Historia Inmediata


Chávez


 
Sabiendo de antemano que nunca leerá estas letras, aun así me permito escribirlas para desahogarme y descargar mi conciencia. Ha ganado la presidencia de la República por cuarta vez consecutiva, lo felicito por ello y a quienes votaron por usted. Pero ha de reconocer que esta no fue una campaña justa. Debe reconocer el enorme poderío mediático conque contó, muchas veces incluyendo dinero del Estado, es decir, de todos los venezolanos, para apoyar una parcialidad política.
 
Veo que, contrario a la mayoría de las personas, catorce años no fueron suficientes para usted, no bastaron para hacer algo tangible, palpable en este país, algo que impidiera que 6 millones y medio de venezolanos votaran en su contra, que hubiese aumentado sustancialmente su caudal de votos del ya lejano 2006, algo que no lo dejara estancado en siete millones. Veo que trece años, diez meses y dos días, o lo que es lo mismo, 5395 días es poco tiempo. Creo que usted mide el tiempo de forma distinta que nosotros. El milagro alemán, es decir, la recuperación casi total de la estructura física y el aparato productivo de un país totalmente destruido como la Alemania de postguerra, se gestó en poco más de dos años. ¿Y usted pidió seis más? Creo que hemos perdido una oportunidad magnífica para elevar a nuestro país de sus condiciones actuales aprovechando los recursos de la renta petrolera, pero no: ahora importamos porque es más barato que apoyar el crecimiento de la producción nacional.
 
Sepa señor presidente, que la existencia de las misiones confirma que nada ha mejorado en este país: las misiones debieron ser programas de solución temporal de las necesidades urgentes del país, pero ahora se convirtieron en un sistema permanente. ¿Por qué no transformar radicalmente las bases del Estado, haciéndolo eficiente, rápido en la respuesta, transparente en sus acciones?, ¿por qué obligar a los venezolanos a depender del Estado y no crear las condiciones para que cada quién pueda satisfacer sus necesidades?, ¿qué pasará el día en que usted no esté?, le voy a decir qué pasará: todo desaparecerá porque todo es obra suya, sólo usted comprende la maraña en que se ha convertido la Administración Pública, y no veo a nadie capaz de desenredarla. Veo en usted a un pequeño Luis XV, gritando en Miraflores: ¡después de mí, el diluvio...! o la frase de un autor perdido de la Grecia clásica:
 
Cuando yo muera, que la tierra se mezcle con el fuego:
 
nada me importa, pues mis asuntos no serán afectados.
 
Aún hay gente en este país que afirma que usted es bueno, que los malos son sus ministros. Puede que tengan razón. Puede ser, y démosle espacio a la duda, que usted sea un buen gobernante; pero es usted, y sólo usted quien nombra y destituye ministros, es usted quien puede nombrar un nuevo gabinete con personas ideales, preparadas para ejercer responsabilidades, personas que hayan estudiado, que en Venezuela hay muchas si no es mucho pedir, y no la caterva de delincuentes, la raza de víboras que lo rodea, de quienes impunemente han reconocido su ineptitud y aún así se sientan a su lado. Deje de rotar ministros, busque personas nuevas, inyéctele energía a su gobierno Está a tiempo de rectificar, señor presidente. Hágalo.
 
Pobre señor presidente, deje de pensar que usted es indispensable para los venezolanos. No lo es. Usted es un empleado de los ciudadanos de esta república, no su amo; usted es administrador de los recursos del país, no su dueño. Asigne responsabilidades, deje de creer que si usted no hace directamente las cosas, saldrán mal. ¡No, por Dios!, deje que las personas hagan su trabajo y asuman su responsabilidad. Indispensables eran las 160 mil personas que han muerto durante su mandato. Ciento sesenta mil venezolanos y venezolanas que dejaron tras de sí una estela de dolor a sus familias ¿y usted no pudo hacer nada para evitarlo? Que su memoria le pese, que le duela su conciencia.
 
