Historia Inmediata/ Debates


¿Es posible una historia inmediata?

 
Sobre la historia inmediata o historia del tiempo presente.

Una reflexión.

Las dudas e incertidumbres generadas en los sucesivos presentes, inducen al refugio en los procesos que, de alguna manera, aparecen cerrados y/o finalizados, aunque no creo que estas sean las palabras más justas. Si creo, que la urgencia o el compromiso disciplinar de concluir una opinión (el famoso ejemplo que cita Croce "mi sitio está hecho") conspira y no permite, o bien dificulta, asumir lo provisorio, de allí cierta reticencia por parte de los historiadores respecto de la historia presente e incluso contemporánea, (pueden diferenciarse). Sin embargo, en la misma mirada histórica está la posibilidad de una mejor apreciación, porque incluso con la metodología de abordar períodos abiertos y cerrados, observamos en ellos las dudas e incertidumbres de los protagonistas. Además, en todos los casos, la historia continúa si estudio el gobierno de Rosas (durante 1829-1852 Confederación Argentina) y el bloqueo anglo-francés (1838-39; 1845), no puedo aislarlo, conozco cómo se fue desenvolviendo en el tiempo, en los años siguientes. Es decir que el conocimiento u opinión o caracterización de un hecho me va a aparecer mediado por otros pasados y por mi presente que lo incluye.

No cabe duda que los riesgos de aventurar y/o precisar cursos de acción sobre los hechos futuros son fuertes, ello explicaría entonces que si bien se afirma reiteradamente, desde distintas posiciones que conocer el pasado permite comprender el presente y preveer y/o aspirar a la presidencia mental del porvenir, como decía A.Comte, muy pocas veces se ha visto a los historiadores correr esos riesgos, y son reticentes a realizarlo. Pensemos, por ejemplo, sobre la investigación histórica referida y realizada sobre la política, la economía y la cultura contemporánea en y sobre los años ’80, antes de la caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS y el mundo socialista, ¿quién o quienes, pudieron establecer una tendencia en ese sentido?.

Estas cuestiones se suscitaron a propósito de la discusión que se desarrolla en Internet en la lista "Historia a Debate", coordinada desde España por Carlos Barros y en la que pueden leerse intervenciones diversas, respecto de las posibilidades, compromisos, intereses u obligaciones de los historiadores para abordar y estudiar el conflicto en curso en Medio Oriente, entre palestinos y judíos. Recordé entonces algunas lecturas sobre el tema del presente y lo viable (o dificultoso) de su abordaje por parte de los historiadores. Se trata de una selección, muy parcial y personal, de autores que en tiempos y espacios diferentes abordaron coyunturalmente ese tema. El orden es cronológico e incluye a

1922.

1. [Historia presente/Historia contemporánea, en opinión de Gooch] Si el profesor de historia tiene que remontar el curso del río hasta la fuente oculta, tiene que descender también hasta las aguas turbias de la época contemporánea. La Historia no nos entregará sus frutos más sabrosos sino cuando hayamos desterrado de nuestros espíritus la idea falsa de que ella no es sino cosa del pasado y que entre el pasado y el presente media un abismo. Las fronteras de la historia se extienden hasta el día y hasta la hora en que vivimos. La costumbre perversa, que prevalece en muchas escuelas y Universidades, de detener el estudio del progreso humano en 1815, en 1848, o en 1878, equivale a hacer caer el telón antes del último acto de un drama palpitante. (pp.138, 139) Drama que seguramente presionaba a Gooch cuando esto escribe y a quienes como él participaban en el Tercer Congreso Internacional de Educación Moral, realizado en Ginebra en 1922, a solo cuatro años de la finalización de la Gran Guerra.

