la relación de la naturaleza dé carácter aniropocentrica, originada en parte en la tradición judeocristiana pero que adquirió especial grado de formalización con la Ilustración y las nuevas comentes de la filosofía de la ciencia.