Historia Inmediata/ Debates


¿Es posible una historia inmediata?

 
Estimados (as):
 
“Cuando se repite la frase <<los árboles no nos dejan ver el bosque>>, tal vez no se entiende su riguroso significado. Tal vez la burla que en ella se quiere hacer vuelva su aguijón contra quien lo dice. Los árboles no dejan ver el bosque, y gracias a que así es, el bosque existe. La misión de los árboles patentes es hacer latente el resto de ellos, y sólo cuando nos damos perfecta cuenta de que el paisaje visible está ocultando otros paisajes invisibles nos sentimos dentro de un bosque. ” (Ortega y Gasset)
 
Sobre la pregunta: ¿es posible la historia inmediata?, me he permitido dos intervenciones que a decir verdad no me han dejado satisfecho. Y no porque no crea en lo que dije sino porque lo dije tan rápidamente que me parece he de ampliar lo comentado. Dije que la “historia inmediata no sólo es posible sino radicalmente necesaria” y en este sentido me gustaría agregar lo siguiente: la genial intuición orteguiana que le lleva a ponderar que <<el hombre no tiene naturaleza sino historia>> rompe de tajo con la creencia en el hombre como un sujeto universal que permanece idéntico a sí mismo (como hombre-ente) a través del “tiempo”, de modo que la pretendida ciencia de la historia sostenga la mera necesidad de “ver” lo que el “hombre” ha hecho en ese tiempo. De esos cuentos viven nuestras instituciones, se fortalece el Estado, se hacen los libros de texto de historia, se mantienen los departamentos y facultades de historia de las universidades, etc. Pero mucho de esto ya lo saben porque lo han encontrado en Jean Chesneaux, Michel de Certeau, etc.
 
        El desmantelamiento de la modernidad que dio origen a la disciplina de la historia, ha puesto al descubierto no sólo la compleja sociología en que genera el saber histórico sino que ha señalado lo insostenible de sus propios fundamentos. El entusiasmo kantiano por la historia y que sella el rumbo de la Ilustración, consolida al sujeto y a la razón como las constantes que se instalan en un escenario que se dirigen hacia algún fin, hacia algún sentido, tal como lo concibieron en el seno del pensamiento judeo-cristiano y que, a decir de Émile Ciorán, sienta “las condiciones psicológicas de la creencia en el sentido de la historia; aún mejor: toda la filosofía de la historia no es más que un subproducto de la idea del Juicio Final”. El conocimiento de todo lo que el hombre haya sido en el pasado (sujeto-razón) ha de emanciparlo no sólo de la ignorancia sino lo colocará en un mundo (léase historia) de orden, racionalidad y progreso. Ese es el entusiasmo kantiano por la historia  y es el contenido inunda de moralidad a la historia que aún hoy hace esfuerzos por continuar como un saber científico.
 
        En fin, conforme lo dicho, no me queda ninguna duda de que no sólo en este debate sobre la <<posibilidad de la historia inmediata> sino en todos los que en este sitio se presentan, el problema que subyace a todos ellos es la pregunta ¿qué es entonces la realidad histórica? La respuesta que ensayemos dirige nuestras opiniones posibles. Lamentablemente es la interrogación, pese a su carácter capital, la que mayormente se responde con suma simpleza si es que no se evade. ¿qué es lo que dicen todos los libros “de historia” que conocemos acerca de lo que sea la realidad histórica?... dejémoslo al aire. Si acaso el historiador es incapaz de mirar y tratar de entender nuestro presente, pues entonces francamente no entiendo para qué entonces lo necesitaríamos (si es que acaso realmente necesitamos al tipo de historiadores que tenemos. Bernard Lonergan hace una interesante reflexión de los historiadores: pregunta sobre ¿qué es lo que pasaría al hombre común y corriente de nuestras sociedades si un día desaparecieran todos los libros de historia de las bibliotecas? Y su respuesta es: nada, no pasaría nada. Esto, creo, obliga a pensar el quehacer del historiador)
 
        Pues bien, la historia inmediata es nuestra única historia, sólo en ella es que somos posible, la historia inmediata es lo único que tenemos, el resto “de la historia” es sólo latencia. Y aquí es donde quiero destacar lo siguiente: ¿qué clase de latencia hacemos derivar de nuestra historia inmediata? Y este es el tipo de pregunta que me permite saltar la pretendida inquietud por resolver en qué consiste el talante científico u objetivo de la historia y su supuesto estudio “del pasado”. Lamentablemente tenemos tan pocos historiadores y millares de doxógrafos cuya disimetría dificulta mirar nuestro presente. Necesitamos pues, pensar la historia y qué bueno comenzar por el pretexto de la historia inmediata. ¿Cómo miramos y formamos nuestro presente? ¿qué ocupaciones y preocupaciones nos han distraído tanto a los historiadores que nuestro presente es cada vez más inteligible? Regis Debray, a quien admiro dice algo altamente significativo: “Jamás somos completamente contemporáneos de nuestro presente. La historia marcha enmascarada: entra al escenario con la máscara de la escena precedente. Y ya no reconocemos nada en la pieza. Cada vez que el telón se levanta hay que andar de nuevo los hilos de la trama. La culpa no es de la historia, sino de nuestra mirada cargada de recuerdos e imágenes aprendidas. Vemos el pasado superpuesto al presente, aunque ese presente sea una revolución”.
 
        ¿Cuántos historiadores o egresados de escuelas o departamentos de historia caminamos en este momento a lo largo del continente americano? ¿qué sabemos…? ¿qué entendemos…? ¿qué nuevas eficiencias a introducido la disciplina de la historia…? Y que conste que no lo digo como un observador externo, soy profesor de la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana (México) donde cada día es una fuerte batalla donde la elite encargada de hacer funcionar la tradicional maquinaria sigue considerando que los historiadores se forman en el mero trabajo de archivos, en la tesis revisadas y aprobadas en la hegemonía del gremio, aprendiendo la historia universal y regional para su difusión en los diferentes niveles escolares y donde, el colmo, se pretende formar historiadores como guía de turistas culturales como modo de integración “al mundo globalizado”. En mis veinte años de egresar de una facultad de historia nunca he visto que una tesis, en mi ámbito, haya propiciado alguna transformación significativa por estos pueblos.

        
¿existe o no la historia inmediata? Vivimos en ella tanto si nos percibimos en ellas en la estética de un pasado extendido pero, por otro lado, vivimos en ella como latencia, como potencia como único modo legítimo de existencia… pero, ¿sería sociología o periodismo o política, qué ello no sería salirnos de nuestra disciplina? dirán algunos como si se tratara de una blasfemia o una charada. Creo que valdría la pena reparar en la historia de la historia, en la historia de las ciencias sociales y el modo en que estas se conformaron y se convirtieron en “disciplinas” particulares, en “quehaceres profesionales” autónomos, para empezar podría sugerir el excelente ensayo de Wallerstein: Abrir las Ciencias Sociales.
 
        Pero bueno, tampoco quiero abusar se su atención y me reservo algunos comentarios más para la siguiente oportunidad sobre este mismo. Un saludo
 
Raúl Martínez Vera.
Universidad Veracruzana.  México.
Colegio Mexicano de Historia Contemporánea A.C.