Debates


Historia de la Guerra Civil Española

 
Sucesos de mayo 1937

Toda causa tiene su efecto y los sucesos de mayo de 1937 (causa) producirán el efecto deseado para los comunistas que los desencadenan. En realidad no podemos quedarnos con el relato más o menos sucinto de los hechos que acaecieron, lo importante es el análisis de los distintos efectos que van a producir en la vida de la República. Cuando repasamos la historia de los acontecimientos de mayo, da la sensación que los mismos se han planteado como una partida de billar a varias bandas, cuya carambola final es el  resultado de una depurada técnica que va a producir diversas consecuencias, todas importantes, todas cuidadosamente concatenadas, hasta alcanzar al resultado final y  principal: la salida de Largo Caballero del Gobierno.

El PCE, que era casi un perfecto desconocido al advenimiento de la República, comienza a aumentar su protagonismo a raíz de los sucesos del 34 y consigue 16 diputados en las lecciones de febrero de 1936 en un “totum revolotum” del Frente Popular, pobre resultado si se compara con los socialistas. El otro partido de izquierdas revolucionario el de los anarquistas no se  puede cuantificar, pues aunque votaron en su mayoría en las elecciones del 36, no presentaron candidaturas, pero era muy importante y de gran arraigo en Cataluña y  se estaba desarrollando rápidamente en Andalucía. A partir del gobierno del Frente Popular  adquirirá cada vez mayor importancia debido a que su dinámica revolucionaria agrada sobre todo a la mayoría de los jóvenes,. Caso parecido a la Falange, que durante este periodo aumenta espectacularmente el número de afiliados decepcionados provenientes de partidos aburguesados, poco activos, de la derecha tradicional.

A finales de marzo de 1937, la famosa unidad anarquista "Columna de Hierro" fue finalmente militarizada, a costa de docenas de deserciones y varios choques entre sus miembros y las tropas del Gobierno de Valencia. Largo Caballero puso en claro sus intenciones al incorporar al Ejercito regular asimismo a las restantes milicias obreras de Cataluña. En los últimos días de abril, la prensa del POUM y la anarquista, dio el toque de alarma. Para ellos, la militarización era simplemente un eufemismo para el desarme y la represión de todos los obreros revolucionarios conscientes de clase.

Desde la llegada al poder de Largo Caballero y con la ayuda rusa, el PCE comienza a mostrar todo el peso que en poco tiempo ha ido acumulando en la política frentepopulista. Una idea que persiguen es la unión de ambos partidos (PCE y Socialistas) pero Largo no está por la labor de dejarse fagocitar por el que antes fuera pequeño partido comunista español. La idea, a pesar de los inconvenientes que suponía para los socialistas, era acertada; se trataba de conseguir casi un partido único, potente que en poco tiempo hubiera absorbido a los demás, consiguiendo, a buen seguro, un más efectivo esfuerzo de guerra.

Ante el rechazo de Largo a los proyectos del PCE, éste utiliza al PSUC, su sucursal en Cataluña. El PCE, no permite, con su férrea disciplina, veleidades autonomistas a sus afiliados regionales, por tanto hay que entender que su acción contra, anarquistas y troskistas estaba ordenada, alentada y coordinada por el Comité nacional. Por eso dice el P.S.U.C.: "... es preciso formar un gobierno que cumpla con sus obligaciones y aplique los decretos". Por otra parte, la F.A.I. se mantuvo en su posición de que no había solución posible a menos que fuesen inmediatamente derogados los decretos sobre orden público y se autorizase al consejo de Defensa a "impedir por todos los medios a su disposición los desfiles y las demostraciones militares y todo lo que mine la moral de lucha".

Andreu Nin, dirigente del P.O.U.M., saludó esta propuesta. "El proletariado conserva aún en sus manos posiciones importantes. La historia no perdona jamás las vacilaciones. Si hoy desaprovechamos la ocasión de apoderamos del poder de una manera pacifica, mañana tendremos que recurrir a la lucha violenta para acabar con la burguesía y el reformismo... Se habían hecho demasiadas concesiones a la contrarrevolución a las cuales nosotros asistíamos con dolor e inquietud. Es por esto que hemos visto y acogido con complacencia la actitud actual de la C.N.T." (La Batalla, 11 de abril de 1937.)

