Historia Inmediata


Chávez


 
Por todo el mundo hay hombres que aspiran al poder que, sea cual sea el nombre bajo el cual se escuden, tienen en común el rechazo de la política...
BERNARD CRICK
 
1.- LA TESIS
 
Hay una tesis que algunas voces calificadas de Venezuela han comenzado a difundir, y es la del parecido ideológico y praxico del pensamiento del italiano Antonio Gramsci y la versión latina-caribeña de "revolución política" instaurada en Venezuela desde 1998, denominada chavismo. Pero para entender con propiedad esta versión es necesario deshojar las margaritas teoréticas de Gramsci, a efecto de reconocer en él los lazos vinculantes, y por qué no, los discordantes, que dan cuerpo a una interpretación ideológica del chavismo.
Antonio Gramsci fue un pensador marxista italiano, nacido en Ales, Cerdeña, en 1891. De familia modesta, logra matricularse gracias a una beca en la universidad de Turín, pero abandona los estudios en 1914 para dedicarse a la militancia política. Descontento del socialismo, es uno de los creadores del partido comunista italiano, en 1921, tras haber fundado, con Palmiro Togliatti y otros, «Ordine Nuovo», revista semanal -cuya divisa era «Decir la verdad es revolucionario»- que pasó luego a ser quincenal. Elegido diputado y secretario general en 1924, dirigió el órgano del partido comunista, «Unità. Quotidiano degli operai e dei contadini». Arrestado en 1926, fue condenado en 1928 por un tribunal fascista a 20 años de cárcel, y murió en una clínica de Roma, contando con cuarenta y seis años de edad, en 1937; se le había otorgado ya su libertad, pero ésta no logró ser alcanzada de hecho.
 
El fruto de sus lecturas en la cárcel, que le sirvieron como profundización y maduración teórica ante la principal de las cuestiones políticas a que se enfrentaba el partido comunista -las ideas de la Internacional comunista y su propia orientación hacia un partido partícipe del libre juego democrático-, es comentado por él mismo en sus Cartas de la prisión. Desde un punto de vista estrictamente filosófico, opone su «teoría de la praxis», o «historicismo absoluto», que es lo que se llamó historicismo en la bibliografía marxista, específica y duramente criticado por Althusser en Para leer El Capital, al historicismo metafísico de Croce. La historia sólo se comprende con el método dialéctico, a saber, con la conciencia de las contradicciones reales de la sociedad, y el marxismo no puede concebirse más que como una filosofía de la praxis; a una conciencia revolucionaria sigue la praxis, o transformación de la sociedad mediante el acceso al poder de una clase emergente.

 
La base de la teoría gramsciana es la definición de «hegemonía», término que precisa las condiciones políticas en que una clase puede erigirse en sujeto histórico de la transformación social, como clase dirigente; esto no es posible si se parte sólo de una consideración del Estado como un poder represivo; el Estado no sólo domina, no sólo es aparato político, o dictadura, sino que posee una auténtica hegemonía en muy diversos órdenes y ámbitos, que pueden recibir el apelativo de sociedad civil. En este punto encontramos el primer eslabón de coincidencia entre Gramsci y el chavismo: hay la pretensión plena de ocupar el poder en toda su dimensión de la mano de una hegemonía que involucre cambios sustanciales, mas no radicales. Gramsci no se orienta hacia la teoría absoluta de la revolución, sino hacia estadios transitorios que condicionen la realidad social a un nivel más elevado de cambio, en donde la instauración de un proceso revolucionario se haga sin mayores trauma; la tí!
pica expresión de la "revolución pacífica" que no es más que el sacrificio de una generación para la castración ideológica de otra.

 
El dominio político, expresa Gramsci, y se consigue abundante referencia en los documentos del chavismo, es consecuencia de la hegemonía que se logra en un grupo social y no a la inversa; el grupo social es primero hegemónico y luego dominante (ejemplo: círculos bolivarianos, coordinadoras Simón Bolívar, Tupamaros, entre otros). Estas agrupaciones sociales son una respuesta al papel otorgado a la estructura económica en el desarrollo de la sociedad, para reconocer la importancia de los elementos supraestructurales. De ahí la función de los intelectuales y la que ha de desempeñar el partido ostentador del poder: propiciar la hegemonía por sobre todas las intenciones de gobierno .

 
Al intelectual (bolivariano, zamorano, maisantano, entre otros) le compete conseguir el colectivo cobre conciencia de su misión histórica y no ha de ser un mero investigador, sino un dirigente del partido, el que ha de comprender la interrelación entre sociedad política y sociedad civil. El partido, a su vez, es el organismo que representa vitalmente los verdaderos intereses de las clases menos favorecidas y hay que considerarlo como el «moderno príncipe», con todas las atribuciones que Maquiavelo otorga al suyo.
 
