Debates


Historia y trabajo


Estimados compañeros:

Estoy muy contento de ver ya tantas contribuciones a este debate que propuse casi de casualidad, así que me veo en la obligación de añadir algunas ideas más para tratar de solucionar el abismo que separa el "ser historiador" y "trabajar".

Comenzaré contándoles como llegué a conocer esta página web, "Historia a Debate". Fue de una manera absurda y perogrullesca: escribí en el buscador Google la frase "trabajar en historia" y apareció la dirección. También descubrí para mi horror que no existía en Internet nada equivalente a "infojobs.com" lleno de ofertas de trabajo para historiadores. En fin, a falta de pan empecé a comerme las tortas que me ofrecía "Historia a debate". Como lo que realmente buscaba era un empleo y no una discusión académica, me decidí a enviar un correo electrónico a los responsables de la página pidiéndoles o que me dieran trabajo o que me dijeran donde podía pedirlo. No estaba seguro si había hecho lo correcto ya que pedía explícitamente las cosas, con la ingenuidad o la falta de delicadeza de un niño pequeño. Pero no, me encontré con el amable correo de respuesta de Israel, uno de los responsables de la web, confirmándome lo que ya sabía: no hay trabajo para nosotros, aunque tu mensaje puede generar un nuevo debate. Acepté, al menos podría ponerme en contacto con alguien, y todos sabemos que en nuestra profesión los contactos personales llevan al trabajo.

 La pregunta que obtengo de esta historieta es ¿y por qué no existe esa agencia de colocación de historiadores que andaba buscando? Tengo dos posibles respuestas.

1- Porque los propios historiadores no la creamos.

2- Porque la sociedad no la demanda, y eso se debe a que la gente que no es historiadora no necesita contratar historiadores para sus empresas o instituciones
 
Para analizar mi primera respuesta tenemos que comprender quienes son los historiadores profesionales de hoy en día. A lo largo de mi vida he conocido únicamente dos tipos de historiadores que vivan de la profesión (al menos en España):

1- Funcionarios (profesores de instituto o universidad, miembros del CSIC, de museos o archivos)

2- Profesionales liberales (médicos, jueces...) que comenzaron practicando la historia por afición y que, con el tiempo, ganan dinero con sus publicaciones u otros saraos (eruditos locales, cronistas provinciales, etc.).

Por lo tanto, para trabajar como historiador dentro de las dos posibilidades que he apuntado más arriba hay que seguir los siguientes caminos:

1- En caso de querer ser funcionario hay que caminar estos pasos: estudiar la carrera, si es posible un año fuera de Erasmus, licenciarse, comenzar el doctorado, conseguir una beca de doctorado, mientras uno se doctora estudiar cursos, publicar, participar en proyectos de investigación, conseguir una beca predoctoral, ir al extranjero, trabajar muchísimo las relaciones personales, etc. Y después de doctorarse a lo mejor una beca postdoctoral, seguir trabajándose las relaciones personales, prepararse una oposición, seguir publicando, estar pendiente de las muy pocas plazas que salen, tener a tu favor a la gente que toma la decisión de entregar la plaza, examinarte... y mucha suerte.

2- En caso de no tener un diploma en Historia hay que practicar otra profesión, y en tu tiempo libre leer, visitar archivos, documentarse, escribir, tener contactos importantes (editores de libros o periódicos, políticos), sacar tus publicaciones y que les den abundante publicidad para conseguir notoriedad, aunque sea solamente en ámbito local o provincial.

En ambos caminos he observado además las siguientes coincidencias

- La gente que trabaja como historiadora raramente es menor de 30 ó 35 años. La inversión de vida para trabajar en la Historia es muy alta.

- Muchos de los historiadores profesionales con los que me he topado provienen de clase media-alta que estudió en colegios donde aprendieron idiomas antes de los 20 años, que pudieron pagarse estancias en el extranjero, que tuvieron excelentes contactos políticos o profesionales, y que, a veces, proviene de unos padres o entorno ya pertenecían al funcionariado o a la práctica de la historia. En otras palabras, si se nace en la élite, gran parte del camino de vivir de la Historia ya no está tan cuesta arriba.

En consecuencia, no existe una agencia de colocación de historiadores porque los historiadores se colocan siguiendo una carrera de obstáculos dentro de un sistema académico -en el caso del funcionariado- o social -en el caso del historiador-aficionado- . No hace falta una agencia de colocación.

Mi segunda respuesta fue que la sociedad no demanda a los historiadores. Eso no es del todo cierto, la sociedad sí demanda Historia, y la prueba es que destina parte del dinero público a tener un funcionariado de historiadores. ¿Cuál es su origen? El desarrollo del Estado en el siglo XIX, en que los políticos comenzaron a utilizar la Historia para unir más sólidamente los estados a los pueblos. En aquel entonces una muy pequeña parte de la población llegaba a esos puestos de funcionario-historiador, en parte porque la mayor parte de la sociedad era inculta, y en parte porque no hacían falta más. ¿Cuál es la situación hoy? La sociedad sigue demandando historia, PERO en el caso del Estado, la historia que necesita está sobradamente satisfecha con el cuerpo de funcionarios que ya tiene, cuyos cometidos son:

a- Enseñar Historia a la gente, y para eso existe el profesorado (infantil, medio, universitario)

b- Tener una Historia "oficial", cubrir el expediente de fomentar la "Cultura" tal y como demanda la sociedad actual, proteger el patrimonio histórico o folklórico, etc.

Para el primer cometido el Estado necesita mucha, mucha gente. Para el segundo basta un pequeño cuerpo de profesionales superespecializados con dedicación plena. Por eso el Estado ofrece a los historiadores como principal salida profesional el ser profesor, y luego hay también un muy pequeño número de plazas para ser un investigador superespecializado. El problema del primer camino es que hay muchísima competencia (la inmensa mayoría de los que se licencian en Historia van por ese camino) y las pruebas son muy duras. El problema del segundo es que se añade el problema extra de la exclusividad de las plazas en la que un buen contacto personal abre más puertas que un expediente brillante.

Me queda algo por analizar. La sociedad demanda Historia, y por eso el Estado da trabajo a los historiadores. Pero, ¿y el resto de la sociedad? ¿Dónde consiguen empleo los trabajadores que no son funcionarios? Respuesta: en empresas o instituciones. ¿Y demandan las empresas historiadores? Todos sabemos que no. Es más, me pregunto esto: ¿saben si existimos? Mi respuesta es no otra vez. El mundo laboral no emplea historiadores porque o no sabe que existimos o no sabe para qué podemos serles útiles. ¿Y como convencer a una empresa para que contrate un historiador o cómo averiguar en qué podemos serles útiles? Nueva perogrullada: preguntándoles. Y el caso es que no lo hacemos.

Aquí viene el quid de la cuestión: el mundo de la Historia y su enseñanza está TOTALMENTE SEPARADO del mundo laboral. Los historiadores profesionales son, como ya he apuntado, o funcionarios con la vida económicamente resuelta -sin perjuicio de la importancia y dignidad de su trabajo, que conste- o profesionales liberales con la vida igual de económicamente resuelta pero por otros medios. Y al no estar pendientes del mundo laboral para ganarse el sustento, se pueden dedicar a su mundo de historiadores (investigar, debatir, analizar, escribir) sin dolores de cabeza.

