Debates


Historia y trabajo

 
Queridos compañeros de foro:

Trato de contestar a Alfredo Rodríguez en su última comunicación.

La diferencia de mi punto de vista con otros comunicantes es que yo empecé a estudiar Historia muy tarde (49 años), y después de haber tenido varias experiencias en el mundo laboral: fui empleado, directivo y empresario, habiendo creado tres Empresas diferentes y de éxito. En la actualidad, mi actividad laboral es del tipo free-lance.

Cuento esto, no por vanidad, sino para encuadrar mi opinión en el marco adecuado.

Estoy cansado de oír a nuestros tutores la eterna canción de “Vds. no tienen futuro”, “no hay trabajo para las nuevas generaciones de historiadores”, etc., y por otro lado, que el historiador debe ser independiente del poder para ser más objetivo (la objetividad absoluta es imposible).

¿Cómo se pretende ser independiente del poder si se trata de comer de su mano?. Si la única salida laboral que contemplamos es la de dar clases en la Universidad o en el Instituto, es evidente que la oferta es ínfima, aparte de estar viciada por quien la mantiene, o sea quien paga, y por tanto, las listas del paro se van a nutrir de licenciados en Historia; pero en cambio, si le ponemos un poco de imaginación y coraje, veremos que hay un amplio abanico de posibilidades que poco o nada tienen que ver con el mundo universitario y sus prerrogativas.

Hace pocos días, mantuvimos un debate entre compañeros en el que la mayoría defendía la idea de que un buen trabajo de investigación, preparado de una forma ortodoxa sólo tenía el destino de los profesionales y académicos. Yo opino justamente lo contrario. El trabajo siempre ha de desarrollarse conforme a la ortodoxia de las normas del paradigma historiográfico que sigamos, independientemente de quién lo vaya a leer, con la única diferencia de la labor de promoción que habrá que desarrollar.

Parece que me he desviado del asunto principal, pero no es así. Quería sólo poner un ejemplo que mostrara que, a veces,  la falta de trabajo está más en nosotros mismos que en los demás, y del enfoque que le demos a la aplicación de nuestros conocimientos.

La falta de presencia de historiadores en el día a día de los medios de comunicación, dejándonos suplantar por periodistas, o peor aún, por personajillos como los ex gran hermanos, que se permiten opinar de todo y de todos sin rubor, es culpa de los propios historiadores que no sabemos “vender nuestro producto”. Cualquier especialista en marketing nos pondría un cero en esta especialidad. Pero claro, hay profesionales que consideran rebajarse por el hecho de salir en los medios para hablar de la  “Vinculación de la propiedad en el A. R.” (por ejemplo); otras veces es el miedo escénico (se está más protegido en el archivo), y otras,  el miedo a emitir opiniones personales en público, pero Sres., ¡hay que mojarse y exponerse a la crítica!, porque errar es humano.

Siguiendo el ejemplo de Alfredo, el de los músicos, podemos observar dos tipos de profesionales: los componentes de orquestas oficiales (historiadores dependientes de la Universidad), y los solistas virtuosos (historiadores imaginativos desde el punto de vista laboral).

Debemos exponernos y sobre todo, valorar más nuestra profesión que tanto esfuerzo nos ha costado y a la queremos tanto, si deseamos que la sociedad también nos valore. Pero este es otro asunto, que requiere una disquisición más amplia.

Un abrazo para todos. 

Enrique Vegas Rioja
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria