Historia Inmediata


Chávez


Estimado Carlos:

En esta comunicación integro algunos comentarios sobre varios mensajes de estos últimos días.

Es evidente que en los últimos tiempos, una vez que los españoles le hicieran morder el polvo de la derrota en marzo, Aznar no ha perdido ocasión de reiterar su conocida posición política internacional y nacional en cuanto foro le han puesto a mano, por cierto, aquellos a los cuales les interesaba el personaje en el gobierno y les sigue interesando (imagino) como posible reemplazo en un futuro, sea internamente, sea en Europa. Nunca se sabe... hasta que los hechos lo digan.

Se refiere Diógenes Molina en reciente mensaje a los sincretismos.

Y de sincretismos e hibridaciones se ha ido formando el mundo en que vivimos y en ese mismo camino - a pesar de los intentos de los Bush y los Osamas -, continúa.

Otros dos fundamentalismos, el del español cerril e isabelfernandino y el de una (otra) supuesta etnia primigenia americana, se enfrentan en el derribo de una estatua...

Expresiones, sin duda, "... del autoritarismo cuasireligioso, que pretende asumir sus verdades desde sus verdades.." (Molina dixit)
En varios mensajes referidos a Venezuela aparecen referencias a la destrucción de la estatua de Cristóbal Colón, como ejemplo de un "enemigo de la humanidad" sobre el cual cae la condena de los pueblos originarios.

Me parece que más trascendente que derribar una estatua, acto que me atrevo a calificar sin temor de vandálico (a esta altura del partido, toda obra material del hombre que reúna ciertas características de valor artístico o patrimonial histórico merecería ser respetada, por encima de la perversión que exprese, o mejor dicho en estos casos, como muestra y ejemplo de ello), resultaría explicar los procesos de transformación que llevan a la conquista de América.

Si bien realizaron los españoles - porque se dieron en España las condiciones necesarias y de oportunidad para realizarla -, ¿es que puede pensarse en esos tiempos un proceso llevado adelante de otra manera?

¿Es que no se daban en la América precolombina (con perdón de la expresión) guerras de conquista?

¿Es que aquí estaba el verdadero paraíso donde "... decenas de grupos étnicos que poblaban nuestro territorio al momento de llegar los españoles, ... habían vivido aquí durante milenios, en armonía con la naturaleza, practicando una agricultura que permitía la conservación ambiental de esta hermosa tierra..."?

No seamos ingenuos ni soslayemos las realidades de la humanidad ni de las etapas de su desarrollo económico, social y cultural.
Sin duda que hoy, - y siempre que lo veamos con mentalidad humanista - no recurriríamos a medios similares (aunque si pensamos en Irak, en Afganistán, en, en, en...) pero es nuestra obligación no descontextualizar ese (ni este) proceso histórico.

"Colón... dio inicio a un proceso de destrucción cultural, aniquilación física y saqueo económico que hasta ese momento la humanidad jamás había presenciado". Me parece que esta afirmación es por demás exagerada: ¿que Colón supiera o fuera totalmente consciente de lo que estaba iniciando?

Él mismo acababa de convivir con un "... proceso de destrucción cultural, aniquilación física y saqueo económico", durante las postreras fases de la "reconquista" de Granada. ¿O es que ese no fue un proceso similar e inevitable y brutal como pocos, aunque limitado a un territorio y una población de menor tamaño?

Dice en otra parte de la comunicación que "Colón simboliza a quienes picaron en pedazos el cuerpo decapitado del rebelde Túpac Amaru. A quienes practicaron la atroz condena del empalamiento contra los heroicos caciques que defendían sus tierras y su modo de vida."
No podría estar en desacuerdo con la expresión de condena, pero creo que debemos ampliarla con una larga serie de preguntas:

¿Destrozaría cualquiera de nosotros "La Pietà" porque representa una imagen vinculada con la Iglesia Católica, responsable intelectual e ideológica de los fundamentos con que intentóse justificar la conquista de América?