Cada día que pasaba, la tensión y la polémica van en aumento hasta que se produjo el asesinato de Roldan Cortada, miembro del P.S.U.C. y secretario de la Federación de Empleados Municipales, adherida a la U.G.T. El día del entierro de Cortada el P.S.U.C. organizó una gigantesca manifestación de duelo (27 de abril).

"No fue solamente un funeral —escribía Treball—; fue un plebiscito... Ha tenido lugar un plebiscito que demuestra que la actual situación no se puede prolongar un día más, que las masas antifascistas deben unirse... contra el enemigo interno, contra los que nosotros llamamos elementos incontrolados."

Casi a renglón seguido del asesinato de Cortada se produjo la muerte de Antonio Martín, dirigente anarquista, en la ciudad fronteriza de Puigcerdá, en un choque con guardias de Asalto y republicanos. Poco después, diversas unidades de carabineros fueron enviadas por el ministro de Hacienda, Juan Negrín, para arrebatar el control de la frontera de manos de los revolucionarios.

Otra vez se repite el dualismo de las muertes.

Las noticias de la muerte de Martín, de la actuación de los carabineros, de los intentos de desarmar a los milicianos por parte de los guardias de Asalto mandados por Rodríguez Salas, jefe superior de policía de filiación comunista, y de las batidas de sus hombres por los reductos anarquistas de L’Hospitalet y Molins de Rei para detener a los supuestos autores del asesinato de Cortada, elevaron la temperatura política de Barcelona casi al punto de ebullición. El 1º de mayo “La Batalla” exigió acción inmediata de "todos los trabajadores" para ejercer el "control, control absoluto por parte de los trabajadores".

La Generalitat, ante el ambiente enrarecido por los acontecimientos y por evitar males mayores, suspendió los actos oficiales del 1º de Mayo.

La Telefónica, estaba en manos de los anarquistas quienes controlaban todas las comunicaciones con Valencia, con lo que gozaban de información privilegiada, veraz y oportuna de todos los movimientos del Gobierno que podía neutralizar cualquier decisión que interceptase. Rodríguez Salas, que actuaba de acuerdo con el consejero para Seguridad Interior, de la Esquerra, efectuó un audaz movimiento.

El 3 de mayo, Rodríguez Salas (consejero de Orden Público de la Generalidad y miembro del PSUC) para atajar este estado de cosas decidió intentar primero pacíficamente (eso esperaba), o bien por la fuerza si era necesario, tomar el control de la central telefónica de Barcelona. Llegó con una compañía de guardias de asalto y fue recibido con disparos desde el interior del edificio, por tanto se esfumaron las primeras buenas intenciones.

Esta escaramuza fue el inicio de tres días de lucha intensa, en toda la ciudad. El POUM y las fuerzas anarquistas reunidas en Barbastro se dispusieron a marchar sobre Barcelona para defender a sus hermanos del pusch contrarrevolucionario. Luis Companys, los ministros anarquistas del Gobierno de Largo Caballero y Solidaridad Obrera hicieron un llamamiento para un inmediato alto al fuego. Los revolucionarios estaban profundamente divididos en cuanto a la táctica a seguir. Todos ellos odiaban instintivamente a la guardia de asalto, y pidieron la destitución de los principales consejeros del PSUC, Rodríguez Salas y Juan Comorera. La CNT y el POUM ordenaron oficialmente a sus seguidores que se limitaran a "defenderse" eufemismo que no ocultaba la decisión de no ceder, como era de suponer esto no arregló nada, ya que la cuestión era si los servicios públicos de Cataluña iban a ser controlados por el Gobierno o por los diversos partidos políticos. Pequeños pero vehementes grupos anarquistas, como las Juventudes Libertarias y los Amigos de Durruti, animaron a la resistencia armada en nombre de todas las conquistas revolucionarias que eran las únicas que hacían que valiera la pena mantener el Frente Popular. Se desencadenó una de las más graves luchas callejeras de toda la historia de Barcelona. "Miles y miles de trabajadores han vuelto a echarse a la calle con las armas en la mano —clamó el P.O.U.M,—. El espíritu del 19 de julio de 1936 ha tomado de nuevo posesión de Barcelona."

