Historia Inmediata


Atentados en el País Vasco


Terrorismo y amabilidad

He tardado unos días en responder al mensaje enviado por Alba María López a propósito de la situación en Euskadi (HI.País Vasco 56). Su contenido me dejó estupefacto nada más leerlo, hasta el punto de pensar que podía tratarse de una provocación o de algún tipo de error, pues, entre otras cosas, los datos de la firma son un tanto oscuros. De la estupefacción pasé a la indignación, por un lado, y a la tristeza, por otro, al deducir por el texto que se trataba de una enseñante, es decir de alguien que tiene como responsabilidad ayudar a formar y madurar a otras personas (quizá, no lo sé, jóvenes).

Al final, me decido a intervenir, para que no parezca que sus afirmaciones sobre la opinión de "la mayoría de los vascos" a propósito de los gestos "amables" de la banda puedan tener algo de razón. El contenido del mensaje de Alba María López y su diagnóstico de la situación en Euskadi me parecen una prueba palmaria de que vivimos en una sociedad moralmente enferma. No repito los argumentos utilizados por otros miembros de la lista que ya han intervenido (E. Pereira y J.M. Betancor) y apuntaré otros. Desde luego rechazo de pleno todo lo que sea hablar del lado "bueno" o "amable" de la banda. Me parece una utilización perversa del lenguaje, pues no cabe hablar en esos términos de quien amenaza, extorsiona o asesina. A propósito de la gente "en las listas" (sólo tener que reconocer esto me parece terrible), en un acto reciente organizado en Vitoria-Gasteiz por Gesto por la Paz y Elkarri, en el que intervinieron los alcaldes de las tres capitales de la Comunidad Autónoma Vasca, se volvió a recordar el dato, recogido por Gesto, de las 42.000 personas víctimas de la violencia de persecución. Insisto en el dato. Son políticos, periodistas, jueces, ertzainas, policías, profesores universitarios, intelectuales, etc., amenazados por pensar (!) de distinta manera que ETA. Es cierto que los asesinatos no llegan, lógicamente, a esa cifra, pero la amenaza y, en consecuencia, el atentado contra los derechos humanos está ahí. Y a poco que se siga la política de este desgraciado país, es evidente que si ETA últimamente no mata más es porque no puede y también porque, en un ranking siniestro, el atentado del 11 M en Madrid ha dejado en entredicho su capacidad de impactar en los "media" y en la política y las instituciones. Pero no por amabilidad o bonhomía.

Me parece un despropósito entrar a discutir sobre qué sucede cuando ETA pone una bomba o cuando, simplemente, asesina a tiros a un representante político. Creo que a la hora de discutir, el tema es otro. Ni siquiera es el de la eficacia política, como durante mucho tiempo se planteaba en amplios sectores de la izquierda, pues está clara su ineficacia para conseguir sus fines políticos al cabo de varias décadas de actividad. De todos modos el tema de la eficacia todavía impregna muchas discusiones entre sectores de izquierda y si bien se podría decir que sin ETA, directa o indirectamente a través de su presión sobre PNV y EA, quizá no se hubiera alcanzado el grado de autogobierno hoy existente, en la actualidad queda cada vez más claro que los elementos negativos que conlleva la actividad de ETA superan a los posibles positivos, si se puede hablar así. En todo caso, ahí tiene cierta izquierda un debate pendiente sobre la violencia política. Pero, precisamente, en lo que se ha avanzado en la crítica a ETA es en la dimensión ética de esa crítica, que supera el criterio de eficacia y valora la relación de medios y fines, la defensa de los derechos humanos en su globalidad, el respeto al pluralismo y la libertad. Temas todos, por cierto, lo apunto autocríticamente, entre los que cierta izquierda se ha movido con incomodidad durante mucho tiempo.

Lo trágico del caso, como dice Alba al final de su mensaje, es que aquí se vive muy bien. Es cierto. Por eso resulta más terrible todavía que sectores de la sociedad vasca, minoritarios pero apreciables, muestren cierta condescendencia, cuando no aceptación, de la actividad de ETA; o que relativicen la gravedad de la situación o miren para otro lado ante lo que sucede, pues a ellos y ellas no les afecta de forma directa; o, algo bastante frecuente, incluso se indignen ante las medidas antidemocráticas o discutibles del PP y del PSOE y no ante ETA y sus corifeos. Por eso pienso que vivimos en una sociedad enferma. Creo que costará mucho reconvertir éticamente a esta sociedad, pues hay muchos elementos en contra. Desde luego, uno de ellos es que pueda haber personas con las opiniones de Alba María López con responsabilidades docentes. Sabía que esto era así, pero hacía tiempo que no había leído un texto tan brutal. Dejo a un lado, porque me parece secundario en este caso, el análisis de la redacción del texto y
su léxico (¿terrorificar?).

Antonio Duplá
Dpto. de Estudios Clásicos
UPV/EHU
Vitoria-Gasteiz