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La Historia urgente: la Universidad en la calle

Mesa G

Francisco Melero Ochoa y José María Rodríguez Tous

Escuela Libre de Historiadores, Sevilla

La Historia urgente: la Universidad en la calle.

"Sacar la cultura a la calle debería ser también —hoy desde luego no lo es— un sinónimo de meter la calle en la Universidad. Con la seguridad de que eso es hacer crecer el concepto de la democracia; pero también se trata de una corriente que se nutre de la inagotable y biodegradable fuente de energía que es la búsqueda de calidad de vida por los ciudadanos —en este caso a través de la cultura."

Hace unos años, tuvimos la oportunidad de replantearnos el papel que como historiadores reclamábamos en la sociedad. Partíamos de la base de que la historia se hallaba, esencialmente, en la calle, con la gente, y por lo tanto alejada de esos "mundos felices" que tan magistralmente se han montado en torno a "esa caja ilustrada de zapatos llamada Universidad". Entendíamos —y entendemos— que los protagonistas esenciales del proceso histórico son —más que nada— otros cuyos nombres no han sido escritos con letras doradas: un grupo de mujeres que hacen sus primeros pinitos en la escritura; unos jóvenes que buscan denodadamente independizarse de la maldita droga; un puñado de mayores que desean simplemente conocer mejor su ciudad; y otros tantos.

De ahí que además de desarrollar nuestras vocaciones en torno a una tesis doctoral, a concluir nuestros estudios, a opositar o a la docencia, tuviéramos que comprometernos —hermosa palabra— con una historia a todas luces útil y necesaria para la ciudadanía. Porque si no, tantos años implicados de una forma u otra en la renovación de nuestra disciplina hubieran sido en vano.

Reflexionar como colectivo humano sobre nuestra condición, hacerlo con una comunidad específica de nuestra ciudad, y utilizar para ello las experiencias vitales de los que nos precedieron en el tiempo, la historia, es el objetivo, pero también el compromiso que nos anima a emprender un proyecto: el Taller de Historia Urgente.

Además de atender nuestras obligaciones diarias, trabajar o buscar trabajo, llevar la casa y las preocupaciones de la casa, aprender a ser mayores, los unos, a no dejar de ser jóvenes y reinventar la ilusión, los otros; además de divertirnos, de estar de palique con los amigos, de relajarnos el fin de semana para volver a la fatiga del lunes, de salir y entrar tantas veces por la misma puerta, además de todo eso, el ser humano también se para y se pone a pensar sobre lo que hizo y busca en esas cosas un sentido; las juzga y coloca en escalas de estimación y valor, y les concede carga moral; las contrasta con otras experiencias, las proyecta hacia finalidades últimas y ansía una felicidad.

La historia, como trama de mediación entre las experiencias personales de los vecinos y las constantes del comportamiento social —los "universales" del individuo—, nos parece un discurso teórico especialmente eficaz y pertinente. Cuenta con dos notables ventajas respecto a otras fórmulas de aproximación:

Primero, su carácter descriptivo facilita la comprensión de realidades diferentes a la propia pero en las que se reconocen lugares y protagonistas comunes, necesidades y pautas de actuación familiares, formas de vida identificables. En este sentido provoca mecanismos de aproximación-empatía y alejamiento-extrañamiento que contribuyen a la adquisición de hábitos de abstracción y relativización de la realidad en general y del entorno inmediato en concreto.

Segundo, su carácter narrativo invita a asociaciones mentales con la propia trayectoria vital, pues al fin y al cabo es la vida la narración más evidente y que nos incumbe en primer lugar como protagonistas. Asomarse a otros cursos vitales, preguntarse por los cambios de hábitat y vivienda, ámbitos y formas de convivencia, distribución del tiempo de trabajo y esparcimiento, etc., de aquellos que vivieron antes, constituye una herramienta de trabajo sencilla pero de gran utilidad para tomar conciencia de los procesos históricos.

Así, con los Talleres de Historia Urgente nos hemos trazado los siguientes objetivos: En primer lugar, mostrar un modo de comprender la historia basado en la reflexión sobre la propia experiencia y la del entorno social más próximo, para a continuación trasladar semejantes esquemas de explicación a sociedades del pasado.

Seguidamente, mediante un análisis comparativo de dichas realidades históricas, que serán presentadas como "trozos de experiencia" a través de un muestreo de prácticas sociales cotidianas, retornar a la propia realidad para ubicarla y conceptualizarla ahora como una más de las formas posibles de experiencia histórica.

De igual manera, plantear cuestiones de la vida familiar, social, laboral o política, de vivo interés para los vecinos de cualquier barrio, de modo que la chispa y vigencia de la problemática que se discuta sirva de confirmación explícita al discurso histórico implícito en el debate.

También. contribuir así a la toma de conciencia del sujeto histórico y su condición de participante activo y agente de los procesos sociales, cuando no, al menos, de depositario pasivo, pero siempre implicado, en procesos históricos más amplios cuyas decisiones, aún dependiendo de otros, les afectan.

Y por último, fomentar así una relectura conjunta de la realidad de la gente a la luz de la autoconciencia crítica de las "historias particulares" de aquellos que le han aportado una identidad. Tratar así de que los propios vecinos no sólo re-construyan su historia por el prurito del anticuario o el erudito local, sino que principalmente la-construyan, es decir, exploren su tradición como comunidad (después de haberse sentido ellos también historia), saliendo al paso de agravios comparativos, complejos de periferia, o por el contrario, orgullos ombliguistas. En otras palabras, dignificar, sin necesidad de aspavientos épicos o heroísmos aldeanos, su condición de ciudadanos y su memoria colectiva

Así, entendemos que la Historia empieza en... un lugar cualquiera. Allí donde un grupo de personas cuentan sus experiencias y tratan de dar sentido a un pasado común.

Conscientes de la urgencia de ser narrados para tener historia, recuperemos la nuestra, porque los que nos precedieron se lo merecen, pero sobre todo porque sentaremos las bases de una dignidad que nos corresponde.