Por toda la ciudad se levantaron barricadas mientras se desarrollaba la batalla. Aquella noche el comité ejecutivo del P.O.U.M. se reunía con los comités comarcales del movimiento libertario.

El 4 de mayo “La Batata” llamaba a los trabajadores a mantenerse en estado de "movilización permanente" y de "intensificar la ofensiva que ha empezado".

Los días siguientes los dirigentes de la C.N.T--F.A.I. hicieron diversos llamamientos a sus partidarios para que volviesen al trabajo. Pero había intereses y fuerzas dispuestas a que el conflicto prosiguiese. Por una parte, las constantes actuaciones policíacas de Rodríguez Salas al frente de sus guardias; por otra, el extraordinario activismo de los leninistas bolcheviques y los Amigos de Durruti, un grupo extremista de anarquistas disidentes hostil a la política de compromiso de la C.N.T, "¡Compromiso, no!", rezaba un panfleto distribuido por los leninistas bolcheviques "... es el momento decisivo. ¡La próxima vez será demasiado tarde!" "¡Junta revolucionaria!", exigía una proclama firmada por los Amigos de Dumiti. "Que ninguna calle se rinda. La revolución por encima de todo. Saludamos a nuestros camaradas del P.O.U.M. que han confraternizado con nosotros."

Mientras tanto, en Valencia —sede del gobierno desde noviembre de 1936—, Largo Caballero, temeroso de que sus adversarios políticos pudieran explotar el conflicto para derribar su gabinete, citó a los dirigentes de la C.N.T. El consejero de Seguridad de la Ceneralitat, les dijo, le había pedido el envío de 1.500 guardias de Asalto, a lo que no podía acceder porque ello supondría "dar fuerzas a personas que quizá hayan intervenido en provocar la lucha". Les sugirió, por tanto, que se dirigieran apresuradamente a Barcelona para resolver el conflicto.

En Valencia, los ministros comunistas del gabinete amenazaron provocar una crisis de gobierno a menos qué éste asumiera sin dilaciones el control policial y militar en Cataluña. "Federica Montseny dirigió a sus compañeros en el debate de cuatro horas que tuvo lugar en el seno del Consejo de Ministros para oponerse a comunistas y republicanos —informó el Comité Nacional de la C.N.T.—. Fue un debate tumultuoso que perdimos cuando se puso a votación el problema."

Bajo presión, Largo Caballero, designó al general Sebastián Pozas —ex jefe de la Guardia Civil y entonces secretamente pasado a los comunistas— para hacerse cargo del mando militar en Cataluña; ordenó luego a su ministro de la Gobernación el envío inmediato de varios miles de guardias de Asalto a la región. Pero, por deferencia a los anarcosindicalistas, cuyo apoyo político necesitaba, nombró jefe de las fuerzas de Asalto al teniente coronel Torres, simpatizante de la C.N.T.

Los dirigentes de la C.N.T. acordaron llamar a una tregua para el día siguiente, 7 de mayo, desde las seis hasta las nueve de la mañana para permitir a los guardias de Asalto entrar en Barcelona sin incidentes. Varias horas antes del amanecer ya se observaron signos de que el fervor de los anarcosindicalistas se disolvía solo. La sensación de que era inútil continuar la lucha en contra de la voluntad de los dirigentes les había abrumado y la desilusión se extendía por todas partes. Muchos trabajadores armados se retiraron de las barricadas y desaparecieron en la oscuridad. Viendo que toda resistencia era inútil, el P.O.U.M. dio orden a sus militantes y seguidores de abandonar las barricadas.

Por la tarde los guardias entraron en la capital sin encontrar resistencia, acompañados por una fuerza de carabineros enviada por el ministro de Hacienda, Juan Negrin.

En Valencia, los comunistas se lanzaron entonces abiertamente sobre Largo Caballero. Para explotar la crisis y su desenlace, exigieron la disolución del P.O.U.M.; "Nuestro enemigo principal es el fascismo —declaró José Diaz, secretario del P.C., el 1º de mayo—, pero los fascistas tienen sus agentes para trabajar... unos se llaman trotskistas. Si esto lo sabe todo el mundo y lo sabe también el gobierno, ¿qué hace que no los trata como a tales fascistas y los extermina sin consideración?"

