Historia Inmediata


Chávez


 
Entre médicos e hidalgos y de estafas educativas."Cuando la utopía revolucionaria toma el poder aunque seademocráticamente, muy rápidamente es necesario defender éste mismo poder,objetivo que se vuelve prioritario y que desplaza al objetivo fundamentalde la transformación social. En este proceso, los medios de defensa delpoder conquistado terminan desplazando los fines de la revolución social"Honegger Molina Revista SIC Hace unos tres años había una valla llamativa en la entrada de la ciudad de Ejido, situada ésta a pocos kilómetros de la ciudad de Mérida. Era un gran cartel con el rostro de una bella chica de rasgos indígenas, que iba acompañado por un eslogan "revolucionario": "De artesano a médico".  Era un recordatorio de las políticas primordiales del gobierno que por decreto ha abierto una gran cantidad de universidades.  Sus títulos, tengo entendido, son avalados por la Universidad de La Habana, entre otras. La posición crítica de las universidades autónomas venezolanas las ha apartado del proyecto revolucionario; aquellas consideran, y aún lo hacen, que no es posible crear la infraestructura adecuada en dos días, ni armar un plantel de profesores debidamente calificados tan rápidamente, por mucho que se refuercen los decretos con proclamas antiimperialistas. Entiendo que es una posición semejante  a las tomadas por universidades en otros países cuando deben supervisar y avalar la creación de una nueva universidad. Pero nuestro gobierno exigió sumisión ciega e inmediata a sus propuestas. La discusión continúa ahora con el egreso de miles de nuevos médicos que han llegado a los hospitales públicos, ante el temor de quienes vamos a ser sus pacientes (como es el caso de aquellos que no tenemos seguro de hospitalización privada, adecuado,  que sí lo tiene, por cierto, la elite en el  gobierno) y ante el desconcierto de los médicos egresados de las universidades autónomas, quienes para formarse requirieron, según entiendo, de más tiempo, estudio y  esfuerzo. Es sobre esto que quiero escribir, aunque a veces parezca desviarme.  Quiero escribir sobre el esfuerzo. Sobre la motivación al logro. Sobre el complejo de doctor y de reconocimiento vacuo que carcome a la sociedad latinoamericana pero especialmente a la venezolana. De allí la necesidad "revolucionaria" de transformar las estructuras universitarias "caducas", "oligarcas" y "clasistas", como un paso que permitirá otorgar a todos, por igual, el ansiado título.  Ya sé que me tacharán una vez más de fascista  u otra lindura.  Pero no puedo dejar de comentar que me parece una estafa la oferta de carreras en cápsulas, sin las condiciones adecuadas, con objetivos claros y confesos de ideologización y aprovechando las legitimas aspiraciones de ascenso social que pueda tener cualquier joven. Ascenso que hasta hace unos años se hacía viable luego de alcanzar un título universitario.
 
Las escuelas de Medicina de las autónomas, como las de la ULA y la UCV tienen (o al menos tenían hasta hace poco) profesores de primera. Muchos han estudiado en Estados Unidos y/o Europa y han viajado constantemente en planes de actualización. Esto es muy difícil ahora. Para empezar, está el asunto ideológico. Si viajas y no estás con la revolución, eres un oligarca vende patria, aunque éste es un problema menor. Más imperioso es el tema de dónde obtener los recursos, escasos ante las crisis de presupuesto que ahoga a nuestras universidades. Por otra parte, si obtienes los recursos, sale el tema de cómo convertirlos en dólares. No es imposible, pero difícil.
 
En Venezuela, investigaciones psicológicas y psicosociales han demostrado una baja motivación al logro. Las más significativas han sido las realizadas o coordinadas por María Eugenia Curiel, de la Universidad Central de Venezuela. Hay motivación al logro, por supuesto, pero se ve constantemente asediada por la motivación al poder, que es muy alta, y por las facilidades que ha otorgado la riqueza petrolera. Esto ha incidido en lo que considero como estafa educativa. Estafa que viene sufriendo la sociedad venezolana desde hace más de dos décadas, potenciada en los últimos años por la revolución bonita.

