Debates


Colonización y perdón de España

 
Para Carlos Barros:
 
Absolutamente de acuerdo con Usted, don Carlos. Todo debate es abierto; al hacerse privado pierde su esencia y se convierte en pleito. Los debates aquí leídos y seguidos con interés creciente, a todos nos conciernen y a todos nos ilustran.
 
Para Mary y Juan Ordóñez y Omar Kayam Villalpando.
 
No es mi intención interferir ni mucho menos sumarme al debate entre Ustedes. Tan sólo deseo exponer dos pasajes, poco leídos, que tal vez den un poco de luz en un punto oscuro mencionado dentro de su interesantísimo intercambio de opiniones.
 
(Y que marcan el principio y el fin de mi por otro lado respetuosa intromisión).
 
El primer pasaje aparece en una descripción que el fraile franciscano Juan de Santander envió al rey de España, allá por 1626, sobre una parcialidad indígena que habitara al norte de la Nueva Vizcaya (ya en Chihuahua), llamada de los "Mansos", y que los historiadores locales, basados en ese nombre peculiar, insisten en pretenderlos sumisos:
 
«Pasadas estas cien leguas llegamos al famoso río del Norte, que tiene esta denominación por traer de allá muchas leguas su corriente: está este río cien leguas antes de llegar al Nuevo México; habitado de una nación que comúnmente llamamos Mansos o Gorretas, porque de tal suerte se afeitan el cabello que parecen traer puesta una gorreta en la cabeza; y así mismo escarmentados de que nuestros perros los han mordido algunas veces, cuando ellos nos reciben de guerra, y cuando vienen de paz y mansos decimos a los perros sal ahí, porque no les muerdan, suelen ellos también prevenirse que les atajemos los perros diciéndonos sal ahí, manso, manso; y por este nombre de Mansos son conocidos comúnmente entre nosotros.»
 
Pero será el cronista de la expedición de Hernando de Soto a la Florida, Gonzalo Fernández de Oviedo, quien nos aclarará el infame uso de las jaurías de lebreles y de alanos (cruza de dogo y mastín) como terrible arma de guerra de los conquistadores españoles:
 
«Este gobernador (de Soto) era muy dado a esa montería de matar indios, desde el tiempo que anduvo militando con el gobernador Pedrarias Dávila  en las Provincias de Castilla del Oro e Nicaragua... Y acordó de volver a las Indias... y continuar el exercicio ensangrentado del tiempo que havía usado en las partes que es ducho... Ha de entender el lector que aperrear es hacer que perros le comiesen o matasen, despedazando al indio, porque los conquistadores en Indias siempre han usado en la guerra traer lebreles e perros bravos i denodados; e por tanto se dixo de suso montería de Indios.»
 
(Me viene a mientes el famoso Leoncito, o Leoncillo, perro que por su fiereza incontenible se le pagaban a su dueño tres salarios de soldado, uno para él y dos para su perro).
 
Por favor, continúen al aire, por el bien de todos nosotros. Hay mucho que aprender en debates como el vuestro.
 
Rafael Fierro García.
(Historiador autodidacta)
Monterrey, N. L. México
Staf Uno, creatividad y diseño