Historia Inmediata


Chávez


De la información veraz al engaño virtual

Después de los desafueros, abusos e incongruencias de aquel gobierno dictatorial de 28 horas, solo nos queda reflexionar acerca de los aspectos que condujeron a esos acontecimientos.

Las significaciones de cada acto cometido en esos aciagos días van desde el desconocimiento a la Constitución de 1999 hasta la destitución y detención de Gobernadores, Alcaldes y funcionarios públicos cercanos al gobierno de Chávez. Lo peor de todo es que los allanamientos a las viviendas o entidades del Estado fueron realizados por alcaldes (Leopoldo López, Henrique Capriles Radonsky, Alfredo Peña) o gobernadores (Manuel Rosales, Enrique Mendoza) y sus policías sin contar, al parecer, con los correspondientes pasos legales y representantes de la Fiscalía para asegurar la integridad física y mental de los detenidos. Además, hubo toda una persecución y represión al mejor estilo de los regímenes totalitarios. Esto se explica por las ansias de poder y el deseo de venganza, ya que querían eliminar de un palmazo lo más mínimo que oliera a Chávez. ¿Dónde quedó el pluralismo político que tanto decían defender?

Por otro lado, los medios de comunicación nos han sometido durante tres años a toda clase de bombardeo informacional de orden político, que más parece un proceso de adoctrinamiento que circulación de noticias. Lo mínimo que sucediera en el gobierno o cerca de él ya era objeto de noticia; para los periodistas salir a buscar la noticia no implicaba un periplo por la ciudad, tan solo había que apostarse a las puertas de algún Ministerio, Gobernación, Alcaldía o sede de una organización opositora al gobierno y esperar que saliera algún representante a dar declaraciones.

En los últimos tres años se puso en marcha un proceso mediante el cual se desestabilizaría al gobierno hasta que hiciera eclosión y crisis. El clímax de esta situación llegó con el conflicto de PDVSA, hecho que no fue el detonante de la crisis como muchos analistas políticos han dicho, sino más bien, la justificación necesaria sobre la cual se montó la oposición para enfrentarse a Chávez y derrocarlo.

Para acelerar una supuesta salida de Chávez, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) en alianza con los empresarios (FEDECÁMARAS), convocan a un paro general para el 9 de abril de 2002 en respaldo a PDVSA. Desde ese instante el apoyo de los medios de comunicación a la oposición es abierto y declarado; se lanza una agitación propagandística para monstrificar al gobierno y lograr adeptos al proyecto conspirativo que se mantenía en secreto. El gobierno intenta erróneamente, a través de múltiples cadenas, mostrar su visión de los acontecimientos, pero fue imposible ya que la cadena de los medios se impuso y el país cayó en una suerte de marasmo. Es de destacar que las dos visiones del proceso estaban muy parcializadas y no nos permitían ver con mayor amplitud las dimensiones que iba adquiriendo el conflicto.

La guerra de imágenes se hizo presente e invadió nuestros hogares, entonces teníamos dos enfoques del proceso en los cuales se mostraba solo parte de la realidad y no su conjunto. Unos señalaban los desmanes del gobierno y los otros los desmanes de la oposición. ¡Qué ironía! Nos encontrábamos tan desinformados que no sabíamos a quién creerle o si creer en lo que se presentaba en las pantallas. En esta coyuntura el conflicto se agudizó, se llamó a un paro indefinido y el jueves 11 a una marcha hasta la sede de PDVSA, en Chuao.

Es claro que ya no se quiere diálogo; solo se busca la salida de Chávez. Por ello, entre la euforia y la manipulación, los convocantes deciden llevar la marcha hasta Miraflores. Ya sabemos lo que resultó de esto, un enfrentamiento entre partidarios del gobierno y sus opositores con un saldo lamentable de venezolanos muertos y heridos. Los mártires que la oposición necesitaba. No nos detendremos a analizar quién disparó primero, la metropolitana o los círculos bolivarianos; quien propició la violencia, los que desviaron la marcha hasta Miraflores o los gatillos alegres que disparaban desde un puente. No, los culpables hay que buscarlos en esa oposición irracional e inconsciente, desesperada por el poder; en la exclusión y testarudez del gobierno y en el efecto narcótico que causó en las grandes mayorías la superabundancia de información que los medios de comunicación lanzaban a diario y que hacían exaltar hasta las almas más ecuánimes y ponderadas de la sociedad.

Es evidente que, para la televisión, los acontecimientos y sus actores están concebidos para fomentar el espectáculo.

