Debates


Historia y museos


Estimado profesor Vargas y amigos:
 
 Las preguntas que se enuncian en el mensaje Nº 2 apuntan a cuestiones fundamentales relativas a los museos que involucran a diversos agentes  culturales que, de un modo u otro, debieran estar vinculados a su labor  educativa y no agenos a ella. En efecto, profesores, licenciados en  historia u otro tipo de profesionales no tienen  amiliaridad con los   museos  sino como visitantes, y críticos efectivos. Sin embargo, siempre es  recomendable expresar nuestras opiniones a estas instituciones y  contribuir  a generar una retroalimentación del muso desde el contexto social que le circunda. Es así como los profesionales interesados deben acercarse al museo y no esperar que el museo se sensibilice por sus puntos de vista, muchas veces, no expresados por canales de comunicación apropiados. Si si  no los hubiere, la labor de todos es crearlos y generar un vinculo  efectivo y eficiente entre el museo y sus comunidades. Cada uno de nosotros  funciona como agentes culturales, o como se les denomina "gestores culturales",  que bien pueden vincularse a los museos y contribuir a su dinamización.
 
 En este sentido, no es que los museos carezcan de profesionales en su interior, sino que , muchas veces, la vida funcionaria, las limitaciones  de sueldos y proyecciones, la falta de recursos materiales, hace que los museos tengan una precaria capacidad de reacción frente a los intereses culturales de sus comunidades. En otras palabras, muchas veces los museos quedan desfazados respecto de las demandas de servicios culturales de las  personas. Con frecuencia, los museos qudan atras de las espectativas de  las personas, de sus necesidades informativas, de sus intereses específicos.

Es así como la gestión museal debe evaluar sistemáticamente su contexto social, y quienes pretendemos aportar a su desarrollo, debemos hacer  llegar nuestras  opiniones para crear esa instancia de reflexión.

 
Además, no solo basta con opinar, hay que crear un debate multidisciplinario de características transversales, ya que en estas cuestiones tienen mucho que decir museólogos, museógrafos, diseñadores, administrativos, investigadores de disciplinas, artistas, educadores,  etc.

El debate es complejo frente a la multiplicidad de miradas, por lo que es necesario generar un marco de ideas comunes para el debate que se pueden encontrar en los documentos de la UNESCO (ICOM) relativa a la misión de los museos. De ahí en adelante se pueden agregar muchos tópicos más para precisar estas funciones esenciales. En mi opinión, aspectos como el tipo de narratividad de los museos, mencionado por el Sr Camargo, así como las  concepciones historiográficas o filosóficas en las que se fundan las muestras encierran cuestiones profundas en  as que vale la pena reflexionar. El que más me llama la atención es el transformar a los  museos en herramientas educativas efectivas, eliminando los discursos formales,  ya sean historiográficos, ya sean pseudocientíficos, facilitando sus contenidos. Y por qué no decirlo, escolarizando su mensaje. Esto último puede generar inquietud  ara quienes ven a los museos como nichos doctos de la sabiduría, ya que en cierto sentido la palabra "escolarizar" se usa con frecuencia con sentido despectivo. Sin embargo, es tan grande nuestro déficit cultural  y de educación en Chile -y no estoy hablando de dinero, sino de contenidos y consistencia-, que se hace necesario utilizar a los museos como un recurso activo para la educación formal, ya sea de  enseñanza básica, educación media o educacíon superior. El objetivo de esta transformación es adicionar la labor educativa de los museos con el currículum escolar, aspectos que hasta ahora se han encontrado profundamente divorciados a pesar del discurso oficial y exitista que  canta a los cuatro vientos sus logros. Mi experiencia en museos chilenos apunta  a que la gente visita los museos, los mira, los encuentra "bonitos" y se retira sin haber aprendido nada. De hecho, es muy raro que la gente lea  los textos de las exposiciones, con frecuencia extensos y pequeños, por tanto  ilegibles. ¿Por qué la gente no se siente atraida por los museos?, ¿Por  qué es tan limitada la labor pedagógica de los museos?, ¿Qué es lo que busca  y necesita la gente en la actualidad? ¿Ha cambiado el sentido y significado  del patrimonio para las personas?  En Chile tenemos museos preciosos y expectaculares. El emblemático es el Museo Chileno de Arte Precolombino, una joya. Pero la pregunta es, ¿que hace que estos sean museos para  turistas más que para personas con inquietudes respecto de estos temas? ¿Por qué un gran porcentaje de personas no entran al mueo? ¿Qué hace que las personas pierdan, o no desarrolle, un sentido de pertenencia con este museo, cuya falta hace que la gente no entre, o considere que puede ser caro, o por que ya se siente excluida socialmente por su apariencia y por el perfil de sus visitantes?

 
 Las respuestas irán apareciendo, lo cierto es que los museos están en crisis, ya que no son los mismos referentes culturales que hace 20 años o 30 años, por lo menos en Chile. Las industrias culturales se han  ampliado,  así como las demandas de contenidos y servicios culturales por parte de  la sociedad civil. Sin embargo, los museos se mantienen distantes, insensibles, lejanos a estos requerimientos. Todavía está la impronta decimonónica en ellos en que sus puertas están abiertas para los doctos y cultos, y que su labor no es educar a un nivel polular, sino difundir a  un nivel superior las bondades patrimoniales nacionales. Hace muchos años le  pregunte a un destacdo investigador nacional, el arquólogo Luis Cornejo  del MCHAP, sobre cómo se hacia la labor educativa  e los museos. ÉL me respondió sin dudas que " se hace a través de su exposición".  Por años   le dí vuelta al tema y  erminé por comprender que esa explicación encerraba  el más profundo de los errores. Los museos no solo deben "exponer" piezas o construir exposiciones cada vez más sofisticadas e innovadoras desde el punto de vista plástico. Los museos deben realizar una labor educativa integral, ya que las muestras son lo parte de su misión educativa, pero  que requieren de esfuerzos adicionales y estrategias que se vinculan más a la  labor pedagógica que con el trabajo de difusión o de investigación disciplinaria. En adelante, podemos bosquejar juntos aquellos aspectos  que pueden hacer "integral" esa labor.
 
