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APRENDER Y ENSENAR A SER HISTORIADORES:

APRENDER Y ENSENAR A SER HISTORIADORES: QUE, QUIEN, COMO, CUANDO Y DONDE"

ANA ZAVALA.

INSTITUTO DE PROFESORES "ARTIGAS" -MONTEVIDEO, URUGUAY-.

 

El prestigio academico y social que rodea las actividades de investigacion ha acabado por

generar algunos problemas, o al menos algunas situaciones no siempre del todo bien re-

sueltas que deseariamos comentar.

* En primer lugar se ha generado en torno a las universidades una cultura institucional de

cenaculo, en funcion de la cual la admision de nuevos integrantes esta regulada por distintas

exigencias de iniciacion. M. de Certeau ha analizado ya esto con suficiente profundidad y

agudeza. A la hora de ser recibidos por la comunidad acadernica profesional, el titulo de

"Historiador" constituye muchas veces un componente de acreditacion minima, a diferencia

de lo que sucede con otros titulos (medico, maestro...). Hay, evidentemente una parte del

"saber hacer" -historiografico en este caso- que no se aprende en la Universidad. La proxi-

midad o empatia con las figuras miticas del cenaculo, los grandes maestros que han fundado

la tradicion a la cual el futuro investigador quiere integrarse, funciona muchas veces como

una especie de "peaje" para ser reconocido. Luego, haber sido alumno dilecto de, o conti-

nuador de, o ser del grupo de, constituye el "pasaporte" hacia el reconocimiento de la co-

munidad. Una mirada tan cruda, previsiblemente desencadenara viejas nove/as instituciona-

les respecto de la igualdad, el talento, la capacidad, etc.

* En segundo lugar, y mirando desde la Didactica en tanto teoria de la ensenanza, la cues-

tion de la formacion del profesorado universitario es en mas de un caso, una verdadera

asignatura pendiente. Posiblemente el alto nivel academico de la institucion universitaria asi

como de sus docentes, ha arrinconado a la problematica de la formacion docente en algo

que se refiere exclusivamente al dominio de unas ciertas tecnicas necesarias solo para quie-

nes van a ensenar a ninos y jovenes. Para los que ensenan a adultos en la Universidad, pen-

sar la accion en terrninos de ensenanza, y no solo de conocimiento ensenado, no parece con

frecuencia una necesidad acuciante. Si la formacion docente no se refiere a como utilizar el

pizarron, o dominar la voz o los gestos corporales, sino a la reflexión sobre la práctica del acompañamiento en la formación académica de aquellos que un día seránhistoriadores, hay algo por hacer en muchas universidades europeas y americanas.