Historia Inmediata/ Debates


¿Es posible una historia inmediata?

 
 
Mi muy querido Federico:
 
Te recuerdo con toda nitidez: cuerpo bien formado, cabello rizado, pensamiento crítico y corazón jarocho-campechano-heideggeriano.
 
Creo que la palabra historia inmediata no corresponde, Inmediato es hacer pipí, que no requiere del pensar, pero tiene la ventaja de ser muy placentero. Es preciso un lapso para pensar, ¿por qué no hablar mejor de la historia del presente? Creo que el gran interés de este tema es que todos queremos conectar nuestras investigaciones con las necesidades actuales de la sociedad. Pero creo, también, que un buen medievalista puede decirnos más que un experto en bussines administration con doctorado en historia sobre los años 1940-2006. Alguien decía que la manera que tenemos los historiadores de conocer el futuro es esperar a que ocurra, y la frase es sugerente en varios sentidos. ¿No te parece? Pero con la experiencia del pasado pienso que los historiadores estamos en situación de percibir cambios sutiles, poco espectaculares, pero de gran trascendencia futura. Por otra parte podemos pensar en diversos escenarios futuros, dependiendo de la ocurrencia o no de ciertas condiciones. La estructura de la población mexicana es excelente porque porque durante algunas décadas habrá una enorme proporción de personas en edad de trabajar, de producir plusvalía como decíamos -ya no- en los setenta. Pero esto requiere que la economía crezca. Y es aquí donde surge el problema porque hay muchos modos de crecer y hasta ahora lo que veo en México es un crecimiento asimétrico: ciertos sectores que crecen y la mayor parte estancada. Sin duda, sin mayor inversión extranjera no habrá el crecimiento del PIB que supere al crecimiento de la población. Pero qué más implica la inversión extranjera?
 
 Opino que debemos recuperar el concepto de utopía, con un carácter práctico y formar agrupaciones y apoyar a los líderes imaginativos que tengan las agallas de involucrar a TODOS los miembros de la sociedad en una revolución dulce que abra nichos para los jóvenes en edad de trabajar, con frecuencia bien educados, que no hallan empleo. Hace falta un pacto patriótico, un pacto de sangre, pero no aquella que derrama el enemigo sino esa otra que es simbólica de la solidaridad, la unidad y la consecución de objetivos democráticos, pacíficos (y no inmediatos) hasta la muerte.
 
Dime por favor Federico en qué desvarío y en que me equivoco francamente.
 
Fraternalmente, desde tu casa,
 
Dr. José Ortiz Monasterio
Instituto Mora
México D.F.