Debates


Historia y trabajo

 
Hola, me gustaría lanzar una opinión en este interesante tema de Historia y trabajo, iniciado por el colega Miguel Angel López desde España.

Creo que López y otros más que han intervenido sobre el tema, han destacado un punto sobre el que creo deberíamos ahondar: ¿qué podemos hacer los "ya instalados" por mejorar las oportunidades laborales de los nuevos historiadores, y las de nosotros mismos? Crear más plazas en las Universidades no es una solución, ya que simplemente significaría patear el problema para más adelante; lo de la empresa privada siempre es una alternativa que puede explorarse, pero no creo que ayude mucho. Pienso que una tarea más importante sería levantar, cada uno en nuestro respectivo medio, la idea de que en el debate público, sea éste sobre la cuestión del desarrollo regional, el cuidado del medio ambiente o la preservación/integración de los pueblos indígenas, etc., el conocimiento histórico es importante, de modo que no podemos emprender planes de reforma o políticas de cualquier tipo, si ignoramos la perspectiva que nos da el conocimiento del pasado.

Creo que esta convicción estaba presente hace un cuarto de siglo, pero sufrió después el bombardeo del neoliberalismo y la postmodernidad, con poco interés por la perspectiva temporal de las cosas. En otras palabras, los historiadores tenemos que salir al debate público y mostrar cómo la historia puede ser importante para entender los problemas de hoy y para dar soluciones. Así lograremos que los demás, y no sólo los historiadores, se interesen por la historia.

En el Perú, para poner un ejemplo, las empresas mineras de ciertas dimensiones están obligadas a contratar un antropólogo, para mediar en sus relaciones con la población local, casi siempre constituida por pastores o agricultores de subsistencia. Igual, para otorgar concesiones a madereras o para explotación petrolera, las empresas, muchas veces obligadas por las leyes, deben contratar a antropólogos. No sé si ese "éxito" de los antropólogos se deba a su propio esfuerzo. Quizás les ha caído sin haberlo buscado, pero es una historia de la que deberíamos sacar lecciones. Tenemos que conquistar el interés de la sociedad por nuestro trabajo. Para ello, somos quienes estamos en la docencia o en puestos de investigación, los que, desde luego, tenemos el primer deber. No quedarnos en nuestras casillas, sino proyectarnos a los temas del debate público. A veces ello significará sacrificar nuestra dedicación a temas puntuales de investigación, pero es la contribución a que estamos obligados por la coyuntura.
 
Carlos Contreras
Pontificia Universidad Católica
Lima, Perú.