Debates


Historia de la Guerra Civil Española

 
Hola a todos: Hace unos años, Woody Allen parodió en una colección de relatos algunos de los lugares comunes de la cultura occidental, caricaturizando sus rasgos hasta la exageración, y publicándolos bajo el provocador título de “Cómo acabar de una vez por todas con la cultura”. Viene esto a cuento de una nueva aparición de esa serpiente de todas las estaciones llamada Pío Moa a quien, como no cabe tomarse en serio,  me vais a permitir que le dedique con ánimo jocundo el texto adjunto:

“Cómo acabar de una vez por todas con el debate sobre la guerra civil”.

“Que la izquierda es la única responsable de la Guerra Civil resulta hoy en día tan evidente que apenas queda nadie de prestigio, fuera del tendencioso ámbito de las universidades, los congresos especializados y la historiografía científica con agallas suficientes para discutírmelo. Solo los ensoberbecidos por los títulos académicos, los sectarios del archivo y la fuente documental, los fetichistas de las fuentes orales y todo ese submundo que sobrevalora el método sistemático tanto como desprecia la genial intuición del autodidacta se han negado a reconocer la verdad que revelan mis escritos. Dado lo poco que me cuesta concebir teorías ­las voces que oigo dentro de mi cabeza trabajan infatigablemente noche y día- y pasarlas inmediatamente al texto impreso en gruesos volúmenes, estoy en condiciones de demostrar fehacientemente las sugerentes hipótesis de que los conjurados contra el Frente Popular eran de izquierdas, que la guerra civil enfrentó a la izquierda entre sí y que  se saldó con una larga dictadura de izquierdas. Lógicamente, no espero que el mundo académico - copado por secuaces del estalinismo desde los rectorados hasta el cuerpo de bedeles de facultad- preste oídos a mis fundados argumentos; tanto da, mientras intelectuales de prestigio como Jiménez Losantos y César Vidal sigan llenándome el comedero, alimentando mi ego y pagando mis facturas.

Vayamos a los hechos, tozudos, ineludibles, incontestables:  Si en su día demostré que la guerra civil no empezaba cuando todo el mundo decía, y que la responsabilidad no era de quien todo el mundo pensaba, hoy tengo razones para afirmar que la cúpula militar dirigente del alzamiento del 36 estaba infiltrada por el comunismo internacional y sus habituales compañeros de viaje. ¿Qué general fue el primero de presidir la Junta de Burgos? Cabanellas. ¿Qué era Cabanellas? Masón. ¡Ajá! Primera pista que nos pone en el rastro de otras aún más sorprendentes: el conocido como “Director” no se llamaba realmente Emilio Mola, sino Emilio Megusta  (y aun cabe sospechar que también manipuló el segundo apellido, Vidal, que probablemente fuera Mogollón o Mazo). Tenemos, por lo tanto, a un sujeto, Emilio Mola Mazo o Mola Mogollón, con tendencia al pseudónimo (rasgo típicamente bolchevique, como Lenin, Trostki o Stalin) y además, de Navarra. He aquí la vinculación del eterno y desleal separatismo sabiniano unido a su inseparable compañero, el sovietismo. Más aún: ¿qué decir de Gonzalo Queipo de Llano, auténtico precursor del botellón, esa lacra disolvente de la tradicional energía de las recias juventudes españolas, antaño crisol de santos y guerreros, y hoy ruinosa hez de calimocho y cannabis? Conexión avant la lettre con las ideologías del izquierdismo trasnochado que podemos apreciar también en Millán Astray, intelectual comprometido, donante de órganos y fundador de una ONG dedicada a la acogida de inmigrantes delincuentes. ¿Y Franco? ¿Cómo interpretar aquellas confidencias íntimas a su leal primo, “haga como yo, no se meta en política” si no como una declaración de principios anarquizante? Y los golpes perpetrados por su compañera sentimental contra diversos establecimientos del ramo de joyería, ¿no son muestra evidente de una connivencia con los métodos de un Quico Sabater o un Facerías? Pensamiento libertario y acción expropiadora consecuentemente unidas en la cúpula del nuevo régimen, bakuninismo y colectivización abarraganados en monstruosa coyunda.

Quede probado, pues, a despecho del sentido común, que la izquierda no solo fue causante de la guerra sino también usufructuaría de su victoria contra sí misma. En próximas y no tardías entregas demostraré su responsabilidad en otros cuantiosos atentados contra el supremo interés nacional, como el fracaso en el mundial de Corea, la conspiración para que no me toque la Primitiva o el desdén de Cameron Díaz hacia mis insistentes propuestas de matrimonio.

Firmado: Pío Moa, especialista en revisiones históricas, ITV y reglajes".

Por la transcripción,

Fernando Hernández
ies. sefarad