Debates


¿Qué historia vamos a enseñar en el nuevo siglo?


IMPOSTURAS INTELECTUALES EN LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS HUMANAS: EL ROL SOCIAL DEL DOCENTE Y EL PSEUDO-COMPROMISO.
 
Raúl Oscar Amado.
Estudiante del Prof. en Historia.
Universidad Nacional de Luján.
 
“La educación en Argentina está en crisis”, esta frase, harto oída y leída en nuestro país se ha convertido en una suerte de disculpa para legitimar la mediocridad de los contenidos académicos, la mala formación profesional docente y permitir el libertinaje en lo que a la disciplina en las aulas se refiere. “No se puede hacer nada”, “hay violencia en las escuelas porque la sociedad es violenta” conforman un rosario de auto-disculpas por medio del cual, las autoridades pueden darse el lujo de desentenderse del problema y una buena parte de los docentes su completa ignorancia. ¿Por qué? Porque ya no hace falta “enseñar historia”, sino “propiciar” las “herramientas para el cambio de la sociedad”.
 
Los profesores, especialmente los del campo de las Ciencias Humanas, se permiten el lujo de no actualizarse en lo que al avance científico se refiere: se manejan con manuales inútiles, mal escritos y mal preparados, se sirven de las guías de preguntas contenidas en los mismos libros de texto, que no parecen dirigidos a adolescentes, sino a oligofrénicos, y no podemos negar que la mayoría de esas guías constituye un insulto a la inteligencia de cualquier mente sana. Preguntas encadenas, cuya numeración corresponde a cada uno de los párrafos, un orden tan lógico y artificioso que sólo puede promover el mecanismo, al tiempo que relaja cualquier actividad intelectual.
 
En los institutos de formación docente no-universitarios, los programas, en cuanto a asignaturas de contenido se refiere son paupérrimas: la bibliografía es escasa y mediocre, algunos se manejan, para Historia Antigua (Oriental y Clásica), Medieval y Moderna, aún con os viejos mamotretos de Cosmelli Ibáñez, lo más acrítico y menos riguroso que ha producido la manualística argentina. No es difícil que un profesor salido de estos institutos desconozca procesos o acontecimientos básicos como el desarrollo de las poleis,  las Guerras Médicas, la lucha en Patricios y Plebeyos, a Crisis del Imperio Romano del siglo III, la dinastía merovingia, las reformas borbónicas, la Revolución del ’48... cuando no confusiones atroces como las de creer que “El código de Hammurabí fue el primer texto constitucional” (sic.), y otras aberraciones de las que hemos sido testigo, ora como alumnos en la escuela secundaria/Polimodal, ora en dialogo con estos “docentes”.
 
Estos institutos exigen poco (o casi nada) en lo que a contenido específico se refiere, y lo poco que exige no es alcanzado por sus alumnos, que sin embargo, se graduarán y tendrán bajo su responsabilidad una treintena de adolescentes que, en el mejor de los casos saldrán confundidos, y en el peor (y más frecuente) completamente ignorantes de los problemas elementales de la Historia.
 
Sin embargo, estas mismas “casas” de estudio, ofrecen a sus clientes un prolífico currículo “pedagógico”. Duele ver esos programas, entristecen esos contenidos, asusta tan vetusta bibliografía: en los mejores casos que hemos podido comprobar) trabajan con textos de principios de la década del ’80, plagados de aspiraciones libertarias, de un izquierdismo tristemente infantil, inmaduro intelectualmente, que pretende hacer del docente un panfletario, y del alumno un pequeño partisano que (gracias al accionar del docente) cambiará el decurso de la historia e instalará el socialismo “real”. Más allá de las orientaciones ideológicas ¿De que socialismo real estamos ablando a comienzos del siglo XXI? ¿Acaso los redactores de estos programas no se enteraron de la caída de la Unión Soviética? Quien responda “China”, es un ignorante que desconoce la situación actual en lo que ha esta gigante economía se refiere; si alguien dice “Cuba”, es que no advirtió que el régimen desde hace décadas impera en la Isla agoniza junto a su líder.
 