La influencia del pensamiento de Gramsci en el chavismo es, desde nuestra perspectiva de análisis, muy evidente. Es probable que obedezca a una coincidencia muy simbólica, pero de que existen rasgos comunes, la teoría y los acontecimientos históricos, así lo demuestran. Gramsci presentó en su obra un análisis de las dificultades que se plantean en las sociedades avanzadas y cambiantes, en las que la clase gobernante ejerce no sólo el poder militar y político sino también la hegemonía intelectual y cultural, del mismo modo atrajo la atención de Jean Paul Sartre, Louis Althusser y otros pensadores marxistas, algunos de los cuales criticaron su actitud revolucionaria.
 
Gramsci subrayó en toda su argumentación política que el papel de la ideología en una sociedad civil era básico, si se quería construir una hegemonía política duradera y trascendental.
 
El pensamiento de Gramsci se encuentra reflejado en las siguientes obras, todas traducidas al español: La formación de los intelectuales, Grijalbo, México 1967; El príncipe moderno, Edicions 62, Barcelona 1967; Introducción a la filosofía de la praxis, Península, Barcelona 1970; Antología, Siglo XXI, Madrid 1974; Cartas desde la cárcel, Cuadernos para el diálogo, Madrid 1975; y La alternativa pedagógica, Nova Terra, Barcelona 1976.
 
La realidad venezolana nos presenta una tendencia gramsciana que va de una hegemonía ideológica hasta una hegemonía-populista, producto, ésta última, del deterioro de clases sociales, a mayor empobrecimiento de la masa, mayor auge de las ideas populistas. La historia nos lo refrenda en el caso de Carlos Andrés Pérez (1974-1980), quien en su primer mandato se valió de la conducta populista, y por supuesto de los petrodólares extras que llegaron, para crean condiciones de bienestar que cimentaron la propuesta como fundamento de acción políticas de sus sucesores ( Luis Herrera Campins es producto de un populismo exacerbado).Esto nos lleva a plantear una teoría concreta del gramscianismo chavista, que denominamos hegemonía mesiánica, y la cual, en la experiencia democrática venezolana desde 1958, se apoya en dos factores básicos:
 
a). - por un lado, se trata de masas políticamente vírgenes, que traen de las áreas rurales una mentalidad y una ideología de tipo tradicional que no han tenido tiempo de trascender hacia una ideología moderna y hacia un tipo de acción semejante al de la clase obrera de las ciudades industrializadas;
 
b). - las asincronías, o inconsciencia de las realidades de la época, en el proceso de desarrollo lanzan tempranamente a estas masas a la acción política, y la ausencia de una conciencia de clase desarrollada las lleva a formas de movilización aberrantes y que no resultan de la propia actividad organizacional de la clase como tal.
 
En Venezuela las clases sociales privilegiadas y de estatu medio alto y medio, alimentaron la conducta hacia el mesianismo, imponiendo el populismo y la hegemonía de partido como esencia, viéndose este aspecto reflejado en la conciencia rural, con una visión de futuro limitada, no tanto por las pocas posibilidades de formación y desarrollo intelectual, sino por la baja inversión internacional y por el estancamiento en un solo producto de exportación. Ser monoproductores de petróleo ha inducido a ser multimportadores de todo el consumo requerido para subsistir, esto debilitó las condiciones de desarrollo y por ende trajo atraso al proceso de instauración de un modelo de organización política participativo y democrático.
 
Para el escritor Mario Vargas Llosa (La Fiesta del Chivo ,Madrid, Planeta, 2000), el final de siglo marca el desenlace inexorable de un régimen autoritario, apoyado en las ideas populistas de la cachucha militar; lo cierto es que ese fenómeno populista ya no tiene la vigencia "popular" que tuvo en la década de los sesenta y ello lo se explica claramente en dos percepciones sustentadas en hechos reconocibles del comportamiento político latinoamericano: a.- El transformismo ha entrado definitivamente en crisis. La capacidad de absorber las demandas democráticas de las masas, por parte de los bloques de poder reestructurados bajo la hegemonía del capital monopólico, es sumamente limitada; y b.-Una crisis del transformismo condujo en el pasado al desarrollo de diversas formas de populismo por parte de algunas fracciones del bloque de poder dominante. Una evolución en este sentido, sin embargo, parece poco probable por los siguientes motivos. En primer lugar, porque los bloques de poder( década de los treinta y cuarenta) estaban profundamente divididos en razón de la crisis de la hegemonía oligárquica , y una fracción de ellos, al menos, estaba dispuesta a avanzar en la dirección de un capitalismo nacional independiente y a buscar para ellos el apoyo de las masas.
 
En la actualidad, por el contrario, la experiencia nacionalista ha fracasado, los bloques de poder se reunificaron bajo la égida del capital monopolista. En estas condiciones, no hay antagonismos suficientemente profundos como para que una fracción del bloque de poder decida reorientarse en una dirección populista.
 
La hegemonía mesiánica o populista en Venezuela, asumiendo una posición teorética basada en el pensamiento de Gramsci, se nos presenta en un campo ideológico específico, constituido por la doble articulación del discurso político, así como la tensión dialéctica entre el pueblo y la forma ideológica de cada clase social. Acá ocurre una metamorfosis del pueblo, la cual consiste en presentarse en diversas formas como opciones válidas para darle legitimidad al ejercicio del Poder Político, y por ende, dar la posibilidad de algo que en Venezuela ha sido muy difícil de alcanzar: gobernabilidad.
 
