Sobre la conquista, la justicia y la interpretación de los hechos históricos podrían escribirse cientos de folios, pero lo más difícil sería abstraerse de las diversas corrientes de subjetividad que tratarían de llevarnos a su huerto. Los patriotismos (nacionalismos) mal entendidos (perdón por el pleonasmo) han contribuido, desde sus variados y encontrados puntos de vista, a confundir el problema. Y esto ya comenzó a suceder en el propio siglo XVI, con Las Casas, la Leyenda Negra y sus opositores...

Trataré pues de sintetizar mis puntos de vista:

1. Es necesario buscar la objetividad: tenemos el deber de denunciar la explotación del hombre por el hombre, cualquiera que sea la época que estudiemos. A ello contribuirá poderosamente la terminología que empleemos, aunque conviene no caer en el uso de eufemismos y llamar a las cosas (y a los hechos) por su nombre: hablar de "descubrimiento" posiblemente sea eurocéntrico, pero "explica" más que el eufemístico (políticamente correcto) y falso "encuentro": indica que se abría un perido de contacto desigual entre dos grandes culturas o mundos. Igualmente confuso es hablar de "Latinoamérica" (nada que ver con los romanos): en todo caso, el término "Hispanoamérica" haría referencia a Hispania, que, como es sabido, incluía toda la península y no solo a España, lo cual hace el término perfectamente apropiado para toda la América al sur del Río Grande (¿o algo más al norte?).

2. Denunciemos los sistemas sociales de explotación, pero no los identifiquemos con la nación que los pone en práctica: determinados sistemas sociales, económicos y políticos son injustos, pero ninguna nación es intrínsecamente malvada o inocente: ahí está precisamente la Historia para mostrarnoslo. Incluso, convendría evitar el hablar de las naciones como sujetos atemporales de la Historia: yo soy español (eso tiene un significado muy concreto), pero no por eso se me ha de identificar con los pobladores de Atapuerca, con Cortés o con Torquemada (ni siquiera con otros españoles actuales, por supuesto). Tal práctica obedece más a intereses ideológicos nacionalistas modernos, por lo que convierte tales enfoques en anacrónicos.

3. Precisamente, el anacronismo es uno de los peores pecados -aunque quizá el más frecuente- de los historiadores (auténticos u ocasionales): hemos de reconstruir la mentalidad de la época, los factores que incidieron en los procesos sociales, los intereses de los grupos de poder que los protagonizaron. Todo ello hace inapropiado el juzgar con criterios modernos a los protagonistas de la conquista: los españoles fueron eficaces conquistadores, imperialistas, colonialistas, explotadores. Los aztecas (mexica-tenochcas, para mayor concreción) o incas fueron exactamente lo mismo en tiempos de su hegemonía, en su área de influencia, a su escala, según su cultura. Los mismos a quien Las Casas consideraba corderos en la época de colonial temprana habían sido lobos en la fase inmediatamente anterior, o más bien parte de ellos.

En conclusión, la explotación del hombre por el hombre, la injusticia y el sufrimiento, no llegaron a América con los españoles: tenían ya una larga historia indígena, como en cualquier lugar, época y cultura del mundo. Lo que sí hicieron los españoles, para su provecho, fue entroncar América en el sistema mundial global, desigual y explotador, lo cual sin duda significó un salto cualitativo. Tampoco acabó cuando se fueron: la independencia de las naciones americanas no significó, ni por asomo, el fin de los males de la población indígena. [Recomiendo vívamente la lectura de La guerra de castas de Yucatán, de Nelson Reed, muy interesante por contar la historia de la rebelión de indígenas mayas yucatecos contra la sociedad ladina republicana, donde los roles salvaje/civilizado, indio/blanco, indígena/occidental ya no se pueden aplicar a la oposición indio/español, sino indígena/mexicano (?). Quiere decirse que es un enfrentamiento de dos sociedades: la indígena y la occidental mode rna, pero que esta división no es meramente étnica, sino cultural y económica. Cuenta también de cómo Yucatán se separó de la República Mexicana, por conveniencias coyunturales, lo que complementa la desmitificación de una Historia Nacional Mexicana al uso.]

Se dice también con frecuencia que los hispanos han sido menos racistas que los anglosajones, que se mezclaron y física y culturalmente más que éstos. Posiblemente sea cierto y la cultura anglosajona sea característicamente racista. Sin embargo, no nos engañemos, los sistemas de explotación suelen asumir a los pueblos que puede integrar para explotarlos económicamente, mientras que a los demás se los expulsa o extermina. La cantidad de población y la distancia cultural entre conquistador y conquistado suelen ser determinantes para ello. Los españoles (también los aztecas) reutilizaron formas económicas y políticas de explotación en provecho propio: siempre es más provechoso explotar a pueblos agrícolas acostumbrados a producir para una élite, que exterminarlos. De hecho, ante pueblos cazadores-recolectores, la guerra de frontera se hizo endémica, y frecuentemente se optó por la expulsión o exterminio, también en Hispanoamérica, y durante, pero también después, la dominación españo la.
Y por último: sólo deben "pedir perdón" (o más bien debemos exigirles responsabilidades) los gobernantes vivos, y por los hechos que ellos mismos hayan cometido. Lo demás es hipocresía: el Papa retira la maldición a Galileo, pero no se pronuncia sobre Pinochet o sobre todo aquel que usa su logotipo cristiano para cometer injusticias (por no hablar de condones, sida, etc.), o se glorifican las antiguas culturas indígenas americanas mientras se discrimina a las actuales minorías...

Enhorabuena y gracias.

Carlos Santamarina
Universidad Complutense de Madrid