Estimados colegas:

En un primer momento me sorprendió el interés que ha suscitado el debate sobre Colonización y perdón. Quizá me hubiera parecido más lógico un análisis del fin de los grandes paradigmas del siglo XX, o el papel que juega la subjetividad y la interpretación en la historia, por citar algunos. Pero después me di cuenta que a mí también me interesaba y mucho porque en el fondo del tema subyace una ruptura no resuelta, un choque cultural que hasta la fecha no logra articularse. En la década del veinte, José Carlos Mariátegui se preguntaba si existía un pensamiento característicamente latinoamericano, y concluía que el espíritu hispano-americano está en elaboración porque para empezar todavía no aflora el alma indígena, deprimida y explotada "a causa de la brutalidad de una conquista que en algunos pueblos no ha cambiado hasta ahora de métodos"

Es decir, quienes no hemos cambiado los métodos somos nosotros. En ese contexto, ¿qué importancia puede revestir un perdón extemporáneo e inútil? ¿Qué conseguiríamos con ello?. ¿Cambiaría la situación en la que viven millones de indígenas?. Y, sin embargo, creo que cuando Teodoro Blanco planteó el debate éste no estuvo orientado a que los actuales españoles o portugueses nos pidan perdón, sino a la asunción de una visión de la historia de la colonización desde una perspectiva no eurocentrista. Y, en ese sentido coincido con Xavier Moyssén cuando dice: Debatamos pues sobre la colonización en América, o mejor aún sobre las colonizaciones en nuestros territorios, sobre las condiciones en que se dio, sobre el momento del contacto y sus consecuencias"

Pero para ello es necesario, como dice Luis J. Abejez, llamarle a los hechos por el nombre que tienen: Asesinato, violación, explotación y tortura. ¿Cómo es posible que se diga que las Leyes de Indias fueron en su día un modelo de humanidad? ¿O, que los indígenas al no haber estado jamás bajo la jurisdicción de la Inquisición, no sufrieron por ello porque no fueron quemados?. ¿Es que el acto de Requerimiento, como bien señala Martín Hugo Videla, no significó pena de muerte para los indígenas que no se convertían al cristianismo?

Es necesario tener en cuenta pues que la construcción del pasado no está exenta de objetivos políticos y que quienes escribieron la historia de nuestros pueblos tuvieron su propia valoración e interpretación de los hechos y acontecimientos. Se trata de reconstruir la historia con la complejidad que tiene y darle voz a los olvidados y silenciados de la historia como las mujeres. Cuando hace años decidí iniciar una lectura que me proporcionara respuestas vinculadas a la presencia de la mujer en la historia, que entonces encontraba en muy pocos trabajos de investigación, - y que dio lugar a la primera edición de mi libro "Mujeres Peruanas. El otro lado de la Historia" -, supe por experiencia propia el reto que significaba revisar la historia desde una perspectiva diferente, sin contar para ello con las fuentes necesarias porque en ellas la mujer casi no existía, lo que obligaba a una exhaustiva investigación en la búsqueda del dato que permitiera la reconstrucción. Una reconstrucción que refutara la imagen estereotipada de su pasividad, y que diera paso a su papel como realizadoras, o si se quiere, como personas que actúan y cuyo accionar contribuyó - y contribuye - al desarrollo de la sociedad. La concepción etnocentrista, según la cual el hombre se situó como elemento central y único del desarrollo histórico, impidió una lectura de las diferentes etapas de la historia mucho más compleja que la simplicidad que ofrece la historia oficial. Esta nueva visión proporciona un amplio campo para la investigación, a la vez que permite la reconstrucción de una verdadera historia social, donde aún quedan muchas interrogantes por resolver. En ese sentido, no es exagerado afirmar que estamos frente a una nueva historia, con nuevos actores y protagonistas. Creo que esa es la tarea que tenemos por delante.

Un saludo cordial

Sara Beatriz Guardia