A esta altura se podría escribir acerca de la historia y el perdón, o la historia del perdón a través de la historia. Creo que uno de nuestros colegas mexicanos, Federico, acertadamente habla de lo inútil e improductivo que resulta detenernos en tirar culpas.

Las actitudes colonialistas (aunque no se designen así actualmente) siguen vigentes en el mundo globalizado que nos ha tocado vivir, en la relación dominio-subordinación, especialmente si se vive y se siente como Si orientamos la mirada a nuestra historia, latinoamericana y argentina, reciente, observamos que tanto nuestras sociedades como nuestras economías se vieron afectadas por la deuda externa, la década perdida, las privatizaciones, la desindustrialización y el desempleo (con sus secuelas de exclusión y fragmentación sociales). La cultura de Latinoamérica se vio atravesada, de manera sucesiva, por las utopías emancipatorias, las dictaduras, las democracias restringidas, las tendencias neoliberales, postmodernas y postcolonialistas, así como por diversas respuestas de adaptación, algunas, y de resistencia crítica, otras, frente a la globalización. Todo ello coexiste, de manera desigual entrecruzándose en nuestras realidades e instala el actual debate de nuestra cultura.

De nada sirve llorar sobre la leche derramada; más allá de analizar los diferentes procesos históricos, develarlos y comprenderlos, la cuestión se centraría en reflexionar acerca de las condiciones actuales de nuestras sociedades y plantearnos seriamente la necesidad del cambio, no aceptando como inevitable, o como un designio divino la dominación. Aparece como importante entonces, la idea de generar conciencia sobre la posibilidad y la necesidad del cambio social.

Hilda Beatriz Garrido