Este ensayo interpretativo, visto a través de "lo político", nos induce a repensar los valores actuales de "la política" en Venezuela y detectar qué nivel de participación tienen los nuevos actores políticos, en un escenario que aparece bajo el embrujo monolítico de un solo Partido Político y un auge hegemónico populista que va más allá de un movimiento de clases, porque, quiérase o no, el bolivarianismo exacerbado nos lleva a una conducta ideológica que refuerza un populismo con tendencias mesiánicas y autoritaritarias, que si bien servía para la época histórica en que a Gramsci le tocó vivir, en la que a nosotros nos ha tocado transitar nada de coincidente tiene con nuestros anhelos y esperanzas.
 
2.- LA ANTÍTESIS

Se ha dicho que no cala la interpretación del acercamiento ideológico entre el chavismo y Gramsci, tanto y cuanto se desvirtúa el sentido teorético y praxico del "Bloque Histórico", insertado como plataforma analítica por Gramsci. Así mismo, se me decía lo insensato de tildar de populista a un sistema ideológico-político como el personificado por Hugo Chávez, puesto que Chávez se comporta más como un "estadista popular" que como un "manipulador de masas". Me satisface que la polémica se haya centrado en aspectos estrictamente académicos, es por ello que investigué un poco más el tema a efecto de sustentar mis apreciaciones y , por qué no, tratar de aclarar un vacío ideológico que sin duda alguna aún existe entorno a Gramsci.
 
La base teórica que más nos acerca a la idea general de la tesis, son los trabajos de Michele F. Sciacca (¿Qué es la ideología?.Buenos Aires, editorial Columba, 1959), William Kornhauser (Aspectos políticos de la sociedad de masas. Buenos Aires, editorial Amorrortu, 1969), y Bernard Crick ( En defensa de la política. España, editorial Tusquets, 2001); éste último, considerado una de las más insignes autoridades contemporáneas en temas de ciencia política y neomarxismo.
 
Antonio Gramsci subrayó el papel de la ideología en una sociedad civil para la construcción de una hegemonía política. Por sociedad civil , Gramsci entendió, en un sentido tradicional, las societas civilis, que viene a ser la traducción de la expresión artistotélica koinonía politiké, contrapuesta en las teorías contractualistas al estado de naturaleza. Ya Hegel y Marx habían dado un sentido propio a la expresión, en una época en que la sociedad civil era sinónimo de «sociedad burguesa» (bürgerlich, burgués, en alemán significa también «civil»). Hegel consideraba la idea de una sociedad civilis como un estadio inferior del desarrollo del espíritu, intermedio entre el individuo y el Estado, referible sobre todo al ámbito propio de las familias y de la parte de la administración que se ocupa de ellas. Marx por su parte consideraba que sociedad civil significaba la base del Estado y la estructura, la cual comprende la vida comercial e industrial, sobre la que la burguesía construye por necesidad la supraestructura estatal; ésta, expresión máxima de la clase dominante, debe desaparecer, mientras que aquélla ha de dar lugar a una sociedad sin clases. Para Gramsci la sociedad civil es la portadora del derecho a exigir y cumplir, amparada en una marco cultural e ideológico común, conocido como hegemonía de clase.
 
La relación entre estructura y supraestructura la reformula Gramsci con la distinción entre sociedad civil y sociedad política. Ésta representa al Estado y su poder coercitivo; aquélla la constituyen las relaciones que los hombres establecen libremente dentro de la sociedad a través de sindicatos, organizaciones, entre otros; propiciando la difusión de los valores comunes y la obtención del consenso, lo cual permite la consecución del poder ya sea a través de la figura de un Partido Político ( Acción Democrática o COPEI, en tiempos de la IV República), o de un hombre con capacidades y aptitudes mesiánicas ( caso Hugo Rafael Chávez Frías) .

En el concepto actual, y valiéndonos del pensamiento de Gramsci, la sociedad civil que hoy toma vida en la realidad política venezolana es una sociedad en donde predominan los intereses económicos, la libre iniciativa y la solidaridad organizada de los ciudadanos (círculos bolivarianos, asociaciones civiles no gubernamentales, gremios, entre otros) en una esfera de actuación pública, que representa la autonomía de lo social institucionalizada frente al poder del Estado, pero no independiente del mismo, y que constituye una esfera de lo público de la que el Estado debe mantenerse alejado, según el principio de que no debe hacerlo todo y que no ha de intervenir en las actividades sociales que son, por principio, libres.
 
