Debates


Positivismo


En respuesta al Sr. Pepe Sánchez

Como prácticamente todos los debates que se plantean en HaD, he seguido con interés y una cierta cuota de pasión las discusiones acerca del positivismo y el giro particular que tomó el debate a partir de las aseveraciones del Sr. Sánchez. A medida que la polémica avanzaba comencé a apreciar las grandes diferencias que me separan -y me alejan- del pensamiento del Sr. Sánchez. No solo su particular concepción de la historiografía y de la tarea del historiador como cientista social que aspira a un status de verdad sino fundamentalmente por la rigidez de sus posiciones que pareciera que no admiten matices ni permiten visualizar la complejidad de la historia en tanto fenómeno humano, en tanto construcción social de las memorias colectivas, producida por múltiples factores que interactúan en el momento y en el lugar adecuados.

Dada la intransigencia que se percibe y que impide un intercambio fructífero de ideas, quizás lo más adecuado sea, tal como propone Jorge Oriola, "no gastar pólvora en chimangos". No pretendo convencerlo de nada ni hacerlo cambiar de opinión. Más allá de que intentarlo probablemente sería un intento vano, tampoco creo que sea conveniente en los términos en que está planteada la discusión. No se percibe la posibilidad de intercambiar ideas, de consensuar a partir de escuchar posiciones distintas o incluso antagónicas y de llegar a producir ideas que nos aporten a todos. Por otra parte, la discusión se torna crispada y estéril, merced a la exasperante modalidad que propone el Sr. Sánchez, quién daría la impresión de que constantemente trata de "patear el tablero", expresión ésta también muy usada en el Cono Sur.

En fin, allá el Sr. Sánchez con su tozudez y con sus análisis simplistas. Está en todo su derecho de opinar como le venga en gana. De la misma manera que estoy en todo mi derecho de disentir en forma absoluta con lo que plantea. Lo respeto, puedo entenderlo, pero hay cuestiones que no puedo aceptar.

Como argentino y latinoamericano, perteneciente a una generación que sufrió las más atroces dictaduras cívico-militares impulsadas por el Imperio (con la complicidad de las burguesías locales) para imponer modelos económicos y políticos ruinosos para nuestros países, lo menos que puedo decir es que las aseveraciones del Sr. Sánchez, son chocantes. Dictaduras militares que más allá de la declamatoria tuvieron el aval silencioso o por lo menos la tolerancia de la "culta" Europa. En mi país, más de 30.000 ciudadanos pagaron con sus vidas la "osadía" de rebelarse frente a un modelo político-económico de saqueo, entrega y exclusión. Muchos otros pudieron exiliarse y algunos no volvieron jamás al país.

Los que tenemos alrededor de cincuenta años y que logramos sobrevivir (quizás porque el azar se compadeció de nosotros), sufrimos igualmente las pequeñas humillaciones de todos los días. Como reza una canción popular tuvimos que "exiliarnos en el ropero", soportamos atropellos, amenazas e intimidaciones de todo tipo, soportamos "bandas, canas y rastrillos". Tuvimos que "bancarnos discursear a los ladrillos". Y tantas otras cosas que podría seguir enumerando. Pero esto no es un lamento ni un recuerdo que nos

intimide. Por el contrario sirve para lamernos las heridas y seguir mirando al futuro con ganas y con optimismo. (En caso de no entender los términos, es probable Sr. Sánchez, que tenga algún argentino o uruguayo a mano para que se los traduzca).

Esto que sucedió en mi país se repitió en el Chile de Pinochet, en Paraguay, en Uruguay, en Bolivia, en Brasil, en Centroamérica. ¿Y sabe por que relato esto Sr. Sánchez? Porque efectivamente creo que Usted hace gala de una manera extremadamente simplista de ver las cosas. Pone en un mismo plano a Fidel Castro y al asesino Pinochet. Pone en un mismo plano luchas y procesos de liberación junto con sangrientos golpes militares, con intervenciones colonialistas o con viles claudicaciones ante las presiones imperiales de los países centrales. Pone en un mismo plano gobiernos que gozan de un amplísimo apoyo popular tales como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador,

junto a gobiernos títeres como el de Alan García o el de Alvaro Uribe en su Colombia natal. No es mi intención ofender sus sentimientos patrióticos pero es lo que pienso. El presidente Uribe no me merece respeto y esto no es un agravio al hermano pueblo colombiano, sino una valoración crítica de un personaje político que está jugando un triste papel en el presente contexto mundial. Por otra parte no suelo caer en la tentación de etiquetar presidentes con epítetos diversos tal cual Usted es proclive a hacerlo, según ha quedado plasmado en sus opiniones sobre la cumbre de Bariloche.

