Debates


Colonización y perdón de España

 
América del sur. Ni inferiores ni superiores, sino diferentes

En todos los periodos históricos, la sociedad europeo-occidental ha utilizado términos despectivos para referirse a otras sociedades y menospreciar sus valores culturales. Al hacer una retrospectiva histórica, nos damos cuenta de que algunas acepciones han sido empleadas para ocultar los intereses y  propósitos de la dominación con el objetivo de sojuzgar a sociedades enteras.

En la Antigüedad Grecorromana se hicieron comunes los términos bárbaros y civilizados. Los bárbaros eran, según ellos, pueblos que no hablaban su idioma y no tenían su mismo nivel cultural. La condición de civilizados sólo se la adjudicaban a sí mismos, pues consideraban que la suya era la civilización superior que, en lo sucesivo, habría de ser imitada por el resto de los pueblos. Esto lo demostraron con las constantes invasiones que llevaron acabo en contra de sus vecinos e incluso en contra de sociedades bastante distanciadas espacialmente de ellos. De esta manera, griegos y romanos exaltaron su supuesta superioridad cultural al considerar a la otredad como inferior.
Posteriormente fueron empleados otros términos como salvajes, atrasados, incultos, incivilizados, primitivos, paganos, politeístas, para representar a los pueblos colonizados por los europeos en los siglos XV,  XVI y XVII (en América, África y Asia). Para justificar esa terminología debía existir la contrapartida; es decir, lo bueno, civilizado, culto, adelantado, superior, simbolizado por el conquistador europeo.

Después de esa eclosión de términos para justificar el etnocidio, el genocidio, la devastación, la esclavitud y la explotación de las sociedades invadidas,  se hacen presentes las ideas de orden e industrialización como la panacea para el progreso y el bienestar social; creadas por apologistas de la explotación, la miseria y la mediatización humana para mantener el estatus económico y social que impusieron. Como antónimos aparecieron desorden, rural y no industrializado, que conducen a los pueblos a una búsqueda a toda costa (sin ningún respeto por la naturaleza) de la tecnología que los transporte irreflexiva e irremediablemente al modelo de sociedad industrializada eurooccidental.
En este siglo hemos observado con estupor cómo las acepciones peyorativas para referirse a una realidad determinada no han cambiado mucho, pues asistimos al establecimiento de una fraseología que tiene sus raíces en la misma discriminación y segregación étnica del pasado. Para encubrir la realidad de los países dependientes y explotados por las grandes potencias económicas se ha dividido al mundo en: países ricos y pobres, atrasados y avanzados, desarrollados y subdesarrollados, del primero, segundo y hasta del tercer mundo.

Todo esto ha servido para seguir manteniendo la cosmovisión occidental de pueblos superiores e inferiores. Aceptar semejante dogma implica avalar la teoría del progreso basada en el modelo técnico deshumanizado que está llevando el planeta a la autodestrucción con la justificación de alcanzar un desarrollo al estilo occidental, aparentemente considerado como el sistema económico y social insuperable. No debemos dejarnos llevar por quienes han postulado el fin de la historia con la sociedad neoliberal o por el pesimismo de la posmodernidad. Los países periféricos estamos en condiciones de afianzar las bases de un modelo de desarrollo en armonía con la naturaleza que represente igualdad de oportunidades para todos. No hay porque sentir vergüenza étnica por lo que somos pues nuestra inferioridad biológica y cultural es una invención de occidente para mantenernos en un estado de pasividad y conformismo general que no nos permite redefinir creativamente el rumbo de nuestras sociedades.

Johnny Alarcón Puentes.
Universidad del Zulia. Facultad Experimental de Ciencias. Departamento de Ciencias Humanas . Unidad de Antropología.