Debates


¿Qué historia vamos a enseñar en el nuevo siglo?


La Historia Moderna o Posmoderna?

Reivindicamos una visión histórica que tome en cuenta los múltiples enfoques renovados que desde una perspectiva de los excluidos están naciendo en la periferia (América del sur, Asia, África). Sobre el tapete de esta discusión hay que sopesar un elemento de vital importancia como lo es la disyuntiva teórica de la modernidad y la posmodernidad, pero asumiéndola de manera crítica.

El análisis histórico - antropológico occidental, (impuesto al resto del mundo), con su consiguiente modelo de evolución, es el que ha llevado al quehacer historiográfico al punto de confusión en el cual nos encontramos. La figura incuestionable del método histórico europeo, pretendió valerse tan solo del documento escrito para analizar las sociedades, delimitó lo que está fuera y dentro de los parámetros históricos. Semejante arbitrariedad ha relegado a un último plano de estudio a los pueblos ágrafos a quienes se les consideraba material arqueológico solamente.

Desde esta perspectiva pensamos, que el eurocentrismo no es consecuencia de la negligencia teórica por parte de los europeos; no ha sido producto de un error de cálculo o de método. Es una visión colonialista y colonizante, consciente o premeditada, cuyo objetivo ha sido alterar y conducir el proceso histórico de las sociedades periféricas hacia formas supuestamente más civilizadas y cultas. Con lo cual se impusieron modos de vida al estilo europeo como única solución a los problemas y desafíos de los tiempos. Todo esto ha servido para mantener la cosmovisión occidental de pueblos superiores e inferiores. Podemos afirmar así, que  la historia tiene el estigma de la colonización, pues ella ha servido para justificar los intereses de los países hegemónicos, aunque también puede representar una perspectiva cuestionadora y subversiva.

Por consiguiente no debemos hacer lecturas de nuestra realidad a partir de las definiciones y conceptualizaciones etnocéntricas de Europa occidental y sus ramificaciones EE.UU. y Canadá, por tanto, se requiere de un cambio de rumbo en el cual la periferia difunda sus estudios y se consideren tan válidos como los del centro hegemónico. La ciencia debe servir para resolver problemas de manera democrática y no para envanecerse de ella con erudiciones sectarias y aisladas del complejo societario.

Es necesario reivindicar la concepción multilineal de la historia, según la cual existen multiplicidad de hechos culturales en las diferentes sociedades, con respuestas particulares, propias, frente a una misma situación o problema. No debemos encajonar a todas las sociedades dentro de la concepción unilineal del proceso histórico. Esta dogmatización esquemática, inevitablemente tenía que colapsar y hoy asistimos a su funeral.

 En palabras de Humberto Melotti ...con la aceptación de semejante dogma la tarea del historiador  se torna paradójica: ya no se trata de descubrir la historia sino de reencontrarla de acuerdo con un modelo a priori que se da por descontado de una vez para siempre.
Occidente, en su relación con la alteridad, no ha asumido la diferencia y, por el contrario, ha postulado un destino manifiesto de evolución para toda la humanidad, imponiendo un estilo de vida dado como superior, desarrollado, civilizador, educador de los pueblos primitivos y bárbaros. La historia se construyó bajo modelos ideales de evolución, es decir, se resolvió primero en la cabeza de los hombres (con el sello de Hegel) y luego se aplicó a realidades concretas.

Los historiadores debemos estudiar a las sociedades no occidentales deslastrados de los discursos unilineales y colonialistas que se reafirman con la modernidad. Se debe deconstruir los niveles epistemológicos hasta hoy conocidos y con los cuales hemos prejuiciadamente  mirado al otro. Para ello debemos construir un método para analizar lo diverso, la diferencia, lo múltiple, lo discontinuo.

A pesar de que la posmodernidad es digna de sospecha, ya que viene precisamente de los dominadores y colonizadores, ¿será una estrategia para mantener su hegemonía económica, política, social y cultural en el mundo? la reinterpretación histórica debe pasar bajo el prisma del cuestionamiento hecho a occidente desde ella, pues ha invocado la pluralidad, la diferencia, la heterogeneidad y la hibridación, contribuyendo así al descalabro del eurocentrismo. Se debe valorar la crítica posmoderna al modelo desarrollista– evolucionista de la modernidad para llegar a un sitial de creatividad intelectual que nos permita redefinir los estudios históricos, de tal manera que haya aportes significativos a la comprensión del complejo social

Dentro de los nuevos parámetros epistemológicos, lo importante es encarar al otro occidental en el terreno teórico enfatizando la diferencia como punto esencial de cualquier análisis. Además, que la periferia pase de ser objeto de estudio  a replantearse un rumbo investigativo para y desde nuestra mismidad.

En el actual marco de crisis paradigmática, la historia adquiere vital relevancia. Lo primordial hoy es el barrio, la ciudad, la etnia, las minorías el lenguaje, la memoria, los sentimientos, las costumbres, las leyes entre otras, unidades  más o menos autónomas que son objeto de análisis pormenorizado desde una perspectiva tanto diacrónica como sincrónica. Esto sin perder la perspectiva del todo y de sus múltiples interrelaciones y articulaciones a nivel mundial.

Creemos que toda esta dinámica suscitada con el desenmascaramiento de los ideales de una determinada modernidad postulada por occidente, son un elemento teórico que ha permitido entender los múltiples desarrollos culturales de los pueblos a los cuales se les había negado el derecho a la diferencia. Es necesario superar algunos criterios modernos, que ya tiene más de doscientos años moviendo al planeta y que nos ha traído a este mundo laberíntico y globalizado, en el cual no encontramos el camino para construir una nueva sociedad que se asiente en la participación. Es evidente que esa salida no puede venir de una posmodernidad que se ve como moda intelectual que propugna la desesperanza, el vivir el presente sin pensar el futuro, el no hay salida a la situación actual. Tampoco puede venir de una posmodernidad justificadora del capitalismo, del fin de la historia y del sujeto, aquella que se niega a sí misma cuando se hace universal. La superación de la modernidad que debemos asumir, es aquella que nos permite repensar y recrear las esperanzas en mundo diverso pero más justo.
 
¿Johnny Alarcón Puentes. Universidad del Zulia. Facultad Experimental de Ciencias. Departamento de Ciencias Humanas . Unidad de Antropología.