En medio de esta situación, sin embargo hay excepciones. Si un joven desea entrar en la Escuela de Medicina de una universidad autónoma, debe contar con las mejores calificaciones. Si estás entre los mejores seguramente entrarás. Pero hay un quid. Desde hace unos veintitantos años, los mejores estudiantes provienen, casi siempre, de colegios privados ¿Es  esto un filtro que imponen nuestras universidades por ser clasistas, elitistas y fascistas. No, no es esa la respuesta, aunque el gobierno la grite a los cuatro vientos. Lo que sucede es que en Venezuela, la educación pública y buena parte de la privada es MALA con mayúsculas. Ya para 1996, el entonces ministro de Educación, Antonio Luis Cárdenas, la había calificado como "un fraude". En ese entonces explicaba la necesidad de aumentar el sueldo de maestros y profesores e incentivar a las personas más preparadas para que tomaran el camino de la docencia. Se estableció como obligatorio el concurso de oposición para alcanzar un cargo como maestro. La baja calidad en la educación se debía a la  masificación del sistema educativo, a los bajos sueldos y, sobre todo, a  la politización. Bastaba una postulación del partido político de turno en  el poder para lograr un cargo como maestro de básica o como profesor de  secundaria.  No importaban la calificaciones que se hubiesen obtenido  durante la carrera universitaria, calificaciones que solían y suelen ser  bajas. Entiéndase que en este contexto, las escuelas de educación no  podían, ni pueden ahora, darse los lujos de las escuelas de medicina, uno  de los cuales es el de exigir buenos promedios en las notas de sus  estudiantes. Los mejores estudiantes, con sus afortunadas excepciones, no  aspiran a estudiar educación o historia. No, los mejores tienden a buscar  una carrera que les asegure prestigio, respeto y dinero. Medicina, por  ejemplo. (A estas alturas, lo de dinero podría parecer un chiste debido a  los bajos sueldos actuales, tanto que los jóvenes médicos egresados de la ULA, UCV, UC u otras, se están yeno del país, ante   la imposibilidad de sobrevivir con los escuálidos salarios que pueden  devengar aquí. Pero, debido a su preparación, el país de acogida suele  otorgarles sueldos decentes).
 
Ahora bien, volvamos con la crisis educativa. Para salir de ella, el gobierno de Caldera (1994-1999) estableció concursos de oposición para acceder a un cargo en el Ministerio de Educación, subió los sueldos a los maestros y agregó mejoras y estímulos sustanciales al escalafón.  El propósito era subir la estima de los maestros y empezar a captar a los mejores para la educación básica. Pero, ¿qué sucedió en el año 2002? El ministerio suprimió los concursos, debido a la dificultad que había de colocar en puestos ganadores a los seguidores de Chávez.  Se repetía, ahora, la historia de siempre y volvía por sus fueros el clientelismo tan criticado en los años noventa. Ya no había que ser buen estudiante para obtener un cargo en educación. Era necesario ser chavista (o al menos parecerlo). Sobre todo, era imperioso acomodarse con las autoridades de turno en la zona educativa de cada estado; como puede verse, triunfaba una vez más la motivación al poder por sobre la motivación al logro.
 
Después vino la pérdida de popularidad, el paro petrolero, el reclamo por el referéndum y la urgente necesidad del gobierno por recuperar el afecto de la mayoría de la población. Se había perdido a las clases medias, a los intelectuales y a la gente más educada del país, pero ya no hacían falta. Quedaba el grupo mayúsculo de desamparados y excluidos, aquellos que no votaban en las elecciones al no se sentirse representados. ¡Qué mejor camino que volver a las fórmulas populistas de siempre pero acrecentadas al compás de los precios del petróleo! El incremento sustancial  en el precio del barril se presentó al dedillo y hubo posibilidad de desarrollar políticas sociales que "incorporaran" a los excluidos.  Entre el 2003 y el 2004 se crearon infinidad de programas sociales bajo el nombre de "misiones" que los hizo sentirse integrados.  Las más representativas fueron las dedicadas a la salud por medio de la Misión Barrio Adentro, y a la educación, como la Misión Robinson (Educac!   ión primaria o básica en pastillas y en menos de un año), la Misión  Ribas (bachillerato) y la Misión  Sucre (educación superior, en tres,  cuatro o cinco años, dependiendo de la carrera o de las necesidades  políticas del momento. Aún recuerdo cuando el Presidente anunciaba que en  las aldeas universitarias los jóvenes podrían ser médicos en DOS AÑOS).
 
