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EL SUEÑO DE UNA RAZÓN QUE NO PRODUZCA MONSTRUOS

EL SUEÑO DE UNA RAZÓN QUE NO PRODUZCA MONSTRUOS

FRANCISCA COLOMER PELLICER

Sección temática II.6: "La historia en el siglo XXI: nuevos enfoques"

A fines del siglo XX es ya un tópico decir que los sueños de los Ilustrados de

conseguir el mundo perfecto a través de la razón humana han sido eso, un sueño. Un

sueño con un despertar muy desagradable: porque si el sueño de la razón produce

monstruos, la razón despierta los ha producido peores. Quizá lo malo de nuestro siglo no

hayan sido las irracionalidades que se han llevado a cabo en nombre de la razón, sino que

el hecho de que se hayan producido con dos sorprendentes ideas de base: una, la

coasideración de que con esas acciones o sistemas se estaba superando una etapa infantil

e indeseable de la historia de la Humanidad, y dos, que se hayan dado después de la

experiencia que suponen varios miles de años de historia.

En esta comunicación nos preguntamos qué ha fallado en la razón ilustrada; cómo

podemos enjuiciar la razón ilustrada cuando somos producto de ella; si podemos

solucionar los problemas de la razón sin destruirla.

La linea de fondo de la comunicación es constatar que la razón (absoluta y

universal para los ilustrados) es en realidad uno de los varios constituyentes de la persona

humana, y que es limitada y falible. El error de base de los ilustrados es confundir la

razón con la totalidad de la persona. La razón no actúa separada de la voluntad ni de la

afectividad; y no porque voluntad y afectividad influyan para mal en la razón, (que es el

papel que en todo caso conceden los ilustrados a estas partes del ser humano), sino

porque la razón necesita de ellas para relacionarse con e1 exterior, actúa junto con ellas,

no puede separarse. de ellas.

La causa de este error la podemos encontrar en última instancia en la separación

cartesiana entre res cogitans y res extensa: la ruptura de la idea unitaria de persona

humana, que lleva a considerarla como un conglomerado en perpetua tensión. Los

caminos de la filosofía posterior llevaron a buscar y encontrar como única isla en ese

mar tormentoso la razón, timonel capaz de salvar el buque. Pero más parece, a estas

alturas, el iceberg que se encargará de hundirlo.

Salir de esta situación pasa por fundamentar la reflexión sobre el ser humano en el

tiempo en una antropología más realista que considere al ser humano como una unidad,

compuesta pero que actúa en unidad. Contribuyen a esto las filosofías personalistas,

como la fenomenología, y las diversas aportaciones en relación a la participación de la

voluntad en el proceso de conocimiento y decisióa de las personas, y, sobre todo, la más

novedosa de la participación de la afectividad en el conocimiento de los seres humanos.

En la comunicación se hace un recorrido por las diversas aportaciones sobre este

tema desde Sócrates hasta nuestros días (Platón, Aristóteles, S. Agustín, Sto. Tomás de

Aquino, Pascal, Hegel...). Se concluye con una serie de reflexiones sobre antropología,

con sus consecuencias en relación a la investigación histórica.

 

Murcia, mayo 1999