Cordialmente
 
Alfredo Gómez Alcorta
Licenciado en Historia, Diplomado en Historia. Universidad de Chile
Magister en Historia, Universidad de Chile
Editor Editorial Santillana S.A. Chile
 

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Estimados amigos:
 
En relación al comentario de la profesora Alejandra Peña (Historia y museos 7), yo creo que no existe ningún "antimuseo" que se de la molestia deperder su tiempo escribiendo aquí, a riesgo de perder credibilidad y seriedad. Sin embargo,  da gusto conocer personas que mencionan su trabajo,y citan experiencias de otros países, como trabajos exitosos. Por mi parte,llevo  13 años realizando exposiciones museográficas en espacios populares, museos, bibliotecas y universidades, y, por desgracia para mí, no puedodecir que ninguna de ellas halla tenido resultados óptimos. Siempre, porrecursos económicos, desinterés de las autoridades o tiempo, nuestrosobjetivos son parciales y las necesidades educativas son múltiples. Creoque el sentido del debate es dar cuenta de aquellos aspectos museológicos,educativos, disciplinarios etc. que han contribuido a hacer exitosas esasexperiencias, ya que considero que cada uno de nosotros podemosdocumentarnos adecuadamente de los logros de algunos museoslatinoamericanos, y con más facilidad, europeos. No se trata de crear unadiscusión entre defensores y detractores de la labor de los museos, eso esridículo; lo que importa es enriquecer nuestro quehacer y retroalimentarnosde experiencias con fundamento disciplinario, entregando información sin el animo de adoctrinar a nadie, sino compartir información que cada quien puede juzgar por valiosa o sin importancia.
 
Con frecuencia, hay una gran brecha en la percepción de los museos entrelos profesionales que laboran en ellos y el medio social donde se gestan.Estas diferencias son tangibles en Chile, cuando muchas veces se observauna actitud acrítica y exitista en quienes trabajan en el aparato delEstado. Sin embargo, profesores, estudiantes, público en general yprofesionales de distintas áreas sí poseen un jucio crítico respecto de lalabor de los museos y de los profesionales que despliegan todos susesfuerzos en ellos. Hay otra cara de la medalla, muchas veces estas instituciones públicas se han enquilizado al punto que sus funcionarioshacen poco o nada para sacar adelante a sus instituciones, amparando sumediocridad en un estatuto funcionario que protege su ineptitud. Lacontraparte de este cuento es el ejército de profesionales que saca a estasinstituciones estatales adelante, con el mínimo de recursos. En Chile hevisto museos en condiciones precarias, que se sustentan por que alguienenciende la luz en las muestras y las apaga cuando de cierra el ingreso. Unejemplo es el Museo de los Andes, con patrocinio municipal que, según sudirector, recibía hasta hace algunos años poco menos que un tarro de ceraal mes para mantener el aseo.
 
Considero que hay que aceptar la diversidad de las opiniones en torno a losmuseos y su misión, y no mandar a mirar, o ordenar que nos ilustremos conlistas de exitos. Cada quien habla respecto de los referentes más próximos a su realidad, por lo que cada opinión es valida. Por otra parte, lasexperiencias exitosas siempre van a ser marginales. Por ejemplo, en Chileexiste el museo dependiente del ministerio de educación, llamado MIM MuseoInteractivo Mirador: una gran obra de creatividad, desarrolloarquitectónico e innovación museográfica. Es un museo didáctico orientadoal conocimiento y la exploración científica. Fue construido durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, y patrocinado por su esposa, Martita Larraechea. Fue uno de los grandes logros de ese  obierno, y casi un proyecto personal de la esposa del presidente. Como experiencia es impresionante, muy estética y aparentemente muy didáctica. Sin embargo, la entrada de niños es de 2.000 pesos y cada adulto debe pagar 3.000 pesos. La entrada de niños equivale a poco menos de 2 dólares. ¿Y si son varios hijos, 2 o 3 o 4? Bueno, en Chile, la gente humilde, y no digo la más humilde, puede comer 4 o 5 días con 10.000 pesos. Es así como en estas experiencias alguien queda marginalizado, alguien queda detrás, apartado de toda esta sofisticación. De hecho, los pobres no son el público objetivo de ninguno de los museos que conozco. Mi interés personal es el enfoque de los museos y la pobreza de las personas. Por eso pienso que en el estado actual de cosas, los museos  o son un referente para los más humilde, que son los muchos. Los museos no les hablan de su propia historia, y no rescata su historia cultural. De modo que los museos tienen también tareas pendientes, y no se trata si los queremos o los odiamos, sino que cómo contribuímos  a hacerlos espejos de una sociedad democrática.
 
Cordialmente
 
Alfredo Gómez Alcorta
Licenciado en Historia, Diplomado en Historia Indígena. Universidad de
Chile
Magister en Historia, Universidad de Chile
Editor Editorial Santillana S.A. Chile