1948

2. En 1948 José L. Romero publicó un trabajo que tituló El ciclo de la revolución contemporánea. Bajo el signo del ‘48 (Buenos Aires, Argos). Se proponía un ejercicio de comprensión sobre la inmediata postguerra. El punto de partida estaba cien años atrás, pero el desafío estaba presente y se imponía con fuerza al historiador. Este libro decía Romero- quiere intentar una explicación histórica de nuestro tiempo, y de este modo, por la vecindad y la complejidad de su asunto, desemboca en la mera opinión. Él pensarlo me ha ayudado a mí mismo a ordenar las ideas acerca de la línea de desarrollo de la presente coyuntura histórica, y al escribirlo creo servir a quienes se preocupan por el problema y procuran orientarse en la maraña de los hechos. (p.11). Desafío por un lado, afirmación de la necesaria difusión de sus ideas al respecto, sin temor alguno, se diría que considera una obligación hacerlo. Y agrega considerado como libro de historia, carecerá éste de la prudente solemnidad a que nos ha acostumbrado el academicismo, tras del cual puede esconderse mucha sabiduría pero puede disimularse también la más categórica necedad (...). A cambio de esa solemnidad se hallará un sincero afán por descubrir las raíces verdaderas de los problemas que nos angustian, y acaso esa actitud le preste la imprescindible dignidad con que parece necesario honrar a Clio. (pp.11-12) Explicación histórica u opinión personal, en todo caso voluntad de expresarse, con toda la carga que tiene la profesión y con toda la pasión de quien se siente conmovido por un pasado/presente/futuro histórico que le atañe. Además, es un derecho. Cierto es que hay muchos historiadores que carecen de opiniones; pero me temo mucho que sean los más los que procuran ocultarlas discretamente... (p.12). Otra guerra había finalizado.

 

1953.

3. Creo hay consenso entre los historiadores en atribuir tanto a Heródoto como a Tucídides una preocupación manifiesta por historiar el tiempo presente. ¿Será así? Dice José L. Romero Heródoto ha comenzado por escribir una historia contemporánea, esto es, un relato de los acontecimientos ocurridos en el ámbito geográfico de su propia experiencia y dentro del marco de tiempo de su propia vida Con respecto a Tucidides destaca Romero que el punto de partida de su actitud histórica es una radical y enérgica conciencia del presente (...) una aguda percepción histórica del presente inmediato. No se trata de una subestimación o menosprecio del pasado, ya que tanto en Heródoto como en Tucidides, la indagación hacia el pasado se produce, pero siempre en función de búsqueda y de explicación a los problemas presentes, que se les imponen como conflictivos y dramáticos.

1964

4. Una serie de conferencias realizadas en la Universidad de la Sorbona por Alfred Stern en 1957, abordaron el tema de la historia, la realidad histórica y el problema de los valores. Basado en esas conferencias escribió el libro La filosofía de la historia y el problema de los valores, publicado en Buenos Aires por Eudeba en 1964. Reclama una definición más precisa del término "historia" , critica la tendencia de limitar su objeto al estudio del pasado y expresa aunque sea imposible una historia del futuro, la historia del pasado no parece la única concebible, porque también podríamos imaginar una historia del presente. Esta última fue en realidad postulada por algunos de los mas grandes historiadores del mundo, pues, en efecto, ¿qué hicieron hombres como Heródoto, Tucídides o Julio Cesar sino escribir las historias de sus presentes? (op.cit.p.19) Agrega que José Ortega y Gasset estuvo entre quienes fueron fascinados por la idea de una ‘historia presente’ y que León Brunschvicg postuló a la historia contemporánea como la única posible (op.cit. pp.20-21)

Más adelante Stern busca definir mejor su opinión Hemos visto que, desde los ángulos más diversos, la historia parece limitarse a la presentación, interpretación y reinterpretación del pasado. Aunque nuestras actitudes hacia este pasado varíen de acuerdo con nuestros intereses actuales y nuestras esperanzas futuras, parece que el objeto de la historia estuviera restringido al pasado. Pero, en mi opinión, esto es cierto solamente en lo que se refiere a la historia como conocimiento y no en lo que concierne a la historia como realidad. Hay ciertamente, dos historias la historia narrada y la que está sucediendo. La primera solo puede referirse, evidentemente, a lo que sucedió en el pasado, aunque solo fuera un instante antes. Es la historia como conocimiento, la historia contada oralmente o en documentos escritos. Pero esta historia como conocimiento tiene un objeto la historia como realidad. Y esta última tiene, naturalmente, un pasado, un presente y un futuro; fluye del pasado al presente y se proyecta hacia el futuro. (op. cit. p24)

Stern reconoce entonces una historia presente como resultado, como realidad histórica, que para ser aprehendida necesita del conocimiento histórico, pero que es distinta. Podemos preguntarnos entonces si este reconocimiento de la historia presente implica la posibilidad de escribir acerca de ella a riesgo de que la narración sitúe entonces los hechos en el pasado, en el conocimiento histórico. Sería un conocimiento histórico inmediato, distinto, del cual formamos parte y donde los hechos se insertan y contextualizan nuestra propia inserción, opinión y/o reflexiones. Esta presencia de nuestra subjetividad podría fundamentar el peligro que señala Hobsbawm (ver paràgrafo correspondiente).

