Debates


Historia de la Guerra Civil Española

 

Apreciado Carlos y amigos de Historia a Debate:

Las aportaciones historiográficas de los últimos años nos permiten realizar las siguientes afirmaciones y avanzar las pertinentes conclusiones políticas:

1.- La Guerra Civil española fue una guerra de exterminio  de los llamados “rojos” por parte del bando “nacional”, que consolidó de este modo la formación de un Estado totalitario, que durante casi cuarenta años prosiguió e institucionalizó un genocidio de carácter político e ideológico, iniciado ya con el golpe de Estado militar del 18 de julio de 1936.

2.- La Transición a la democracia, que se produjo a la muerte del dictador, no sólo garantizó la
impunidad de los crímenes del régimen de terror franquista, sino que añadió a la amnistía, la amnesia  del genocidio sufrido por el pueblo español, porque el genocidio es un crimen contra la Humanidad que no prescribe jamás, y hacía imposible el pacto entre franquistas y antifranquistas.

 
3.- Sólo desde esa perspectiva de denuncia del genocidio político e ideológico de los “rojos”, de reconocimiento de la lucha de resistencia al fascismo y de reivindicación de la memoria histórica de los combatientes por la libertad es posible fundamentar una Segunda Transición, sin las hipotecas, urgencias y amenazas que coaccionaron y condicionaron la Primera.

 
4.- Por lo tanto, debemos exigir a las instituciones políticas de carácter local, autonómico y estatal:
Que impulsen declaraciones de rechazo del genocidio político e ideológico practicado por el régimen de terror franquista.

Que se apruebe un presupuesto para la financiación de los costes de búsqueda, identificación y sepultura de los restos mortales de los asesinados en cunetas, paredones de cementerios, descampados o fosas comunes.

Que se convoquen  actos de desagravio, conmemoraciones, reconocimientos,  placas, nombres de calles o monumentos locales que reivindiquen a las víctimas asesinadas por fusilamiento, bombardeo, masacre, campos de trabajo, cárcel, hambre…

Que oficialmente se dé el merecido reconocimiento a los sufrimientos masivos de muchos ciudadanos, “los vencidos”,  causados por encarcelamiento, tortura, violaciones, internamiento en campos de concentración, exilio, ostracismo interior, o criminalización de las utopías y los derechos humanos básicos, o las libertades democráticas más elementales.

Que  se conmemore y exalte la resistencia al fascismo y la lucha por la libertad del exilio, del maquis y de la clandestinidad. (En Barcelona, por ejemplo, entre otros: Salvador Puig Antich, el “19 de Julio” o Max Aub; en Hospitalet: Quico Sabaté, y en todo el país:”Al maquis” y “A los exiliados de 1939”, etc…)

Que se haga un especial reconocimiento por parte de las instituciones democráticas del genocidio cultural practicado por el Estado centralista franquista contra la cultura y la lengua de catalanes, vascos y gallegos.

5.- Como objetivo mínimo inmediato, es de sentido común y de justicia:

La  desaparición en toda la geografía española de aquellas inscripciones, conmemoraciones, monumentos o calles dedicadas a exaltar a criminales de guerra, a la propia guerra de exterminio de 1936-1939 o al genocidio franquista, o bien aquellas destinadas a denigrar el recuerdo de las víctimas del fascismo. Merece mención especial el Valle de los Caídos, excavado por el trabajo forzado de esclavos antifascistas y republicanos en honor y gloria de los vencedores.

Una condena unánime por parte del Ayuntamiento de Barcelona, del Parlament de Catalunya y de las Cortes del golpe de Estado militar del 18 de Julio de 1936.
Quizás ha llegado el momento de pedir a la Iglesia Católica que en lugar de santificar a sus mártires, asuma su  manifiesta complicidad en la guerra de exterminio y en el genocidio franquista.

6.- Como objetivo a medio plazo merece la pena luchar por conseguir:

El reconocimiento del genocidio franquista por los responsables políticos (en el gobierno o en la oposición) en los distintos niveles del poder local, autonómico y estatal; que debería culminar en una solemne condena institucional a la dictadura de Franco (puesto que él afirmó que “sólo Dios y la historia podrán juzgarme”), que se concrete en una Ley que condene la apología de la dictadura franquista, o la negación del genocidio franquista, como las existentes en diversos países europeos contra la apología del nazismo o de  negación del Holocausto judío.

Nunca el combate por la Historia ha sido, como hoy mismo, un combate por el futuro. La democracia en la España de hoy es incompatible con la exaltación o falta de condena de una guerra de exterminio, que consolidó durante cuatro décadas el terror legal institucionalizado y el control social de la dictadura franquista, en su implacable aplicación del genocidio político e ideológico de los “rojos” y del genocidio cultural y lingüístico de gallegos, vascos y catalanes.

Es de justicia, para que los hijos de los hijos de los vencidos no se consideren tales.

          

                                               

Bibliografía mínima:

 

CASANOVA, Julián; ESPINOSA, Juan; MIR, Conxita; MORENO, Francisco: Morir, matar, sobrevivir. La violencia en la dictadura de Franco. Crítica, Barcelona, 2002.

 

ESPINOSA, Francisco: La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz. Crítica, Barcelona, 2003.

 

REIG, Alberto: Ideología e historia: sobre la represión franquista y la guerra civil. Akal, Madrid, 1984.

 

 

Diccionario mínimo:

 

Guerra de exterminio: No se busca sólo derrotar al enemigo, sino destruirlo para siempre física, política e ideológicamente, mediante la institucionalización del terror y de una represión extremadamente violenta y arbitraria, que haga imposible el resurgimiento del enemigo durante décadas.

 

Genocidio: 1.- estado de criminalidad sistemática contra un grupo.

2.- exterminio sistemático de un grupo social por motivos religiosos, étnicos o políticos. .       

 

 

Nota final: La dictadura  franquista  pasó de una guerra de exterminio a un Estado genocida mediante la institucionalización del terror, la represión y el control social de los “rojos”. Esta institucionalización hubiera sido imposible sin la coordinación y colaboración entusiasta del Ejército, Falange y la Iglesia Católica. La innegable evolución de la dictadura desde 1936 hasta 1977 suavizó y maquilló en sus últimas fases sus peores apariencias,  pero no modificó en ningún momento su esencia genocida.

 

 

Barcelona, a 9 de junio de 2003.

 

Agustín Guillamón

Balance. Cuadernos de historia.

http://es.geocities.com/hbalance2000