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Mesa N

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Javier Castro Ibaseta

Univ. Autnoma de Madrid

Entre la antigedad tarda y la alta edad media: refutacin de una transicin.

Toda divisin histrica es artificial; las edades son creaciones humanas. Pero es imprescindible establecerlas: el intelecto humano se maneja con conceptos abstractos que no reflejan fielmente la realidad objetiva, pero que aun as son fundamentales para comprenderla. Con las edades histricas diseccionamos la realidad histrica de modo que se convierta en materia asimilable para el entendimiento. La cuestin es, pues, no negar la validez de las divisiones, sino establecer rigurosamente los criterios por los que tales divisiones hacen comprensible el proceso histrico. Aqu mostraremos cmo unos criterios desafortunados pueden llegar a provocar una comprensin equivocada de una etapa histrica; en concreto, el periodo que cubre los siglos IV al X de nuestra era: alta edad media o antigedad tarda?.

Vivimos an prisioneros del evolucionismo. Nuestra civilizacin contempornea (aun ms, nuestra propia concepcin de civilizacin) es hija del entendimiento evolucionista de la historia. Ciertamente, los mayores dislates derivados de l se han superado ya (salvo, quiz, en la mentalidad popular, en la ms frrea ortodoxia marxista y en la miopa liberal). Pero an restan numerosos tics de aquel modo de pensar la historia. Uno de ellos es una anquilosada divisin en etapas histricas aceptada hoy da prcticamente sin cuestionamientos; consiste, a grandes rasgos, en una antigedad esclavista, un medievo feudal, una edad moderna protocapitalista y un mundo contemporneo industrial. De esa rigidez deriva, forzosamente, una concepcin del periodo altomedieval como "transicin" que no puede sino llevar a una comprensin del mismo muy parcial (y por ello equivocada) de la poca.

Tradicionalmente, la transicin entre antigedad y edad media se fechaba entre los siglos III y V, durante los cuales se haban visto caer los moldes econmicos (esclavismo) y polticos (imperio) existentes; inmediatamente surgira el nuevo marco feudal, que quedara consolidado en esas mismas fechas. Las investigaciones ms recientes e innovadoras han venido mostrando cmo, sin embargo, el sistema feudal no aparece realmente consolidado sino a partir del siglo XI, tras esa mutacin o "revolucin" del ao mil. El problema es: qu ocurre entonces en ese largo perodo entre los siglos IV y X, entre la desaparicin del antiguo sistema y el nacimiento de las nuevas estructuras feudales?. La respuesta es, en apariencia, bastante simple: se trata de un periodo de "transicin". Un proceso que antes duraba un par de siglos ahora se prolonga durante seis. Unas estructuras, se piensa, slidamente consolidadas no pueden desaparecer de la noche a la maana. El cambio es lento pero inexorable.

Trataremos de establecer aqu las limitaciones que implica esa concepcin. Comencemos admitiendo un hecho bsico: estamos, en principio, de acuerdo en aceptar la consideracin de la alta edad media como un largo periodo de transicin. En realidad, tal caracterizacin es, en cierto modo, obvia: toda poca es transicin, toda la historia, crisis. Es innegable que cualquier poca histrica que se analice contiene procesos dinmicos, estructuras en pleno cambio cuya naturaleza ha de ser estudiada. Sin embargo, una ptica investigadora que tan slo analice el cambio, est condenada al error. El error del que aqu trataremos deriva de dos factores combinados:

a) El rgido esquema evolucionista, que nos impide concebir una poca que no se caracterice como antigua ni como medieval. Prisioneros de la letana "antiguomedievalmodernocontemporneo", todo objeto histrico que no se integre en una de esas fases, tiende a ver sus perfiles diluidos y a desaparecer de la visin del historiador.

b) El mtodo hipottico-deductivo: la hiptesis de partida impone ciertas expectativas al estudio del historiador. Su anlisis queda hipotecado por esas expectativas previas: todo aquello que no encaja en ellas pasa desapercibido.

Ambos factores combinados forman un cctel explosivo que altera la percepcin de la realidad. El historiador, embriagado con l, emprende su anlisis. Puesto que no acepta la existencia de nada que no sea estrictamente antiguo o medieval, no espera hallar, en la gran transicin de los siglos IV al X, rasgos que no sean pervivencia de la antigedad o prefiguracin del pleno medievo. Da igual que llame al periodo alta edad media o antigedad tarda: su anlisis estar, en cualquier caso, repleto de "supervivencias" y de "precedentes".

Es evidente que en cualquier momento de la historia se encuentran elementos cuyo origen es anterior y otros (a veces los mismos) que permanecern con posterioridad. El error consiste en el modo de analizarlos, en considerarlos meras pervivencias o antecedentes. Las limitaciones de tal anlisis son tres:

1. Ignora, por un lado, que al mezclarse esos dos tipos de elementos, unos "arcaizantes" y otros "innovadores", dan como resultado un sistema que no es exactamente antiguo-esclavista ni medieval-feudal. Es otra cosa, una realidad diferente a ambas, pero que no es mera mezcla confusa y contradictoria, sino un conjunto organizado segn sus propias lgica y coherencia internas.