En cuanto al aspecto del populismo en la figura mesiánica de Hugo Chávez, es importante conceptualizar el término en el ámbito histórico y teórico en el que realmente existe, según Kornhauser es el " conjunto de doctrinas políticas que se dicen defensoras del pueblo." El término es ambiguo, pero en el ámbito de la ciencia política, nos dice Crick, bajo él se han cobijado muy diversos movimientos sociales y partidos políticos a lo largo de la historia y en un buen número de espacios geográficos diferentes; en el siglo XIX y las primeras del siglo XX, tuvo un gran auge en Europa, tanto en movimientos y partidos políticos, como en algunas tendencias del movimiento obrero; en Latinoamérica, donde, bajo una ideología impregnada de nacionalismo, indigenismo e, incluso, antiimperialismo, ha estado presente en la vida política del siglo XX, y en lo que va del siglo XXI. En una palabra, el populismo es el discurso, político o institucional, de un líder o movimiento social organizado con un fuerte contenido social e interclasista, buscando salidas económicas a la penuria del colectivo, prestando especial atención a la reforma agraria y la modernización económica. En el caso de Chávez su discurso es de contenido social, reformista y de transformación, aunque sus variables económicas apunten hacia un rechazo al neoliberalismo, sus acciones son neoliberales, por lo tanto si busca insertar a la sociedad a una era de modernidad económica. Que el costo político y social le haga portador de un menaje distorsionado, en su personificación de líder hay un populista en todo la extensión de la palabra, diga o no él las cosas de frente, no se trata de estilos, sino de un discurso coherente con una masa élite que ideológica y culturalmente está identificada con el Gobierno. El populismo de Chávez no es hacia la oposición, sino hacia sus adeptos.
 
La ideología fue un tema tratado ampliamente por Gramsci, y es en donde se aprecia mayor similitud con la metodología política del chavismo. La ideología para Gramsci significaba un amplio sistema de conceptos y creencias, muchas veces de naturaleza política, que defiende un grupo o un individuo. Antoine Destutt de Tracy, quien acuñó por vez primera el término, intentó reformar la sociedad posrevolucionaria mediante una "ciencia de las ideas" pragmática, lo cual sólo pudo modelar a grandes tintes, sin alcanzar convencer al colectivo práctico de la política que el camino no es el de la manipulación, sino el del consenso.
 
Karl Marx pensaba que las ideologías eran sistemas teóricos erróneos formados por conceptos políticos, sociales y morales desarrollados y protegidos por las clases dirigentes en su propio beneficio. Para Marx las jerarquías religiosas, por ejemplo, intentan perpetuar sistemas de fe que en el fondo protegen el bienestar económico de los que están en el poder. Corregida por pensadores sociales posteriores, esta definición peyorativa de la ideología acabó por dominar el uso moderno del término. Siguiendo a Marx, los defensores de un sistema sociopolítico concreto, dice Crick, se sentían libres para rechazar los argumentos de sus oponentes por estar fundamentados en alguna ideología, es decir, por ser falsos al fundamentarse en preferencias ideológicas del oponente más que en la situación real. Dado que esta táctica puede orientarse contra cualquier ideología, la confrontación de los sistemas doctrinales modernos se convirtió en un asunto estridente y apasionado, dominado más por la propaganda que por argumentos racionales. A todo esto, la  principal característica definitoria de las ideologías del siglo XX, es la devoción , casi religiosa, de sus seguidores hacia unas nociones políticas que consideran absolutamente incompatibles con las de otros sistemas. Este rasgo ha sido marcado sobre todo en dos poderosas ideologías que tienen una gran capacidad de captación: liberalismo y comunismo. El socialismo, la democracia y el conservadurismo, aunque defendidos con pasión, han sido más difusos y menos excluyentes: sus defensores debaten algunas cuestiones y coinciden en otras.

La distinción de una sociedad civil activa, de una hegemonía de clase actuante y de una ideología vinculante con los valores culturales de la sociedad, o de una sociedad, nos define la figura el "Bloque Histórico" gramsciano, el cual no es más que la identificación de los acontecimientos sociales y políticos, con ciclos de cambios continuados, los cuales partiendo de etapas de transición determinadas, alcanza imponer un cambio que le de solidez a la hegemonía de clase, no a los intereses del colectivo que conforma el trayecto general de las aspiraciones sociales. En este punto se encuentra el chavismo contemporánea, dilucidando si lo más importante es permanecer en el poder y dar tiempo para alcanzar otro anillo histórico que desencadene nuevos eventos en lo cuales puedan ellos salvar su República.
 
El Bloque Histórico , por lo tanto, es lo opuesto al idealismo, que afirma la supremacía de la mente y para el que la materia se caracteriza como un aspecto u objetivación de la mente. El Bloque Histórico es extremo o absoluto, se le conoce como monismo materialista. De acuerdo con la teoría mente-materia del monismo, según la expuso el metafísico británico William Kingdon Clifford (Elementos de dinámica ,1879-1887), la materia y la mente son consustanciales, siendo la una un mero aspecto de la otra.

En los tiempos modernos el Bloque Histórico ha estado influido por la doctrina de la evolución e incluso puede decirse que ha sido asimilado con la más amplia teoría de la evolución. Los evolucionistas trascienden el simple antiteísmo o ateísmo materialista y pretenden mostrar cómo las diversidades y las diferencias en el universo son el resultado de procesos naturales en oposición a los fenómenos sobrenaturales.

