Estimados colegas: No puedo sino solidarizarme con el luto por la muerte el profesor Ernesto LLuch, y apoyar el repudio a las acciones terroristas de una agrupación que parece haber abrazado una modalidad de acción enteramente irracional, contraproducente, y criminal. Como lector del país, estoy enterado de las elucubraciones tan poco admisibles en estas postrimerías del siglo veinte por cualquier ser racional, del padre Sabino Arana, quien, según me explica mi mujer, vasca de origen, debe ser juzgado por el valor de su ideología y no por una supuesta estirpe étnica que libraría de culpa y cargo a un individuo cuyas ideas parecen estar mas en sintonía con el peor del franquismo que con cualquier alternativa progresista.

Cuando leo correos en esa lista escritos por argentinos que parecen entender tan poco de la realidad española actual, solidarizándose con ETA desde la perspectiva de un guerrillerismo primitivo y alguna ves considerado heroico, pero ya no mas, siento una profunda tristeza y desazón. Los argentinos, por nuestra arrogancia, combinada con la ignorancia de provincianos en quienes nos hemos convertido en los últimos 30 años, merecemos todo lo que hoy nos pasa. Seguimos creyendo ser los portadores de la modernidad mas avanzada, cuando en realidad hace por lo menos 20 años que ello ya no es cierto. Somos un país de cuarta, sin futuro y sin pasado digno, destinados como los países fracasados del modelo vichiano, a caer cada vez mas en la inanición, la anomia y la desintegración política y cultural: pero ello no nos exime de buscar comprender con conocimiento de causa los problemas de otros países, como es el caso de ETA en España. Soy amigo de Tamar Herzog, quien conoció de cerca a Tomas y Valiente, caído bajo las injustas agresiones de ETA, y soy además lector de las obras del insigne asesinado, de modo que no puedo sino sentir asco ante la cantidad de cartas que han llegado a esta dirección desde la Argentina expresando o una natural simpatía por ETA (desde el montonerismo peronista, que fue en Argentina una negación del socialismo, de la libertad, y de la ética política), o desde una proclamada ignorancia, que en el caso de historiadores debería ser una falta gravísima. Un ejemplo mas del provincianismo profundo en que hoy día yace la otrora orgullosamente cosmopolita argentina...

Me solidarizo con el dolor de España ante un atentado tan injusto, y expreso por esta vía mi deseo de que algún día la problemática nacional vasca pudiera resolverse de un modo pacifico, racional, y sin recurso a crímenes políticos como son estos.

Atte,
Jorge Myers
jmyers@unq.edu.ar