Y es que la óptica está puesta en el “rol social”, en el “compromiso”, palabras que se les caen de las bocas a miríadas de docentes sin que pueden explicar claramente a que se refieren. Por “compromiso” se refieren a una letanía interminable de sofismas y abstracciones, tales como “propiciar el pensamiento crítico”, “el desarrollo de la ética y los valores”... eso sí, de Historia o Geografía ni hablemos. La clase se convierte en un monólogo acerca de los problemas de la sociedad, cuando no en un babel incoherente de opiniones irreconciliables de los mismos alumnos que, lamentablemente por la falta de una verdadera labor docente, no tienen como poder justificar, y lo que es peor, tampoco les interesa.
 
Lo peor es que esta marea está arribando a las Universidades y amenaza con consolidarse, gracias a la política de facilismo propiciada por los “eternos estudiantes”, aquellos que pretenden que todos se reciban y que acusan de “discriminación” el no aprobar a un alumno que no cumplió con los objetivos básicos. Los mismos que dicen buscar “universidades de excelencia”, no dudan en afirmar que pretenden “chocar profesores que aprueben a los alumnos”; causa gracia (y temor) escuchar como culpan a los docentes de sus incapacidades crónicas. Es así como se predica a este docente “pseudo-comprometido”, como se busca bajar la calidad académica con el pretexto de que “los problemas de la sociedad son otros”, apelando a la pobreza y la marginación. Hace falta recordar que Marc Bloch señalaba la importancia de la Historia para comprender el presente...
 
No nos dejemos engañar, esto que se predica no es “compromiso”, lo que se busca es a un docente “pseudo-comprometido”.
 
El docente pseudo-comprometido es aquel que “contiene a los alumnos”, no es que se preocupa por preparar su clase, porque sus alumnos aprendan, sino aquel que, cual juez suplente del Valle de Josafat, conoce cuales son los problemas del país y como deben solucionarse, ante unas decenas de adolescentes alborotados que o único que esperan es que termine la hora y desaparezca el profesor. ¿Creen acaso que consiguen algo con esta metodología los profesores de Ciencias Sociales? Sus resultados son estériles, porque los alumnos los califican como “vagos”, dicen de ellos que “no enseñan nada” y que “se la pasan criticando” para, a fin de trimestre aparecer con largas evaluaciones y calificarlos por temas que no se preocupó de enseñar.
 
El docente no puede imponer su autoridad, porque puede ser acusado de “autoritario”. Debe permitir que los alumnos griten, se dispersen, insulten e incluso que hasta lo golpeen, porque si no lo hace, será un “reaccionario” o un “fascista” que coarta la libertad. El docente no puede “enseñar”, porque sino es un “tradicionalista retrógrado”, debe ser espontáneo, debe hace que sus alumnos aprendan activamente a través de crucigramas, grillas, dibujitos, obritas de teatro, etc.
 
El docente debe “contener”: permitir los desmanes, tolerar la ignorancia, cruzarse de brazos ante cualquier cosa que ocurra, porque no puede dejar “fuera del sistema” a nadie. “La escuela debe contener”, es otra de esas frases que circulan ante la cual no dudamos un segundo a replicar: No, decididamente no, la escuela debe enseñar. La escuela no está preparada para la contención social del alumno, no está preparada ni es su función. EN la medida en la que la escuela pase a ocupar el rol de la familia, deja de ser una escuela. Quienes defienden la hipótesis de la “contención” no lo hacen porque realmente lo crean, sino porque les cae cómodo para no trabajar.

La inoperancia de estos docentes, de estos funcionarios es realmente indignante, y lo peor, es que esta es justificada apelando a los males de los tiempos modernos. La estulticia de estos personajes se corrobora pues con esa contradicción: ante el “rol social del docente como propiciador de la transformación social” practican un abierto quietismo.
 
Se trata de una retórica hipócrita y peligrosa, una “impostura intelectual” porque lo que está en peligro es el futuro del estudiante, el futuro de nuestro país.