La Misión Barrio Adentro consistió en ampliar la atención primaria en los barrios pobres y medios bajos. Aumentó sustancialmente la entrada al país de médicos o técnicos médicos cubanos. No sabemos exactamente qué títulos tienen estos funcionarios, pues cuando los diversos  gremios médicos empezaron a exigir y a cuestionar los títulos cubanos, el gobierno realizó una de sus características piruetas, o sea, apeló al autoritarismo y al personalismo, eternizando al presidente del Colegio de Médicos Metropolitano, abiertamente pro gobierno. Esto es, nunca más se realizaron elecciones entre los médicos del Área Metropolitana de Caracas, debido a la seguridad de que en estas fracasaría cualquier candidato oficialista. (Esto es parte de un proceso en el que era posible el desconocimiento de los gremios, pero era poco usual; ahora es un hecho cotidiano. Cuando el gobierno pierde elecciones, simplemente las desconoce, crea gremios paralelos o paraliza el proceso eleccionario). De mod o que los médicos cubanos empezaron a presentar la documentación  pertinente para su ejercicio ante el gremio de médicos de Caracas, aún  cuando fuesen a ejercer en otro lugar de Venezuela. A estas alturas no  sabemos si el gobierno se sigue molestando en mostrar las titulaciones de  los cubanos en el mencionado gremio. Es tanta la entrega y pérdida de  soberanía ante Cuba que es muy probable que den por servida y refrendada  la llegada de cuanto contingente cubano entre en nuestro país. No  obstante, es indudable que la gente más necesitada se dejó querer por  estos especialistas en atención primaria: curan resfriados, alivian  dolores de cabeza, aplacan diarreas y, sobre todo, calman angustias. Ahora bien, por grande que sea el contingente y por muy buena voluntad que tengan, los médicos cubanos no pueden resolver nuestros problemas sanitarios más graves. No ha habido fundación de nuevos hospitales (en estos doce años, se ha inaugurado uno solo en todo el país). La atención médica la prestan los cubanos en los llamados CDI (Centro de Desarrollo Integral). De modo que ante la falta de nuevas infraestructuras hospitalarias, hay un colapso en los viejos hospitales. Además, no hay política firme en educación sexual por lo cual la población crece geométricamente (todos los años nace medio millón de nuevos venezolanos) mientras la resolución de problemas ni siquiera alcanza la progresión aritmética (Si, además de fascista, soy malthusiana). El sueldo de los médicos, ahora miserable (como el de la mayoría de profesionales que trabaja en el sector público en Venezuela), no incentiva precisamente la formación del relevo generacional en algunas especialidades médicas. Los posgrados, antes tan apetecidos y competitivos quedan, actualmente,  lastimosamente desiertos. Para los jóvenes médicos no tiene sentido pasar  2 ó 3 años más (después de 6 años de pregrado) en una especialización que  no va a ser reconocida por el gobierno. Al menos, no satisfactoriamente,  para quien se quemó las pestañas y sabe lo que le costó en esfuerzo y  sacrificios. Por otra parte, el gobierno considera innecesario pagar  sueldos sustanciales a los médicos por mucha especialidad y estudios que  tengan. "Son pedantes, fascistas, clasistas y de derecha.  Peor aún, son  amantes del imperio. Se la pasan pendientes de hacer cursos en USA o de  comprar libros en inglés."Desde su lógica "revolucionaria" es innecesario cuidar a los médicos egresados de las autónomas.  ¿Para qué?  ¡Si podemos decretar la formación de miles de médicos y además los podemos graduar rapidísimo! En estos momentos están egresando miles de médicos de las aldeas universitarias y están siendo enviados a los hospitales. Los pocos médicos calificados que quedan en tales instituciones, aquellos que no se han jubilado o que no han emigrado, deben seguir formándolos, pero están indignados pues, al parecer, los recién graduados no cuentan con bases teóricas suficientes para formarse en la atención de emergencias y menos para prepararse en cursar alguna especialidad de posgrado. Son médicos integrales. Parece que son, como la mayoría de los cubanos, buenos para la atención primaria propia de los CDI o de los viejos ambulatorios. Pero nuestros hospitales precisan de medicina  especializada. En todo caso, pese a las limitaciones que padece Cuba, los estudios en la isla deben de tener cierto nivel de exigencia. Dudamos que esa exigencia impuesta  los estudiantes cubanos en su país, haya prevalecido sobre los jóvenes  egresados de las aldeas universitarias en Venezuela, debido al afán del gobierno, manifiesto una y otra vez, por graduarlos apresuradamente. Esta  apreciación mía y de tantos en Venezuela, puede ser cuestionable. Puede  ser que esos muchachos hayan recibido una formación superior o al menos,  del mismo nivel a la ofrecida en las universidades autónomas, a pesar de  la propaganda que en sentido contrario hace el propio señor presidente.  Lo admito, no soy especialista en asuntos médicos. Así que puede venir  cualquier especialista en el tema a molerme legítimamente a golpes que  yo, estoica, lo resistiré.
 