1975.

5. Pierre Chaunu, un historiador que tiene raíces innegables en la escuela francesa de Annales, escribió en 1975 un trabajo donde se proponía, como historiador, analizar la crisis de los años setenta y la literatura a que había dado origen. En las primeras páginas declaraba lo siguiente En el umbral del verano de 1975 presento, pues, este análisis histórico del presente. Ya me he aventurado una vez en el terreno que los historiadores de oficio, los historiadores universitarios por sabiduría o timidez, han abandonado para siempre a los especialistas de la información o a las ciencias sociales que se ocupan de la actualidad. Es auspicioso entonces que desde la historia se intente re-tomar o re-iniciar un camino. Unas páginas más adelante asevera Chaunu La historia en sus comienzos es política (...) y se ocupa de los problemas contemporáneos. Se interesa por el pasado próximo. Consiste, por tanto, en la organización racional de una memoria cercana. Y reconocerá en Heródoto y en Tucidides a los más brillantes y más incontestables antepasados de esta práctica científica.

1978.

6. El conocimiento del presente implica una pregunta previa ¿Qué entendemos por presente? (...) el concepto de presente escribe Emilio Lledo- se refiere a un tipo especial de realidad, a una realidad límite, cuya esencia es determinada por las otras dos realidades que colindan con ella el pasado y el futuro. El presente es, pues la terminación del pasado y el comienzo del futuro. (...) El presente del historiador no es el presente abstracto del 'ahora', sino el largo presente de su situación histórica. ¿Qué quiere decir entonces conocimiento del presente? ¿Qué tipo de conocimiento del presente se exige al historiador? (op.cit., pp.77-78) Valdría la pena responder o responderse o repreguntar ¿el de la experiencia activa y/o participativa?, ¿el reflexivo que acompaña al conocimiento y/o vivencia de los hechos?, ¿el que suministran las múltiples, dispersas y heterogéneas fuentes de información (de las que seguramente forma parte)?, ¿el que da la formación profesional?.

1993.

7. En 1993 en la Universidad de Londres el historiador Eric Hosbawm titulaba una de sus conferencias "El presente como historia" y consideraba que ello significaba, para él, escribir la historia de su propia vida. Por supuesto que ello implica cuestiones personales e individuales en cada historiador, en especial su período de vida cronológica. Entre sus reflexiones se refiere a las fuentes de información, temática abordada en el Congreso que se analiza en su trabajo. Dice Hobsbawm ...el problema fundamental para el historiador contemporáneo, el historiador de estos tiempos interminablemente burocratizados, documentados e investigados, es el tremendo exceso de fuentes primarias, más que la escasez de las mismas. Hoy día hasta los últimos grandes archivos, los del bloque soviético, se han puesto a disposición de los investigadores. De lo último que podemos quejarnos es de que las fuentes sean insuficientes. (Cf. Sobre la historia, Barcelona, Crítica, 1998, 240) (El planteo de que ahora se trata de "metabolizar" y no solamente "desempolvar"). Es decir que si había dificultades, ellas estaban dadas no por lo cercano de los acontecimientos, sino por la magnitud de la información producida alrededor de ellos. Sin embargo Hobsbawm cree que la coexistencia historia-vida tiene sus bemoles, y debido a ello en el prefacio a Historia del siglo XX dice lo siguiente Mi vida coincide con la mayor parte de la época que se estudia en este libro y durante la mayor parte de ella, desde mis primeros años de adolescencia hasta el presente, he tenido conciencia de los asuntos públicos, es decir, he acumulado puntos de vista y prejuicios en mi condición de contemporáneo más que de estudioso. Esta es una de las razones por las que durante la mayor parte de mi carrera me he negado a trabajar como historiador profesional sobre la época que se inicia en 1914, aunque he escrito sobre ella por otros conceptos. Unos años antes en 1989 escribe Hobsbawm un ensayo con motivo de los 200 años de la Revolución Francesa. En el Prefacio dice Inevitablemente, todos nosotros formulamos por escrito la historia de nuestro tiempo cuando volvemos la vista hacia el pasado y, en cierta medida, luchamos en las batallas de hoy con trajes de época. Pero quienes sólo escriben sobre la historia de su propio tiempo no pueden comprender el pasado y lo que este trajo consigo. Incluso pueden llegar a falsear el pasado y el presente sin que esta sea su intención.