Si pasamos esta situación a la universidad nos encontraremos con profesores que enseñan muy bien a ser lo que ellos ya son, es decir, investigadores y funcionarios, PERO CON NULA CAPACIDAD PARA INTEGRARNOS EN EL MERCADO LABORAL, mercado con el que ellos no tienen contacto porque ni les interesa ni les hace falta. No nos engañemos, en las facultades de historia no aprendemos idiomas (¡ni siquiera latín!), no aprendemos informática, no aprendemos gestión de la documentación, no hacemos prácticas en empresas o instituciones, ni enseñamos en institutos, no entramos en contacto con otros profesionales, no analizamos las necesidades de la profesión tampoco. En la universidad leemos monografías, rara vez tocamos las fuentes originales, estudiamos para aprobar exámenes, y conseguimos un título que es papel mojado. Y si entramos en el mundo del doctorado hay que añadir a lo anterior que también escribimos una tesis que nadie lee y queda archivada en una estantería.

¿Quieren pruebas de que el aprendizaje de nuestra profesión nos incapacita para el mercado laboral? ¿Cuántos historiadores conocen que sean ahora grandes políticos, directivos de grandes empresas, o simplemente personajes televisivos? Y ahora al contrario, ¿cuántos historiadores conocen que sean administrativos, teleoperadores, taxistas o guardias jurado como D. José Manuel González Vesga -desconocía este dato-, con todos mis respetos por esas profesiones? ¿No se dan cuenta? Tras la carrera ocupamos las profesiones de menor capacidad técnica de la sociedad porque hemos perdido años valiosos formándonos en ocupaciones sin salida. ¿Quieren mi ejemplo? He sido guía turístico, profesor de español en una universidad de Estados Unidos, traductor... y todo PORQUE SÉ INGLÉS, no por mis conocimientos de historia. ¿Quieren otro ejemplo gracioso? Me he presentado a tres concursos de la tele (Pasapalabra, El rival más débil y El Legado) y he ganado en los tres. Y sin falsa modestia, en algunos he arrasado a los otros concursantes gracias a mis conocimientos enciclopédicos conseguidos a base de años de estudio. ¿Esa debería ser mi ocupación de historiador, hacer el papel de mono-sabio en el panem et circenses televisivo?

Llego por fin al capítulo de las soluciones. Nuestro problema laboral no se solucionará hasta que tomemos uno de estos dos caminos (o hasta que aprobemos la oposición de turno, claro).

A- O los historiadores creamos empresas

B- O convencemos a las empresas de que nos contraten.

Para el primer camino hacen falta ideas, y para eso señores nos toca investigar menos los siglos pasados y analizar el mercado del siglo XXI. Aunque claro, vista la nula formación empresarial que tenemos casi todos nosotros, o el desinterés que en el mismo nos han inculcado los monstruos pesados de la Historia, no me extraña que luego seamos incapaces de encontrarnos un hueco en el mercado. Ah, por cierto, yo tengo una idea para crear una empresa y puede que cuando me doctore trate de sacarla adelante. Sí, han leído bien, lo repito en mayúsculas, TENGO UNA IDEA PARA CREAR UNA EMPRESA EN LA QUE PUEDAN TRABAJAR LOS HISTORIADORES Y QUE HAYA GENTE INTERESADA EN CONTRATAR NUESTROS SERVICIOS. Solo espero que si algún día saco esta idea adelante la administración y los compañeros de la profesión quieran ayudarme con dinero o un buen par de brazos. Perdónenme si no les cuento mi idea, pero si algo aprendí en la universidad fue a desconfiar de los compañeros porque andamos pisándonos la cabeza los unos a los otros, así que no pienso regalarles mi idea a cambio de nada.  Para el segundo camino es esencial que los profesionales ya asentados de la historia comiencen a preocuparse por la gente a la que forman. En otras palabras: LOS ALUMNOS DE HISTORIA NO SON LA EXCUSA QUE HACE FUNCIONARIOS A UNA ÉLITE, SINO EL FUTURO DE UNA PROFESIÓN A LA QUE TENEMOS QUE DARLES DOS SERVICIOS, EDUCARLES Y ABRIRLES LA POSIBILIDAD DE EJERCERLA.