Gramsci, en sus escritos realizados en la cárcel, recalcó que su interés por el marxismo se centraba en sus aspectos práctico-sociales, ya que tomaba la noción de praxis en su sentido marxiano como fundamento de toda teorización. De ahí que, en contra de cualquier forma de esclerotización del marxismo, Gramsci señalase la gran importancia dada por Marx a la unión dialéctica de la teoría social con la práctica emancipatoria.
 
Desde un punto de vista estrictamente filosófico, opone su «teoría de la praxis», o «historicismo absoluto», que es lo que se llamó historicismo en la bibliografía marxista, específica y duramente criticado por Althusser. La historia sólo se comprende con el método dialéctico, a saber, con la conciencia de las contradicciones reales de la sociedad, y el marxismo no puede concebirse más que como una filosofía de la praxis; a una conciencia revolucionaria sigue la praxis, o transformación de la sociedad mediante el acceso al poder de una clase emergente.
 
La teoría de la «hegemonía» precisa las condiciones políticas en que una clase puede erigirse en sujeto histórico de la transformación social, como clase dirigente; esto no es posible si se parte sólo de una consideración del Estado como un poder represivo; el Estado no sólo domina, no sólo es aparato político, o dictadura, sino que posee una auténtica hegemonía en muy diversos órdenes y ámbitos, que pueden recibir el apelativo de sociedad civil. El dominio político es consecuencia de la hegemonía que se logra en un grupo social y no a la inversa; el grupo social es primero hegemónico y luego dominante. Estas teorías son una revisión del papel otorgado a la estructura económica en el desarrollo de la sociedad, para reconocer la importancia de los elementos supraestructurales. De ahí la función de los intelectuales y la que ha de desempeñar el partido, conseguir que las masas cobren conciencia de su misión histórica y no ha de ser un mero investigador, sino un dirigente del partido, el que ha de comprender la interrelación entre sociedad política y sociedad civil. El partido, a su vez, es el organismo que representa vitalmente los verdaderos intereses de la clase social y hay que considerarlo como el «moderno príncipe», con todas las atribuciones que Maquiavelo otorga al suyo. Gramsci retomó esta concepción cohesionadora de Maquiavelo y propuso un nuevo tipo de príncipe, que debería ser no un individuo sino un intelectual colectivo o partido político.
 
Como puede apreciarse el chavismo, visto en su estructura orgánica, está conformando un Bloque Histórico, que esa construcción no contemple la más puras determinaciones e intereses, no lo descalifica, todo lo contrario, lo sustenta. Sigo pensando, amigos lectores, que cada vez los hechos históricos nos acercan más a Gramsci en esta realidad venezolana que es vitalizada por un movimiento político que denominamos chavismo, por ende, el chavismo es gramsciano.
 
3.- SÍNTESIS

A partir de 1958, la presencia amenazante del militarismo en la vida política venezolana fue combatida duramente, al punto de crear condiciones legales que impedían a los castrenses ocupar lugar predominante en las instancias de Poder. Esta realidad, a comienzo de los setenta, fue cambiando por razones puntuales que bien son expresadas por el comandante Hugo Chávez Frías: " ... en el 73, en el gobierno d Pérez , cuando comenzó la llamada Venezuela Saudita, empezamos a captar una realidad más allá de las cuatro paredes de lo que después hemos bautizado como la casa de los sueños azules. En diciembre del 74, nos ocurrió un encuentro con algo muy interesante desde el punto de vista político militar. Ya había en muchos de nosotros una inquietud política por lo que pasaba de Venezuela y en América Latina. Y en ese momento nos mandan al Perú a la celebración de los 150 años de la Batalla de Ayacucho. Fuimos 10 muchachos, entre ellos Ortíz Contreras, que en paz descanse, a conocer a Juan Velasco Alvarado y los militares peruanos. Hasta el 04F cargué en los maletines que usé , y que ahora lo debe tener la DIM, un librito azul de bolsillo llamado la Revolución Nacional Peruana, un obsequio personal del general Velasco que era presidente del Perú. En ese encuentro conversamos con militares panameños como Omar Torrijos y sus muchachos, con los cadetes chilenos que recientemente habían dado el golpe contra Salvador Allende. Actuación que era rechazada por panameños, peruanos, venezolanos, colombianos. Regresamos cargados de cosas y de material. Cuando salimos a los pocos meses de subtenientes ya íbamos dispuestos a empeñarnos en algo, de lo que teníamos idea pero que no lográbamos precisar..." ( BLANCO MUÑOZ, Habla en Comandante. Caracas, UCV,1998: 38-39)
 
Para Chávez todo comenzó como un experimento, en el cual, en la medida que las relaciones de los de su promoción avanzaban, se iba consolidando una posición política hacia los asuntos que tenían que ver con la sociedad y el grado de participación de los ciudadanos. Así comenzó a gestarse una conciencia en lo que respecta al papel que cada militar debía jugar en la vida social y política, teniendo formación de líder es obvio que en el fueron interno buscaran imponer sus posiciones y reflexiones.