Algunas ideas al respecto.

Quisiera exponer ahora sobre algunas opiniones que aparecen en las intervenciones de los participantes en el debate y en los autores elegidos en esta selección o bien el objeto de la historia es el pasado aunque sea el más inmediato o bien hay una realidad histórica presente que se reconstituye en forma permanente y que solamente puede ser asida a través del conocimiento histórico. Ese trayecto, pasado-presente-pasado, dificil de ser congelado cual fotografía, requiere armoniosas dosis de solidez y flexibilidad para el análisis de los hechos, porque en la medida en que se haga centro fundamental en el conocimiento histórico o en la realidad histórica, se corre el riesgo de caer o en la "crónica muerta" o en la "mera descripción".

Lo expuesto es válido respecto al interés de los alumnos por los procesos políticos vividos en Latinoamerica a partir de los años ’70; me refiero a la instalación de dictaduras militares que a través del terrorismo de estado ejercieron su poder absoluto, con violación sistemática de los derechos humanos. No cabe duda que el planteo de estos temas del pasado inmediato, suscitan la atención y predisponen a su estudio en muchos de nuestro jovenes; esto es positivo y por cierto valorable. Pero en ocasiones, el análisis positivo que de ese interés se hace, tiene que ver con la repercusión subjetiva, vivencial, que tienen los hechos en los docentes pertenecientes a la generación mayor de 40 años, testigos y/o protagonistas de sucesos historiables, que pueden hacer una síntesis entre el conocimiento y la realidad histórica, en mejores condiciones de aprehensión por los jovenes estudiantes, la mayoría de los cuales han nacido con posterioridad a esos hechos.

Ocurre también otro fenómeno. Cuando los docentes asumen actitudes distantes, indiferentes, (que por circunstancias cronológicas, pueden ser no vivenciales); cuando la historia es unicamente el conocimiento de los hechos sucedidos en el pasado; cuando el estudio de esos hechos se realiza en textos con relatos similares en su construcción respecto de acontecimientos y procesos más lejanos o más cercanos; cuando el presente de todos y cada uno está ausente o mediatizado por una narración totalmente impersonal, todo parecera haber ocurrido en la prehistoria por más que nos estemos refiriendo al más inmediato pasado. Será la "crónica muerta".

¿Qué pasa en cambio si abordamos el tema desde el punto de vista de la realidad histórica, de las dificultades de la reconstrucción democrática, de las dificultades que devienen de la deuda externa abusiva, de la creciente marginalidad y violencia, de un crecimiento económico acompañado del crecimiento de la desocupación, de la brecha entre unos pocos cada vez más ricos y unos muchos cada vez más pobres? Sin duda que partiendo de una historia inmediata podremos llegar a ubicar con mayor y mejor precisión el papel que cumplieron esas dictaduras militares y su incidencia causal en las condiciones presentes.

Claro que sobre lo expuesto no hay suficiente consenso entre los historiadores y profesores de historia. El desafio que implica abordar aquello que denominamos historia inmediata, es contestado en ocasiones con el argumento de que es necesario establecer entre los hechos y su interpretación o estudio, un lapso de tiempo prudencial. Algunos de los participantes en el debate así lo exponen. Pero el desafio, entiendo, va más alla del período histórico que se aborde. ¿Es que piensan por ventura que su propia realidad-presente-histórico estará ausente porque su tema se desarrolle en el siglo XI o tenga que ver con la expansión imperialista del siglo XIX o con la condición de sometimiento que vivieron las poblaciones aborigenes en la conquista y colonización de América?.

El conflicto en Colombia, la intervención en Afganistan, el enfrentamiento arabe-israeli, el terrorismo fundamentalista, están aquí y ahora, como también en el pasado cercano y lejano, y su abordaje histórico es posible articulando los tiempos y sus interrelaciones. No podemos caer en la tentación de la disección anatómica, ni en la trampa del video clip. Tenemos una responsabilidad y podemos ayudar si la asumimos.

Carlos Alberto Suárez
Profesor de Historia
Ins.Superior del Profesorado
"Dr.Joaquín V. Gonzalez"
Buenos Aires Rep. Argentina