Sus "teorías" simplistas y simplificadas hacen daño Sr. Sánchez. Hacen daño porque sólo aportan a la confusión, no a un debate serio. Hacen daño a la memoria de tantos americanos torturados, humillados, asesinados, desaparecidos. Hacen daño a todos aquellos patriotas anónimos, que de una u otra manera en éstos últimos doscientos años dieron sus vidas luchando por la tan mentada y deseada Unidad Latinoamericana. La "Patria Grande" que soñaron Bolivar, Sucre, San Martín, Moreno, Artigas, Martí, Monteagudo, el mismísimo Ernesto Che Guevara, para nombrar sólo algunos de los tantos que caminaron y vivenciaron la realidad de esta, nuestra dolorosa América

morena, mestiza, india, blanca y negra. Hacen daño a la conciencia, pensando en los millones de americanos que viven miserablemente y que no pueden acceder a una vida digna. Y esto que le digo no son meras consignas políticas o slogans.

Quizás sus teorías no le permitan entender lo que le estoy planteando. Quizás piense que es un mero arranque de romanticismo nostálgico de mi parte. Piense lo que le parezca. Pero antes, como académico haga gala de los métodos y prácticas que se supone que un historiador debe tener en su arsenal profesional. Dado que Usted reivindica la extrema objetividad del historiador, entonces cuanto menos busque la información completa, analice, coteje y confronte fuentes. Después saque las conclusiones que le plazcan pero le ruego no simplifique de tal manera una historia que a los latinoamericanos nos duele desde hace 500 años.

Aparentemente Usted ha leído con detenimiento los escritos de y sobre Bolívar. Pero pareciera que los ha interpretado de forma particularmente tendenciosa. También Bolívar cae en la volteada. Resignifica Usted los pensamientos del Libertador con una enrevesada lógica que utiliza a conveniencia de lo que pretende afirmar como una verdad absoluta, haciendo además inverosímiles comparaciones. Con todo respeto, le sugiero relea lo escrito por Bolívar; estudie los escritos políticos de Augusto César Sandino, de José Martí y de Jose Gervasio Artigas. Le recomiendo también que lea algo acerca de Felipe Varela, que indague las trayectorias de Juana Azurduy, José Carlos Mariátegui, Juan Facundo Quiroga, Angel Vicente Peñaloza o de Manuel Dorrego, entre otros y otras que pueden brindarle un

valioso espectro representativo de la compleja y rica historia latinoamericana. Las diferencias y particularidades en los enfoques de cada

uno de ellos le mostrarán que -más allá de que el criterio sea válido en general- en la América Latina, las simplificaciones son absolutamente inviables.

Las teorías y los postulados se derrumban estrepitosamente cuando la realidad surge ante nosotros y nos muestra su complejo devenir. Los paralelismos y las comparaciones forzadas dejan de explicar algo (lo que sea que se pretenda explicar) cuando las extrapolaciones son burdas, simplificadas y trasladadas en tiempo y espacio, como si fuera una media que indistintamente puede calzarse en cualquier pie. Pocos anacronismos peores que ese.

No era mi intención extenderme tanto. Tampoco convencer a nadie ni tratar de imponer mis opiniones. Pero posturas tan intransigentes y a mi juicio con poco sustento histórico, filosófico y epistemológico, a veces provocan que quienes elegimos practicar profesionalmente la historia (¿"historiadores serios y objetivos"?) nos salgamos de nuestro centro inevitablemente. Porque ante todo los historiadores somos seres humanos, porque somos sujetos de la historia, porque estamos comprometidos con la realidad que nos ha tocado vivir, por que fuimos y somos protagonistas directos de historias que Usted quizás no ha vivenciado ni siquiera de cerca. Nos sentimos tocados cuando se nos pretende dar cátedra, ya no como historiadores sino como ciudadanos/as que vivieron y viven una realidad que Usted apenas atisba en libros y periódicos, en el silencio pulcro del gabinete. Quizás le vendría bien caminar un poco la América real para conocer mejor lo que sucedió y sucede en estas latitudes y evitar así tomas de posición tan tozudas. Aunque no cambie de ideas por lo menos va a tener nueva información; información de primera mano, sin intermediaciones que distorsionen las señales que la realidad emite.

Lic. Eduardo M. Bessera
Museo de la Patagonia
Parque Nacional Nahuel Huapi
y Centro Reg. Univ. Bariloche - Univ. Nacional del ComahueBariloche - Argentina

PD ¿Existen hechos indesvirtuables y tozudos? ¿O esos son atributos de los seres humanos cuando nos negamos a aceptar otros pareceres?

PD2 ¿Acaso la historia no es una rama válida del conocimiento para analizar las circunstancias en que alguien llega al poder? ¿Si la historia no puede opinar al respecto, que rama del conocimiento puede hacerlo?