Revisando algunos documentos académicos, de la Escuela Militar venezolana, pudimos detectar que (desde el plano politológico) la información política que se le da al militar de carrera es realzada en los valores de liderazgo y de estrategia política, esa visión de investigación y de reflexión de los asuntos que tienen que ver con el Estado, es muy superficial, ello nos hace pensar que la Academia Militar forma líderes y no analistas del entorno político. Esta percepción refuerza la postura de quienes como generación de relevo decidieron asumir una acción de fuerza para imponer nuevos esquemas de dirección política. Fueron (y son) hombres formados para ejercer el Poder, no para estar sumisos a él. Así nació la inspiración del Movimiento Bolivariano 2000 (MB200) y con él los acontecimientos que involucraron de nuevo a los militares en los entretelones de la política, el populismo y las reacciones propias del mesianismo acalorado por las masas.
 
El Movimiento Bolivariano 2000, génesis del resurgimiento del militarismo en Venezuela, "planteaba un programa preñado de un profundo nacionalismo que entrelazaba con el ideario bolivariano. La rebelión misma no era vista como ruptura del hilo constitucional sino como medio para desplazar a la élite política, calificada en su mayoría como corrupta, y a los partidos políticos como estructuras que no respondieron a los intereses de la población". ( PÉREZ, Francisco. Coordinador del proyecto: Ángel Álvarez.1996. El Sistema Político Venezolano: Crisis y Transformaciones. " Política, militares y democracia en Venezuela", págs. 155-192; Caracas, Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela, 1996:179)
 
Con respecto al alcance ideológico del MB200, hay que distinguir que su planteamiento se sustenta en las ideas políticas de Simón Bolívar y en un nacionalismo "orgánico", en términos de Andrés de Blas Guerrero (1984:51), el cual es el signo cultural, funcional en la lucha de un orden contra otro que considera viejo y viciado, amenaza no sólo para las nuevas naciones, sino expresión de un agobiante absolutismo de culto a la comunidad. La idea del soberano como expresión de las voluntades de una nación, hace captar las reflexiones del MB2000 como el principio de un nacionalismo absoluto y por ende portador de autoridad y exigencia de sumisión.
 
Pero acerca de estas pretensiones ideológicas podremos ahondar en el siguiente punto, como análisis de un movimiento que partiendo de formatos estáticos, alcanza dinamizar el comportamiento de "Comandantes, Mayores, Capitanes y Tenientes": el reconocido Grupo COMACATE.
 
Antes de ir moldeando un argumento descriptivo y explicativo del militarismo en Venezuela, es necesario remontarnos a la presencia renovadora del militarismo en el continente latinoamericano, para ello recurramos a las percepciones analíticas de L.A. Acosta Pinto (1974 Nacionalismo y militarismo. México, tercera edición, Editorial Siglo XXI, Colección mínima número 29): "Para las fuerzas armadas es siempre fácil, en nuestras naciones, tomar el poder. Lo difícil es gobernar, pues todas las características de su socialización profesional peculiar son disfuncionales con relación a las reglas del juego político, en sociedades que presentan el grado de pluralismo ya alcanzado por la mayoría de las nuestras.
 
"En la sociedad castrense no se cultiva la autocrítica, pues hay siempre un órgano superior encargado de hacer la crítica inapelable; la creencia predominantes que el suceso de cualquier emprendimiento depende de que las órdenes sean simples y enérgicas y cumplidas sin distinción ni vacilaciones; su propia especialización como profesionales los lleva a creer que lo más importante es siempre la cantidad de violencia, no la dirección en que ella se aplica. Llega a límites caricaturescos la postura heroica con que se practican los actos más elementales de la rutina burocrática; por desgracia, es solamente cuando están en el ejercicio de funciones políticas cuando generalmente empiezan a sospechar de las enormes diferencias existentes entre comandar y gobernar. Quizá sea ésta una de las razones por las cuales los militares casi siempre buscan justificar en términos no políticos su intervención en la política, generalmente presentando razones moralistas a salvacionistas como base!
 de la intervención." (págs. 74-75)
 
El militar latinoamericano, y por qué no, el venezolano formado en las últimas dos décadas del siglo XX, ya no se aprecia a sí mismo como un inútil. No se siente formado para una guerra, sino para un servicio, lo cual al no ser involucrado por el sistema se siente despreciado por él y busca puntos de vistas que lo cuestionen, tan solo por el hecho de satisfacer su impotencia. "Se siente un ...elemento activo y participante en una lucha mundial en defensa de la civilización occidental, de sus valores y tradiciones, contra el comunismo, el materialismo, la corrupción y otras amenazas a la sobrevivencia de la patria y de la persona humana." (pág.81)
 
"El nuevo militarismo...parte de la idea de que el orden institucional que antes prevalecía es inadecuado y necesita ser superado..., la crítica al viejo orden institucional, que es compartida por distintas corrientes políticas y diferentes fuerzas sociales, cuando viene de los sectores militares generalmente se concentra en lo que aún queda, en la teoría y en la práctica, del aparato liberalista que, forzado por las circunstancias históricas, ganaron nuestra instituciones políticas después de la independencia. Sobre todo la mentira electoral, la deformación del régimen representativo, la corrupción, los abusos de la libertad de prensa, la ineficiencia del Parlamento, y cosas por el estilo, son los blancos principales de la crítica, conducente a la conclusión deseada de que, para estos males, la salvación es la eliminación de los intermediarios entre el gobierno y el pueblo, o sea la solución es la dictadura.

