Debates


Historia y trabajo

 
Estimados compañeros historiadores:

Cuando decidí estudiar historia con 18 años mi abuelo se enfadó muchísimo, porque pensaba precisamente que me iba a morir de hambre con esta carrera. Yo pensé que moriría de pasión por conocer el pasado de la humanidad, así, expresado en toda su extensión. Mi padre confió en mis posibilidades, pues estaba escogiendo según mi vocación: la de conocer, comprender, aprender a ver al hombre en su comportamiento social, en sus manifestaciones artísticas, productivas, políticas. Mi inquietud, como la de otros muchos compañeros, no era hacerme rica, sino la de poder desarrollarme como persona ampliando mi conocimiento y alcanzando los instrumentos para tener un criterio propio, ajeno a las leyes del mercado, sobre los problemas de la humanidad. Todo esto me lo ha dado la historia. Además, me ha dado un buen trabajo, pues soy profesora de secundaria desde el año 93. Trabajo dignísmo, necesario para que no solo mi padre o mi abuelo confiaran en mí, sino para que la sociedad confíe en nosotros, los historiadores, como aquellos que podemos ayudar a comprender la raíz, el pilar sobre el que cada sociedad se asienta.

La sociedad sí demanda historia. ¿Por qué tienen tanto éxito esos parques temáticos donde se muestra la historia edulcorada, con actores disfrazados de piratas, o de sacerdotes "aztecas" con toda imprecisión y novelería? ¿Acaso no tienen también éxito de público los libros de novela histórica? Si miramos las listas de venta de las librerías, en sus primeros puestos suele haber uno o dos de tema histórico novelado -y pido disculpas a los participantes del foro sobre novela histórica por no visitarlo-. Si buscamos en la red, las páginas de historia son abundantísimas. En los pueblos, es fácil encontrar una colección de monografías sobre historia local. ¿O es que todos queremos ser historiadores renombrados? Afortunadamente, al espectáculo televisivo no han invitado a los historiadores: sería penoso encontrarnos a, por ejemplo, Domínguez Ortiz o Henry Kamen en uno de esos programas donde la gente se dedica a pelearse como perros, con mis respetos hacia estos animales.

Por otra parte, numerosas empresas contratan a historiadores, a veces con intención de obtener ventajas fiscales por actividades culturales, otras por un verdadero interés por el conocimiento de la historia de aquel ramo que practican: hablo por ejemplo de compañías navieras que me constan han impulsado investigaciones en el AGI sobre la navegación y la Carrera de Indias, o por ejemplo de inmobiliarias que por imperativo de los ayuntamientos están contratando a arqueólogos que catalogan los hallazgos en suelo urbano antes de la construcción de nuevos edificios. No me congratulo con los valores del mundo empresarial -claro, por eso estudié historia- pero a veces ofrecen trabajos serios, pues están realizados por historiadores serios, aunque no sean famosos.

Quiero además romper una lanza a favor de todos aquellos historiadores que dedicamos muchas horas a investigar, leer, asistir a congresos, conectarnos a la red, después de nuestra jornada de trabajo remunerado, todo, por amor a una profesión que la sociedad valora más de lo que nosotros, los historiadores, creemos.Pienso en la labor de muchos profesores de secundaria que han vaciado, literalmente, los archivos de los lugares donde la administración los ha destinado, y después, los han ofrecido a la universidad para que "los grandes historiadores" utilicen los datos.

Es cierto, tenemos la vida económica resuelta, pero una cosa es el estado de la universidad española en general y sus sistemas de contratación, y otra, las posibilidades que la historia ofrece. Hay iniciativas novedosas como la de la Escuela Libre de Historiadores, que funciona en Sevilla, y que con mucho esfuerzo y mucho amor a la profesión, consigue salir adelante.

La sociedad nos reclama más de lo que pensamos, somos los historiadores los primeros que tenemos que dignificarnos.

De todos los que terminamos los estudios de historia en la Facultad de Sevilla en la promoción 86-91, aquellos que verdaderamente hemos estado enamorados de nuestra profesión, hemos conseguido de un modo u otro, ejercerla. Y no todos están en la ruta oficial, como es mi caso.
 
Un saludo a todos,y felicidades por ser historiadores.

Mercedes Villar Liñán.
Profesora de Enseñanza Secundaria.
Sevilla.