2. Olvida, por otro, que dentro de ese sistema distinto, cada uno de los elementos ya no es una supervivencia ni un precedente: ahora funcionan como elementos plenamente integrados en el nuevo sistema. Le pertenecen tanto a l como a los anteriores o posteriores. Es ms, seguramente desempean una funcin diferente en ese sistema a la que desempean en aquellos: al transformarse la estructura, el funcionamiento de cada elemento cambia en consonancia, y su papel exacto dentro del sistema ha de ser reconsiderado. Por ejemplo, la mezcla de la explotacin esclavista ("supervivencia" antigua) y de los vnculos de carcter privado ("precedente" feudal), genera un sistema muy diferente al antiguo o al medieval, pero articulado con coherencia; aunque la esclavitud sea an un elemento fundamental de la sociedad del siglo VII, su significado dentro del nuevo sistema no tiene por qu ser el mismo que el que tena cinco siglos antes.

3. Al investigador, adems, se le escaparn todos aquellos rasgos que no sean antiguos o feudales, puesto que no espera encontrarlos. Elementos del sistema que pueden ser fundamentales para comprender la estructura en su conjunto, desaparecen de su vista. El error es el mismo se trate de una consideracin del periodo como antigedad tarda o como alta edad media: consiste en ambos casos en buscar en una sociedad rasgos que pertenecen a otra, ignorando aquellos que le son propios.

El resultado, globalmente desastroso, es una tosca caracterizacin del periodo analizado como larga etapa de transicin, en la que se mezclan confusamente elementos moribundos con otros inmaduros, en una estructura imperfecta e incoherente.

Un anlisis correcto del periodo exige que se entienda no como transicin entre dos etapas, sino como etapa en s misma, con independencia de la anterior y de la posterior, un anlisis atento al estudio de sus propias estructuras de modo que stas no sean consideradas como pervivencias agonizantes de un mundo que se acaba o como grmenes de un mundo que nace. Es una estructura histrica con entidad propia, diferente de las que la flanquean cronolgicamente, aunque comparta rasgos con ellas. Tiene su lgica interna, sus estructuras, su dinmica, sus propias reglas. Aunque se mezclen, en efecto, frmulas arcaicas y novedosas, la fusin no resulta un sistema confuso, sino un todo estructurado y tan coherente como lo pueda ser cualquier otra poca histrica.

El enfoque propuesto, lejos de oponerse a la idea de transicin, permitira profundizar mucho ms en la comprensin de los procesos de cambio que se dieron. De dos modos.

1. Con una comprensin ms ntima y ms coherente del sistema, se podran establecer cronologas del cambio ms perfiladas, caracterizar velocidades en el proceso dinmico (la disolucin del rgimen esclavista, fue un proceso constante o se sucedieron etapas con velocidades diferentes?), matizar ms las relaciones causa-efecto, descubrir diferencias y semejanzas en los procesos de cambio de las diversas regiones que finalmente quedaron integradas en el gran marco de la Cristiandad feudal, etc.

2. Al contemplar el periodo en s mismo, con independencia de que acabase desembocando en un sistema feudal, el investigador se mantiene mucho ms atento a las diversas potencialidades de cambio que encierran sus estructuras. Librndose de la ceguera teleolgica que nos impondra su consideracin como "protofeudal", se le abren los ojos. El enfoque requerido sera uno que olvidase que la dinmica del sistema provocar la emergencia de un mundo diferente, el feudal, aunque algunas de sus estructuras se encuentren perfiladas en el periodo precedente. As, en vez de contemplar toda la etapa como un ineluctable proceso de feudalizacin, podran observarse otras posibilidades de desarrollo histrico implcitas en el sistema. Enriquecera la comprensin del periodo, al permitir vislumbrar mundos alternativos y descubrir qu causas impidieron su desarrollo y forzaron finalmente la mutacin feudal.

Ni antigedad tarda ni alta edad media. La utilidad de la divisin en edades depende de que los criterios que se utilicen permitan una comprensin lo ms completa posible de los procesos histricos. Proponemos estudiar el periodo entre los siglos IV y X, no como una edad de transicin, de decadencia moribunda de un mundo e inevitable surgimiento de otro, en la que se mezclan caticamente realidades pertenecientes a sistemas antagnicos, sino como un tiempo histrico con entidad propia, con un funcionamiento coherentemente estructurado, diferente de los sistemas anterior y posterior, y cuyo estudio no est encorsetado por la bsqueda apriorstica de determinados rasgos sino que, abriendo las miras, est mucho ms atento a realidades nicas e incluso a procesos dinmicos que apuntaran posibilidades de cambio diferentes de las que finalmente triunfaron.