"Alrededor de estas tesis críticas y sacando de ellas el máximo provecho, desarrollase la idea ...de que el militar tiene una nueva función mesiánica por desempeñar en la historia. Según esta ideología ( que en nada se diferencia a los planteamientos del MB200, en apreciación nuestra), los militares se presentan como la fuerza dominante e integradora de un nuevo orden social. Ya no se trata de integrar las instituciones militares a la nación: ellos se atribuyen el papel de agencia integradora de la nación en un nuevo orden social y político. La construcción de este nuevo orden es presentada como una tarea a larguísimo plazo, que ellos mismos definen como una revolución, que debe ser comandada por un gobierno militar-tecnocrático. Este gobierno no pide ni busca, ninguna fuente de legitimidad sino el uso indiscriminado de la fuerza, donde se origina y en la cual está basado".( ACOSTA PINTO, 1974:111)
 
Visualizando los aportes de Acosta Pinto (1974), de Sandoval Rodríguez (1979) y de Leonardo Vivas (2000), podemos estructurar una visión actual del militarismo en Venezuela, enfocándolo bajo el orden y la participación que su adhesión al Régimen Democrático le ha permitido. La elección del comandante Hugo Chávez ha sido tan sólo la oportunidad para que una parte del sector militar alcance materializar su vocación de servicio y su liderazgo en el marco electoral de las nuevas reglas de juego. Así se nos presenta el siguiente panorama:1.-Busca realizar a corto plazo una revolución , a costa de la eliminación del sistema; 2.-Orientación del gobierno hacia una estructura tecnocrática; 3.-Preocupación por Modernizar las estructuras Institucionales y los espacios físicos urbanos y rurales; 4.-La revolución hecha desde los estratos más humildes, desde abajo hacia arriba; 5.- Desarrollar una ideología que vuelva el militarismo un fenómeno de masa, entendido y aceptado por todos como la solución para los problemas del colectivo.
 
Según el General (R) Alberto Müller Rojas (El Globo, Caracas,10 de marzo de 200: 19): "...quien pretenda considerar la participación de los militares en las cuestiones públicas, como una intervención en la vida política de la sociedad con miras a su dominio -tal como sucedía en el marco de la función pretoriana que desempeñaron durante los últimos cuarenta anos- no tienen otro fin que mantener a la corporación castrense en el papel de fuerzas de ocupación de su propio país. Y si se analiza el origen de tales denuncias, es fácil observar que ellas parten de sectores cuyos intereses están directamente asociados con elementos ligados al entorno externo de la nación. No obstante, no se puede perder de vista el papel de factor de equilibrio que le corresponde a la institución de defensa del estado. Una desviación de su acción, orientada totalmente hacia el entorno interno, la debilitaría profundamente en cuanto al rol que le corresponde en el ámbito internacional produciéndose de!sequilibrios graves en el ambiente exterior, que se convierte en riesgos para la estabilidad del Estado, algo tan o más peligroso que las propias asimetrías internas. Más aún, una situación que tendría la posibilidad de aumentarlas, al convertir la corporación castrense en un ente competitivo, con ventajas, en relación con otros agregados sociales, incluyendo los orientados hacia la acción externa, que pretenden satisfacer sus propios intereses."
Por otro lado, aparece la voz del historiador Jesús Sanoja Hernández( El Nacional, Caracas, 10 de marzo de 2000: A/5): "Los militares han tomado la calle, no sólo los retirados sino los activos, y han creado adicionalmente la por ellos llamada unidad cívico-militar, la misma que en 1948 se rompió para abrirle paso a la dictadura cuartelaria. El período iniciado en 1945, modificado en 1948, replanteado en 1957-58 y tendido como puente hacia un futuro bastante incierto el 4F y el 27N, podría bifurcarse el 28 de mayo..." Lo que estamos viendo, argumenta Sanoja Hernández, es el resurgimiento de una casta militar que quiere y está accesando al poder, bastaría esperar a quién reconocen como guía, porque de lo contrario volveríamos a tiempos de enfrentamiento e inestabilidad política que condicionarían las posibilidades de bienestar del colectivo.
 
IDEAS FINALES
 
En 1992, mismo año de la incursión golpista de Hugo Chávez, un libro impactó el campo de las ciencias sociales: "El fin de la Historia"( Madrid, Edit. Planeta); su autor, el filósofo de origen japonés Francis Fukuyama , partía de una idea ya usada por otros cientístas sociales, de que el hombre había agotado sus modelos de cambio y era necesario redefinir sus líneas de acción para crear nuevos escenarios desde donde edificar su razón histórica. Hoy día aún el hombre anda en la búsqueda de esa redefinición; no encuentra un medio fértil para iniciarla y permanece inerte, suspendido en un espacio-tiempo que tan sólo permite que se observe, mas no que se interprete.
 