Pero creo saber algo de historia de América, de valores y formación de conciencia social. Y no puedo dejar de asociar el afán del gobierno venezolano en repartir títulos universitarios expeditos, al menú del día y sin mayores complicaciones, con el complejo de doctor que pervive en nuestras sociedades hispanas. Esto, me parece, es algo extremadamente arcaico. Forma parte del legado recibido por América de la Europa primera que se implantó en nuestro continente, de aquella Europa hispana, medieval y ultramontana: es el legado que se manifiesta en la necesidad de ser diferente, de ser "honrado", de ser distinguido con un título. Es parte de la América europea que desprecia a los oficios "viles".  La que rechaza ser "artesana" para convertirse en "médico". Pero hay otros valores que atraviesan nuestra psiquis, nuestros pensamientos y  nuestras aspiraciones. Forman parte de la América que creyó en los valores republicanos de la Ilustración y de la modernidad, la que aspira al capitalismo o al socialismo. Aquella que precisa de un discurso que nos  impulse a los procesos de modernización y nos coloque entre los primeros  países, de al menos, América Latina. Es la que pretende, con esfuerzo,  estudio y trabajo, sacarnos de la pobreza. Pero esa parece ser ignorada,  garrafalmente, por el gobierno.
 
No puedo dejar de mencionar que la Unión Soviética alcanzó un alto proceso de industrialización a partir de la aplicación de políticas económicas coherentes, tan bien estudiadas por E H Carr. Aunque Carr en su estudio ignoró la suma millonaria en vidas que costó ese proceso, el gobierno venezolano ha rechazado, hasta ahora, aplicar políticas tan represivas como las soviéticas, Pero también rechaza los aciertos que tuvo la URSS con sus planes y programas de mejoramiento económico, aquellos que permitieron su crecimiento hasta 1960, cuando, como dice Maurice Duverger, empezó el estancamiento de la economía soviética. En la URSS, durante las primeras décadas, como parte de los planes quinquenales, se estimulaban los esfuerzos por crecer en cualquier oficio que pudiera estimular la actividad económica. El mérito no era despreciado. Y no me refiero sólo al merito intelectual o académico, no, sino en cualquier oficio técnico que exigiera estudio, preparación y experiencia. Se incentivó la formación de oficios medios y técnicos para realizar las diversas actividades tan necesarias para el desarrollo industrial y y para colocar a la URSS a la par de USA.
 