Y, en efecto, en una reunión del Consejo de Ministros, los comunistas plantearon la cuestión de la disolución del P.O.U.M. Largo Caballero replicó que el P.O.U.M no era una organización fascista y que él no serviría los intereses políticos de ningún partido. Tras estas palabras, los ministros comunistas abandonaron la reunión, Largo pretendió seguir el despacho de los asuntos de rutina, pero Prieto le informó que la retirada de los ministros comunistas significaba que la coalición gubernamental había quedado rota. Cuando Caballero intentó formar un nuevo gabinete se encontró con que los comunistas, los republicanos y los socialistas de Prieto le exigían unánimemente que dejase la cartera de Guerra: esto significaba su defenestración, pues consideraba que ambos cargos eran ineludibles para seguir como jefe de Gobierno.

Como tanto los anarcosindicalistas como los socialistas de izquierda dejaron bien sentado que no entrarían en ningún gobierno en el que Largo Caballero no fuese ministro de la Guerra y por supuesto primer ministro, se formó un nuevo gabinete sin ellos. Negrín, candidato de los comunistas, fue nombrado presidente del Consejo y ministro de Hacienda, y Prieto, sempiterno enemigo de Caballero, ocupó el Ministerio de Defensa, departamento conjunto de guerra, marina y aire. Vicente Uribe, uno de los ministros comunistas que precipitaron la crisis, declaró en un discurso ya en el exilio: "Prieto participó en el plan para cambiar a Caballero de la Jefatura del Gobierno, aunque sin dar la cara de verdad... [y] quería vengarse de Largo Caballero, a quien no le perdonaba, entre otras cosas, que frustrase su ambición de ser nombrado jefe de Gobierno allá por mayo de 1936"

Caballero deseaba activar un plan largo tiempo discutido para una ofensiva en Extremadura. Si los republicanos atacaban con energía para reconquistar Mérida y Badajoz, podrían cortar la zona de Burgos de sus suministros y comunicaciones con Andalucía. Se sabía que las líneas nacionalistas estaban poco guarnecidas, y que la población era pro-republicana; así que el Go-bierno podría asestar un golpe a los nacionalistas en una zona en donde eran débiles tanto militar como políticamente.

Sin embargo, los consejeros rusos, el Estado Mayor de Madrid y los socialistas de Prieto se opusieron al plan de Extremadura. Los españoles temían dejar desguarnecido el frente de Madrid, y aunque la operación tuviera éxito, su valor estratégico era dudoso, ya que los nacionalistas no encontrarían obstáculos para utilizar las carreteras, las bases aéreas y los servicios telefónicos portugueses. Los consejeros rusos eran partidarios de lanzar una ofensiva cerca de Madrid. Según su punto de vista, como el general Franco había concentrado sus mejores tropas ante la capital, y como gozaba de poco apoyo popular, el modo de ganar la guerra era destruir el ejército que asediaba Madrid. Apoyado por los rusos. Miaja se negó a fines de abril a transferir unidades del ejército del Centro a Ciudad Real, y los oficiales de aviación rusos dijeron claramente a Casado que prácticamente no podrían contar con ninguna aviación."

Se habían conseguido los efectos deseados:

Largo Caballero había sido derrotado; los comunistas habían triunfado. Le habían quitado primero su autoridad en las J.S.U., en la U.G.T. catalana y en la Federación Catalana del Partido Socialista —uno de los cuatro grupos que constituyeron precisamente el P.S.U.C., le habían arrebatado el control de Claridad, su órgano de Madrid. y, provocaron, además como efecto colateral, que el orden Público que estaba en manos de la Generalitat pasase al gobierno central.. El general Pozas, se había hecho cargo del control de la situación militar de Cataluña e ingresó públicamente en el P.S.U.C.

Luego, como ocurre siempre, la represión. Durante semanas se sucedieron las detenciones masivas encarcelamientos, secuestros y asesinatos. Las patrullas anarco sindicalistas fueron disueltas y represaliadas y los dirigentes del P.O.U.M. arrestados y juzgados y en aquel río revuelto nunca más se supo de Andrés Nin. Se había ganado la batalla contra el troskismo.

Alberto Bru
Graduado Social