Ya no hay forma de que siga echándole la culpa a la Cuarta por los vicios y males que vivimos. Ya estuvo bueno. Asuma su responsabilidad ya y sea Presidente de Venezuela, no de Cuba, ni de Nicaragua o Bolivia. Antes de pensar en convertirse en redentor del género humano, séalo de los venezolanos que mueren a manos de la delincuencia; de los que aún viven en refugios por perder sus viviendas, de los que difícilmente pueden estirar su quincena hasta el fin de mes, de las legiones de desempleados que recorren nuestras calles (que hábilmente usted ha sabido ocultar, haciéndonos creer que la persona que atiende un puesto de teléfonos o vende cosas en la calle tiene un trabajo digno), de los pobres de esta tierra, aunque trate de ocultarlos con cifras maquilladas, de los muchachos de las Universidades creadas por Usted que no tienen un espacio digno para ver clases, o siquiera una biblioteca (alma de una universidad), que tienen una educación mediocre, precariamente construida solo por el afán de un hombre a quien solo interesan las cifras abultadas para ufanarse de sus exiguos logros. Séalo incluso de mí, que no sé qué voy a hacer cuando me gradúe, porque en Misión Sucre lo primero que me preguntaron, antes incluso de entregar mi currículo, fue si había firmado.
 
Recuerde que somos civiles, Presidente. Quizás en sus años de soldado le enseñaron que colocarles sobrenombres a las personas implica disminuirlos en su dignidad, rebajarlos a otra condición, denigrarlos. No soy majunche, no soy escuálido, soy venezolano y eso basta. Este país se cansó de la confrontación, se cansó hace mucho del temor siempre latente de que en alguna ocasión podamos enfrentarnos. Deje a un lado su lenguaje violento, deje de exaltar la violencia y la impunidad. No somos enemigos, como muchas veces nos ha llamado a quienes no comulgamos con su forma de gobernar, a lo sumo somos adversarios, que es distinto. Venezuela no es un cuartel. Somos una república de civiles, ustedes, los militares están a nuestro servicio. Olvide sus años de militar, y deje que la democracia fluya en su partido, deje que sean los miembros del PSUV quienes elijan, como lo hicimos nosotros, a sus candidatos para los diversos cargos de elección popular.
 
Hace poco alguien me mostró un video en donde un señor, a quien lamentablemente no le pusieron nombre, hacía un señalamiento muy importante, según pude entender dentro del mar de groserías, comprensibles para mí: el socialismo no puede crearse sobre las bases que sustentan nuestro conocimiento, que es eminentemente occidental, dice que no podemos partir de lo conocido, sino crear algo nuevo. Y usted no lo ha hecho. La ensalada que usted ha creado, que vergonzosamente llama socialismo, incluye disparates que incluyen desde Simón Bolívar hasta Jesucristo, desde el cacique Guaicaipuro hasta el llamado zambo Andresote, aderezándolo con quien verdaderamente estructuró un sistema de conocimientos que nos permite estudiar qué es el socialismo, Karl Marx, a quien nadie de su gobierno conoce, menos usted. Entonces, cree algo nuevo, algo que pueda llamarse de otra forma, que no sea la patraña que usted pretende que digiramos como socialismo. Y lo más importante, que ese socialism!o del que usted tanto nos habla sirva para algo, que la gente pueda palparlo, sentirlo. ¿Cómo construir la patria nueva si siempre hay cerca de mi casa unos vagos bebiendo, molestando a los que no piensan como ellos, y sacando dinero de quién sabe dónde para sostener sus vicios?, ¿qué beneficio reportan a este país esos gañanes?, y lamento que no sean ellos solos, porque detrás de ellos hay legiones.
 
Que no le quepa la menor duda: en mí tendrá a un adversario implacable. No callaré nada. Me opondré poderosamente a usted con las armas de la razón. Denunciaré en adelante desde el hueco que hay cerca de mi casa (que lo ha superado largamente en tiempo) y que no es la excepción en este país, hasta los asquerosos casos de corrupción que nos corroen en nuestra dignidad, desde el Mercal cerrado hasta sus innúmeras promesas incumplidas. Buscaré todas las promesas que hizo en estos meses de campaña y veré si finalmente las cumple. Témame, pero no porque pueda hacerle algún daño, sino porque pienso ejercer en adelante todos mis derechos como ciudadano de esta república. Y sé que usted le teme a la ciudadanía, a los hombres y mujeres que reclaman sus derechos con contundencia. Ayer me llené de orgullo por tratar de ser parte de un cambio que tanto merece nuestro país, y cuando supe los resultados, antes de abrumarme la tristeza, me insufló el coraje necesario para entregarle mi vida a Venezuela. Este país es el mejor del mundo y no pienso irme nunca de aquí: aquí nací y aquí moriré. Pero sepa que nunca me arrodillaré ante usted. Prefiero morir de hambre que de vergüenza.
 
Jorge Luis González Mora
Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela