Historia Inmediata


Chávez


Que el Lumpen tome la palabra

Johnny Alarcón puentes. Docente e investigador/Universidad del Zulia. Facultad Experimental de Ciencias. Departamento de Ciencias Humanas. Unidad de Antropología,
alarconpuentes@hotmailmail.com   

Es evidente que la oposición venezolana, encarnada en la Coordinadora Democrática, no ha descartado de su lista de opciones el golpe de estado, y se comprueba en cada uno de sus discursos y actos que incitan a la violencia. Esa postura de la oposición mordaz no puede ser compartida por quines creen en un cambio que implique mayor justicia social. El gobierno ha cometido muchos errores, pero la salida no es entregar todo lo alcanzado en el ámbito político y económico a las pirañas que gobernaron el país durante cuarenta años. Creemos firmemente que a través de las organizaciones populares se debe presionar para rectificar el rumbo en algunos aspectos económicos. Lo importante está en encaminar una política socio-económica que represente mayor empleo, seguridad social, justicia y oportunidades en igualdad de condiciones para todos. Por otro lado, hay que fortalecer los canales de participación democrática en las decisiones importantes de la nación. Promover la autogestión como forma de organización que permita que los ciudadanos estén en la calle, proponiendo, decidiendo y actuando. La salida no está en cambiar los actores en el gobierno. Ya sea Primero Justicia, el partido Unión, Solidaridad o incluso que regrese Acción Democrática al poder, esto significaría un franco retroceso. Como sabemos ninguno de los miembros de la Coordinadora Democrática avalaría una propuesta para democratizar todos los rincones del quehacer político y económico, precisamente a eso es que temen, pues lo único que defienden son las parcelas de poder e intereses económicos que manejaron durante cuarenta años.

Con todo esta jarana que viene montando la oposición desde hace tres años, han quedado al descubierto sus verdaderas intenciones: ahogar las esperanzas de un pueblo que comienza a organizarse, a exigir sus derechos, a proponer, a decidir y algo muy importante ser protagonista y no un mero accesorio electoral.

Vemos cómo las voces de la oposición ante este acto de insubordinación de los desposeídos y excluidos de siempre, lanzan su ponzoña racista y discriminatoria. Lumpen, hordas populacho, pata en el suelo, borrachos, gentuzas, turbas solo son algunos de los epítetos endilgados por la clase pudiente a los ciudadanos de tonos oscuros, a los buhoneros, a los obreros, a los indígenas y a todo aquel que viva en un barrio o vecindario humilde y que ose levantar la voz contra el poderoso. Y no es que estos términos sean una reivindicación conceptual para rescatar  a un sector importante de la sociedad. Es para sojuzgarlos, oprimirlos y para hacerles saber que no sé por que designio divino ellos representan la raza superior, al mejor estilo hitleriano. En este sentido, los pobres marginados y excluidos no tiene derecho a protestar, a luchar y a defender lo que creen justo, ese derecho fue abrogado por la élite que al parecer se reserva la prerrogativa única, universal y sacrosanta de defender sus planteamientos e ideas. ¿Cómo se puede dialogar con estos neodarwinianos que predican el exterminio de los pobres  a quien dicen defender -- basados en el triunfo del más apto y fuerte por ser superior? Es decir, ellos, por tener riquezas, estudios, hablar delicadamente y quién sabe qué otra cualidad que les vendría dada por no sé qué gen superlativo. Estos individuos son los que muchos aupan y apoyan, además, son los postulables para presidir el gobierno. Horrorizados deberíamos estar ante tanta ignominia, racismo, discriminación y desprecio por el prójimo.