Desde el "conócete a ti mismo" de Sócrates hasta nuestros días, después de tantas reflexiones, aún no hay una palabra que concentre la razón de ser del hombre en toda su extensión.

Es ante estos argumentos que los venezolanos no debemos sentirnos extraños a la incertidumbre, ella está en todo ser humano como complemento de ese "hacer constante" y como consecuencia de pensamientos y acciones unidimensionales que no terminan de identificarse con el interés colectivo.
 
El Gobierno Constitucional, producto de una consulta democrática, del Teniente Coronel Hugo Chávez Frías (reafirmamos intencionalmente los hechos), surgió como expectativa de redefinición de ese camino hacia el cambio; pero su visión política no estuvo en la óptica de crear un modelo, sino de aplicar una estrategia de cambio, por lo cual generó un inevitable "choque" entre su AUTORIDAD representativa y las Instituciones del Estado. Si bien Montesquieu propuso la división de poderes ( Legislativo, Ejecutivo y Judicial) para asegurar un grado de control razonable en la dirección política del Estado, no es menos cierto que no dejó claro cuándo esas ramas del Poder tenían o no vigencia, puesto que podemos interpretar, como lo hace el ciudadano Presidente, que al no existir legitimidad por la vía de la representatividad del soberano, que es el pueblo, no hay vigencia en los Poderes y por ende su existencia en el Estado debe ser suplantada por otra figura que surja como consecuencia de una "voluntad originaria" que devuelva la legitimidad y representatividad ausente (tal es el caso de la propuesta de Asamblea Constituyente).

Pero esta situación nos hace formular otras interrogantes: ¿ si el pueblo eligió al Congreso, por qué se hace ver que prevalece la ausencia de legitimidad y representatividad? ¿ cuándo el soberano , es decir el pueblo, se le ha dado la oportunidad de legitimar el poder Judicial( siempre lo han hecho representantes del soberano)?
 
El ciudadano Presidente se ha definido como el único poseedor de la legitimidad y representatividad del soberano y ello basándose en evidencias de "fuerza" : el carisma en un ochenta y tanto porciento de aceptación, y la reestructuración de los cuadros militares que le aseguran permanencia en el rol de Presidente de Estado. Ahora bien, el poder Legislativo y el Judicial, están en franco deterioro de credibilidad y legitimidad, primero porque a todos ha afectado su inoperancia( no cuentan con una figura carismática que les respalde), y segundo porque su existencia obedece a "estrategias de partido" que distancian notoriamente la voluntad del soberano de la selección representativa de sus miembros.
 
Al existir esta realidad se erige inevitablemente un ambiente de incertidumbre, aunque la personalidad del Presidente ha acentuado este ambiente con su particular modo de expresar lo que él considera es la "voz del pueblo" (pensamos que los argumentos diplomáticos, por la salud de las Instituciones Democráticas, deberían prevalecer); de tal modo que el Sistema se ha colocado en expectativa, no por el hecho de las diferencias políticas, sino por la insistencia a no llegar a soluciones unánimes, sino mantener un clima de posiciones encontradas, en donde el Poder Ejecutivo "exige se le cumplan sus peticiones sin mayor aporte que el que se le delegara las atribuciones correspondientes, en este caso, del Poder Legislativo". Es decir, el Ejecutivo aspira fortalecer su dominio Central sin brindar posibilidades de compartirlo o segmentarlo. Esta posición no es "encontrada" con los fundamentos, o precedentes de la historia política democrática, dado que es un punto de vista, una forma de hacer gestión que si la acepta el soberano es perfectamente procedente. Se recomendaría más bien, buscando de una buena vez romper con esta situación de incertidumbre y expectativa , que la consulta al pueblo en vez de hacerse en razón a que si hay o no una Asamblea Nacional, se haga en función a que si el pueblo está de acuerdo en un Gobierno democrático con la única figura del Poder Ejecutivo, el cual tenga bajo su potestad directa las instancias legislativas y judiciales.¿Esto es una autocracia o dictadura ? No; hay que recordar que la democracia es un Sistema de participación ciudadana en la toma de decisiones políticas, el hecho de que un gobernante, haciendo uso de esa participación ciudadana, condicione una forma de gobernar autoritaria y centralizada, no le da la connotación de dictador o autócrata, más bien le define como una modalidad político- administrativa de accesar a la toma de decisiones; ahora bien, si analizamos la situación desde un punto de vista del! denominado "sexto sentido humano", es evidente pensar que sería una locura dar tanto poder a un solo hombre y a una sola Institución del Estado, dado que ello permitiría acciones fuera del rigor administrativo que todo Sistema debe hacer prevalecer.
 
Comprender la realidad política venezolana, desde el espectro de la incertidumbre, es apreciar que a nada nos lleva esta lucha interna de las Instituciones políticas del Estado y que es el soberano el que debe decidir sobre a quien se le debe dejar actuar en la toma de decisiones que afectan al colectivo, sólo así podremos dejar las estrategias de cambio y pasar a un modelo institucional que abra nuevos caminos , así como la posibilidad de que el hombre siga contando su historia
 
Farido Caldera
Universidad Católica Cecilio Acosta