Debates


Historia de la Guerra Civil Española

 
"E  insisto  en  que  ya  urge. Los insultos, las groserías, las descalificaciones ad hominem o las infantiles recomendaciones para que el autor no sea leído, no pasan de ser cacareo de impotentes"

Decía Juan Quiles Ruiz en este foro.

Ya ve usted, don Juan, que la cosa sigue por los mismos lugares en los que la dejó. Continúan y se renuevan las recomendaciones censoras. Unas infantiles recomendaciones para que no leyera usted, tuvieron el efecto contrario al pretendido. La sugerencia que le lanzaba en mi mensaje anterior, para que se asomase al amago de debate en la revista "El Catoblepas" ya ve que ha causado una nueva llamada a la no lectura. Se lo comento porque, viendo que tiene usted espíritu rebelde, lo mismo los nuevos insultos y argumentos ad-hominem, contra todo aquel que disienta de la visión de don Alberto Reig le resultan un estímulo.

Decía que había leído usted "Los crímenes de la guerra civil". Un libro que resume algunas de las polémicas surgidas tras de la publicación de "Los mitos de la guerra civil". Éste, a su vez, es un resumen de la trilogía de Pío Moa sobre la República y la Guerra Civil: ("Los personajes de la República vistos por ellos mismos", "Los orígenes de la guerra civil" y "El derrumbe de la II República y la guerra") Habrá visto que la ausencia de notas ­en "Los mitos...", o en el que usted ha leído, "Los crímenes..."—hay quien se lo toma tan a mal como parra acusar a Pío Moa de no haber pisado un archivo. Acusación tan falsa como risible y semejante a efectuar acusación semejante contra Pierre Vilar tras de leer su "La guerra civil española" (ISBN 84-253-3021-1), carente totalmente de notas bibliográficas.

Pero bueno, don Juan, ya ve que hay quien se agarra a un clavo ardiendo. Aun si es tan absurdo como el de alegar la ausencia de notas en un libro que es resumen de otros tres, del mismo autor y el mismo tema, con amplísima documentación. Bien asentados prejuicios ideológicos, que mueven directamente al insulto hacia todo aquel que no se alinee en su campo, llevan a la mentira de que "¿Cómo se puede tener la desvergüenza de pretender haber escrito un libro de Historia ayuno de investigación, sin haber pisado un archivo, sin desempolvar ninguna fuente primaria, sin ni siquiera un mínimo de referencias bibliográficas, solventes o no,...". Mire que era fácil abrir cualquiera de los libros de la trilogía que precede a "Los mitos de la guera civil" para ahorrarse la mentira y para evitarse la insistencia en ella.

Qué le vamos a hacer, don Alberto ya ha anunciado que sus prejuicios le impiden hacer la sencilla comprobación con la que desmentir su falaz aserto sobre la ausencia de investigación en el libro resumen de Pío Moa, "Los mitos..."

"Los mitos de la guerra civil", debe de ir por los ciento cincuenta mil ejemplares vendidos ­con lo que eso irrita a don Alberto, convencido como anda de que los suyos son mucho mejores y están mucho mejor escritos— quizá, entre otras razones, haya alcanzado tan enorme cifra para un libro de no-ficción, encuadernado en tapa dura y con precio nada económico, porque prescinde de las incómodas citas de que estaban repletos los libros que le antecedían y en los que se basa.

A usted, don Juan, supongo que lo que le importa es, más allá del aspecto formal, que alguien desmienta, critique o diga algo solvente contra "Los Mitos..." Le puedo asegurar que a mí también me complacería leer ese tipo de crítica. Pero parece que no puede ser, que sólo lugar hay para el exabrupto, el argumento ad-hominem, la petición de censura, las invocaciones gremiales... De seguir la línea como hasta ahora, veo que se confirman sus temores sobre lo imparable de Pío Moa y sus tesis.

Pero ¿por qué tanta verborrea para tapar la falta de argumentos?

Permítame que formule una hipótesis: porque es lo único que hay.

