Historia Inmediata


Atentados en el País Vasco


Muy buenas

Habiendo leído el mensaje de Eduardo Inclán Gil sobre la desinformación todavía demasiado extendida entre los que no viven en España sobre el conflicto vasco, venzo mi pereza y me permito ofrecer un comentario, ya que, por haber vivido una temporada en México, he tenido esa misma sensación de perplejidad e impotencia ante dicho confusionismo bienintencionado.

No se trata de simple pereza, en realidad, sino de hastío profundo, lo que me invade a mí y posiblemente a una gran mayoría de españoles progresistas al abordar este tema, que por un lado es interesantísimo desde el punto de vista de la sociología política, pero por otro nos despierta una respuesta necesariamente visceral de indignación ante los asesinos y sus fundamentos ideológicos, que se han aprovechado del clima de tolerancia implantado en España tras la dictadura de Franco y con la Constitución de 1978 para crecer y para evolucionar, no hacia un modelo político de convivencia pacífica entre ciudadanos con diferentes ideas políticas, sino hacia el enrocamiento de las posiciones nacionalistas, hacia un rupturismo de la sociedad vasca, hacia el enfrentamiento de nacionalistas y no nacionalistas.

La historia del nacionalismo vasco es larga y digna de estudio. La historia de ETA es sangrienta y digna de repulsa. Hoy en día, no ser nacionalista vasco en Euskadi -léase País Vasco- y manifestarlo públicamente es poner en riesgo la propia vida. Mucho más, participar en política desde uno de los partidos no alineados con el nacionalismo vasco. De esa situación de quiebra de los derechos humanos se aprovecha el nacionalismo -que mediante su principal representante político, el Partido Nacionalista Vasco, ostenta el gobierno autonómico desde la instauración de la constitución democrática española- para engordar y aumentar su control y presión sobre la sociedad vasca. El principal empeño del nacionalismo vasco no es terminar con esa permanente amenaza conta la vida y los derechos humanos y políticos de una gran parte de su población, sino progresar en su camino hacia la independencia. No buscan un marco político donde las relaciones entre los vascos tiendan a ser pacíficas y democráticas, no buscan atraer y transformar a los nacionalistas asesinos en ciudadanos participativos de una sociedad democrática, sino que buscan un marco político en el cual pueda quedar abierto el camino hacia la independencia, pese a lo que ello pueda significar de exclusión de la supuesta -o por demostrar- minoría no nacionalista

No me voy a extender más, pero remito a los interesados a la página del colectivo ciudadano BASTA YA [  http://www.bastaya.org/  ] y recomiendo en especial el artículo de Kepa Aulestia.

Saludos.

Carlos Santamarina, doctorando en Antropología e Historia. Universidad Complutense de Madrid.