Eso no es exactamente lo que sucede en Venezuela. Tenemos las universidades autónomas con sus disciplinas tradicionales como Medicina,Derecho e Ingeniería Civil; con otras carreras no tan tradicionales aunque ya consolidadas desde hace décadas como las ciencias "puras", o las aplicadas como las otras ingenierías (petrolera, geológica, sistemas, forestal, entre muchas más).  Educación, por supuesto, ya, a estar alturas, es bastante tradicional, al igual que Comunicación Social. Y a escondidas, casi sobreviviendo, están las Humanidades, raras como la Historia, las Letras, el Arte, la Música, los varios diseños, entre otras. ¿Qué ha hecho el gobierno para saldar la deuda social con "el pueblo" en materia de educación superior? No ha creado un conglomerado de carreras técnicas atractivas, que asegure un buen trabajo a sus egresados, insertándolos debidamente en un sistema productivo dinámico. Tampoco ha mejorado la calidad de la educación básica y del Bachillerato para que los estudiantes de los sectores socialmente más desfavorecidos puedan entrar limpiamente a las universidades autónomas, como sucedía en los años sesenta, setenta y un poco en los ochenta. No. Ha preferido decretar universidades nuevas de forma inmediatista y sin condiciones apropiadas, donde se ofrecen, privilegiada y mayoritariamente, las carreras de siempre: Medicina, Educación y Derecho. Hay algunas carreras nuevas pero estas no son apetecidas por la mayoría de los estudiantes. El inmediatismo en la creación de estas carreras, no sólo constituye una rémora y muestra de piratería, sino que evidencia --una vez más-- la escasa !  motivación al logro en  quienes nos gobiernan y su empeño en perpetuar  una mentalidad hidalga, anclada en el prestigio que podría otorgar la  Universidad, despreciando una vez más la necesidad de oficios diversos y  útiles.

Ciertamente hay carreras no tradicionales. Encontramos, como ejemplo, la mecánica dental, carrera en la cual ingresan los jóvenes que no consiguieron cupo en Odontología de las autónomas  (y desde donde, secretamente, aspiran poder ingresar en cualquier momento).  Pero sucede que estos jóvenes estudiantes no cuentan con la infraestructura necesaria ni con los indispensables profesores calificados. No hay talleres ni recursos para realizar las prácticas. Y las clases teóricas consumen un tiempo importante en ideologización. Lo más cercano a su futuro oficio son las visitas ocasionales que realizan a algún laboratorio dental privado.  ¿Entonces? ¿Cómo pueden alcanzarse logros firmes en estas carreras? Habrá que ver a los egresados en acción; por lo pronto y por las historias que reiteradamente me llegan sobre los nuevos educadores, no siento mucho optimismo. Pareciera ser más un papel que otra cosa. Creo que en eso se convierte la mayoría de tales carreras. Papel en forma de un bonito título, perpetuando y profundizando los problemas ya existentes  de nuestro sistema educativo.
 

El esfuerzo, el estudio y el trabajo acorralados por un papel. Se impone "pagar la deuda social" con títulos a la carta, sin importar las consecuencias a mediano y a largo plazo. Los venezolanos morimos por un título y el gobierno se complace en otorgarlo. Cuando en 1811 declaramos la Independencia y los contados aristócratas venezolanos se despojaron de sus títulos nobiliarios, no hacían más que repetir una fórmula extranjera ya probaba en Francia. No puedo determinar hasta qué punto los venezolanos del siglo XIX se despojaron con sinceridad de sus privilegios jurídicos. Con respecto al siglo XXI, imagino que si algún alto jerarca revolucionario poseyese títulos nobiliarios, por más que se viera exigido de abandonarlos como muestra de igualdad, seguramente se aferraría a ellos con mucho orgullo. Ni siquiera el señor Presidente se despojaría de los mismos. Diría, con su cara bien lavada, que tal exigencia vendría del Imperio, de una campaña alevosamente orquestada por la CIA!    contra una "particularidad nacional" que podría igualar a las  autoridades venezolanas con los nobles europeos.  ¡Sólo así podría él  salvar a los pobres de Venezuela y del mundo!...  bla, bla, bla. Entre médicos e hidalgos nos anclamos  ¿Y la motivación al logro? Bien lejos, gracias.
 
Luz Coromoto Varela Manrique
Universidad de Los Andes
Mérida Venezuela