Debates


Historia y trabajo

 
Mi participación en el tema denominado “Historia y trabajo” creo que no ha sido correctamente interpretada y ha generado, además, descalificaciones (véase la intervención de D. David Alonso García) de los que me libro por varios motivos: primero, porque no me identifico con ellos ni con las
deducciones erróneas que ha realizado; segundo, porque ya no existe la Santa Inquisición ni la censura en el ámbito académico, ámbito en el que delimito el debate. No obstante,  para que éste no se convierta en un combate, utilizaré un tono suave.

Mi intervención es la número ocho. Parece lógico, al menos en historia, que se contextualice y las respuestas que di se relacionen con las intervenciones anteriores. En este sentido, Miguel Ángel, decía en la intervención primera: “Estimados compañeros: Además de las archisabidas oposiciones, ¿qué recursos tienen o conocen ustedes que puedan ser útiles a los historiadores para buscar empleo?” Y más adelante: “También me pareció increíble que, con tanto debate como quiere promocionar ese grupo de gente, no hubiese nada sobre salidas profesionales, es decir, trabajar en esto y sin oposición de por medio, teniendo en cuenta de que es, en mi opinión el problema más grave que tiene la profesión de historiador en España.”

Teniendo en cuenta las opiniones vertidas en varias intervenciones contra quienes hemos aprobado unas oposiciones (de esto ya han hablado otros) y considerando que si Miguel Ángel López Trujillo taponaba la salida más importante (es decir, la docencia-oposiones) el futuro para los historiadores
se presentaba más incierto aún, yo le respondía textualmente:

“En cuanto a los que dice Miguel Ángel y José-Gabriel, es complicado el tema que planteáis. Quienes trabajamos como historiadores, hemos aceptado que una salida profesional es las oposiciones; y si las hemos superado creo que no somos culpables de vuestra situación. Realmente no conozco otra salida a la licenciatura de historia que no sea la docencia o, para muy pocos, la investigación y ésta, como dice José-Gabriel como una situación transitoria y en precario.”

¿Se deduce de esa afirmación la inutilidad de la historia o que los jóvenes no quieran hacer las oposiciones, la calidad de las mismas o la convocatoria de plazas por parte de la Universidad de Granada? No encuentro relación alguna. Más adelante seguía diciendo textualmente:

“Pero el mercado laboral está ahí y debemos flexibilizar nuestras posturas. Si la historia no me da para comer porque no puedo o no quiero superar unas oposiciones u otros no reconocen mi valía tendréis que optar por dedicaros a ejercer otra profesión y ser historiadores en los ratos libres.”

Dos intervenciones posteriores a la mía, el propio Miguel Ángel opinaba también que lo prioritario era sobrevivir. No sé si le servirá de estímulo, pero felicito a Miguel Ángel por el análisis que hizo en esa intervención, aunque no comparto todas sus ideas expuestas en el debate. Bajo mi punto de vista no procedía un discurso populista que alimentase una utopía muy apartada de la situación real de los historiadores. Pero eso no quiere decir que aplauda la situación actual y que no desee su transformación. En la Facultad en la que trabajo, se da una situación parecida a la de los filólogos, historiadores, geólogos, etc. con las titulaciones de Pedagogía, Psicopedagogía y Magisterio. El caso más sangrante quizás sea el de Magisterio especialista en Primaria cuyas oposiciones, al menos en Andalucía, llevan varios años congeladas;  todos los años terminan estos estudios en Andalucía más de mil personas y año tras año los eligen, sólo en la Universidad de Granada, más de trescientas personas. ¿Quiere esto decir que se deben cerrar las Facultades de Educación? En absoluto, pero sí que se debería ajustar, o cuando menos aproximar, la oferta laboral a la demanda si se quiere trabajar
en aquello en lo que uno se ha formado.

Dices textualmente: “No puedo compartir que desde el propio gremio se apoye la idea de una investigación realizada en tiempos libres, como "hobbie", y que sustituiría a la realizada de modo profesional. Lo que parece aún más sangrante es que el prof. Miguel Beas estimule este tipo de situaciones cuando la ciencia en España reconoce al CSIC y a la Universidad el monopolio investigador.”

¿En qué momento de mi intervención he afirmado que se suprima la investigación universitaria o no universitaria? Lo que sí considero prioritario es la necesidad de subsistir y de tener garantizadas las necesidades básicas. En este sentido, son muy pocos los afortunados españoles y latinoamericanos, no ya en historia, sino en cualquier área de conocimiento, que se pueden dedicar exclusivamente a la investigación. Los demás, tenemos que compartir docencia e investigación o trabajo en otros menesteres e investigación; es decir, trabajar para subsistir y en los ratos libres investigar. Insisto que no es una situación ideal ni deseable, todo lo contrario. Ojalá cambie en todas las áreas, pero es un lastre difícil de desprender y que algunos hacemos lo que podemos exteriorizándolo en posicionamientos políticos y en compromisos socioculturales.

En cuanto a lo que afirma en los puntos tercero y cuarto, en ningún momento he despreciado el trabajo de nadie, he defendido ninguna injusticia, la precariedad laboral, ni nada que se le parezca, al menos, conscientemente. Para mí, no es relevante que D. David Alonso crea mis palabras de solidaridad; en cuestiones de fe no me meto. No nos conocemos y me extraña los juicios de valor que hace sobre mí.  Si aporté una posible salida es porque consideraba que tal vez le podía ser útil a alguna persona. En la actualidad, existen temas de candente actualidad que están dotados de recursos y que se pueden canalizar para realizar investigaciones históricas; me refiero a temas como la exclusión social, el tema de las personas mayores (que es el que aludí), los movimientos migratorios, temas de género, terrorismo, derechos humanos, etc.  Insisto que para mí es prioritario garantizar la subsistencia.

Por último, el debate de “Historia y trabajo” en más de una ocasión ha generado una polémica que refleja un problema de fondo de las ciencias sociales, como es el de la formación de los imaginarios colectivos. Se supone, sin ningún fundamento, que  los investigadores jóvenes por un lado, y quienes
hemos opositado por otro, tenemos unas características comunes que nos identifican según el grupo al que pertenecemos. Si esto y afirmaciones parecidas fuera cierto, sería muy simple la investigación histórica. En ocasiones, ha pesado más este tema que el que en realidad debería focalizar las intervenciones: salidas profesionales.

El estudio de los currículos de los distintos niveles educativos refleja las configuraciones dominantes de poder y estatus de las materias, de las titulaciones del alumnado y del profesorado. Ese es uno de los problemas fundamentales en la oferta de puestos laborales, como lo es también el hecho de que nos coman el terreno a los historiadores quienes se dedican a la información y carecen de la suficiente preparación.

Creo que merece la pena debatir e intercambiar puntos de vista desde distintas laderas.
 
Miguel Beas Miranda
Universidad de Granada