Aquí van algunas sugerencias para que los historiadores profesionales nos abran las puertas del trabajo:

- Las facultades de historia tienen que ponerse en contacto con las empresas, y preguntarles qué demandarían de un licenciado en humanidades para contratarle. Acto seguido, esos conocimientos tienen que incluirse en el plan de estudios.

- Los responsables de departamentos tienen que entrar en contacto con las empresas y conseguir prácticas en ellas o la reserva de un cierto número de puestos para historiadores. ¿Qué esto es imposible? Preséntenme a alguien que lo haya intentado, por favor.

- Hay que organizar foros de contacto empresas-historiadores: congresos, una página web, una sección de "Historia a Debate" (me parece increíble que no exista). Imaginemos el siguiente congreso: los principales periódicos del país, las principales industrias, los principales mecenas, frente a frente a estudiantes y profesores de historia que les hacen a coro  la pregunta "¿Qué necesitaría usted de mi para darme trabajo?". Aún no lo he visto. Aún está por hacer.

- Habría que exigir por ley a una parte considerable del profesorado de las facultades de historia EXPERIENCIA LABORAL EN LA EMPRESA PRIVADA, FUERA DE LA ADMINISTRACIÓN. Así nos evitaríamos historiadores creados y jamás salidos de los límites de la cerrada carrera académica (estudios-oposición-profesorado).

- La administración tiene que contratar más PERSONAL LABORAL y convocar menos plazas de funcionario. El personal laboral es más flexible porque no es para toda la vida, y así se podrían crear trabajos ex-profeso para proyectos concretos con una fecha de caducidad. Sí, no tendríamos trabajo para toda la vida, pero al menos surgirían más oportunidades laborales en muchos más sitios, y se podría empalmar un contrato con otro.

- Extinción de las becas, que nos mantienen en un pozo sin fondo hasta casi los cuarenta años. Creación de contratos de investigador en formación, con sus derechos laborales, cotizaciones a la seguridad social y paro. De esta manera si algún día dejamos la carrera académica podemos ir a una empresa con años de experiencia DEMOSTRABLE.

- Hay que trabajarse la FINANCIACIÓN. Existen fundaciones privadas y empresas deseosas de invertir su dinero en cultura (Cajas de ahorro, El Corte Inglés) para lavar su imagen ante la sociedad. ¿Qué hacen los historiadores profesionales que no desarrollan proyectos para pedirlo? (Respuesta: si ya cobro mi sueldo a fin de mes ¿para qué me voy a currar un dinero para otros?)

Nos hace falta un cambio de mentalidad señores, y ese es el cambio más difícil. No le echemos la culpa ni al sistema ni a la falta de dinero público. El sistema funciona perfectamente, aún no he conocido a ningún historiador que se muera de hambre en una esquina. La culpa es nuestra. Los historiadores que tienen la vida económica solucionada son unos egoístas que ya viven bien y que les importamos un bledo los demás. Y al resto de nosotros nos toca o espabilarnos mirando de frente a nuestro mundo (empezar a conocer el mercado más formación empresarial), o machacarnos entre nosotros por el deseado puesto de funcionario, o dejar de perder el tiempo y cambiar de profesión ahora mismo. En mi caso personal dentro de un año o trataré de sacar adelante mi idea empresarial o aspiraré a una beca postdoctoral con la esperanza de que los dioses un día me incorporen al sistema. Solo deseo que, si algún día consigo vivir de la Historia, jamás me convierta en otra persona estúpida y ciega que ni comprenda la situación de mis compañeros ni quiera ayudarlos por conseguir su dignidad laboral y profesional.

Perdonen este extenso comentario, pero lo doy por bueno si les ayudo a pensar un poco.

Un cordial saludo.
 
Miguel Ángel López Trujillo
Departamento de Historia I - Seminario de Historia Antigua
Universidad de Alcalá - University of Alcalá
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