Historia Inmediata


Chávez


Una de las peores desgracias que padece hoy Venezuela en medio de la degeneración de valores éticos que nos agobia, es sin lugar a dudas el «síndrome del jurisconsulto perfecto» que invade a la sociedad, con características de verdadera epidemia de holocausto.

(¡Como si no tuviéramos suficiente con el tan extendido «síndrome del economista monosabio» que hoy sofoca a la clase media opositora!).

Ya en 1999 comentábamos en El Nacional nuestra modesta impresión a este respecto.

"Eso que se llama la corrupción del Poder Judicial —decíamos entonces— no es un fenómeno aislado que surja espontáneo de entre las paredes de los tribunales. En ello ha habido un germen propiciatorio que ha estimulado su expansión, en el cual navegan a sus anchas esos depredadores de la sociedad que son, sin lugar a dudas, los abogados. Hoy, en la figura esperanzadora de la Constituyente, existe una luz que asoma la posibilidad de extirpar este mal que tanto daño le ha hecho al país, pero que se ve amenazada, precisamente, por la jauría de jurisconsultos que han aparecido en escena para apoderarse del proceso más importante de nuestra historia contemporánea, pretendiendo una vez más arrebatarle a la sociedad la única forma que ha encontrado de hacerse oír sin que tenga que mediar el lenguaje retorcido y distorsionador de la leguleyería." (El Nacional —sábado 15 de mayo de 1999).

Dicho y hecho; hoy en día no existe actividad alguna en el país que escape al rayo fulminante de estos impugnadores de oficio que se han instaurado en nuestra sociedad como verdaderos dioses del Olimpo, exentos de toda culpa y jueces de toda acción humana, sin importar lo suprema o sutil que ésta sea.

Aparecen como entidades dotadas del juicio superior en cuanto proceso se origine en el país, ya sea en la formulación de leyes de interés nacional o en simples reuniones de juntas de condominio, para tratar de imponer, con su dialecto de jerigonza jurídica y sus fluxes de Dorsay aprisionados, una verdad que siempre, invariablemente, es la misma… ¡Todo es anticonstitucional en este país, menos lo que yo dicto y la sociedad toda se debe subordinar a ésta, mi simple e irrevocable verdad!

Ellos demandan al Presidente, a la Fiscalía, a la Procuraduría, al Tribunal Supremo, al CNE, a CNN, a la OEA y hasta al mismísimo Jimmy Carter, con la misma templanza y falta de rubor con que tendría que demandarse al monstruo de Guarenas o al policía de Mamera, bajo la estrambótica presunción de que si no se sentencia a favor suyo en absolutamente todos los casos quiere decir que la patria está postrada ante la más vil y abyecta dictadura.

Es decir, según esta rocambolesca percepción del ejercicio del derecho, para que exista institucionalidad y justicia, los abogados (ellos, no los de Lina Ron) no pueden perder querellas, sobre todo si les da por la antojadiza manía de ponerse de moda demandando al Presidente y a las instituciones más relevantes de los poderes públicos, en su afán por cotizarse rápida y cómodamente en el competido mercado del infundio y la tracalería que tanto se pelean entre ellos, atizados por unos medios inescrupulosos y serviles que con el mayor placer les regalan la pantalla y los espacios que los envanecen.

Para estos desalmados, cuya manera de «ganarse la vida» es la miseria en la que logren hacer caer a sus demandados, sin importar la indignidad o injusticia que se cometa, menos aún si ella es el fruto de componendas y arreglos por debajo de cuerdas, el delirio de su pretensión llega al extremo de querer imponerle a la sociedad en pleno que cualquier documentucho redactado en sus bufetes de mala muerte pudiera estar por encima de las leyes del país, sólo porque su maniquea interpretación de la justicia y del sentido común, que en otros países es la base verdadera de las leyes, así lo dictamina.

Ni siquiera se permitieron el tiempo prudencial que se hubiese requerido para que los venezolanos olvidásemos cuánto de agobio nos ocasionaron todos ellos durante aquella oprobiosa era de las tribus y sus «interpares», en la que casi nadie estuvo exento de las persecuciones de jueces sinvergüenzas, hartos de hacer su agosto perpetuo mediante la asistencia de abogados acostumbrados de buena gana a servirles de vil ejército depredador para sus fechorías.

Hoy son seres «perfectos» que jamás se comieron un semáforo ni pagaron a un agente aduanal para que les pasara las maletas de Miami. Ellos, en sí mismos, constituyen la verdad y la vida. Ellos sí saben no sólo cómo se gobierna a un país en bancarrota, ó cómo se gerencian los ministerios complejos y las administraciones insondables de PDVSA, sino que saben las respuestas a los dilemas más inescrutables de la humanidad, como; "cuántos oligarcas caben por el ojo de una aguja", por ejemplo, o incluso a quién, entre un chavista y un antichavista, le corresponde el derecho a la vida, y cosas por el estilo.

Hoy quieren triunfar en la carrera demencial de ver quién acaba primero con el país en un enfermizo empeño de salir de Chávez porque sí, porque suponen que de esa manera tan simple se les deparará algún hipotético lugar en los anales históricos de una patria que ellos mismos, o sus antecesores en el mejor de los casos, han llevado a los espantosos niveles de ruina y de miseria en que nos sumieron con su práctica fraudulenta y pendenciera.

Suponen, delirantes, que nadie se da cuenta de sus inmoralidades y que ellas tienen la condición de inexorables para los mortales de esta tierra y por eso su impúdica recurrencia a la denuncia descabellada y sin fundamento... como si, en el supuesto negado de que llegasen a algún lado con su infeliz despropósito, esa envilecida forma de concebir el derecho no pudiera revertirse contra ellos.

Así son de perfectos.

Alberto Aranguibel B.
www.analitica.com/bitblioteca/aaranguibel

especialista en imagen corporativa y política, es reconocido como creador de un modelo de planificación estratégica de imagen y campañas políticas sin precedentes en el ámbito latinoamericano. En Venezuela ha asesorado y dirigido desde hace más de quince años campañas para importantes partidos y dirigentes políticos a nivel nacional y regional. Actualmente dicta conferencias en esta materia y es colaborador de opinión en Venezuela Analítica, diarios El Nacional, Últimas Noticias y la revista Calidad Empresarial. Preside las empresas Optimisa C.A., centro profesional para la optimización de imagen y gestión pública, y Promociones Diagonal C.A. de servicios publicitarios integrales.