Historia Inmediata


Chávez


 
Venezuela está protestando por una arbitrariedad mayúscula. Chávez, la única voluntad que cuenta en el aparato estatal, ha cerrado un canal de televisión. Las protestas se extienden y a la cabeza de ellas están los estudiantes. El gobierno "de izquierda" no ha dudado en reprimirlas. Ya hay un estudiante moribundo.
 
La desproporcionada venganza de Chávez contra Radio Caracas Televisión (RCTV) lo muestra, paradójicamente, como un hombre débil. El mismo teniente coronel que fue tratado con las mayores consideraciones cuando estuvo preso por su golpe chambón de 1992, hoy ha reaccionado sin pararse en ningún límite: ni táctico, ni legal, ni mucho menos ético. Aquel militar atolondrado, cobarde e ineficaz que fue perdonado por el agradecido presdiente Caldera, no ha podido intentar algo de lo que le sobraba a su pretendido modelo Bolívar o a su admirado Sucre: magnanimidad.
 
Chávez estuvo escasos dos años preso, junto al saltimbanqui teniente coronel Arias Cárdenas (golpista, alto funcionario de Caldera, candidato de la oposición a Chávez y ahora embajador de Chávez) y a los otros jefes de la asonada. Se negó a asistir a los tribunales. Ni siquiera le pudieron leer los cargos. Su amplia celda fue destino de centenares de peregrinos que eran tolerados por los funcionarios que lo custodiaban. Por allí pasaron muchos de quienes se montaron en la emoción elemental del militarismo populista y hoy están arrepentidos.
 
Pero Chávez no es hombre de agradecimientos. Ha ido abandonando uno a uno a quienes lo protegieron, ayudaron o siguieron. Su inestable trato lo ha hecho alejarse de quien se le acercó como compañero y no como subalterno.
 
El primer locutor gusta de repetir que hay que debatir. “¡Abramos el debate!”, suele gritar ante el incesante aplauso de las focas. Pero, ¿cuál debate? No puede haber discusión o diálogo si quien habla es uno solo. Si ni a los periodistas les deja preguntar con libertad. Cuando algún periodista le hace una pregunta incómoda empieza a descalificarlo, a amedrentarlo.
 
Eso muestra su debilidad. Chávez en realidad es un hombre de muchas lecturas, pero fragmentarias y superficiales. Su incapacidad para escribir los discursos o por lo menos para coordinar lo que debería leer, habla de esa carencia. Como ha leído mal, no puede escribir bien. Desprecia la palabra escrita como discurso ordenado, lógico y esclarecedor. Prefiere la arenga, los gritos, el monólogo narcisista e infinito.
 
Su debilidad argumentativa, sin referencias a los hechos comprobables ni a teorías debatibles, hace que prefiera la paja, las anécdotas, los tópicos, la autobiografía y los chistes procaces. Todo un espectáculo de palabrería que logra conectar con auditorios desprevenidos, desinformados y gente que nunca se acercó a la política y que hoy ven como una novedad  a este líder informal que busca agradarlos. En pocas palabras, la poca enjundia se convierte en seductora demagogia.

 
Desde 1998, cuando fue candidato, Chávez no afronta el debate. Cerrar un canal independiente de televisión es una simple consecuencia de su desprecio por la discusión democrática. No puede enfrentar de tú a tú a nadie. No puede discutir, porque sus argumentos efectistas se estrellarían en un ambiente equitativo, donde las concesiones a la galería no estuvieran permitidas, o -por lo menos- fueran difíciles de hacer.
 
Esa inopia ideológica pasa por el reclutamiento de padrinos foráneos. Primero fue el argentino Ceresole, luego la incombustible chileno-cubana Haenecker, después Dieterich. Cada uno de ellos defenestrado en su momento y responsable en parte de la ensalada mental del devorador de solapas librescas. Por ello, no es extraño que a Chávez le ocurra ­cada vez con más frecuencia- lo que le pasó al escribidor de la novela de Vargas Llosa: confunde las historias que oye.
 
Cerrar un canal de televisión es eliminar una vía de discusión. RCTV mantuvo una línea crítica, pero a sus estudios iba el chavista que quisiera. Que se sepa no había ningún dirigente oficialista vetado, como si los hubo en los años de democracia.
 
Si a ver vamos, la oposición de RCTV a Chávez era innegable pero no tan dura a como la de cualquier canal de televisión suramericano o la del mismo canal en épocas pasadas. Por ejemplo, nunca vimos un programa de periodismo de investigación sobre casos de corrupción. O que se usaran cámaras escondidas para atrapar a algún funcionario ladrón, como se acostumbra en Argentina. O que se repitiera la experiencia del canal de transmitir una novela tipo “Por estas calles”, más una dura crónica política  que una historia de amor.
 
Si Chávez de verdad hubiera sacado siete millones de votos, ¿podría estar tan asustado por los microprogramas de denuncias populares de RCTV? ¿Le da tanto miedo el papel de energúmeno que hacía el valiente periodista Miguel Angel Rodríguez? ¿El programa ”La entrevista” podría voltearle ese electorado que escrupulosamente cuenta el Concejo Nacional Electoral? ¿La periodista apodada ”La bicha” era tan eficaz en sus denuncias de las violaciones de la otra “bicha”, como bautizó Chávez a la antigua “mejor Constitución del mundo”?
 
Que Chávez, y todo el entramado estatal que lo secunda, hayan cerrado la señal y expoliado sus equipos a RCTV habla de debilidad. La debilidad de quien no puede discutir por falta de argumentos. La debilidad de quien tiene la fuerza de los fusiles y los tanques pero no la razón. La debilidad de quien le gusta oírse ante el espejo y las silentes focas, pero que nunca se enfrentaría en igualdad de condiciones a un adversario.
 
Román José Sandia
Egresado Universidad de Los Andes