La noticia deja de ser información para llegar a ser un show bien estructurado y programado para domesticar al público. Y esto pasó desde el 9 de abril, momento en el cual las televisoras transmitieron los más insignificantes detalles del llamado a paro, nos levantábamos y dormíamos con el mismo tema, el país era solo esa noticia, como si se hubiesen paralizado las imágenes. Ya no había robos, ni corrupción, ni calles averiadas y el resto del país se había desvanecido, solo existían Chuao y Miraflores. En esos días, la televisión produjo sobreimágenes de un mismo hecho que aislaron al individuo y le fomentaron una lectura simulada de la realidad. Pues al no establecerse una interacción entre la pantalla y los individuos no se produce un efecto de reciprocidad de la información y los telespectadores son considerados meros captadores de mensajes. En este sentido, el simulacro adquirió estatuto de realidad y se instala la imagen como único hecho real.

Para los medios de comunicación los ciudadanos comunes solo somos asistentes de un espectáculo que ellos montan sobre la realidad, es precisamente la realidad como entertainment. Esto causa un efecto distorsionante en la percepción de la realidad al no estar clara la diferencia entre ella y la ficción. Los medios de comunicación televisivos abandonaron su misión dar sentido a la información y representar una opción para la creatividad. Solo se piensa en el raiting y en los posibles anunciantes, pero no en quienes estamos frente a las pantallas.

Para nosotros es claro que los fenómenos sociales son más complejos que las imágenes transmitidas por los televisores y que pretenden dar cuenta de ella. Lo que sí es cierto es que la ubicuidad de los medios televisivos les proporciona un gran poder y la posibilidad de manipular y construir conductas muy afines a sus intereses. Esperemos que esa característica la utilicen para fomentar el debate pluralista y la diversidad de pensamiento y no pretendan, como hasta ahora, imponer una visión unilateral de la realidad.

La participación velada o abierta de los medios de comunicación social (televisión) en la conspiración hoy parece más que evidente. Solo basta recordar aquellos momentos de la madrugada del 12 de abril en que recibían con fanfarria y todo la noticia del gobierno provisional. Por todos los canales de televisión transmitieron programas en los cuales sus moderadores e invitados vociferaban cualquier clase de improperios, acusaciones y estigmatizaciones a los afectos del chavismo, o hacían reconocimientos al gobierno transitorio vaticinando sus bondades futuras ¿Es esto información veraz o militancia partidista?

Con el abandono provisorio del poder por Chávez, los lideres de la oposición y aquellos que se autoadjudican el título de representantes de la sociedad civil; se creyeron dueños del país. Dejaron sin efectos los poderes públicos, abolieron el Estado de derecho e implantaron un gobierno con plenos poderes para hacer lo que quisieran, todo esto con la anuencia de los Medios de Comunicación, FEDECÁMARAS, Primero Justicia, Causa R, COPEI, AD y otras organizaciones opositoras al gobierno. Veíamos cómo el 12 de abril el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores estaba abarrotado de personas quienes aplaudían eufóricamente después de la proclamación de Pedro Carmona Estanga como presidente y de la lectura del decreto dictatorial. Todo esto nos lo entregaron en vivo y directo, in situ.

Pues bien, ahora resulta que el pomposo acto de coronación de Carmona I, el decreto y la asunción de poderes dictatoriales no sucedió, eran hologramas. Todo fue irreal, nadie estuvo allí, ninguno aplaudió, nadie sabía qué contenía el decreto, nadie lo redactó. Al unísono todos dijeron como reza la canción "yo te lo juro que yo no fui". Quiere decir que nuestras pantallas nos jugaron algo así como una doble treta. Ahora nos hacen dudar de que todo eso hubiese pasado en realidad y preguntamos ¿Fue producto de la ficción o todos fuimos víctimas de un engaño virtual? Pobre Carmona. Probó en un corto tiempo el sabor dulce del poder y el amargo de la traición. Hoy se encuentra íngrimo y solo y nadie tuvo la valentía y la solidaridad de asumir que lo acompañó en el viaje conspirativo.

Finalmente, los medios de comunicación se autoasignaron el derecho a establecer la diferencia entre el bien y el mal; entre la verdad y la mentira, entre lo moral y lo inmoral, pidiendo cuentas a todo el mundo, pero impidiendo que alguno osara pedírselas a ellos. Jugando este papel juzgaron el gobierno de Chávez y la condena fue la renuncia, el remedio un gobierno de transición que representaba los altos designios de moral de los medios de comunicación.

Johnny Alarcón Puentes
alarconpuentes@hotmail.com
Universidad del Zulia, Facultad de Ciencias, Unidad de Antropología