Debates


Historia de la Guerra Civil Española

 
Colegas de Historia a debate: Hace unas semanas escribí para una revista de Euskadi con la que colaboro regularmente, hika, un articulo sobre la República, al calor del 14 de abril. Mis argumentos coinciden con algunos mensajes que se han podido leer en esta lista y quería sumarme con mi artículo a quienes seguimos reivindicando, en el siglo XXI, la opción republicana.
Salud
Antonio Dupla
UPV/EHU, Vitoria-Gasteiz


¡ VIVA LA REPUBLICA !

El pasado 7 de abril, BABELIA, el suplemento semanal de libros de EL PAIS, nos sorprendía a sus lectores, supongo que al menos a algunos y algunas, al dedicar una página entera a «una propuesta (...) para configurar un Estado republicano». El párrafo inicial del artículo (la reseña de un libro de Philip Petit) ya resolvía algunas dudas, cuando comentaba que no se trata de resucitar viejas polémicas sobre las formas de gobierno,  sino de analizar las propuestas del "republicanismo" para un mejor funcionamiento de la democracia representativa. El punto de partida parece entonces algo distinto al de quienes seguimos reivindicando la opción republicana. Lógicamente podemos compartir las propuestas de Petit sobre la libertad como no-dominación, la necesidad de un sistema democrático más horizontal y la importancia de las virtudes cívicas, pero no hablamos exactamente de lo mismo.

Quiero decir que, en nuestro caso, la reivindicación republicana no es tan sólo un planteamiento en favor de ciertos procedimientos políticos para mejorar la calidad de la democracia, sino que se trata de una reivindicación inseparable de unos presupuestos históricos y políticos concretos: - el rechazo de un régimen tiránico, el franquismo, que se instaura en el poder por la fuerza de un golpe de Estado contra el régimen legalmente establecido, precisamente el republicano; - el balance negativo de un proceso de transición a un sistema parlamentario que, entre otros temas, hurtó a la opinión pública la posibilidad de decidir sobre el tipo de régimen político y que impuso la aceptación de una monarquía de, estrictamente hablando, innegable filiación franquista; - el rechazo de una monarquía que constituye hoy, pese a su evolución democrática, que no voy a negar, una de las claves de la aparentemente indisoluble e innegociable unidad de la nación española. El problema es que hoy, para la inmensa mayoría de la población española y me temo que, aunque en menor proporción quizá, también para la vasca, el tema no se plantea en esos términos y la República parece un tema muy alejado en el tiempo, bastante desconocido y casi un mero ejercicio de nostalgia.

Ciertamente el debate sobre las formas de gobierno se plantea hoy en términos distintos a los tradicionales y la fórmula de la monarquía parlamentaria está plenamente consolidada. Pasaron los tiempos, y nos podríamos ir hasta Heródoto, en el siglo V a.C. en Atenas, cuando los sistemas políticos básicos, supuestamente alternativos y excluyentes, eran el gobierno de uno solo (monarquía), de unos pocos -los mejores- (aristocracia) o de la mayoría (democracia). Mucho se ha escrito desde entonces y, todo hay que decirlo, la democracia, denostada y criticada por los pensadores antiguos y, en realidad, vista casi siempre con recelo, se ha impuesto como sistema representativo, al menos en Occidente. Numerosas fórmulas se han intentado, pero para el tema que nos ocupa la principal es la que se acuña con la Gloriosa Revolución inglesa y el pacto entre el Parlamento y la Corona. Desde el punto de vista constitucional, un poder unipersonal, autónomo y fuera del control de las reglas democráticas en una medida importante ya no entra en contradicción con una democracia representativa parlamentaria.

El problema es importante, porque complica la reivindicacion republicana en términos generales. Y se complica más todavía, si advertimos que en Europa algunos de los sistemas más abiertos, más progresistas, con un mejor funcionamiento del llamado Estado del bienestar y con una mayor calidad de vida, son monarquías. Pienso en los países escandinavos o en Holanda, donde acaban de dar un nuevo paso adelante con la normativa sobre la eutanasia. Por otra parte, el sistema republicano en sí, en relación con la jefatura del Estado, no es garantía de nada y así lo demuestran Estados de indudable pedigree represivo y autoritario en determinados momentos, como las repúblicas latinoamericanas en los años 70, los países centroamericanos o la actual República Popular China.

Sin obviar estas cuestiones que, en todo caso, habría que discutir mucho más despacio, creo que hay seguir optando por la República: como reivindicación, 70 años después, de la memoria de la IIª República, un periodo histórico de enorme alcance social y progresista, injustamente relegado al olvido; como expresión de nuestro rechazo a la transición postfranquista, a sus limitaciones e hipotecas; finalmente, como aspiración fundamentalmente democrática.

Pienso que ninguna persona con conciencia y sensibilidad democráticas puede admitir la existencia de una instancia política incontrolada e irresponsable, como es la actual monarquía en el Estado español. Tiendo a pensar que la monarquía, en el fondo, es un síntoma de inmadurez cívica, de minoría de edad democrática, de necesidad de tutela, de aceptación de unos personajes fuera de las normas democráticas.

Volviendo al principio, el problema principal es que, pese a la coherencia y a la dimensión profundamente democrática de la reivindicación republicana, hoy no quita el sueño a casi nadie y no es, en absoluto, una prioridad para ninguna fuerza política. Al contrario, la monarquía parece hoy una de las garantías de la estabilidad del sistema democrático, incluso la principal y casi única para algunos apologistas. Hemos asistido al respecto a uno de los proyectos de reescritura de la historia más flagrantes, digno de Orwell, dirigido a hacer de Juan Carlos un héroe de la democracia, inductor último y protagonista central de la transición, lo cual es un insulto a la inteligencia y a la memoria histórica de tantas generaciones de antifranquistas. A la vista de la situación actual, con una familia real y aledaños de una popularidad innegable y a toda prueba, hay que reconocer  el éxito indudable de tal proyecto. Por lo tanto, el reto de hacer que la opcion republicana se convierta en un tema de actualidad política parece difícil de superar y, desde luego, impensable a corto y medio plazo.

A veces me parece que se puede trazar un paralelismo entre la reivindicación del derecho de autodeterminación y la republicana. En ambos casos hay una imposibilidad legal previa, la legitimidad de la reivindicación es indudable y también su dimensión democrática. Sin embargo, el problema principal en ambos casos sería el conseguir que esa reivindicación fuera asumida por auténticas mayorías sociales que la pusieran en el primer plano de la agendapolítica, para que sea una reivindicación asumida por sectores importantes de la población que la hagan suya. Pero, si para llegar a esa situación en el terreno de la autodeterminación debemos convencer de su bondad y su oportunidad a la mitad de la población de la CAV, a bastante más en Navarra y a muchísima más en Iparralde, en el caso de la República, salvo en Iparralde, no digamos. Mientras tanto, ¡Viva la República!
 
Antonio Duplá