Debates


Colón


Saludos cordiales a todas y todos,

Aunque he estado leyendo con avidez los interesantes comentarios de este foro, me he mantenido un tanto al margen de la discusión. Hasta ahora.

Como efectivamente nos recuerda el profesor Viciana F., el debate ya comenzó a tomar un giro que, primero, no corresponde a la temática inicial. Y, segundo, siento que está comenzando a tomar tintes un tanto pasionales. Nada contra la pasión, válgame decir, si no sintiéramos pasión por esto, dudo que alguno de nosotros o nosotras hubiera estudiado Historia en primer lugar. Sin embargo, y parafraseando "la Guerra de las Galaxias", la pasión puede ser también un camino hacia "el lado oscuro".

No perdamos la compostura.

Ahora, en cuanto a la desviación del tema inicial. Creo que ya la discusión sobre Colón y los conquistadores pasó a un segundo plano, o más bien, se ha convertido en una excusa, para abordar un tema igualmente interesante y delicado: la responsabilidad histórica de los pueblos e individuos.

Estoy completamente de acuerdo con el profesor Viciana y, con quiénes como él, han defendido lo que en Costa Rica llamamos "ubicación": no podemos pretender juzgar a un personaje o a un pueblo del siglo XIX, XVI o del siglo I aEC. sobre los principios y valores de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Además de... poco académico dentro de la disciplina, es en realidad tan intrascendente como el hijo que le reclama al padre las cosas que hizo o no hizo aquel en su juventud.

Dudo mucho, por ejemplo, que Cristobal Colón o cualquier Castellano del siglo XV, se haya visto afectado por el juicio por genocidio que le siguieron varios pueblos indígenas latinoamericanos allá por 1992, durante la celebración de los 500 años. Tales cuestiones no pasan de ser actos simbólicos que, para efectos historiográficos, únicamente podrían afectar nuestra interpretación actual de los hechos. No los acontecimientos en sí que, para bien o para mal, solamente podemos conocer por medio de las fuentes que tenemos disponibles.

Eso por un lado. Por otro, ¿cómo podemos juzgar con nuestros propios valores a nuestros propios ancestros cuando, actualmente, a nuestra propia Cultura está siendo cuestionada por pueblos de tradición oriental por tratar de imponerles valores ajenos a los propios? ¿No es, en cierto modo, pararelo el discurso de W. Bush sobre la Democracia en Iraq al discurso evangelizador europeo en la América de la conquista y la colonia?

Este es un debate sobre el que no quiero ahondar. Al menos no aquí. Esto de emitir juicios históricos puede ser peligroso; máxime cuando se toma en cuenta la premisa de los biólogos chilenos Maturana y Varela sobre el manejo que hacemos los seres vivos sobre nuestro comportamiento: todo error es honesto. Cada ser vivo se comporta y adapta según la información que tiene y sus propias circunstancias. Nuevamente, no podemos ver a los conquistadores españoles sino como castellanos del siglo XVI, a Julio César como romano del siglo I aEC, y Monroe como estadounidense del siglo XIX. Cada uno actuó según lo demandaron las circunstancias y la sociedad.

Hasta aquí este tema.

Ahora bien, volviendo a lo que siento es el tema de fondo, la responsabilidad histórica ¿cómo podemos definir hasta cuándo se extiende la "culpa" de un pueblo con respecto a otro a lo largo del tiempo?

Hoy Serbia, por ejemplo, está sufriendo las consecuencias de sus gobiernos inmediatamente (en el tiempo) anteriores: la pérdida sucesiva de Bosnia-Herzegovina, Croacia, Montenegro, Macedonia y Kósovo. Los Estados Unidos, en su pueblo y su presupuesto, padece las decisiones de la actual administración. Los represores sudamericanos están siendo juzgados por la responsabilidad de sus actos.

Pero...

¿Hasta cuándo debería el pueblo alemán, nacido después de la posguerra, seguir sintiendo culpa por el Holocausto? ¿O los actuales gobiernos Europeos las decisiones tomadas en el Congreso de Viena y la repartición de África hace 100 y más años? ¿O los  españoles de la nactualidad lo que hicieron los castellanos hace cinco siglos? ¿Quién paga por los pecados del padre? ¿El hijo? ¿El nieto? ¿Las siete generaciones siguientes?

¿Hasta dónde debemos construir nuestras relaciones actuales con base a lo que hicieron nuestros ancestros, y no pensando en lo que podríamos construir para nuestros descendientes?

Aclaro que no estoy hablando de un olvido histórico. No se trata de ocultar u olvidar lo que pasó. Pero como en las relaciones humanas, lo hecho, hecho está. ¿Qué favor le está haciendo a los iraquíes de la actualidad luchar entre sí por lo que líderes tribales hicieron hace mil años? ¿Qué favor le ha hecho a la población afroamericana estadounidense vivir resentida por la esclavitud sufrida por sus ancestros hace doscientos años? Y conste que estas no son posiciones mías: son criterios emitidos por líderes de esas comunidades quienes, con el corazón roto, ven como el odio consume las posibilidades de un futuro brillante.

Creo que esta es la profesión más hermosa del Mundo. Pienso que la Historia le permite a uno entender mejor la época y la circunstancia en la que nos ha tocado vivir y, sobre todo, nos permite no caer en los errores y horrores del pasado. Pero creo, también, que la Historia vivida desde el rencor o desde la ideología obcecada y la pasión desmedida puede ser también sumamente destructiva. Ahí están los fascismos, los comunismos, las dictaduras y las extremas, todas con su propia interpretación de la Historia.

Y esos errores, señoras y señores, no son honestos. Porque, información, hay.

Que estén bien.

Gustavo Naranjo Chacón
Universidad Estatal a Distancia
Costa Rica