¿Tendría algún sentido derrumbar el Escorial, cuando a cualquiera de nosotros nos hiela la sangre pensar en los motivos de su construcción?

¿Encontraríamos hoy justificadas las expresiones papales respecto del uso de los materiales del Coliseo y los templos romanos para construir con sus materiales (y en muchos casos el oro de América...) las iglesias de la ciudad?

¿No sería mejor que la simple condena, explicar, reflexionar, estudiar y profundizar sobre las razones que llevaron (y llevan) a sectores de la humanidad a "simbolizar" su ideología en esos monumentos u objetos, o a su destrucción vindicativa (justa o injusta)?

Creo que frente al auge de estos y tantos otros fundamentalismos, que vemos (y veremos aún más...) florecer en estos días, producto de la estigmatización de etnias y religiones entre sí, resulta imprescindible para el historiador, cuando analice el discurso político, entender por sobre todas las cosas la raíz político-social-económica que se encuentra en la base de las posturas asumidas.

¿Es que como historiadores, por sobre nuestra posición política personal y subjetiva, no tratamos de encontrar nuevos caminos por encima de estas particularidades funestas?

Dice también Roberto López Sánchez en la comunicación "Chávez 198 que "... los Comuneros de París, durante la primera revolución obrera del mundo, derribaron la estatua de Napoleón, tal como lo había predicho Carlos Marx 20 años antes. Más recientemente, el pueblo ruso derribó las estatuas de Lenin al momento de insurgir contra la dictadura partidista que se hacía llamar comunista..."

Aún en medio del caos de esos procesos, a los que podríamos agregar tantos otros en el largo camino de la humanidad hacia una vida mejor, se respetaron una serie muy importante de objetos, edificios, documentos, obras de arte y demás que pertenecieron a las épocas denostadas.

Y esa preservación se debió no solo a la suerte, sino a la voluntad explícita de quienes valoraron (y por suerte quedan todavía quienes valoran) esos conjuntos como producto de un preciso tiempo histórico.

Alguien podrá contestarme que los españoles destruyeron los monumentos aztecas e incas; es cierto, como que tantos destruyeron durante siglos las pirámides de Egipto, o los jardines de Babilonia, o el Coliseo romano o las Torres Gemelas, o, o, o, tantas cosas.

Si nos consideramos civilizados (no incluyo dentro de esta caracterización a los fundamentalistas ni a los comerciantes de bienes culturales tangibles, por cierto), con otra óptica más racional debemos analizar y enseñar a analizar cada caso en su contexto.

De todas maneras, la expresión de un pueblo que destruye los símbolos de un pasado determinado no puede compararse con la bárbara voluntad explícita del conquistador, sea este Tamerlán, Bush, Hernán Cortés o quien fuera. Detrás de estos no está más que el interés de sus patrones, sea por la tierra, sea por el petróleo, sea por el oro, aunque se encubran bajo el manto religioso o "democrático".

Además, amigo López Sánchez, los pueblos no se componen de etnias que merecen justicia y de etnias réprobas, se componen de individuos que tienen ... y de individuos que no tienen acceso a los beneficios de la civilización, a los derechos humanos en su más amplia y moderna expresión.

Allí está la verdadera diferencia, la que se oculta siempre, la que subyace debajo de todas estas luchas que jalonan la historia de la humanidad desde el origen de los tiempos y en todos y cada uno de los sitios que habita: en América Latina y del Norte, en África y en Asia, en Europa, Oceanía y en todo lugar (si queda algún otro...) donde esta especie de la que formamos parte haya puesto su planta.
Entender esa diferencia, resolver la ecuación que ella encierra, será el origen de las verdaderas transformaciones.

Continuemos con las discusiones manteniendo el respeto por el interlocutor, y ¡por favor! procurando cuidar las redacciones, que a veces resultan algo confusas.-

Luis O. Cortese
Revista "Historias de la Ciudad"
Buenos Aires, República Argentina.