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Historia a Debate – Santiago de Compostela

Mesa G

 

 

 

Amelia Galetti

Centro Inv. Históricas – Argentina-

 

 

 

La responsabilidad social del historiador

En la instancia presente.

"Se afirma que por ser la Historia

demasiado científica se aparta

de la vida. Yo estoy convencido

que es por el contrario. Porque no

lo es suficientemente" (Serge Berstein)

 

Como pensarse en este tiempo quienes están en este quehacer. El quehacer del estudioso del pasado. En suma, los ocupados y preocupados en y por la memoria. Quehacer que , más allá de ser una inquietud, una necesidad, una vocación pasa a constituirse en una responsabilidad social.

Como pensarse en este tiempo, cuando las aceleradas transformaciones en curso nos golpean con nuevas y renovadas demandas, vertebradas en la cuantificación informativa, esa abrumadora masa de información disponible, acentuada con una actitud deificadora de la tecnificación y la inclinación obsesiva por el crecimiento más que por su beneficio. Lo cuántico y masivo nos abruman.

Pero al mismo tiempo y sin manifestación estrepitosa nos conmueve la emergencia de un incipiente y aún reticente humanismo, expresado en un retorno al pasado, es decir, a la memoria.

Si sometiéramos el pronunciado global del discurso del presente a un simple análisis de la semántica cuantitativa, la palabra memoria alcanzaría un significativo e interesante nivel de frecuencia. Prueba de ello es la diversidad de discursos: el literario, el político, el periodístico, el de autorreflexión crítica, tal vez, como una forma del sicoanálisis social.

De este modo nos sabríamos una sociedad que toma conciencia de sus aciertos y sus errores, de sus expresiones, desidias, omisiones y silencios.

una sociedad que hace una reapropiación consciente de su memoria. Tarea que ayudará a conocernos, a explicarnos, con el gesto de humildad que conlleva un paulatino abandono de la soberbia.

una sociedad que se va construyendo sobre los cimientos de su pasado.

Pero, para ello urge, y lo decimos con vehemencia aprender a construir el "objeto memoria", para lo cual se requiere primeramente, restituirla a ella misma, liberándola de todas las sedimentaciones que la ocultan, la ensombrecen hasta el punto de hacerla irreconocible o inexistente.

Y es precisamente en este quehacer, el de constuir el objeto memoria que se revitaliza el rol del historiador, nada menos que como su intérprete y comunicador de sus mensajes. Función que tendrá que asumir con una renovada actitud: la de humildad para una tarea abierta a la sociedad sin muros y sin reservas.

Construcción que, para nuestra sociedad de tan frágil memoria y mas atraída por la memoria-espectáculo, la memoria mitificada y maniqueista e inclinados a esa memoria-efemérides, constituirá, creemos un desafío imperioso si bien no fácil de plantear.

Construcción que para lograrla se hace necesario que los historiadores abandonen la reserva que los limita solo a hablar entre pares. El campo es muy amplio y la brecha existente entre especialistas y sociedad es abisal pero puede y creemos, debe ser cubierta.

Y es este quehacer para el que los historiadores deben prepararse para ayudar a construir una actitud de verdadero amarre en el tiempo. Una actitud consciente de que el futuro no es nada mas que producto de la memoria.

Es por ello que su responsabilidad social adquiere una nueva dimensión; solo debe volver a descubrir el "poder y el deber de la Historia". Tarea que es nada menos que contribuir a la formación de la conciencia social, alcanzable si reflexionamos críticamente sobre nuestro ir siendo como sociedad en el tiempo.

Entonces, estimamos que se hace necesario:

    1. Recrear una historia mas cercana a la vida y por lo tanto mas cercana a la ciencia, pues la historia es la reconstrucción de la vida en el transcurrir del tiempo y se nos manifiesta como una realidad profundamente imbricada, compleja y contradictoria.
    2. Explicar nada menos que la condición humana, angustiante, falible, fuerte y vulnerable a la vez; mixtura de sentimientos y razones y entrelazamiento invisible entre los individual y colectivo.
    3. Construir un nuevo discurso de divulgación científica que logre sintetizar ciencia, vida y motivación. Un discurso mediante el cual logre hacer inteligible la memoria no como abstracción a través de un impecable discurso, sino como una realidad humana y, por lo tanto, carnal.
    4. Comprender que la historia, la ciencia de retorno permanente al pasado no lo es para el juicio y el adoctrinamiento, sino para la comprensión de la condición humana.
    5. Saber que la Historia debe entenderse como una disciplina en crisis permanente, pues "los presentes" nos movilizan y conmueven para la búsqueda de nuevas lecturas y de nuevas explicaciones.
    6. Descubrir otros espacios y crear otras formas de comunicación de una ciencia que tiene mucho para decirnos.

Ahora bien, asumir esta responsabilidad contribuirá a sernos una sociedad mejor? Quizás no podamos saberlo. Pero sí nos ayudará en este aprendizaje de todos los días para intentar conocernos mas en este ir siendo que es la vida.

Y es tal vez, ante la sugerente pregunta de Andre Feijto "¿Adonde va el tiempo que pasa? que la respuesta seguramente la tendrán que dar los estudiosos del pasado, quienes, desde la investigación y la docencia asumen la responsabilidad de ser educadores de la conciencia social.

Entonces la Historia tiene algo para decirnos. Sólo aprendamos a "usarla".