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HISTORIA A DEBATE

 

Mesa N

 

Cristina Segura Graiño.

A.C. Al-Mudayna. Universidad Complutense de Madrid.

 

Si aceptamos que el actual paradigma de la historia está obsoleto, no podemos seguir manteniendo algo que ha sido característico de él, que es la división de la Historia en compartimentos estancos atendiendo a criterios cronológicos, derivados de hechos políticos de carácter excepcional.

El marxismo ya propuso una división, mucho más racional y operativa, atendiendo a modificaciones en las estructuras. Y, además, abrió la posibilidad de grandes períodos de transición en que convivían prácticas propias de diferentes sociedades. Este criterio para dividir la Historia en bloques no ha transcendido a la Academia, es decir al poder dominante, ni a la Administración. No hay más que echar una simple ojeada a los actuales planes de estudio o a su reforma.

La aparición de nuevos temas de estudio o de nuevos sujetos, como por ejemplo la Historia de las mujeres, pueden aportar otros criterios para la creación de estas divisiones, más operativas que otra cosa, pues no podemos olvidar que la Historia es una. Si entendemos la Historia desde las mujeres, podemos constatar que ni los hechos excepcionales, ni las modificaciones en las estructuras dan lugar a cambio privativos de las mujeres, ya que afectan por igual a uno u otro sexo. En cambio, las modificaciones en la superestructura, poder político, legislación, mentalidad, pensamiento religioso o cultural, si afectan de forma diferente a las mujeres que a los hombres. Estos cambios transcendentes en la realidad de las mujeres se pueden utilizar para intentar una periodización propia de las mujeres. Es decir una nueva organización del tiempo histórico de las mujeres basada, sobre todo, en las relaciones de las mujeres con la religión cristiana. No debe olvidarse que, en lo referente a las mujeres, el poder religioso y el laico generalmente están de acuerdo.