Le pongo un ejemplo y de paso le ahorro un paseo a la biblioteca o el importe del libro. Tomemos la reseña, tan halagüeña, que realiza don Enrique Moradiellos del libro "Memoria de la guerra civil. Los mitos de la tribu", Madrid, Alianza, 2000 de don Alberto Reig Tapia en Memoria y Pasado, Revista de Historia Contemporánea Instituciones y sociedad en el franquismo, Nº1, Univeridad de Alicante. http://publicaciones.ua.es/LibrosPDF/1579-3311/17-Resenyas%20de%20libros.pdf

Suponemos que don Enrique es fiel al texto de don Alberto. Dice don Enrique: "Como demuestra Reig Tapia, esa labor de reducción de las matanzas plenamente conscientes a la condición de supuesta “leyenda” inventada tuvo que enfrentarse a los detallados reportajes de tres grandes periodistas extranjeros que entraron en la ciudad con permiso de las autoridades insurgentes y dos de los cuales incluso llegaron a entrevistar a Yagüe: el portugués Mario Neves (Diário de Lisboa) y los norteamericanos John T. Whitaker (New York Herald Tribune) y Jay Allen (Chicago Tribune)."

Pero usted, don Juan, ha leído, como yo, lo que escribe Pío Moa al respecto. A saber, que Mario Neves, en la crónica que escribe el día 15 de Agosto, para el Diario de Lisboa, describe una plaza de toros utilizada como depósito de material móvil y con bombas sin explotar. La plaza de toros de Badajoz en la que, según Jay Allen, se estaban produciendo ejecuciones en el día en que Mario Neves no vio nada en ella. Pero claro, Jay Allen escribe un "detallado reportaje" más de diez días después, basado en lo que dice que le han contado. Así "demuestran" algunos.

A mí, eso, me parecería motivo suficiente para agarrarme un buen rebote --como el de don Alberto contra Pío Moa y cualquiera que ose leer su libro-- que mi "demostración" de la matanza en la plaza de toros se base en el "detallado reportaje" falso de Jay Allen.

Es que, ¿saber usted don Juan? Yo me eduqué creyendo que a los prisioneros republicanos los habían toreado, en presencia de todos los fascistas de la ciudad, en la plaza de toros de Badajoz. Con base en un testimonio que hoy es reconocidamente falso, el de Jay Allen, excepto para don Alberto y don Enrique.

Descubrir ese engaño es algo que debo agradecer a la lectura de Pío Moa.  Y también otro engaño mayor en el cual éste queda enmarcado: el de los que pretenden, todavía a estas alturas que, por ejemplo, las (sigo con la reseña) "matanzas masivas e incontroladas en el Cuartel de la Montaña, en la Cárcel Modelo, en Alcorcón o en Paracuellos del Jarama (...)plantearon una problemática crucial y duradera: la responsabilidad última, que no culpabilidad directa, de las autoridades civiles legítimas (...)" O sea, que la brutal represión que de todos modos hubo en Badajoz ­a pesar de la nota propagandística de Jay Allen— es de naturaleza distinta, con culpables concretos y sin ninguna justificación, a diferencia del idéntico procedimiento asesino que se aplicó en el cuartel de la montaña. Y, bueno, que una matanza en retaguardia, de unos miles de víctimas sacadas de cárceles y asesinadas en Paracuellos es "incontrolada". A pesar de los recursos logísticos puestos en juego. Y el pulpo es un animal de compañía.

En fin, que uno ya estaba convencido de la brutalidad represiva del franquismo. Pero ahora estoy también convencido de la brutalidad represiva de sus contrarios y de mi lejanía de todos ellos. Y de mi lejanía, no menor, de los hipócritas que siguen empeñados en la minoración de las responsabilidades de "los suyos". Ya sabe usted, don Juan, los que exigen perdones por los golpes de estado contra la legalidad republicana que dan los otros, mientras callan, o incluso aplauden, que se sigan dedicando calles a otros golpistas que se alzaron también, y antes, contra la legalidad democrática. Pero que son golpistas que les son simpáticos.

Rafael Múgica
Ateneo de Madrid